El ejercicio de la libertad según Albert Camus

Entre el absurdo, la dignidad humana y la responsabilidad de elegir nuestro propio camino

por: Alfredo Rivera Roggero, Lima (Perú).

En estos tiempos, el ser humano se encuentra con una variedad de alternativas que en muchas ocasiones le complican la vida misma, en ese sentido es interesante reflexionar sobre la práctica de la libertad, de manera especial, sobre la capacidad para escoger algunas de las alternativas que ella exige.

Sobre este detalle, Camargo Ricardo nos señala que: “la noción de libertad exige la no existencia de restricciones externas que imposibiliten el despliegue de la voluntad asociada (libertad de no interferencia). Si esto es así, entonces ello implica correlativamente que quien es libre tiene siempre la habilidad de seleccionar una opción dentro de un conjunto de alternativas posibles dispuestas en diferentes momentos de nuestras vidas1

Entonces, para reflexionar sobre el ejercicio de la libertad, hay que preguntar: ¿debemos pensar en las restricciones al acto humano o en la posibilidad que tiene el individuo para elegir entre diversas opciones?

La complejidad de la pregunta nos lleva a mirar la respuesta en el pensamiento del filósofo Albert Camus y para entenderlo prestamos atención a lo que dice Garcia Aguilar:

bajo el enfoque camusiano, la libertad humana no cuenta con un carácter terminante, no puede tenerse como absoluta, porque ella misma “tiene sus límites en todas partes donde hay un ser humano” (Camus, El hombre 366),”2

Vemos así que, el ejercicio de la libertad significa que el individuo se de cuenta de los límites de su actuar y debe asumirlo siendo consciente de sus consecuencias. Esto se entiende desde Camus con el ejercicio de la rebelión, así nos lo indica Málishev Krasnova, al referirse al hombre rebelde: “Para el rebelde ese “algo” vale más que su propia vida, ya que en su rebeldía tiene riesgo de perderla. En la rebelión, ese “algo” se eleva al rango de derecho inalienable que pertenece tanto al alzado como a sus semejantes, incluso al amo que le insulta y oprime; ese “algo” es la dignidad propia de todo el género humano, (…)” 3

¿A qué se refiere Camus con ese “algo”?, desde la práctica se habla del respeto por la vida humana y eso está referido a la naturaleza humana, así nos lo señala Málishev Krasnova: “La naturaleza está presente en todas las manifestaciones y transformaciones del ser humano, y le obliga a tomarla en consideración en cada uno de sus actos, por libres que sean4 y Camus en “El hombre rebelde” nos señala que:

La rebelión auténtica no es egoísta: cuando alguien se rebela contra la injusticia, lo hace también en nombre de los demás. Así, comprender al otro significa reconocer que su dignidad también es la nuestra.5

Finalmente, para entender el ejercicio de la libertad desde la filosofía de Camus, es importante ser consciente de los límites del actuar, de manera puntual el reconocer el valor de la vida humana en sí mismo y en su relación con los demás. Esto lo debemos entender desde la filosofía de Camus cuando el ser humano busca sentido, orden y claridad, pero el mundo no siempre responde a esa búsqueda. De esta tensión surge el absurdo. Sin embargo, el absurdo no significa que la vida no valga, sino que debemos vivirla plenamente aun sabiendo que no tiene un sentido definitivo. Entonces ¿cómo ejercer la libertad en estos tiempos? Al no existir un destino fijo o un sentido impuesto, el ser humano tiene la posibilidad de crear su propio camino. Al ser creador de su destino, es responsable de sus actos y entonces la vida se vuelve importante porque es el espacio donde ejerce su propia libertad.

Para el lector: ¿puede ejercer su libertad siendo consciente de sus límites frente a los otros de su entorno ? usted tiene la palabra, espero su comentario.


El lector tiene la palabra y puede contestar al correo vocess_hc@hotmail.com 

Sobre el autor:

Alfredo Rivera Roggero
Filósofo, investigador social y escritor.
Especialista en temas vinculados a conflicto social, violencia familiar y comunicación efectiva.
Publica artículos sobre seguridad ciudadana en dos revistas peruanas.


