El desarrollo del pensamiento crítico según M. Foucault

Para tiempos de abundante información

por: Alfredo Rivera Roggero, Lima (Perú).

La abundante información, que se presenta como verdades que deben ser aceptadas, lleva a tomar decisiones basadas en prejuicios, emociones o influencias externas, ellas generan en diversos grupos sociales un grado de manipulación, desinformación y dificultad en la búsqueda de soluciones.

¿Cómo superar la dificultad de asumir información abundante? Una respuesta está en el pensamiento crítico, definido de formas diversas. Por ejemplo, Shaw (2014), quien cita a Sternberg (1985), lo determina como procesos, estrategias y  representaciones mentales que las personas utilizan para resolver problemas, tomar decisiones y aprender nuevos conceptos.[1] Ahora bien, ¿qué se busca con el desarrollo del pensamiento crítico? Robert H. Ennis y posteriormente Deroncele-Acosta et al. (2020)[2], lo mencionan como el proceso cognitivo de un nivel alto de complejidad y en donde se resalta la razón y el proceso de reflexión, está idea busca que el pensamiento crítico pueda reconocer en el momento de reflexión lo que es justo y verdadero y por otra parte pone énfasis en ser un pensamiento orientado al actuar pragmático.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Después de lo mencionado, pregunto: ¿Cómo se lograría el desarrollo del pensamiento crítico? una respuesta la encontramos con Flores-Morales y Neyra-Huamani (2021)[3] quienes citan a Zaldívar (2010) el cual presenta tres acciones, la primera, es reconocer las asunciones o supuestos, la persona por medio de una cantidad de presupuestos razonables producto de análisis o reflexión de su realidad más cercana tiene la posibilidad de asumir un dato como cierto. La segunda, es interpretar, esta acción plantea que se debe comprender que las conclusiones a que se llega al interpretar la realidad deben estar más allá de una duda razonable y busca dar solución a los problemas. Finalmente, la tercera es argumentar y aquí se debe plantear la distinción de la capacidad de narrar, de expresar y de argumentar con ideas que son persistentes.

Toda esta reflexión nos lleva a plantear la pregunta: ¿El ejercicio del pensamiento crítico puede llevar a un cambio en las personas? y desde la filosofía de Michel Foucault señalamos la siguiente respuesta que nos lo indica Carlota Gómez, ella dice que es una dimensión de la filosofía que, se puede convertir en una práctica habitual o una costumbre, Asimismo, establece un camino que va transformando a medida que las personas avanzan.[4] Entonces,  ¿desde la filosofía de Foucault cómo se logra la práctica habitual que permite generar un pensamiento crítico?

  1. Cuestionar sistemáticamente los discursos y las “verdades” aceptadas, examinando quién las produce y con qué efectos de poder.
  2. Analizar históricamente las prácticas e instituciones para comprender cómo han configurado nuestras formas de pensar y actuar.
  3. Practicar la reflexión ética sobre uno mismo, cultivando una actitud de autonomía y de revisión continua de las propias creencias y conductas.

Después de ver los procesos que permiten desarrollar un pensamiento crítico, se puede ir concluyendo que el mismo se construye a lo largo del tiempo. Desde la filosofía de Michel Foucault se va a desarrollar en las personas que la practican una mirada crítica que les permitirá reconocer el carácter histórico y contingente de muchas de sus certezas, en diversas entrevistas el mismo Foucault señala que su papel es buscar mostrar a la gente que son mas libres de lo que sienten.

Finalmente, esa mirada que permita comprender el origen de nuestros pensamientos y la capacidad de  interpretarlos más allá de la duda razonable va a generar un real cambio en las personas que logran practicar el ejercicio del pensamiento crítico. Desde la Filosofía de Foucault pregunto ¿a qué nos invita el ejercicio del pensamiento crítico? Se puede concluir que el autor nos invita a cuestionar cómo el conocimiento, la información y las formas de poder influyen en nuestras decisiones y comportamientos. En la era digital, donde circulan grandes volúmenes de información, es fundamental analizar críticamente los discursos que se presentan como verdades incuestionables. Su enfoque permite comprender cómo las tecnologías pueden ser utilizadas tanto para ampliar el acceso al conocimiento como para ejercer mecanismos de control y vigilancia. Por todo lo mencionado a lo largo del artículo al lector le pregunto ¿es importante desarrollar un pensamiento crítico que busque generar cambios en las personas? espero sus respuestas 


El lector tiene la palabra y puede contestar al correo vocess_hc@hotmail.com 

Sobre el autor:

Alfredo Rivera Roggero
Filósofo, investigador social y escritor.
Especialista en temas vinculados a conflicto social, violencia familiar y comunicación efectiva.
Publica artículos sobre seguridad ciudadana en dos revistas peruanas.


[1] Mackay Castro, R., Franco Cortazar, D. E., & Villacis Pérez, P. W. (2018). El pensamiento crítico aplicado a la investigación. Universidad y Sociedad, 10(1), 336-342.

[2] Deroncele-Acosta A. Nagamine-Miyashiro M Medina-Coronado D. (2020) Desarrollo del pensamiento crítico Universidad César Vallejo, Lima, Perú

[3] Flores-Morales, Jorge Alberto, & Neyra-Huamani, Lidia. (2021). Pensamiento Crítico en estudiantes en una universidad privada de Lima, 2020.

[4] Gomez Carlota (2023) Los límites del poder: la crítica y el cuidado de sí en el pensamiento de Foucault


El balón no sabe cuánto vale

El juego como libertad, el fútbol como industria y la distancia entre los dos

Hay algo que el cuerpo recuerda antes que la mente. El impacto del pie sobre el balón. El ruido sordo sobre el asfalto. La trayectoria, normalmente torcida e imperfecta, hacia dos pivotes, los cuales han sido colocados para prohibir la entrada de coches a una calle peatonal, porque no había otra portería o, quizás, dos mochilas. Fui esa niña. Jugaba en descampados, en calles peatonales, en los parques y en los patios de los colegios cuando los dejaban abiertos y, si no lo estaban, saltaba la valla. Recuerdo cuando en mi primera comunión me regalaron una Barbie y no un balón (la cabeza acabó siendo un pequeña pelota)

2018

No había espectadores. No había cámara. Nadie anotaba nada, salvo los y las participantes del juego por diversión. Y eso, que entonces parecía simplemente la normalidad del juego, ahora me parece una forma de libertad que se está perdiendo. (por lo general, en la zona en la que vivo, apenas veo niños ni niñas jugando al fútbol sino es con un equipo detrás,)

Para entender qué se pierde cuando el fútbol deja de ser un juego jugado por quien quiere jugarlo me remito a la Filosofía, ¿a qué si no?

