Manifiesto por la recuperación de la Ética

Del Golem a la Morada

​Durante siglos, se nos ha vendido una mentira cómoda y anestésica: que la Ética y la Moral son conceptos intercambiables, donde una es simplemente la teoría y la otra la práctica. Mentira. Esta confusión no es un error semántico accidental, sino el artificio de pacificación definitivo. Es un mecanismo de ingeniería social diseñado para que el individuo soberano sea sustituido por el rebaño sin que este note la pérdida de su propia alma.

Un individuo sin ética es un Golem de barro: un cascarón vacío que cumple normas por inercia pero que ha renunciado a la conquista de lo humano.

​Debemos ser tajantes: la Moral (mos) no es un ideal de virtud, sino el refugio de nuestro instinto animal gregario. Proviene de la costumbre, de la repetición y de la necesidad de seguridad que el grupo exige para evitar el conflicto. Es la «paz de los cementerios» que se impone desde fuera. Sin embargo, esta inercia no es inocente; es la herramienta predilecta de las élites para domesticar la civilización. Al revestir la costumbre de «tradición sagrada» o «contrato social inamovible», los centros de poder logran que el individuo se detenga, que deje de pensar y que acepte un marco normativo que solo beneficia a quienes gestionan el freno. Como bien sentenció Friedrich Nietzsche en La genealogía de la moral: “La moral es el instinto del rebaño en el individuo”, una fuerza que castra la voluntad de poder para convertirnos en seres predecibles y útiles al sistema.

​Por el contrario, la Ética (ἦθος) es la Morada: el carácter, el hogar interno y la soberanía del individuo. Si la moral es un uniforme que se nos obliga a vestir para salir a la calle, la ética es la piel que nos habita en la intimidad de nuestra conciencia. Es lo que nos hace sujetos y no objetos. Mientras la moral busca la supervivencia estática —el mantenimiento del status quo—, la ética es orgánica y representa el verdadero motor de supervivencia y evolución de nuestra especie. Es la capacidad racional de entender que el comportamiento no debe nacer de la presión externa, sino de un juramento interno con la verdad. Un individuo sin ética es un Golem de barro: un cascarón vacío que cumple normas por inercia pero que ha renunciado a la conquista de lo humano.

​A menudo se intenta desacreditar esta postura alegando que el individuo es opuesto a la sociedad. Es una falacia de control. El ser humano es social por naturaleza; buscamos la red compleja de la comunidad porque en ella optimizamos nuestros recursos y nuestra existencia. La sociedad, en su estado puro, es nuestra mejor herramienta de eficiencia y sociabilización. El verdadero conflicto no es entre el hombre y sus semejantes, sino entre el Individuo y la Estructura.

​La ruptura histórica fundamental ocurre con figuras como Calvino y Lutero. Si queremos entender cómo la moral terminó subordinado al individuo, debemos mirar el instante en que la interpretación del bien dejó de ser un asunto interior para convertirse en un asunto adminsitrativo. Ese giro histórico se cristaliza en la Reforma protestante. Al romper la intermediación eclesial pero entregar la interpretación del «bien» y de lo «divino» al señor regional o al naciente Estado, prepararon el terreno para que la estructura política parasitara el pacto social.

Desde entonces, el Estado ha dejado de ser una herramienta para convertirse en un fin en sí mismo. Lo que hoy llaman «orden social» es en realidad una maquinaria de desnaturalización que utiliza la seguridad como chantaje. Se nos pide renunciar a la ética individual a cambio de una protección estatal que, en última instancia, solo protege su propia perpetuidad. La verdadera polis de Aristóteles o Platón no era esta burocracia fría y dirigente, sino el espacio donde individuos íntegros convergen para el bien común sin perder su esencia.

​Esta batalla por devolverle la ética al individuo es la línea de sangre que une a los disidentes de la historia. Rescatamos la parrhesía de Diógenes de Sinope, ese esfuerzo por «quitar la forma» a la verdad social para enfrentar la realidad sin los adornos hipócritas de la convención. Nos apoyamos en el estoicismo de Zenón, quien comprendió que la libertad no es la ausencia de leyes, sino la consciencia de las mismas. El destino y la predeterminación son como el carro que avanza; el individuo ético es aquel que, conociendo la dirección de las leyes naturales, decide guiar su vida en lugar de ser simplemente arrastrado por el fango. Como decía Séneca: “Ducunt volentem fata, nolentem trahunt” (El destino guía a quien lo acepta y arrastra al que se resiste).