  1. Camargo, Ricardo. (2023). Libertad, ¿con o más allá de la responsabilidad moral?: el desafío de Frankfurt. Signos filosóficos, 25(49), 90-110. Epub 03 de noviembre de 2025 ↩︎
  2. García Aguilar, Juan Francisco. (2024). Camus, la libertad como límite y afirmación de sí mismo. Valenciana, 17(33), 87-112. Epub 31 de mayo de 2024 ↩︎
  3. Málishev Krasnova, Mijaíl Albert Camus: de la conciencia de lo absurdo a la rebelión. Ciencia Ergo Sum, vol. 7, núm. 3, noviembre, 2000 Universidad Autónoma del Estado de México Toluca, México ↩︎
  4. Ibidem. ↩︎
  5. Camus, Albert. (1951) El hombre rebelde ↩︎

Novela de ajedrez. Stefan Zweig

Un análisis de Juan Amadeo Poveda Cervera

Tema

Publicada en 1942, poco antes de su muerte, Novela de ajedrez, de Stefan Zweig (Viena, 1881 – Petrópolis, Brasil, 1942) condensa en un espacio reducido una profunda reflexión sobre la mente humana y la complejidad interior del ser humano. Un tema profundo que subyace a otros, como puedan ser la genialidad y sus formas o la fragilidad del ser humano.

Desde una perspectiva filosófica, el ser humano no puede reducirse a una estructura unitaria: el monismo, que afirma que estamos formados por una sola sustancia. Tampoco parece que el dualismo, que separa mente y cuerpo, explique suficientemente toda la magnitud de la experiencia humana.

Más bien, Novela de ajedrez parece sugerir una visión cercana al pluralismo, donde conviven e interactúan, en el ser humano, varias dimensiones aparte de la física, como la mental, la emocional, el alma, e incluso aquello que podríamos denominar el ser, entendido como ese núcleo íntimo y profundo que sostiene la identidad del individuo y que es donde se encuentra su fragilidad y su grandeza. La vigencia de este planteamiento y la actualidad del tema queda patente en nuestros días debido al debate IA vs ser humano.

ANÁLISIS LINGÜÍSTICO Y LITERARIO

Existen dos niveles narrativos claros. El narrador principal es un narrador homodiegético, un narrador testigo en primera persona que utiliza un discurso indirecto para presentar a los dos personajes principales de la novela: Czentovic y el doctor B. Este último se convierte en un narrador homodiegético protagonista que narra su pasado con un largo discurso directo en primera persona en una conversación con el narrador testigo. Este recurso, el relato dentro del relato, está muy bien utilizado, puesto que introduce una segunda capa narrativa más íntima y psicológica, que potencia la antítesis entre Czentovic y el doctor B, que son polos opuestos; blanco vs negro.

Debido al tema, el autor se centra deliberadamente en la descripción conductual de los personajes porque son personajes mentales, no corporales. Por un lado, Czentovic representa la mente, la inteligencia fría y mecánica carente de vida interior. Es opaco e inexpresivo, tanto que, como individuo, puede parecer inverosímil. Ahora bien, más que un defecto en la obra, supone un rasgo buscado para reforzar las características de su mente. No evoluciona y esto es coherente. En contraposición, el doctor B. es el personaje que más evoluciona. Simboliza la mente creativa y encarna el ser del humano que lucha por no desintegrarse. Pese a que es creíble en lo esencial, es casi imposible que alguien que aprende a jugar al ajedrez memorizando partidas y no ha participado en torneos pueda ganar a un campeón mundial. Esto supone un punto débil. Los personajes secundarios no son profundos y solo ofrecen contexto social. Aun así, cabe destacar a McConnor, cuya mediocridad refleja la dimensión emocional, que es la más visible en las personas corrientes. En él se hace visible lo dolorosa que resulta la derrota en ajedrez, por representar el fracaso del ego.

La estructura temporal de la obra alterna un presente narrativo ―el trayecto en barco― que funciona como marco lineal y estable, con analepsis extensas en las que se da a conocer a los dos protagonistas. Existe un ritmo más acelerado en la presentación de Czentovic resaltando ese vacío interior que posee, que contrasta con el tiempo de narración más ralentizado y pausado cuando aparece el doctor B., lo que está plenamente justificado por la necesidad de mostrar la profundidad y complejidad de la dimensión que personifica. Este planteamiento funciona bien, aunque la irrupción del extenso relato del doctor B. provoca la sensación de desconcierto, puesto que se pasa a un terreno completamente diferente de manera abrupta.

El autor utiliza un barco como contenedor laboratorio en el que depositar a dos especímenes opuestos y observar, así, la vasta amplitud de la heterogeneidad del hombre. Otro espacio relevante es la habitación, solitaria, oculta, del encierro del doctor B., que se convierte en esa dimensión más profunda del ser humano a la que hay que llegar si de verdad se quiere herir. Y el tercero, en el que todo converge, el tablero de ajedrez. Un espacio metafórico que representa la lucha entre dos entes con dimensiones diferentemente desarrolladas y, además, la batalla entre las diferentes dimensiones.