La filosofía tarda en tomarse en serio las cosas que parecen triviales. El juego fue durante siglos una categoría menor: algo que los niños hacen antes de volverse adultos. Esa idea es, precisamente, la que Johan Huizinga desmontó en 1938 con Homo Ludens. «El juego no es un subproducto de la cultura humana. Es su origen«

Antes de construir ciudades, antes de codificar leyes, antes de escribir, el ser humano jugó. Y en ese juego -delimitado, voluntario, gobernado por reglas propias- se formaron los rituales, el arte, el derecho, incluso la guerra. El juego, dice Huizinga, es «más antiguo que la cultura». El impulso lúdico es anterior al impulso productivo.

Lo que me parece más potente de esta idea es su consecuencia filosófica directa: si el juego es anterior a la cultura, entonces no puede ser reducido a ella. No puede ser completamente absorbido por la lógica económica sin que algo esencial se rompa. Y sin embargo, eso es exactamente lo que llevamos décadas intentando con el fútbol.

“El ser humano sólo juega cuando es humano en el pleno sentido de la palabra, y sólo es plenamente humano cuando juega.”

Friedrich Schiller, Cartas sobre la educación estética del hombre, 1795

En estas palabras, Schiller no estaba hablando de ocio. Estaba hablando de la tensión constitutiva del ser humano: entre el impulso sensible, es decir, el cuerpo, el deseo, el instante; y el impulso formal como la razón, la norma, el deber. Esa tensión, dice, no se resuelve eligiendo un lado. Se resuelve en el juego, que es el único espacio donde los dos coexisten sin aplastarse mutuamente.

Imagen de Vilius Kukanauskas en Pixabay

Una portería de pivotes , o de piedras, o de mochilas, tiene reglas tan reales como la de un estadio profesional. Pero nadie te obliga a respetarlas desde fuera: las respetas porque el juego lo pide y porque quieres seguir jugando. Esa diferencia entre la norma impuesta y la norma elegida es, para Schiller, la diferencia entre la servidumbre y la libertad.

Aquí cabe un escepticismo legítimo: ¿no es esto demasiado idealizado? ¿No hay también en el juego infantil jerarquías, exclusión, crueldad? Sí, las hay. Pero el punto de Schiller no es que el juego sea moralmente puro. Es que la estructura del juego, su gratuidad, su autotelismo, contiene una forma de libertad que ninguna otra actividad humana puede replicar del mismo modo.

Pero ¿qué es exactamente esa estructura? Huizinga fue más preciso que Schiller en este punto. Identificó cicinco características que definen el juego verdadero. Vale la pena detenerse en ellas, porque son exactamente las que el fútbol moderno está erosionando una por una.

  1. El juego es libre. Nadie puede ser obligado a jugar sin que el juego deje de serlo. Cuando un niño de doce años entrena cinco días a la semana bajo un contrato de academia, supervisado por agentes y ojeadores, ¿está jugando? Hay que atreverse a decir que no del todo.
  2. El juego es separado. Ocurre dentro de límites precisos de tiempo y espacio. El «círculo mágico» que Huizinga describe. Dentro de ese círculo, la realidad exterior queda suspendida. El problema es que ese círculo se perfora cuando el resultado tiene consecuencias económicas directas: descensos, primas, cláusulas de rescisión. La presión exterior entra y el juego se contamina.
  3. El juego es incierto. Si el resultado está predeterminado, no hay juego. Hay actuación. Los escándalos de amaño de partidos, entre otros, no son anomalías del sistema. Son la consecuencia lógica de convertir el resultado en mercancía.
  4. El juego es improductivo. No crea riqueza, no produce bienes, no tiene utilidad exterior a sí mismo. El filósofo Eugen Fink lo llamó el único fenómeno ontológicamente autotélico. En cuanto el juego produce algo como es el dinero, la fama y el poder, deja de ser puro juego para convertirse en trabajo disfrazado.
  5. El juego está gobernado por reglas propias (me atrevo a decir que es lo que menos se discute). Cuando esas reglas empiezan a ser subordinadas a criterios externos como la rentabilidad televisiva que dicta los horarios, el marketing que dicta los calendarios, las reglas ya no son del juego. Son del negocio.
Jugando al fútbol – 2018

Estas cinco condiciones no son abstracciones académicas. Describen algo que cualquiera que haya jugado alguna vez reconoce de inmediato. Y describen también, por contraste, lo que ocurre cuando dejas de jugar y empiezas a mirar cómo otros juegan.

Hay una transformación que ha ocurrido de forma tan gradual que casi no la hemos visto, hemos pasado de ser una sociedad de jugadores a ser una sociedad de espectadores del juego ajeno. Y eso no es neutral.

Cada vez que un locutor de fútbol menciona el «campo de juego», algo en la frase nos hace pensa. Campo, sí. ¿Juego? Ahí la cosa se complica. Porque lo que ocurre dentro de ese rectángulo de césped perfectamente medido, con árbitros de vídeo, primas por rendimiento y contratos firmados años antes del debut, se parece cada vez menos a lo que Huizinga, Schiller o cualquier niño con un balón entendería por juego. El locutor usa la palabra correcta. Solo que ya no describe lo mismo.

El filósofo Bernard Suits definió al jugador como alguien que acepta obstáculos innecesarios para alcanzar un objetivo. Eso es exactamente lo que hace quien patea un balón hacia una portería cuando podría simplemente llevarlo con la mano. La restricción voluntaria, como son las reglas del juego, es lo que crea el desafío y, con él, el placer. El espectador, en cambio, no acepta ningún obstáculo. Observa cómo otros los aceptan. Y esa diferencia no es menor: es la diferencia entre la experiencia vivida y la experiencia contemplada.