​La verdadera alianza de la humanidad y el impulso para que el conocimiento vuelva a salir adelante no nacerán de un reglamento impuesto por quienes han parasitado el poder, sino del reconocimiento mutuo entre individuos soberanos que habitan su propia ética. Recuperar la ética es recuperar al hombre frente al sistema. Sin ella, no hay civilización, solo un cementerio ordenado que ha renunciado a la vibración de vivir.


​Aristóteles. Ética a Nicómaco. (Estudio fundamental sobre el carácter y la virtud como camino a la eudaimonía fuera de la norma impuesta).

​Diógenes Laercio. Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. (Especialmente los pasajes referidos a Diógenes de Sinope y la autarquía del individuo).

​Nietzsche, Friedrich. La genealogía de la moral y Así habló Zaratustra. (Análisis de la moral del rebaño y el reto de la superación personal).

​Séneca, Lucio Anneo. Cartas a Lucilio. (Sobre la firmeza del carácter y la libertad frente a las vicisitudes externas).

​Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. (Para comprender la transición histórica de la moral tras Calvino y Lutero).

​Hegel, G.W.F. Líneas fundamentales de la Filosofía del Derecho. (Como contrapunto crítico sobre la absorción del individuo en la eticidad del Estado).

​Foucault, Michel. El gobierno de sí y de los otros. (Sobre el concepto de parrhesía y la verdad frente al poder).

El ejercicio de la libertad según Albert Camus

Entre el absurdo, la dignidad humana y la responsabilidad de elegir nuestro propio camino

por: Alfredo Rivera Roggero, Lima (Perú).

En estos tiempos, el ser humano se encuentra con una variedad de alternativas que en muchas ocasiones le complican la vida misma, en ese sentido es interesante reflexionar sobre la práctica de la libertad, de manera especial, sobre la capacidad para escoger algunas de las alternativas que ella exige.

Sobre este detalle, Camargo Ricardo nos señala que: “la noción de libertad exige la no existencia de restricciones externas que imposibiliten el despliegue de la voluntad asociada (libertad de no interferencia). Si esto es así, entonces ello implica correlativamente que quien es libre tiene siempre la habilidad de seleccionar una opción dentro de un conjunto de alternativas posibles dispuestas en diferentes momentos de nuestras vidas1

Entonces, para reflexionar sobre el ejercicio de la libertad, hay que preguntar: ¿debemos pensar en las restricciones al acto humano o en la posibilidad que tiene el individuo para elegir entre diversas opciones?

La complejidad de la pregunta nos lleva a mirar la respuesta en el pensamiento del filósofo Albert Camus y para entenderlo prestamos atención a lo que dice Garcia Aguilar:

bajo el enfoque camusiano, la libertad humana no cuenta con un carácter terminante, no puede tenerse como absoluta, porque ella misma “tiene sus límites en todas partes donde hay un ser humano” (Camus, El hombre 366),”2

Vemos así que, el ejercicio de la libertad significa que el individuo se de cuenta de los límites de su actuar y debe asumirlo siendo consciente de sus consecuencias. Esto se entiende desde Camus con el ejercicio de la rebelión, así nos lo indica Málishev Krasnova, al referirse al hombre rebelde: “Para el rebelde ese “algo” vale más que su propia vida, ya que en su rebeldía tiene riesgo de perderla. En la rebelión, ese “algo” se eleva al rango de derecho inalienable que pertenece tanto al alzado como a sus semejantes, incluso al amo que le insulta y oprime; ese “algo” es la dignidad propia de todo el género humano, (…)” 3

¿A qué se refiere Camus con ese “algo”?, desde la práctica se habla del respeto por la vida humana y eso está referido a la naturaleza humana, así nos lo señala Málishev Krasnova: “La naturaleza está presente en todas las manifestaciones y transformaciones del ser humano, y le obliga a tomarla en consideración en cada uno de sus actos, por libres que sean4 y Camus en “El hombre rebelde” nos señala que:

La rebelión auténtica no es egoísta: cuando alguien se rebela contra la injusticia, lo hace también en nombre de los demás. Así, comprender al otro significa reconocer que su dignidad también es la nuestra.5

Finalmente, para entender el ejercicio de la libertad desde la filosofía de Camus, es importante ser consciente de los límites del actuar, de manera puntual el reconocer el valor de la vida humana en sí mismo y en su relación con los demás. Esto lo debemos entender desde la filosofía de Camus cuando el ser humano busca sentido, orden y claridad, pero el mundo no siempre responde a esa búsqueda. De esta tensión surge el absurdo. Sin embargo, el absurdo no significa que la vida no valga, sino que debemos vivirla plenamente aun sabiendo que no tiene un sentido definitivo. Entonces ¿cómo ejercer la libertad en estos tiempos? Al no existir un destino fijo o un sentido impuesto, el ser humano tiene la posibilidad de crear su propio camino. Al ser creador de su destino, es responsable de sus actos y entonces la vida se vuelve importante porque es el espacio donde ejerce su propia libertad.