En cuanto a los diálogos, son naturales, fluidos y los justos. Cada personaje tiene un registro acorde a su caracterización. Por ejemplo, el casi silencio de Czentovic define su identidad; el discurso del doctor B. es culto, elaborado y argumental; el de McConnor es directo y coloquial, y el narrador testigo utiliza un lenguaje formal con un cierto tono de distanciamiento que refuerza su papel de observador.

Variaciones rítmicas para controlar la intensidad, repeticiones, metáforas simbólicas y economía léxica para transmitir profundidad psicológica son los recursos estilísticos más notables, que definen un estilo austero y elegante.

En resumen, se puede decir que la novela posee una estructura ajedrecística en la que cada recurso actúa como una pieza que ejerce su fuerza desde una determinada casilla. El símil continúa con los tres tiempos que posee la novela y que se corresponden con la apertura, en la que las jugadas son previsibles, los movimientos simples y se presenta a Czentovic; el medio juego, que se torna profundo, complejo, tenso, estratégico, con combinaciones brillantes y está protagonizado por el doctor B., y el final, con un resultado que se intuye.



Zweig logra sintetizar en este relato corto un duelo intelectual que trasciende el tablero de ajedrez para convertirse en una alegoría de la condición humana. Su estilo sobrio y su estructura perfectamente calculada confirman la maestría del autor, cuyo pulso narrativo sigue inspirando reflexiones sobre la inteligencia, la creatividad y los límites de la mente.

CLUB DE LECTURA: Novela de ajedrez de Stefan Zweig

Club de Lectura: <<Novela de ajedrez>> Stefan Zweig


En este Club de Lectura dialogaremos entorno a la Novela de ajedrez de Stefan Zweig, una obra breve y perturbadora sobre la mente humana sometida a la soledad extrema y la opresión.

A través de una narración intensa y psicológica, Zweig muestra cómo el aislamiento impuesto por la violencia totalitaria puede fracturar la identidad, pero también generar formas inesperadas de resistencia interior. El ajedrez aparece así como refugio, obsesión y campo de batalla mental, revelando hasta qué punto la imaginación puede salvar y, a la vez, poner en riesgo la cordura.

Con este pretexto, el libro nos invita a reflexionar sobre los límites de la mente, el precio psicológico de sobrevivir y la delgada frontera entre lucidez y delirio. Una mirada humana sobre la dignidad, la fragilidad y la necesidad de sentido incluso en las circunstancias más deshumanizadoras.

“No nos hacían nada, se limitaban a situarnos en el vacío más absoluto, y es bien sabido que nada en el mundo puede oprimir tanto el corazón del hombre como la nada»
— Stefan Zweig, Novela de ajedrez


La actividad estará guiada por Alejandro Martínez y Miguel Ángel Mozún, licenciados de Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.

Apúntate y disfruta del placer de hacer filosofía en vivo. El encuentro será de aproximadamente 1 hora.


Zweig, Stefan Novela de Ajedrez. Ed. Acantilado

Análisis lingüístico: Novela de ajedrez por Juan Amadeo Poveda Cervera


Material adicional: «Lo que el ajedrez me enseño» de Wilmer Torres

Síntesis: El poder del juego. Filocafé con Gregorio Luri

El juego es una de las formas de la vida feliz.

En el filocafé¿Por qué ya no jugamos? El juego como forma de libertad nos acompañó Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, cuya voz imprescindible en el debate educativo contemporáneo. Desde el inicio, se marcó el tono del encuentro: una mezcla de lucidez, memoria y una defensa de algo que parece tan simple como decisivo en la vida humana: el juego.

Educar es introducir a los niños en un mundo que merece ser heredado. Y en ese tránsito, el juego ocupa un lugar central, una forma originaria de pensamiento, como recordaba Huizinga, y como movimiento que nos envuelve y transforma, en palabras de Gadamer “Somos seres que juegan antes incluso de ser seres que razonan

A partir de ahí, la conversación se abrió a partir de las preguntas: ¿por qué ya no jugamos? ¿Qué ha ocurrido para que los patios, las calles y los descampados, espacios que durante generaciones fueron laboratorios sociales, se hayan ido vaciando de niños? ¿Qué perdemos cuando desaparece el juego libre?

Gregorio propuso una respuesta que fue prácticamente el hilo conductor de todo el filocafé: el miedo.

Cuando el miedo ocupa demasiado espacio en nuestra mirada adulta, el juego se encoge en la vida de los niños.