La industria del fútbol ha invertido cantidades enormes en hacer que la contemplación sea cada vez más perfecta y que la participación sea cada vez menos necesaria. Pantallas más grandes, ángulos más nítidos, estadísticas en tiempo real. El producto está diseñado para consumirse, no para imitarse.

Esto merece un juicio directo: la espectacularización del fútbol no es inocente. Es una sustitución. Lo que se ofrece como acceso al juego es, en realidad, un acceso al relato del juego. Y el relato no da lo mismo que el juego. Quien cuenta la historia del ascenso en montaña no ha subido la montaña, me dijo una vez mi madre.

Y sin embargo, el negocio sigue creciendo. Lo que vale el fútbol hoy, en euros, en dólares, en derechos televisivos, difícilmente puede ignorarse. ¿Ese precio tiene algo que ver con lo que el fútbol realmente vale?

«El fútbol tiene que ser otra cosa»

Claudia Sheinbaum, Presidenta de México

El fútbol vale hoy cifras que desafían la comprensión: derechos televisivos, cláusulas de rescisión, patrocinios de nombres de estadios. Y sin embargo, lo que hace que el fútbol importe como es la incertidumbre real, la emoción no fabricada, el gol que nadie esperaba, es exactamente lo que no puede comprarse ni garantizarse.

Karl Marx diría que hemos fetichizado el fútbol: le hemos atribuido a la mercancía (la camiseta, el partido, la marca) el valor que en realidad reside en otra cosa. En la relación humana que el juego hace posible. En el placer físico de correr. En la inteligencia colectiva de una jugada que se arma entre varios cuerpos sin que nadie dé una orden.

¿Puede convivir el gran negocio con el juego auténtico? Probablemente sí, en parte. Hay partidos donde el círculo mágico se mantiene intacto pese a todo. La pregunta es otra: ¿estamos educando a las nuevas generaciones para jugar al fútbol, o para consumir fútbol? ¿Para participar, o para ser audiencia de otros que participan?

La respuesta no está en ningún estadio. Está, si acaso, en un descampado, en esa calle peatonal. O en el recuerdo de una.

Los pivotes de la calle no aparecen en ninguna estadística. El gol marcado en un descampado no existe en ninguna base de datos. Nadie lo grabó, nadie lo contó, nadie pagó por verlo. Y sin embargo, algo de eso permanece en el cuerpo, en la memoria, en la convicción de que eso importaba, con una solidez que ningún partido de televisión ha conseguido igualar.

2018

No digo esto por nostalgia. Lo digo porque la experiencia del juego vivido en primera persona tiene una densidad existencial que la experiencia del juego observado no puede replicar. Schiller tenía razón, aunque no pensara en descampados. Huizinga tenía razón, aunque no pensara en pivotes.

El balón sigue rodando igual. No ha cambiado. Lo que ha cambiado es el suelo bajo el que rueda. Antes era tierra, asfalto, hierba sin marcar. Ahora es, a menudo, una pantalla.

Y la pantalla no devuelve el pase.


Referencias:

Huizinga, Johan. Homo Ludens. Madrid: Alianza Editorial

Schiller, Friedrich. Cartas sobre la educación estética del hombre. Ed. Acantilado

Fink, Eugen. El juego como símbolo del mundo. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2018.


Filocafé: ¿Por qué ya no jugamos? con Gregorio Luri

Síntesis: El poder del juego. Filocafé con Gregorio Luri

El impulso del juego como principio de acción de la belleza en F. Schiller del Blog Perspectivas Estéticas.

Díaz Velasco, Andrés. La importancia de lo que está en juego. Lúdica pedagógica. Vol 2, No. 18 (2013)

Homo Ludens – El Club de la lucha creativa

El ejercicio de la libertad según Albert Camus

Entre el absurdo, la dignidad humana y la responsabilidad de elegir nuestro propio camino

por: Alfredo Rivera Roggero, Lima (Perú).

En estos tiempos, el ser humano se encuentra con una variedad de alternativas que en muchas ocasiones le complican la vida misma, en ese sentido es interesante reflexionar sobre la práctica de la libertad, de manera especial, sobre la capacidad para escoger algunas de las alternativas que ella exige.

Sobre este detalle, Camargo Ricardo nos señala que: “la noción de libertad exige la no existencia de restricciones externas que imposibiliten el despliegue de la voluntad asociada (libertad de no interferencia). Si esto es así, entonces ello implica correlativamente que quien es libre tiene siempre la habilidad de seleccionar una opción dentro de un conjunto de alternativas posibles dispuestas en diferentes momentos de nuestras vidas1

Entonces, para reflexionar sobre el ejercicio de la libertad, hay que preguntar: ¿debemos pensar en las restricciones al acto humano o en la posibilidad que tiene el individuo para elegir entre diversas opciones?

La complejidad de la pregunta nos lleva a mirar la respuesta en el pensamiento del filósofo Albert Camus y para entenderlo prestamos atención a lo que dice Garcia Aguilar:

bajo el enfoque camusiano, la libertad humana no cuenta con un carácter terminante, no puede tenerse como absoluta, porque ella misma “tiene sus límites en todas partes donde hay un ser humano” (Camus, El hombre 366),”2

Vemos así que, el ejercicio de la libertad significa que el individuo se de cuenta de los límites de su actuar y debe asumirlo siendo consciente de sus consecuencias. Esto se entiende desde Camus con el ejercicio de la rebelión, así nos lo indica Málishev Krasnova, al referirse al hombre rebelde: “Para el rebelde ese “algo” vale más que su propia vida, ya que en su rebeldía tiene riesgo de perderla. En la rebelión, ese “algo” se eleva al rango de derecho inalienable que pertenece tanto al alzado como a sus semejantes, incluso al amo que le insulta y oprime; ese “algo” es la dignidad propia de todo el género humano, (…)” 3

¿A qué se refiere Camus con ese “algo”?, desde la práctica se habla del respeto por la vida humana y eso está referido a la naturaleza humana, así nos lo señala Málishev Krasnova: “La naturaleza está presente en todas las manifestaciones y transformaciones del ser humano, y le obliga a tomarla en consideración en cada uno de sus actos, por libres que sean4 y Camus en “El hombre rebelde” nos señala que:

La rebelión auténtica no es egoísta: cuando alguien se rebela contra la injusticia, lo hace también en nombre de los demás. Así, comprender al otro significa reconocer que su dignidad también es la nuestra.5

Finalmente, para entender el ejercicio de la libertad desde la filosofía de Camus, es importante ser consciente de los límites del actuar, de manera puntual el reconocer el valor de la vida humana en sí mismo y en su relación con los demás. Esto lo debemos entender desde la filosofía de Camus cuando el ser humano busca sentido, orden y claridad, pero el mundo no siempre responde a esa búsqueda. De esta tensión surge el absurdo. Sin embargo, el absurdo no significa que la vida no valga, sino que debemos vivirla plenamente aun sabiendo que no tiene un sentido definitivo. Entonces ¿cómo ejercer la libertad en estos tiempos? Al no existir un destino fijo o un sentido impuesto, el ser humano tiene la posibilidad de crear su propio camino. Al ser creador de su destino, es responsable de sus actos y entonces la vida se vuelve importante porque es el espacio donde ejerce su propia libertad.

Para el lector: ¿puede ejercer su libertad siendo consciente de sus límites frente a los otros de su entorno ? usted tiene la palabra, espero su comentario.


El lector tiene la palabra y puede contestar al correo vocess_hc@hotmail.com 

Sobre el autor:

Alfredo Rivera Roggero
Filósofo, investigador social y escritor.
Especialista en temas vinculados a conflicto social, violencia familiar y comunicación efectiva.
Publica artículos sobre seguridad ciudadana en dos revistas peruanas.


  1. Camargo, Ricardo. (2023). Libertad, ¿con o más allá de la responsabilidad moral?: el desafío de Frankfurt. Signos filosóficos, 25(49), 90-110. Epub 03 de noviembre de 2025 ↩︎
  2. García Aguilar, Juan Francisco. (2024). Camus, la libertad como límite y afirmación de sí mismo. Valenciana, 17(33), 87-112. Epub 31 de mayo de 2024 ↩︎
  3. Málishev Krasnova, Mijaíl Albert Camus: de la conciencia de lo absurdo a la rebelión. Ciencia Ergo Sum, vol. 7, núm. 3, noviembre, 2000 Universidad Autónoma del Estado de México Toluca, México ↩︎
  4. Ibidem. ↩︎
  5. Camus, Albert. (1951) El hombre rebelde ↩︎

Novela de ajedrez. Stefan Zweig

Un análisis de Juan Amadeo Poveda Cervera

Tema

Publicada en 1942, poco antes de su muerte, Novela de ajedrez, de Stefan Zweig (Viena, 1881 – Petrópolis, Brasil, 1942) condensa en un espacio reducido una profunda reflexión sobre la mente humana y la complejidad interior del ser humano. Un tema profundo que subyace a otros, como puedan ser la genialidad y sus formas o la fragilidad del ser humano.

Desde una perspectiva filosófica, el ser humano no puede reducirse a una estructura unitaria: el monismo, que afirma que estamos formados por una sola sustancia. Tampoco parece que el dualismo, que separa mente y cuerpo, explique suficientemente toda la magnitud de la experiencia humana.

Más bien, Novela de ajedrez parece sugerir una visión cercana al pluralismo, donde conviven e interactúan, en el ser humano, varias dimensiones aparte de la física, como la mental, la emocional, el alma, e incluso aquello que podríamos denominar el ser, entendido como ese núcleo íntimo y profundo que sostiene la identidad del individuo y que es donde se encuentra su fragilidad y su grandeza. La vigencia de este planteamiento y la actualidad del tema queda patente en nuestros días debido al debate IA vs ser humano.

ANÁLISIS LINGÜÍSTICO Y LITERARIO

Existen dos niveles narrativos claros. El narrador principal es un narrador homodiegético, un narrador testigo en primera persona que utiliza un discurso indirecto para presentar a los dos personajes principales de la novela: Czentovic y el doctor B. Este último se convierte en un narrador homodiegético protagonista que narra su pasado con un largo discurso directo en primera persona en una conversación con el narrador testigo. Este recurso, el relato dentro del relato, está muy bien utilizado, puesto que introduce una segunda capa narrativa más íntima y psicológica, que potencia la antítesis entre Czentovic y el doctor B, que son polos opuestos; blanco vs negro.

Debido al tema, el autor se centra deliberadamente en la descripción conductual de los personajes porque son personajes mentales, no corporales. Por un lado, Czentovic representa la mente, la inteligencia fría y mecánica carente de vida interior. Es opaco e inexpresivo, tanto que, como individuo, puede parecer inverosímil. Ahora bien, más que un defecto en la obra, supone un rasgo buscado para reforzar las características de su mente. No evoluciona y esto es coherente. En contraposición, el doctor B. es el personaje que más evoluciona. Simboliza la mente creativa y encarna el ser del humano que lucha por no desintegrarse. Pese a que es creíble en lo esencial, es casi imposible que alguien que aprende a jugar al ajedrez memorizando partidas y no ha participado en torneos pueda ganar a un campeón mundial. Esto supone un punto débil. Los personajes secundarios no son profundos y solo ofrecen contexto social. Aun así, cabe destacar a McConnor, cuya mediocridad refleja la dimensión emocional, que es la más visible en las personas corrientes. En él se hace visible lo dolorosa que resulta la derrota en ajedrez, por representar el fracaso del ego.

La estructura temporal de la obra alterna un presente narrativo ―el trayecto en barco― que funciona como marco lineal y estable, con analepsis extensas en las que se da a conocer a los dos protagonistas. Existe un ritmo más acelerado en la presentación de Czentovic resaltando ese vacío interior que posee, que contrasta con el tiempo de narración más ralentizado y pausado cuando aparece el doctor B., lo que está plenamente justificado por la necesidad de mostrar la profundidad y complejidad de la dimensión que personifica. Este planteamiento funciona bien, aunque la irrupción del extenso relato del doctor B. provoca la sensación de desconcierto, puesto que se pasa a un terreno completamente diferente de manera abrupta.