Para el lector: ¿puede ejercer su libertad siendo consciente de sus límites frente a los otros de su entorno ? usted tiene la palabra, espero su comentario.


El lector tiene la palabra y puede contestar al correo vocess_hc@hotmail.com 

Sobre el autor:

Alfredo Rivera Roggero
Filósofo, investigador social y escritor.
Especialista en temas vinculados a conflicto social, violencia familiar y comunicación efectiva.
Publica artículos sobre seguridad ciudadana en dos revistas peruanas.


  1. Camargo, Ricardo. (2023). Libertad, ¿con o más allá de la responsabilidad moral?: el desafío de Frankfurt. Signos filosóficos, 25(49), 90-110. Epub 03 de noviembre de 2025 ↩︎
  2. García Aguilar, Juan Francisco. (2024). Camus, la libertad como límite y afirmación de sí mismo. Valenciana, 17(33), 87-112. Epub 31 de mayo de 2024 ↩︎
  3. Málishev Krasnova, Mijaíl Albert Camus: de la conciencia de lo absurdo a la rebelión. Ciencia Ergo Sum, vol. 7, núm. 3, noviembre, 2000 Universidad Autónoma del Estado de México Toluca, México ↩︎
  4. Ibidem. ↩︎
  5. Camus, Albert. (1951) El hombre rebelde ↩︎

Antifonte y Protágoras (Sofistas)

El Político Eterno.

Hoy continuamos esta sección con una pareja que debe entenderse en conjunto. Pertenecen a la misma escuela, el sofismo, y, siendo coetáneos, sembraron la semilla del político moderno. Fueron los maestros en la sombra de figuras que vinieron después, como Maquiavelo, o de esos políticos actuales del «el fin justifica los medios» (pongan las comillas donde quieran).

​Al analizar a Antifonte y Protágoras, vemos el perfil del «político eterno». No hay excepción en la historia: detrás de cada personaje que hundió su propia civilización, si rascan un poquito, encontrarán este molde.

1. Antifonte: El Teórico de la Impunidad

​El Personaje: Antifonte de Atenas (480-411 a. C) fue un logógrafo, un arquitecto de discursos legales que operaba desde la sombra de la oligarquía. Participó en golpes de Estado y despreciaba la democracia, viéndola como una cadena para los «fuertes».

​La Disección: Antifonte defendía una idea que puede parecer bella si uno se queda en la superficie: que la ley humana es antinatural y oprime al individuo. Su tesis era que solo debes obedecer las leyes de la ciudad cuando hay testigos delante.

​Sin embargo, fuera de la «cartelería» que cualquiera te puede comprar, lo que realmente enseña es que solo importa el individuo capaz de salirse con la suya. Su objetivo es enseñarte a colocarte en una posición de privilegio donde puedas hacer lo que quieras sin consecuencias. Es la visión más retorcida de la naturaleza humana: en lugar de comprender que la propia naturaleza tiene sus normas y leyes de causa y efecto, Antifonte pretende manipularla.

Olvida que el primer testigo de nuestros actos es nuestra conciencia. y ahí es donde su planteamiento aperece en la cuerda floja. Considernado que si la ley solo existe cuando alguien mira, entonces el ser humano queda reducido a un animal oportunista, pendiente de la ocasión para depredar sin ser visto. Trabajar con la conciencia y no contra ella, es lo único que nos permite elevarnos por encima de ese instinto primario. Sin esa voz interna, sin ese testigo que nunca se ausenta, no somos ciudadanos ni individuos libres: somos simples depredadores esperando a que nadie mire.

​2. Protágoras: El Mercenario de la Palabra

​El Personaje: Protágoras de Abdera (485-411 a.C)fue el primer sofista profesional. Amigo de los poderosos, cobraba fortunas por enseñar a los jóvenes a trepar en política. Su éxito no se basaba en la verdad, sino en la eficacia de su retórica.

​La Disección: Protágoras es el tipo que decidió que su palabra era ley. Ha pasado a la historia «mal interpretado» por su famoso dilema del abogado, donde diseñaba escenarios en los que él siempre ganaba, fuera cual fuera el resultado del juicio. Fue el primero en decir que «el hombre es la medida de todas las cosas».