Un miedo que se ha instalado en la mirada adulta y que, sin darnos cuenta, estrecha el mundo de los niños. Miedo al extraño, miedo al compañero, miedo al futuro, miedo a nosotros mismos como educadores. “Hoy se lleva lo de victimizar las relaciones. Ay, ay, ay, que me puede hacer daño”, dijo Luri, señalando cómo la sospecha se ha convertido en un hábito cotidiano.

La autodisciplina se aprende mejor en el juego que en los consejos de los adultos.

El miedo no fue el único protagonista. ¿De qué hablamos cuando hablamos de juego? Comentó uno de los asistentes a lo que Luri fue desplegando una visión del juego que se sostiene en tres pilares fundamentales:

  1. El juego como aventura. El juego auténtico implica riesgo, incertidumbre, descubrimiento. No hay aventura sin la posibilidad de equivocarse, de hacerse daño, de ir un poco más allá de lo previsto. “Si no hay riesgo, no hay aventura”, recordó Luri, evocando sus propias travesuras de infancia: trepar árboles, robar peras, chapotear en charcos. Pequeñas gestas que enseñaban prudencia, autocontrol y valentía. Hoy, en cambio, vemos rodillas impolutas, parques acolchados y una infancia sin rasguños, pero también sin aventura.
  2. El juego como praxis. Siguiendo a Aristóteles, Luri insistió en que el valor del juego está en la acción misma, no en su utilidad. “El premio de la praxis es la propia praxis”, dijo. El juego nos devuelve al presente, nos permite saborear la actividad sin un “para qué” que devore el momento. Citó al Eclesiastés: “El único bien del hombre es disfrutar con lo que hace. Esa es su paga”. Una vida feliz, añadió, es aquella capaz de llevar el espíritu del juego al trabajo, a la familia y a las relaciones.
  3. El juego como encuentro polémico con los límites. En un juego no se puede hacer cualquier cosa. Las reglas no son un obstáculo, sino el terreno fértil donde se negocia, se discute y se aprende a convivir. El juego es un espacio donde los niños exploran qué pueden hacer, qué no, y hasta dónde pueden llegar sin romper el marco común. “El juego es un encuentro polémico con los límites”, afirmó Luri, y en ese roce con el límite tanto físico, social y moral los niños desarrollan autocontrol, disciplina y criterio propio.

Pocas experiencias hay más maravillosas para un niño que estrenar unas botas de agua y meterse a chapotear en un charco.

Las intervenciones de los y las asistentes enriquecieron el diálogo. Alejandro habló del miedo al compañero, un fenómeno creciente en las escuelas: padres que analizan cada gesto, cada familia, cada niño, como si todos fueran potenciales amenazas. Iñaki insistió enla importancia del juego corporal y grupal, un juego que involucra cuerpo, presencia y comunidad. Erika aportó una mirada intercultural desde su experiencia entre Ecuador y Suecia, mostrando cómo el contexto condiciona la libertad infantil: en unos lugares la inseguridad es real; en otros, la confianza es la norma.

Miguel Ángel introdujo la cuestión del videojuego y la migración del juego hacia lo digital. Luri respondió con claridad: “La calle de los niños hoy es la pantalla, dicen algunos. Yo creo que no. Internet ha construido un barrio en la ciudad, los otros barrios están ahí.” La pantalla es un barrio más dentro de la ciudad simbólica, pero no sustituye la experiencia humana del encuentro. “Por muy atractiva que sea la pantalla, salir con los amigos es muchísimo más atractivo”, dijo.

Hacia el final, Luri volvió a la raíz de todo: no hay vida sin juego. Una vida completamente calculada, orientada siempre a un fin externo, sería invivible. El juego nos permite disfrutar con lo que hacemos, nos devuelve al presente, nos abre a la aventura y nos enseña a gestionar el azar. “No tengáis miedo, porque lo peor es educar con miedo”, concluyó.

El filocafe concluyó con la idea de que, cuando el miedo ocupa demasiado espacio en la mirada adulta, el juego se encoge en la vida de los niños. Y con él, se encoge también la confianza en ellos y en la comunidad. Se hizo un llamado a recuperar el juego como espacio de libertad y encuentro, con una invitación a los adultos a superar sus propios temores para favorecer un desarrollo infantil más humano, más valiente y más pleno.

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Algunas de las citas en relación a la temática:


1. El juego como origen y forma de pensamiento humano: Fundamental para el desarrollo humano y social, no solo un entretenimiento

  • «El juego no es un añadido a la cultura, sino su origen. Somos seres que juegan antes incluso de ser seres que razonan.» (Referencia a Johan Huizinga)
  • «El juego no es algo que controlamos, sino un movimiento que nos envuelve y nos transforma, invitándonos siempre al encuentro con el otro.» (Hans-Georg Gadamer)

2. El valor educativo y social del juego.

  • «En el juego los niños aprenden a convivir, a negociar, a respetar reglas y a encontrarse con el otro sin miedo al error.»
  • «No es casual que los patios de la escuela hayan sido durante generaciones verdaderos laboratorios sociales.»