El autor utiliza un barco como contenedor laboratorio en el que depositar a dos especímenes opuestos y observar, así, la vasta amplitud de la heterogeneidad del hombre. Otro espacio relevante es la habitación, solitaria, oculta, del encierro del doctor B., que se convierte en esa dimensión más profunda del ser humano a la que hay que llegar si de verdad se quiere herir. Y el tercero, en el que todo converge, el tablero de ajedrez. Un espacio metafórico que representa la lucha entre dos entes con dimensiones diferentemente desarrolladas y, además, la batalla entre las diferentes dimensiones.

En cuanto a los diálogos, son naturales, fluidos y los justos. Cada personaje tiene un registro acorde a su caracterización. Por ejemplo, el casi silencio de Czentovic define su identidad; el discurso del doctor B. es culto, elaborado y argumental; el de McConnor es directo y coloquial, y el narrador testigo utiliza un lenguaje formal con un cierto tono de distanciamiento que refuerza su papel de observador.

Variaciones rítmicas para controlar la intensidad, repeticiones, metáforas simbólicas y economía léxica para transmitir profundidad psicológica son los recursos estilísticos más notables, que definen un estilo austero y elegante.

En resumen, se puede decir que la novela posee una estructura ajedrecística en la que cada recurso actúa como una pieza que ejerce su fuerza desde una determinada casilla. El símil continúa con los tres tiempos que posee la novela y que se corresponden con la apertura, en la que las jugadas son previsibles, los movimientos simples y se presenta a Czentovic; el medio juego, que se torna profundo, complejo, tenso, estratégico, con combinaciones brillantes y está protagonizado por el doctor B., y el final, con un resultado que se intuye.



Zweig logra sintetizar en este relato corto un duelo intelectual que trasciende el tablero de ajedrez para convertirse en una alegoría de la condición humana. Su estilo sobrio y su estructura perfectamente calculada confirman la maestría del autor, cuyo pulso narrativo sigue inspirando reflexiones sobre la inteligencia, la creatividad y los límites de la mente.

CLUB DE LECTURA: Novela de ajedrez de Stefan Zweig

Club de Lectura: <<Novela de ajedrez>> Stefan Zweig


En este Club de Lectura dialogaremos entorno a la Novela de ajedrez de Stefan Zweig, una obra breve y perturbadora sobre la mente humana sometida a la soledad extrema y la opresión.

A través de una narración intensa y psicológica, Zweig muestra cómo el aislamiento impuesto por la violencia totalitaria puede fracturar la identidad, pero también generar formas inesperadas de resistencia interior. El ajedrez aparece así como refugio, obsesión y campo de batalla mental, revelando hasta qué punto la imaginación puede salvar y, a la vez, poner en riesgo la cordura.

Con este pretexto, el libro nos invita a reflexionar sobre los límites de la mente, el precio psicológico de sobrevivir y la delgada frontera entre lucidez y delirio. Una mirada humana sobre la dignidad, la fragilidad y la necesidad de sentido incluso en las circunstancias más deshumanizadoras.

“No nos hacían nada, se limitaban a situarnos en el vacío más absoluto, y es bien sabido que nada en el mundo puede oprimir tanto el corazón del hombre como la nada»
— Stefan Zweig, Novela de ajedrez


La actividad estará guiada por Alejandro Martínez y Miguel Ángel Mozún, licenciados de Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.

Apúntate y disfruta del placer de hacer filosofía en vivo. El encuentro será de aproximadamente 1 hora.


Zweig, Stefan Novela de Ajedrez. Ed. Acantilado

Análisis lingüístico: Novela de ajedrez por Juan Amadeo Poveda Cervera


Material adicional: «Lo que el ajedrez me enseño» de Wilmer Torres

Síntesis: El poder del juego. Filocafé con Gregorio Luri

El juego es una de las formas de la vida feliz.

En el filocafé¿Por qué ya no jugamos? El juego como forma de libertad nos acompañó Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, cuya voz imprescindible en el debate educativo contemporáneo. Desde el inicio, se marcó el tono del encuentro: una mezcla de lucidez, memoria y una defensa de algo que parece tan simple como decisivo en la vida humana: el juego.

Educar es introducir a los niños en un mundo que merece ser heredado. Y en ese tránsito, el juego ocupa un lugar central, una forma originaria de pensamiento, como recordaba Huizinga, y como movimiento que nos envuelve y transforma, en palabras de Gadamer “Somos seres que juegan antes incluso de ser seres que razonan

A partir de ahí, la conversación se abrió a partir de las preguntas: ¿por qué ya no jugamos? ¿Qué ha ocurrido para que los patios, las calles y los descampados, espacios que durante generaciones fueron laboratorios sociales, se hayan ido vaciando de niños? ¿Qué perdemos cuando desaparece el juego libre?

Gregorio propuso una respuesta que fue prácticamente el hilo conductor de todo el filocafé: el miedo.

Cuando el miedo ocupa demasiado espacio en nuestra mirada adulta, el juego se encoge en la vida de los niños.

Un miedo que se ha instalado en la mirada adulta y que, sin darnos cuenta, estrecha el mundo de los niños. Miedo al extraño, miedo al compañero, miedo al futuro, miedo a nosotros mismos como educadores. “Hoy se lleva lo de victimizar las relaciones. Ay, ay, ay, que me puede hacer daño”, dijo Luri, señalando cómo la sospecha se ha convertido en un hábito cotidiano.

La autodisciplina se aprende mejor en el juego que en los consejos de los adultos.