​Pero no se equivoquen: no hablaba de dignidad humana. Lo hacía desde la búsqueda de un lucro personal. Al situar al hombre (a sí mismo) como medida, lo que hace es tergiversar la realidad para que quepa en sus intereses, es decir, pretende unicamente modelar el mundo a conveniencia; busca la ventaja frente la verdad. De esta manera, sentó las bases del político profesional que busca rédito en todo lo que entiende y puede saquear.

Para él, la palabra no sirve para iluminar la nación, sino para «dibujar» una realidad falsa que le permita ganar siempre. Su discuro no es más que un arma de distorsión: un modo de convertir lo falso en verosímil y lo injusto en rentable. Protágoras inaugura esa traidción del poder que se sostiene en la habilidad de manipular percepciones, más que en principios.

​Conclusión: El Sabotaje de la Civilización

​Estos dos son los arquitectos de la decadencia. Mientras que la línea que defendemos —la de los estoicos y el orden natural— entiende que la libertad es el reconocimiento de la razón y el cumplimiento de los pactos para evitar la muerte y evolucionar, estos sofistas defienden el capricho bárbaro.

​Lo que hemos diseccionado hoy es una muestra de cómo pensadores que a veces ni recordamos siguen proyectando sus ideas en un conflicto eterno. Es la lucha entre la voluntad de poder y la ley natural. Este conflicto no terminará hasta que la ética vuelva a estar a la orden del día, en la plaza pública y en el centro de la discusión nacional, y deje de ser un libro lleno de polvo en una estantería olvidada.

​Solo recuperando el valor de la palabra y la conciencia podremos volver a llamarnos hombres libres.


Recursos recomendados:

Bibliografia:

¿Está en peligro la democracia?

¿Puede estar en peligro algo que realmente nunca estuvo desde hace siglos?

​El debate público actual se empeña en alertarnos sobre una supuesta fragilidad del sistema. Se organizan tertulias y se escriben crónicas bajo el título de «la democracia que corre peligro», como si estuviéramos ante un cristal sólido que acaba de agrietarse. Sin embargo, la realidad es mucho más cruda: no se puede poner en peligro lo que no existe. Lo que hoy defendemos no es la democracia, sino una ficción que oculta una estructura agotada desde hace siglos.

​Al igual que ocurre en la física y el estudio de los astros, donde el firmamento nos devuelve el reflejo de astros que dejaron de existir hace millones de años, la democracia que hoy pretendemos proteger es solo un eco lumínico. Miramos al cielo político buscando una guía, una soberanía real, sin ser conscientes de que el núcleo de esa estrella se vació hace tiempo. Lo que hoy llamamos democracia no es el calor del astro, sino el recuerdo frío de su luz, una inercia visual que nos permite seguir soñando con un sistema que ya no emite energía propia. Vivimos, en realidad, en una electocracia: un trámite donde el poder del pueblo se congela en una urna cada cuatro años para ser inmediatamente secuestrado por la partitocracia.

​Quizá, y solo quizá, llegue el momento en que nos demos cuenta de que, igual que la ciencia busca la energía de fusión para replicar el poder de las estrellas, nuestra única salida es recuperar el núcleo. Una sociedad viva es como esa energía de fusión: necesita que todos sus elementos vayan a una, hacia un mismo objetivo, para permanecer estable y emitir luz para las generaciones futuras. No basta con una chispa electoral episódica; necesitamos una reacción constante donde la voluntad de la nación fluya sin interrupciones.

​Para que esa energía sea posible, debemos ser críticos y autocríticos. Hay que reconocer que el Estado, bajo su herencia hegeliana, nunca nos dio nada; en realidad, nos ha ido quitando soberanía y criterio. La reconstrucción de la sociedad parte de aceptar ese vacío y entender que el sistema actual es un expolio de nuestra voluntad individual.

​Para que el Estado pueda llegar a ser el suelo firme que nos permita construir grandes catedrales de conocimiento, debe ser tomado por los ciudadanos. Es imperativo que los representantes entiendan que son súbditos de la voluntad de las personas a las que les guardan la dignidad. No son señores del destino ajeno, sino siervos y custodios de una soberanía que pertenece al individuo. Solo cuando el gobernante asume su papel de subordinado, la política deja de ser un reflejo fósil para convertirse, por fin, en el fuego que ilumina el camino de la nación.


Diógenes de Sinope

La Auditoría de la Conciencia

​Para esta disección de Diógenes de Sinope, hay que intentar comprender hasta qué punto el Limes (la frontera) se sitúa justo en el borde de lo que una persona podría pensar. Para entender absolutamente al «perro», al cínico, tenemos que comprender una historia que parece desgarbada y que apunta más a alguien que roza la esquizofrenia por incomprensión del receptor que por su propia lógica.