3. La importancia del juego libre y arriesgado: implica libertad, riesgo moderado, reglas flexibles y negociación, elementos clave para el desarrollo personal

  • «No hay aventura si no hay riesgo. Por lo tanto, en el juego libre y arriesgado es donde los niños se encuentran con todas esas dimensiones esenciales del juego.»
  • «El juego es una actividad esforzada, incierta, abierta al azar, cuyo premio es el propio juego.» (Inspirado en Aristóteles)
  • «Para que haya juego de verdad ha de haber normas, pero interpretables, que permitan la discusión y el encuentro con los límites.»

4. El juego y la vida feliz: No es solo para niños, sino que se trata de un principio vital para una existencia plena y satisfactoria.

  • «El juego es una de las formas de la vida feliz.» (Cita de Ortega y Gasset)
  • «Una vida feliz es aquella que es capaz de llevar el espíritu del juego a la vida familiar, a la vida de las relaciones con los amigos y sobre todo a la vida del trabajo.»

5. El miedo y la sobreprotección como enemigos del juego.

  • «Si no jugamos es que probablemente estamos siendo jugados.»
  • «El miedo ocupa demasiado espacio en nuestra mirada adulta y el juego se encoge en la vida de los niños.»
  • «No podemos educar a nuestros hijos en el miedo y en la huida.»
  • «La sobreprotección borra la posibilidad de explorar, de arriesgarse, de equivocarse y de encontrarse con el otro sin un adulto mediando cada paso.»

6. El juego como espacio de libertad y encuentro para la educación humana y social.

  • «El juego no solo es diversión, es un modo de aprender a vivir, a vivir juntos.»
  • «Cuando desaparece de los patios, de las calles, no solo se pierde movimiento o imaginación, sino también la confianza en los niños y en la comunidad.»
  • «Necesitamos patios donde los niños vuelvan a jugar y adultos capaces de mirar con menos miedo y más confianza.»
Imagen creada por IA y compartida por una asistente del Filocafé.
«Si no hay riesgo, no hay aventura»

Filocafé: ¿Por qué ya no jugamos?

El juego como forma de libertad

¿Te lo perdiste? Puedes verlo en YOUTUBE o escucharlo a través de iVoox:

Síntesis: El poder del juego. Filocafé con Gregorio Luri


¿Por qué ya no jugamos? ¿En qué momento el juego dejó de ser una forma natural de aprender, de descubrir el mundo y de pensar con libertad?

Jugar no es perder el tiempo, es ensayar el sentido de la vida. En el juego se entrelazan imaginación y regla, impulso y forma; ahí es donde el niño -y también el adulto- se educa en la sorpresa, en el riesgo y en la cooperación. En él se revela que aprender no es solo acumular información, sino experimentar, equivocarse, crear y descubrirse.

En este sentido, Gregorio Luri ha insistido en que la educación no puede reducirse a técnicas o metodologías de moda, porque educar es siempre introducir al niño en mundo que ya estaba ahí antes que él.  En ese tránsito, el juego cumple una función decisiva en el que el juego permite al niño apropiarse de ese mundo a su ritmo, desde la curiosidad y la sorpresa, sin la presión de la utilidad inmediata. Cada partida, cada experimento lúdico, enseña a asumir límites, a dialogar con la realidad y a descubrir que la libertad florece cuando se la encuadra, no cuando todo vale.

La escuela tiende a medirlo todo y la vida adulta confunde aprender con acumular destrezas, recuperar el juego es recuperar la educación como aventura. En él se aprende a obedecer reglas, pero también a negociarlas; a competir, pero también a cooperar; a perder, pero sin perderse. Un modo de habitar el mundo sin darlo por sabido. Jugar, como educar, es mantener vivo el asombro.

¿Qué nos dice nuestra manera de jugar sobre la libertad que ejercemos? ¿Qué revela sobre la educación que recibimos y la que ofrecemos? ¿qué perdemos cuando dejamos de jugar y qué podría devolvernos el juego si lo recuperáramos como actitud vital?

Para pensar y para dialogar sobre el juego como forma de libertad, de aprendizaje y de cultura, nos acompañará Gregorio Luri, filósofo, pedagogo y escritor,

En este espacio que Arjephilo dedica al pensamiento compartido, no hace falta ser experto en filosofía, basta el deseo de escuchar, preguntar y, quizá, volver a jugar con las ideas mientras nos dejamos llevar por el viento del logos.