El miedo no fue el único protagonista. ¿De qué hablamos cuando hablamos de juego? Comentó uno de los asistentes a lo que Luri fue desplegando una visión del juego que se sostiene en tres pilares fundamentales:

  1. El juego como aventura. El juego auténtico implica riesgo, incertidumbre, descubrimiento. No hay aventura sin la posibilidad de equivocarse, de hacerse daño, de ir un poco más allá de lo previsto. “Si no hay riesgo, no hay aventura”, recordó Luri, evocando sus propias travesuras de infancia: trepar árboles, robar peras, chapotear en charcos. Pequeñas gestas que enseñaban prudencia, autocontrol y valentía. Hoy, en cambio, vemos rodillas impolutas, parques acolchados y una infancia sin rasguños, pero también sin aventura.
  2. El juego como praxis. Siguiendo a Aristóteles, Luri insistió en que el valor del juego está en la acción misma, no en su utilidad. “El premio de la praxis es la propia praxis”, dijo. El juego nos devuelve al presente, nos permite saborear la actividad sin un “para qué” que devore el momento. Citó al Eclesiastés: “El único bien del hombre es disfrutar con lo que hace. Esa es su paga”. Una vida feliz, añadió, es aquella capaz de llevar el espíritu del juego al trabajo, a la familia y a las relaciones.
  3. El juego como encuentro polémico con los límites. En un juego no se puede hacer cualquier cosa. Las reglas no son un obstáculo, sino el terreno fértil donde se negocia, se discute y se aprende a convivir. El juego es un espacio donde los niños exploran qué pueden hacer, qué no, y hasta dónde pueden llegar sin romper el marco común. “El juego es un encuentro polémico con los límites”, afirmó Luri, y en ese roce con el límite tanto físico, social y moral los niños desarrollan autocontrol, disciplina y criterio propio.

Pocas experiencias hay más maravillosas para un niño que estrenar unas botas de agua y meterse a chapotear en un charco.

Las intervenciones de los y las asistentes enriquecieron el diálogo. Alejandro habló del miedo al compañero, un fenómeno creciente en las escuelas: padres que analizan cada gesto, cada familia, cada niño, como si todos fueran potenciales amenazas. Iñaki insistió enla importancia del juego corporal y grupal, un juego que involucra cuerpo, presencia y comunidad. Erika aportó una mirada intercultural desde su experiencia entre Ecuador y Suecia, mostrando cómo el contexto condiciona la libertad infantil: en unos lugares la inseguridad es real; en otros, la confianza es la norma.

Miguel Ángel introdujo la cuestión del videojuego y la migración del juego hacia lo digital. Luri respondió con claridad: “La calle de los niños hoy es la pantalla, dicen algunos. Yo creo que no. Internet ha construido un barrio en la ciudad, los otros barrios están ahí.” La pantalla es un barrio más dentro de la ciudad simbólica, pero no sustituye la experiencia humana del encuentro. “Por muy atractiva que sea la pantalla, salir con los amigos es muchísimo más atractivo”, dijo.

Hacia el final, Luri volvió a la raíz de todo: no hay vida sin juego. Una vida completamente calculada, orientada siempre a un fin externo, sería invivible. El juego nos permite disfrutar con lo que hacemos, nos devuelve al presente, nos abre a la aventura y nos enseña a gestionar el azar. “No tengáis miedo, porque lo peor es educar con miedo”, concluyó.

El filocafe concluyó con la idea de que, cuando el miedo ocupa demasiado espacio en la mirada adulta, el juego se encoge en la vida de los niños. Y con él, se encoge también la confianza en ellos y en la comunidad. Se hizo un llamado a recuperar el juego como espacio de libertad y encuentro, con una invitación a los adultos a superar sus propios temores para favorecer un desarrollo infantil más humano, más valiente y más pleno.

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Algunas de las citas en relación a la temática:


1. El juego como origen y forma de pensamiento humano: Fundamental para el desarrollo humano y social, no solo un entretenimiento

  • «El juego no es un añadido a la cultura, sino su origen. Somos seres que juegan antes incluso de ser seres que razonan.» (Referencia a Johan Huizinga)
  • «El juego no es algo que controlamos, sino un movimiento que nos envuelve y nos transforma, invitándonos siempre al encuentro con el otro.» (Hans-Georg Gadamer)

2. El valor educativo y social del juego.

  • «En el juego los niños aprenden a convivir, a negociar, a respetar reglas y a encontrarse con el otro sin miedo al error.»
  • «No es casual que los patios de la escuela hayan sido durante generaciones verdaderos laboratorios sociales.»

3. La importancia del juego libre y arriesgado: implica libertad, riesgo moderado, reglas flexibles y negociación, elementos clave para el desarrollo personal

  • «No hay aventura si no hay riesgo. Por lo tanto, en el juego libre y arriesgado es donde los niños se encuentran con todas esas dimensiones esenciales del juego.»
  • «El juego es una actividad esforzada, incierta, abierta al azar, cuyo premio es el propio juego.» (Inspirado en Aristóteles)
  • «Para que haya juego de verdad ha de haber normas, pero interpretables, que permitan la discusión y el encuentro con los límites.»

4. El juego y la vida feliz: No es solo para niños, sino que se trata de un principio vital para una existencia plena y satisfactoria.

  • «El juego es una de las formas de la vida feliz.» (Cita de Ortega y Gasset)
  • «Una vida feliz es aquella que es capaz de llevar el espíritu del juego a la vida familiar, a la vida de las relaciones con los amigos y sobre todo a la vida del trabajo.»

5. El miedo y la sobreprotección como enemigos del juego.

  • «Si no jugamos es que probablemente estamos siendo jugados.»
  • «El miedo ocupa demasiado espacio en nuestra mirada adulta y el juego se encoge en la vida de los niños.»
  • «No podemos educar a nuestros hijos en el miedo y en la huida.»
  • «La sobreprotección borra la posibilidad de explorar, de arriesgarse, de equivocarse y de encontrarse con el otro sin un adulto mediando cada paso.»

6. El juego como espacio de libertad y encuentro para la educación humana y social.

  • «El juego no solo es diversión, es un modo de aprender a vivir, a vivir juntos.»
  • «Cuando desaparece de los patios, de las calles, no solo se pierde movimiento o imaginación, sino también la confianza en los niños y en la comunidad.»
  • «Necesitamos patios donde los niños vuelvan a jugar y adultos capaces de mirar con menos miedo y más confianza.»
Imagen creada por IA y compartida por una asistente del Filocafé.
«Si no hay riesgo, no hay aventura»

Filocafé: ¿Por qué ya no jugamos?

El juego como forma de libertad

¿Te lo perdiste? Puedes verlo en YOUTUBE o escucharlo a través de iVoox:

Síntesis: El poder del juego. Filocafé con Gregorio Luri


¿Por qué ya no jugamos? ¿En qué momento el juego dejó de ser una forma natural de aprender, de descubrir el mundo y de pensar con libertad?