​Fue pues Diógenes, hijo de banquero, colocado en el extremo sur de la costa turca, en Sinope, donde tuvo ocasión de formar parte de una de las células que conectaban la primigenia Ruta de la Seda. Ese era el punto donde confluían muchas culturas y donde el comercio trataba la civilización como un intercambio de éticas difusas.

​Fue la pérdida de la confianza social lo que acabó precipitando al propio Diógenes al ostracismo y, de ahí, a entender que el mundo sigue girando incluso cuando tu vida terminó. Es ahí donde nació la razón afilada de una persona que entendió que, si sin una causa justificada acabó exiliada, él podía tomar las riendas de lo que aún le quedaba.

​Por lo tanto, tenemos que entender que el cinismo —esa escuela tan vilipendiada que realmente a día de hoy se está empleando para señalar al mentiroso— era la práctica de la verdad absoluta sin disfraz ni mordaza. Trataba de enseñar a las personas que la mejor manera de comunicarse era siendo tan honestos como el frío en el invierno.

​Diógenes, o un cínico, no te iba a faltar al respeto ni a dar un juicio de valor sobre tu persona; iba a describir exactamente lo que habías hecho y puesto enfrente del espejo. Tal es así que la más famosa de sus situaciones fue aquella en la que Alejandro Magno le decía qué podía concederle y él solo pidió que se apartase: si Alejandro lo podía hacer todo, Diógenes solo quería poder tomar el sol.

Diálogo entre Alejandro Magno y Diógenes de Sinope de Jean-Léon Gérôme.

​En esa tesela, en esa rúbrica donde el hombre desarrapado le dice al Dios en la tierra que se aparte, se refleja el arquetipo del ciudadano al que todos deberíamos aspirar. En este sentido, lo que más hay que comprender de Diógenes no es su palabra —pues no tenía ninguna—, sino los relatos de sus acciones. Al final, la única manera de entender a un hombre libre es aquel capaz de unir en ese punto, comprendiendo que el único límite que tiene una persona es la conciencia.

​Así pues, Diógenes firmaría el designio de no aceptar que uno puede acatar las costumbres y convencionalismos sin perder el propio juicio, asumiendo que no hay más capacidad de juicio que la propia ética. Y que esa conciencia debe estar siempre pulcra para poder estar en paz con uno mismo; es en ese punto en el que uno no puede tener miedo, sino a otra cosa que el poder pensar que en algún momento puede acabar perdiendo la capacidad de saber.

​Y en esa ética férrea del ciudadano crítico que se asentó con Diógenes, acabaría proyectándose socialmente en un linaje que llegaría hasta nuestros días a través de Zenón de Citio.

​Epitafio:

Si Dios bajara a la tierra y me concediese un deseo, le solicitaría que se apartase.

​La Lección de Sinope.

De la escuela cínica podemos aprender a generar los cimientos del templo de nuestra conciencia. Al despojarnos de prejuicios y miedos, esa llama de la parresía que regalamos se convierte en el núcleo de un pacto para hacer grandes cosas. Esto hace que la escuela cínica y la estoica sean indivisibles: el designio de la sociedad solo puede ser guiado por aquel que ha aprendido primero a gobernarse a sí mismo. La base y el corazón de toda ética es, y será siempre, el respeto absoluto a la propia conciencia.

Detalle: «Escuela de Atenas» de Rafael

Infante, E. No me tapes el sol ed. Ariel

García, C. La secta del perro. Vidas de los filósofos cínicos ed. Alianza

Frases y anécdotas de Diógenes el cínico: Filósofo

Diógenes de Sínope, el gran agitador de conciencias en Revista Filosofía&Co


Novela de ajedrez. Stefan Zweig

Un análisis de Juan Amadeo Poveda Cervera

Tema

Publicada en 1942, poco antes de su muerte, Novela de ajedrez, de Stefan Zweig (Viena, 1881 – Petrópolis, Brasil, 1942) condensa en un espacio reducido una profunda reflexión sobre la mente humana y la complejidad interior del ser humano. Un tema profundo que subyace a otros, como puedan ser la genialidad y sus formas o la fragilidad del ser humano.

Desde una perspectiva filosófica, el ser humano no puede reducirse a una estructura unitaria: el monismo, que afirma que estamos formados por una sola sustancia. Tampoco parece que el dualismo, que separa mente y cuerpo, explique suficientemente toda la magnitud de la experiencia humana.