Para conversar y debatir sobre toda esta cuestión contaremos con:

Gregorio Luri Medrano, maestro, filósofo y pedagogo, una de las voces más influyentes en el debate educativo actual en España. Licenciado en Ciencias de la Educación y doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, ha ejercido como maestro de primaria, profesor de filosofía en bachillerato y docente universitario, además de formador de profesores.

Autor de numerosos ensayos sobre escuela, familia y cultura, entre sus obras destacan La escuela contra el mundo, Prohibido repetir, La escuela no es un parque de atracciones y Elogio de las familias sensatamente imperfectas. Su último libro: La dignidad del mediocre. Pequeña filosofía de lo inacabado.

Participa habitualmente en proyectos de divulgación y en medios de comunicación, donde reflexiona sobre cómo educar en la responsabilidad, el sentido común y el arraigo cultural en un mundo marcado por la prisa y la sobreprotección.


– Luri, G. La escuela no es un parque de atracciones. Ed. Ariel (2022)

Aprendemos juntos BBVA: Gregorio Luri, maestro. Padres imperfectos, familias sensatas

«Cuando la educación se convierte en maltrato» con Gregorio Luri en el programa Aladetres | 157

Gregorio Luri: «Más importante que recibir educación emocional es vivir aventuras« EL Mundo

“Entrevista a Gregorio Luri” (Branding Escolar) donde insiste en virtud, esfuerzo y formación del carácter, fácilmente enlazable con la dimensión educativa del juego.

Victoria De Julián y Andre Quispe, entrevista Gregorio Luri: «Sobreproteger es una forma de maltrato» Nuestro tiempo, Universidad de Navarra.

-Pastor Vico, D. Era de idiotas. Educar en la confianza para crecer en sana convivencia. (Cap-1 «Los niños ya no juegan») ed. Ariel (2024)

– Johan Huizinga, Homo ludens. El juego como fundamento de la cultura Ed. Alianza (2012)

-“Juego y Cultura: Huizinga y Caillois. Visión antropológica del juego” de Carlos Morillas González


Diario de un profesor de filosofía, de Francisco Huertas:

La huella de un maestro y la memoria compartida

Hay libros que se leen con la razón, la memoria y la gratitud. Diario de un profesor de filosofía (1989–2023), de Francisco Huertas, es uno de esos textos que invitan a una lectura lenta, atenta, casi íntima. No es un manual pedagógico ni un ensayo académico al uso, sino un cuaderno de vida donde la experiencia docente, la reflexión filosófica y una sensibilidad literaria muy cuidada se entrelazan a lo largo de más de tres décadas.

En mi caso, la lectura tiene además un matiz personal: Francisco fue mi primer profesor de filosofía, y en el libro aparecen mencionados algunos antiguos alumnos, entre los que me encuentro. Es un detalle que emociona, pero que, sobre todo, confirma el carácter humano y relacional de la enseñanza, entendida como un intercambio que deja huellas en ambas direcciones.

Un diario que es memoria viva

“Ya sabéis cómo disfruto dando clase. Enseñar es una tarea prometeica, cada vez más. Robar el fuego de la sabiduría, y llevarlo a los estudiantes, más como afán interrogador y curiosidad que como sistema”

El libro se construye a partir de entradas breves, anotaciones, recuerdos y reflexiones que conforman una especie de autobiografía intelectual. No hay una narración lineal cerrada, sino una sucesión de fragmentos que recrean escenas de aula, pensamientos íntimos y preguntas abiertas sobre el sentido de educar y de pensar.

El libro se encuentra dividido en cuatro prólogos (prólogo analógico, ontológico, eistemológico y jubiloso) y en dos partes:

La primera parte tiene un tono más narrativo, centrado en la experiencia vital del docente: los inicios, las expectativas, los encuentros con alumnos, las dificultades cotidianas y la evolución personal. En la segunda parte, el texto adquiere un carácter más reflexivo y filosófico, con meditaciones sobre el tiempo, la cultura, la infancia, la memoria y el conocimiento.

Esta estructura fragmentaria funciona como un reflejo honesto de la propia vida: no todo sigue un orden claro, pero todo va construyendo una identidad y una mirada.

La vocación docente: entre el ideal y la realidad

Uno de los ejes más sólidos del libro es la reflexión sobre la vocación. Para Huertas, enseñar no es solo transmitir contenidos, sino despertar el deseo de comprender el mundo, cultivar la sensibilidad y mantener vivo el pensamiento crítico. La educación aparece como un acto profundamente ético y cultural.