Jugar no es perder el tiempo, es ensayar el sentido de la vida. En el juego se entrelazan imaginación y regla, impulso y forma; ahí es donde el niño -y también el adulto- se educa en la sorpresa, en el riesgo y en la cooperación. En él se revela que aprender no es solo acumular información, sino experimentar, equivocarse, crear y descubrirse.

En este sentido, Gregorio Luri ha insistido en que la educación no puede reducirse a técnicas o metodologías de moda, porque educar es siempre introducir al niño en mundo que ya estaba ahí antes que él.  En ese tránsito, el juego cumple una función decisiva en el que el juego permite al niño apropiarse de ese mundo a su ritmo, desde la curiosidad y la sorpresa, sin la presión de la utilidad inmediata. Cada partida, cada experimento lúdico, enseña a asumir límites, a dialogar con la realidad y a descubrir que la libertad florece cuando se la encuadra, no cuando todo vale.

La escuela tiende a medirlo todo y la vida adulta confunde aprender con acumular destrezas, recuperar el juego es recuperar la educación como aventura. En él se aprende a obedecer reglas, pero también a negociarlas; a competir, pero también a cooperar; a perder, pero sin perderse. Un modo de habitar el mundo sin darlo por sabido. Jugar, como educar, es mantener vivo el asombro.

¿Qué nos dice nuestra manera de jugar sobre la libertad que ejercemos? ¿Qué revela sobre la educación que recibimos y la que ofrecemos? ¿qué perdemos cuando dejamos de jugar y qué podría devolvernos el juego si lo recuperáramos como actitud vital?

Para pensar y para dialogar sobre el juego como forma de libertad, de aprendizaje y de cultura, nos acompañará Gregorio Luri, filósofo, pedagogo y escritor,

En este espacio que Arjephilo dedica al pensamiento compartido, no hace falta ser experto en filosofía, basta el deseo de escuchar, preguntar y, quizá, volver a jugar con las ideas mientras nos dejamos llevar por el viento del logos.


Para conversar y debatir sobre toda esta cuestión contaremos con:

Gregorio Luri Medrano, maestro, filósofo y pedagogo, una de las voces más influyentes en el debate educativo actual en España. Licenciado en Ciencias de la Educación y doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, ha ejercido como maestro de primaria, profesor de filosofía en bachillerato y docente universitario, además de formador de profesores.

Autor de numerosos ensayos sobre escuela, familia y cultura, entre sus obras destacan La escuela contra el mundo, Prohibido repetir, La escuela no es un parque de atracciones y Elogio de las familias sensatamente imperfectas. Su último libro: La dignidad del mediocre. Pequeña filosofía de lo inacabado.

Participa habitualmente en proyectos de divulgación y en medios de comunicación, donde reflexiona sobre cómo educar en la responsabilidad, el sentido común y el arraigo cultural en un mundo marcado por la prisa y la sobreprotección.


– Luri, G. La escuela no es un parque de atracciones. Ed. Ariel (2022)

Aprendemos juntos BBVA: Gregorio Luri, maestro. Padres imperfectos, familias sensatas

«Cuando la educación se convierte en maltrato» con Gregorio Luri en el programa Aladetres | 157

Gregorio Luri: «Más importante que recibir educación emocional es vivir aventuras« EL Mundo

“Entrevista a Gregorio Luri” (Branding Escolar) donde insiste en virtud, esfuerzo y formación del carácter, fácilmente enlazable con la dimensión educativa del juego.

Victoria De Julián y Andre Quispe, entrevista Gregorio Luri: «Sobreproteger es una forma de maltrato» Nuestro tiempo, Universidad de Navarra.

-Pastor Vico, D. Era de idiotas. Educar en la confianza para crecer en sana convivencia. (Cap-1 «Los niños ya no juegan») ed. Ariel (2024)

– Johan Huizinga, Homo ludens. El juego como fundamento de la cultura Ed. Alianza (2012)

-“Juego y Cultura: Huizinga y Caillois. Visión antropológica del juego” de Carlos Morillas González


Diario de un profesor de filosofía, de Francisco Huertas:

La huella de un maestro y la memoria compartida

Hay libros que se leen con la razón, la memoria y la gratitud. Diario de un profesor de filosofía (1989–2023), de Francisco Huertas, es uno de esos textos que invitan a una lectura lenta, atenta, casi íntima. No es un manual pedagógico ni un ensayo académico al uso, sino un cuaderno de vida donde la experiencia docente, la reflexión filosófica y una sensibilidad literaria muy cuidada se entrelazan a lo largo de más de tres décadas.

En mi caso, la lectura tiene además un matiz personal: Francisco fue mi primer profesor de filosofía, y en el libro aparecen mencionados algunos antiguos alumnos, entre los que me encuentro. Es un detalle que emociona, pero que, sobre todo, confirma el carácter humano y relacional de la enseñanza, entendida como un intercambio que deja huellas en ambas direcciones.

Un diario que es memoria viva

“Ya sabéis cómo disfruto dando clase. Enseñar es una tarea prometeica, cada vez más. Robar el fuego de la sabiduría, y llevarlo a los estudiantes, más como afán interrogador y curiosidad que como sistema”

El libro se construye a partir de entradas breves, anotaciones, recuerdos y reflexiones que conforman una especie de autobiografía intelectual. No hay una narración lineal cerrada, sino una sucesión de fragmentos que recrean escenas de aula, pensamientos íntimos y preguntas abiertas sobre el sentido de educar y de pensar.

El libro se encuentra dividido en cuatro prólogos (prólogo analógico, ontológico, eistemológico y jubiloso) y en dos partes:

La primera parte tiene un tono más narrativo, centrado en la experiencia vital del docente: los inicios, las expectativas, los encuentros con alumnos, las dificultades cotidianas y la evolución personal. En la segunda parte, el texto adquiere un carácter más reflexivo y filosófico, con meditaciones sobre el tiempo, la cultura, la infancia, la memoria y el conocimiento.

Esta estructura fragmentaria funciona como un reflejo honesto de la propia vida: no todo sigue un orden claro, pero todo va construyendo una identidad y una mirada.