Más bien, Novela de ajedrez parece sugerir una visión cercana al pluralismo, donde conviven e interactúan, en el ser humano, varias dimensiones aparte de la física, como la mental, la emocional, el alma, e incluso aquello que podríamos denominar el ser, entendido como ese núcleo íntimo y profundo que sostiene la identidad del individuo y que es donde se encuentra su fragilidad y su grandeza. La vigencia de este planteamiento y la actualidad del tema queda patente en nuestros días debido al debate IA vs ser humano.

ANÁLISIS LINGÜÍSTICO Y LITERARIO

Existen dos niveles narrativos claros. El narrador principal es un narrador homodiegético, un narrador testigo en primera persona que utiliza un discurso indirecto para presentar a los dos personajes principales de la novela: Czentovic y el doctor B. Este último se convierte en un narrador homodiegético protagonista que narra su pasado con un largo discurso directo en primera persona en una conversación con el narrador testigo. Este recurso, el relato dentro del relato, está muy bien utilizado, puesto que introduce una segunda capa narrativa más íntima y psicológica, que potencia la antítesis entre Czentovic y el doctor B, que son polos opuestos; blanco vs negro.

Debido al tema, el autor se centra deliberadamente en la descripción conductual de los personajes porque son personajes mentales, no corporales. Por un lado, Czentovic representa la mente, la inteligencia fría y mecánica carente de vida interior. Es opaco e inexpresivo, tanto que, como individuo, puede parecer inverosímil. Ahora bien, más que un defecto en la obra, supone un rasgo buscado para reforzar las características de su mente. No evoluciona y esto es coherente. En contraposición, el doctor B. es el personaje que más evoluciona. Simboliza la mente creativa y encarna el ser del humano que lucha por no desintegrarse. Pese a que es creíble en lo esencial, es casi imposible que alguien que aprende a jugar al ajedrez memorizando partidas y no ha participado en torneos pueda ganar a un campeón mundial. Esto supone un punto débil. Los personajes secundarios no son profundos y solo ofrecen contexto social. Aun así, cabe destacar a McConnor, cuya mediocridad refleja la dimensión emocional, que es la más visible en las personas corrientes. En él se hace visible lo dolorosa que resulta la derrota en ajedrez, por representar el fracaso del ego.

La estructura temporal de la obra alterna un presente narrativo ―el trayecto en barco― que funciona como marco lineal y estable, con analepsis extensas en las que se da a conocer a los dos protagonistas. Existe un ritmo más acelerado en la presentación de Czentovic resaltando ese vacío interior que posee, que contrasta con el tiempo de narración más ralentizado y pausado cuando aparece el doctor B., lo que está plenamente justificado por la necesidad de mostrar la profundidad y complejidad de la dimensión que personifica. Este planteamiento funciona bien, aunque la irrupción del extenso relato del doctor B. provoca la sensación de desconcierto, puesto que se pasa a un terreno completamente diferente de manera abrupta.

El autor utiliza un barco como contenedor laboratorio en el que depositar a dos especímenes opuestos y observar, así, la vasta amplitud de la heterogeneidad del hombre. Otro espacio relevante es la habitación, solitaria, oculta, del encierro del doctor B., que se convierte en esa dimensión más profunda del ser humano a la que hay que llegar si de verdad se quiere herir. Y el tercero, en el que todo converge, el tablero de ajedrez. Un espacio metafórico que representa la lucha entre dos entes con dimensiones diferentemente desarrolladas y, además, la batalla entre las diferentes dimensiones.

En cuanto a los diálogos, son naturales, fluidos y los justos. Cada personaje tiene un registro acorde a su caracterización. Por ejemplo, el casi silencio de Czentovic define su identidad; el discurso del doctor B. es culto, elaborado y argumental; el de McConnor es directo y coloquial, y el narrador testigo utiliza un lenguaje formal con un cierto tono de distanciamiento que refuerza su papel de observador.

Variaciones rítmicas para controlar la intensidad, repeticiones, metáforas simbólicas y economía léxica para transmitir profundidad psicológica son los recursos estilísticos más notables, que definen un estilo austero y elegante.

En resumen, se puede decir que la novela posee una estructura ajedrecística en la que cada recurso actúa como una pieza que ejerce su fuerza desde una determinada casilla. El símil continúa con los tres tiempos que posee la novela y que se corresponden con la apertura, en la que las jugadas son previsibles, los movimientos simples y se presenta a Czentovic; el medio juego, que se torna profundo, complejo, tenso, estratégico, con combinaciones brillantes y está protagonizado por el doctor B., y el final, con un resultado que se intuye.