“La traslación del docente supone modificación del proceso mismo de la educación. No se trata de imitar a Sócrates con diálogos en las plazas, sino de reproducir funciones represivas de control social. No es la mente la que dirige, sino el cuerpo. En el aula se disciplinan mentes a través del entrenamientocognitivo, pero en pasillo y patios se ordenan los cuerpos, con sus posiciones, sonidos y ritmos” (p.196)

Al mismo tiempo, no se oculta las tensiones del oficio: el cansancio, la burocracia, la dificultad para conectar con los alumnos en un contexto dominado por la inmediatez y la tecnología, o la sensación de que ciertos valores pierden peso en la escuela contemporánea. Esa contradicción entre ideales y realidad atraviesa el texto y le otorga una notable honestidad.

Lejos de caer en el pesimismo, el libro sostiene una defensa serena de la educación como espacio de resistencia cultural y humana.

Infancia, tiempo y memoria

La infancia ocupa un lugar simbólico importante en el diario. Aparece como territorio de apertura, curiosidad y fragilidad, pero también como una referencia constante para comprender la tarea educativa. Enseñar implica, en cierto modo, preservar esa capacidad de asombro y cuidado.

“¿Qué significa ser pequeño? ¿Por qué el saber nos elva? ¿Puede el alumno ser pequeño y grande a la vez? La educación es el camino por el que marchan los pequeños mientras van creciendo cada día. Este camino nos hace grandes. La atención, la responsabilidad y el hábito, de los que habla el profesor Gil, son el mapa que permite recorrer la senda, el cuidado en no perder los pasos del Maestro, de no salirse de los linderos, no caer por el precipicio” (p.135)

El tiempo es otro gran protagonista. Huertas reflexiona sobre el paso de los años, la memoria, la repetición, el desgaste y la permanencia. Escribir se convierte en una forma de ordenar la experiencia y de no dejar que lo vivido se diluya en el olvido. El diario funciona así como un ejercicio de conciencia y de fidelidad a lo esencial.

Una escritura que invita a la pausa

El estilo del libro es claramente literario y poético. Abundan los aforismos, las imágenes sugerentes vividas en primera persona, las referencias al cine, la música, la literatura y la filosofía, así como una prosa que prioriza la evocación antes que la explicación sistemática. Está claro que no se pretende buscar u ofrecer respuestas cerradas, sino todo lo contrario, abrir espacios para la reflexión.

Por este motivo, la lectura se convierte en una experiencia que requiere tiempo y atención, lo que le convierte en un libro para no ser leido de manera apresurada, sino que invita a dejarse acompañar por las ideas, subrayar, releer y dialogar interiormente con el texto.

Lectura y experiencia personal

Leer este libro desde la experiencia de haber sido alumna de Francisco Huertas añade una capa personal a la lectura, y por ello, no solo me ha permitido reconocer la coherencia entre pensamiento y práctica, entre lo que se defiende en la reflexión y lo que se encarna en el aula, sino que también me ha invitado a mirarme en ese espejo desde el propio presente. Hoy, ya situada en el lugar de quien enseña -aunque en un territorio distinto, el de la filosofía con los más pequeños y con un poco de experiencia con adolescentes-, muchas de sus intuiciones resuenan de forma inesperada: la paciencia, la escucha, la importancia del asombro, la fragilidad del vínculo educativo, la necesidad de cuidar el deseo de pensar. Con todavía poca experiencia docente, pero con una vocación en construcción, la lectura me transforma en un diálogo silencioso entre generaciones, donde se reconocen afinidades, aprendizajes heredados y una misma confianza en la filosofía como forma de acompañar el crecimiento humano.

Conclusión

Un libro para leer despacio, para dejar que las ideas maduren y para recordar que educar no consiste solo en transmitir conocimientos, sino en acompañar procesos de crecimiento y de búsqueda de sentido.


Venta disponible de manera particular a través del correo electrónico del autor:

Bachilleratocinefilo@gmail.com

Club de lectura: <<La escuela del alma>> J.M. Esquirol


En este Club de Lectura, se trabajarán los aspectos claves de La escuela del alma, la propuesta filosófica de Josep Maria Esquirol sobre la educación como camino interior.

A través de una reflexión cercana y profundamente humana, Esquirol cuestiona la idea de que aprender consiste solo en adquirir conocimientos, y plantea que la verdadera formación implica cultivar la atención, la sensibilidad y la capacidad de cuidar. Su obra invita a pensar la educación como un ejercicio de acompañamiento y de construcción del propio carácter, más allá de la lógica del rendimiento y la prisa contemporánea, “el encuentro es un alma que toca otra alma”.