La vocación docente: entre el ideal y la realidad

Uno de los ejes más sólidos del libro es la reflexión sobre la vocación. Para Huertas, enseñar no es solo transmitir contenidos, sino despertar el deseo de comprender el mundo, cultivar la sensibilidad y mantener vivo el pensamiento crítico. La educación aparece como un acto profundamente ético y cultural.

“La traslación del docente supone modificación del proceso mismo de la educación. No se trata de imitar a Sócrates con diálogos en las plazas, sino de reproducir funciones represivas de control social. No es la mente la que dirige, sino el cuerpo. En el aula se disciplinan mentes a través del entrenamientocognitivo, pero en pasillo y patios se ordenan los cuerpos, con sus posiciones, sonidos y ritmos” (p.196)

Al mismo tiempo, no se oculta las tensiones del oficio: el cansancio, la burocracia, la dificultad para conectar con los alumnos en un contexto dominado por la inmediatez y la tecnología, o la sensación de que ciertos valores pierden peso en la escuela contemporánea. Esa contradicción entre ideales y realidad atraviesa el texto y le otorga una notable honestidad.

Lejos de caer en el pesimismo, el libro sostiene una defensa serena de la educación como espacio de resistencia cultural y humana.

Infancia, tiempo y memoria

La infancia ocupa un lugar simbólico importante en el diario. Aparece como territorio de apertura, curiosidad y fragilidad, pero también como una referencia constante para comprender la tarea educativa. Enseñar implica, en cierto modo, preservar esa capacidad de asombro y cuidado.

“¿Qué significa ser pequeño? ¿Por qué el saber nos elva? ¿Puede el alumno ser pequeño y grande a la vez? La educación es el camino por el que marchan los pequeños mientras van creciendo cada día. Este camino nos hace grandes. La atención, la responsabilidad y el hábito, de los que habla el profesor Gil, son el mapa que permite recorrer la senda, el cuidado en no perder los pasos del Maestro, de no salirse de los linderos, no caer por el precipicio” (p.135)

El tiempo es otro gran protagonista. Huertas reflexiona sobre el paso de los años, la memoria, la repetición, el desgaste y la permanencia. Escribir se convierte en una forma de ordenar la experiencia y de no dejar que lo vivido se diluya en el olvido. El diario funciona así como un ejercicio de conciencia y de fidelidad a lo esencial.

Una escritura que invita a la pausa

El estilo del libro es claramente literario y poético. Abundan los aforismos, las imágenes sugerentes vividas en primera persona, las referencias al cine, la música, la literatura y la filosofía, así como una prosa que prioriza la evocación antes que la explicación sistemática. Está claro que no se pretende buscar u ofrecer respuestas cerradas, sino todo lo contrario, abrir espacios para la reflexión.

Por este motivo, la lectura se convierte en una experiencia que requiere tiempo y atención, lo que le convierte en un libro para no ser leido de manera apresurada, sino que invita a dejarse acompañar por las ideas, subrayar, releer y dialogar interiormente con el texto.

Lectura y experiencia personal

Leer este libro desde la experiencia de haber sido alumna de Francisco Huertas añade una capa personal a la lectura, y por ello, no solo me ha permitido reconocer la coherencia entre pensamiento y práctica, entre lo que se defiende en la reflexión y lo que se encarna en el aula, sino que también me ha invitado a mirarme en ese espejo desde el propio presente. Hoy, ya situada en el lugar de quien enseña -aunque en un territorio distinto, el de la filosofía con los más pequeños y con un poco de experiencia con adolescentes-, muchas de sus intuiciones resuenan de forma inesperada: la paciencia, la escucha, la importancia del asombro, la fragilidad del vínculo educativo, la necesidad de cuidar el deseo de pensar. Con todavía poca experiencia docente, pero con una vocación en construcción, la lectura me transforma en un diálogo silencioso entre generaciones, donde se reconocen afinidades, aprendizajes heredados y una misma confianza en la filosofía como forma de acompañar el crecimiento humano.

Conclusión

Un libro para leer despacio, para dejar que las ideas maduren y para recordar que educar no consiste solo en transmitir conocimientos, sino en acompañar procesos de crecimiento y de búsqueda de sentido.


Venta disponible de manera particular a través del correo electrónico del autor:

Bachilleratocinefilo@gmail.com

Club de lectura: <<La escuela del alma>> J.M. Esquirol


En este Club de Lectura, se trabajarán los aspectos claves de La escuela del alma, la propuesta filosófica de Josep Maria Esquirol sobre la educación como camino interior.

A través de una reflexión cercana y profundamente humana, Esquirol cuestiona la idea de que aprender consiste solo en adquirir conocimientos, y plantea que la verdadera formación implica cultivar la atención, la sensibilidad y la capacidad de cuidar. Su obra invita a pensar la educación como un ejercicio de acompañamiento y de construcción del propio carácter, más allá de la lógica del rendimiento y la prisa contemporánea, “el encuentro es un alma que toca otra alma”.

Con este pretexto, el libro nos anima a reflexionar sobre cómo, en un mundo saturado de información y aceleración, sigue siendo urgente recuperar espacios de silencio, proximidad y sentido. Una invitación a reconsiderar qué significa vivir bien, cuál es el papel de la esperanza en tiempos inciertos y cómo la educación puede convertirse en un acto ético que fortalezca nuestra humanidad compartida.

“No se va solo a la escuela a aprender a leer y a escribir, sino también a superar la asignatura más difícil: vivir, y vivir con madurez.”

Esquirol


La actividad estará guiada por Alejandro Martínez y Miguel Ángel Mozún, licenciados de Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.

Apúntate y disfruta del placer de hacer filosofía en vivo. El encuentro será de aproximadamente 1 hora.


Esquirol, J.M La escuela del alma. De la forma de educar a la forma de vivir. Ed. Acantilado

Extracto del libro: «La escuela del alma. De la forma de educar a la forma de vivir»

rne Sapiens: https://www.rtve.es/play/audios/sapiens/escuela-del-alma-josep-maria-esquirol-21-10-24/16295701/

BBVA- Aprendemos juntos: «El movimiento más humano es cuidarnos»