Zweig logra sintetizar en este relato corto un duelo intelectual que trasciende el tablero de ajedrez para convertirse en una alegoría de la condición humana. Su estilo sobrio y su estructura perfectamente calculada confirman la maestría del autor, cuyo pulso narrativo sigue inspirando reflexiones sobre la inteligencia, la creatividad y los límites de la mente.

CLUB DE LECTURA: Novela de ajedrez de Stefan Zweig

​Un café entre libros: ¿Quiénes me acompañan cuando escribo?

​Me han pedido desde la gestión de este foro —con esa confianza que da la amistad— que aterrice un poco mis referencias. A veces, entre concepto y concepto, uno se olvida de explicar de dónde viene lo que piensa. Así que, para quienes os estáis iniciando en estos temas o simplemente tenéis curiosidad, os abro las puertas de mi «familia intelectual».

​No busco dar una lección de historia, sino contaros quiénes son los que me ayudan a entender este mundo tan complejo y por qué los tengo siempre a mano.

​La base: ¿Cómo ser dueños de nosotros mismos?

​Para mí, todo empieza en cómo nos enfrentamos al día a día. Por eso recurro tanto a los clásicos:

​Zenón y Marco Aurelio: Los veréis mucho en mis textos. Son los que me enseñan que, pase lo que pase fuera (crisis, política, ruido), lo único que realmente controlamos es nuestra propia reacción. Es una forma de no dejarse arrastrar por la corriente.

​Diógenes: Es mi referencia cuando toca ser un poco «rebelde». Me ayuda a recordar que muchas veces las convenciones sociales son solo fachadas y que hay que buscar la verdad sin tanto adorno.

​Aristóteles y Platón: Son como los arquitectos. Me sirven para entender que la sociedad necesita un orden y una lógica, y que las palabras deben servir para buscar la verdad, no para manipular.

​Mi formación como jurista: La ley y la justicia

​Como sabéis, miro mucho al mundo del Derecho, y ahí mis guías son claros:

​Cicerón y los romanos: Para mí representan el respeto a las instituciones. Cuando hablo de ellos, lo hago porque creo que sin leyes justas no hay libertad, solo el capricho del que manda (como pasaba con Nerón o Catilina, que para mí son los ejemplos de lo que debemos evitar).

​La Escuela de Salamanca: Les tengo un cariño especial. Fueron unos teólogos y juristas españoles que, mucho antes de lo que nos cuentan fuera, ya defendían que todos los hombres tienen dignidad y derechos por el hecho de serlo. Son mi base para entender que la economía y la ley deben tener siempre un corazón ético.

​El análisis del mundo actual

​Para entender por qué hoy las cosas funcionan (o fallan) como lo hacen, utilizo a pensadores más modernos:

​La Escuela Austriaca (Mises o Hayek): Me ayudan a explicar que la economía no son solo números, sino personas tomando decisiones en libertad. Frente a ellos, trato de señalar donde fallan las ideas más rígidas o colectivistas, como las de Marx o Hegel, que a veces se olvidan del individuo para centrarse solo en la «masa».

​Karl Popper: Es fundamental para aprender a debatir. Me enseña que hay que ser críticos con todo, pero también que hay que marcar límites ante quienes no aceptan el diálogo.

​Un apunte final

​Sé que me dejo muchos nombres en el camino, y de vez en cuando os traeré algún «invitado especial» a mis artículos para analizar temas concretos. Pero estos que os he nombrado son mis compañeros de viaje habituales.

​Al final, leo a Kant por su rigor, a Nietzsche por su energía o a Albert Camus por su humanidad, simplemente porque me ayudan a no caer en la indolencia y a mantener el sentido crítico. Espero que esta pequeña lista os sirva para conocerme un poco mejor y, quién sabe, quizás os animéis a echarle un ojo a alguno de ellos.

​¡Seguimos conversando!

Zenón de Citio

​El Despertar de la Centella y la Forja del Hombre Libre

​Mirad, no os equivoquéis. No he venido aquí a traeros a un antiguo pensador polvoriento ni a perdernos en teorías que no sepáis por dónde coger. No quiero que leáis a Zenón como quien lee un libro de texto muerto en una estantería.

​Zenón de Citio nos está mirando ahora mismo desde el Elíseo, observando con ojo crítico cómo recorremos su misma senda. Porque la razón no es una idea quieta; es una centella que viaja a través del tiempo y del espacio, que nos atraviesa sin que sepamos cómo ni cuándo, pero que cuando toca… prende. Lo que os traigo aquí es fuego real: las ideas que os van a servir para forjar vuestra mente y despertar de una vez por todas.

​El Armamento de la Razón

​Para caminar por este mundo sin que nos quiebren, el maestro nos entregó un equipo de combate completo. No son conceptos abstractos, son vuestras herramientas de supervivencia:

​La Filosofía como Escudo: La lógica que te protege de la mentira y el engaño. Si no tienes este escudo, cualquier manipulación de los que quieren manejar el carro te golpeará en el pecho y te hundirá.

​La Ética como Lanza: La punta de acero con la que atraviesas la injusticia y abres brecha en un mundo que intenta que camines con la cabeza agachada. Es la que marca tu dirección.

​La Física como Coraza: El conocimiento de la realidad, de la materia y de las reglas del juego. Sin entender el orden del mundo, estarás desnudo ante los golpes del destino.

​El Carro y la Libertad Consciente

​Muchos os han dicho que somos súbditos, esclavos arrastrados por un carro llamado destino. ¡Mentira! Esa es la interpretación de los que prefieren ser mártires en silencio. Zenón nos enseñó que, aunque la cadena de la predeterminación exista, solo siendo conscientes de ella somos verdaderamente libres.

​La chispa que lleváis dentro es la que os permite la autopercepción necesaria para canalizar el carro. Al entender la realidad que nos rodea, dejamos de ser lastre para elegir nuestro propio paso. Solo así, perteneciendo al mundo entero y no a una sola parcela, podemos mirar al otro sin prejuicios, entablar conversaciones que hagan crecer nuestros universos y construir sociedades abiertas donde se escoja con justicia a quien debe gobernarnos.

​El Epitafio Inmortal

​Para que esta «llama olímpica» no se apague cuando el ruido del mundo intente asfixiaros, grabad a fuego esta sentencia. No es un consejo, es una orden para vuestra alma; una frase que debe estar presente en cada decisión que toméis:

​»ATRÉVETE A DEFENDERTE A TI MISMO”

​Para los que queráis desgranar al maestro, recordad que su sistema es una secuencia lógica, no una represión emocional:

  • ​La Impresión (El impacto): Es el golpe del mundo. Si alguien te hace daño, vas a sentir dolor. Es la respuesta natural y fortuita de la materia.
  • ​El Asentimiento (La Claridad): Aquí es donde despiertas. Te das cuenta de que lo que ha pasado se explica solo con lo que has vivido. No hay un «segundo punto» oscuro ni una conspiración del universo contra ti. Es simplemente la realidad desplegándose.
  • ​La Evidencia y la Protección: Si la realidad te ofrece pruebas de que hay un riesgo real, tu razón lo detecta y te dota de protección. No actúas por impulso, actúas por evidencia.
  • ​La Eupatheia (El resultado): La paz que nace de no alimentar juicios falsos sobre lo que es puramente fortuito.

​Nota de disección final

No busquéis dejar de sentir, porque las emociones son naturales. El estoicismo de Zenón no es aislarse, es comprender el contexto. Sentir dolor es humano; pero entender que ese dolor no tiene un «segundo por qué» místico es lo que te permite mantener el control del carro. La mejor forma de trabajar de cara a la realidad es saber que lo que es fortuito no debe gobernar tu juicio.

Club de Lectura: <<Novela de ajedrez>> Stefan Zweig


En este Club de Lectura dialogaremos entorno a la Novela de ajedrez de Stefan Zweig, una obra breve y perturbadora sobre la mente humana sometida a la soledad extrema y la opresión.

A través de una narración intensa y psicológica, Zweig muestra cómo el aislamiento impuesto por la violencia totalitaria puede fracturar la identidad, pero también generar formas inesperadas de resistencia interior. El ajedrez aparece así como refugio, obsesión y campo de batalla mental, revelando hasta qué punto la imaginación puede salvar y, a la vez, poner en riesgo la cordura.

Con este pretexto, el libro nos invita a reflexionar sobre los límites de la mente, el precio psicológico de sobrevivir y la delgada frontera entre lucidez y delirio. Una mirada humana sobre la dignidad, la fragilidad y la necesidad de sentido incluso en las circunstancias más deshumanizadoras.

“No nos hacían nada, se limitaban a situarnos en el vacío más absoluto, y es bien sabido que nada en el mundo puede oprimir tanto el corazón del hombre como la nada»
— Stefan Zweig, Novela de ajedrez


La actividad estará guiada por Alejandro Martínez y Miguel Ángel Mozún, licenciados de Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.

Apúntate y disfruta del placer de hacer filosofía en vivo. El encuentro será de aproximadamente 1 hora.


Zweig, Stefan Novela de Ajedrez. Ed. Acantilado

Análisis lingüístico: Novela de ajedrez por Juan Amadeo Poveda Cervera


Material adicional: «Lo que el ajedrez me enseño» de Wilmer Torres