Con este pretexto, el libro nos anima a reflexionar sobre cómo, en un mundo saturado de información y aceleración, sigue siendo urgente recuperar espacios de silencio, proximidad y sentido. Una invitación a reconsiderar qué significa vivir bien, cuál es el papel de la esperanza en tiempos inciertos y cómo la educación puede convertirse en un acto ético que fortalezca nuestra humanidad compartida.

“No se va solo a la escuela a aprender a leer y a escribir, sino también a superar la asignatura más difícil: vivir, y vivir con madurez.”

Esquirol


La actividad estará guiada por Alejandro Martínez y Miguel Ángel Mozún, licenciados de Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.

Apúntate y disfruta del placer de hacer filosofía en vivo. El encuentro será de aproximadamente 1 hora.


Esquirol, J.M La escuela del alma. De la forma de educar a la forma de vivir. Ed. Acantilado

Extracto del libro: «La escuela del alma. De la forma de educar a la forma de vivir»

rne Sapiens: https://www.rtve.es/play/audios/sapiens/escuela-del-alma-josep-maria-esquirol-21-10-24/16295701/

BBVA- Aprendemos juntos: «El movimiento más humano es cuidarnos»

El rostro del otro según la filosofía de E. Levinas

UN CAMINO PARA MEJORAR LAS RELACIONES SOCIALES

por: Alfredo Rivera Roggero, Lima (Perú).

En el proceso de desarrollo social, las relaciones entre los seres humanos se están volviendo cada día más complicadas, hay diversas acciones que vienen afectando la aceptación del otro y ¿por qué sucede esto?

Lopez – Miguel nos da una respuesta: “al otro lo concebimos como alguien que se puede llevar a cabo con fines propios, es decir, un ente numerable, cuantificable e indiferente, que solo es utilizado para un determinado fin, condicionalmente lo sentimos como un obstáculo, lo miramos y tratamos como un objeto, luego entonces nos estorba y por ello tratamos de discriminarlo y lo eliminamos del camino, pues nos causa un conflicto, toda vez que nunca se entabla un relación personal con el otro.” 1 Según el texto podemos entender que la relación con el otro se vuelve difícil porque lo buscamos por utilidad, o por lograr algún beneficio personal, si no hay esto se le ve como un estorbo y por eso las relaciones sociales se vienen deteriorando de una forma preocupante.

Frente a este panorama, es importante para tratar de resolver este problema prestar atención a lo que dice Iza Villacis: “Infinitas son las posibilidades de que las cosas fueran distintas a como son y sin embargo son así como están y cómo se las conoce. Nos develan verdades que no son absolutas pues cada una de ellas ayuda a otras a develarse.” 2Vemos así que las cosas son distintas a como las percibimos y así se les debe conocer, dicho punto de vista se aplica al otro, de esa forma debemos conocerlo en su forma distinta, esto es un paso difícil porque buscamos conocerlo bajo los parámetros propios. De alguna forma así nos lo da a entender Iza Villacis: “El conocimiento es el lenguaje del mundo académico. El sentir como siempre está ligado a un mundo de sospecha y de subjetividades que no alcanzan a relacionarse del todo en un mundo normalizado y reglamentado en una homogeneidad que reclama igualdad pero que vomita de su boca a lo distinto.” 3

Frente al acto de conocimiento de la diversidad para buscar más adelante mejorar las
relaciones sociales cabe preguntar ¿qué motiva a buscar conocer al otro del entorno
cercano?
Una respuesta está en el Filósofo Emmanuel Levinas al referirse al rostro del
otro como una realidad que no es solo una apariencia física, sino una presencia ética que
interpela y exige responsabilidad. Este rostro habla sin palabras y expresa una
vulnerabilidad que no puede ser reducida a conceptos ni categorías. Frente al rostro del
otro, el “yo” descubre que no es dueño del mundo, sino que está llamado a responder.

Pero ¿cómo entender desde la filosofía de Levinas el rostro del otro?, aquí unas
ideas importantes:

  • Comprende que el rostro rompe tu egoísmo: Cuando aparece el otro, aparece
    un límite a tu libertad. El rostro te saca de ti mismo y te hace ver que no eres el
    centro del mundo.
  • El rostro siempre exige responsabilidad infinita: No hay un límite claro para la
    responsabilidad ante el otro. El rostro te pide cuidado, acogida, respeto, incluso
    más allá de lo “razonable”.
  • Recuerda que el rostro está antes que cualquier teoría o conocimiento: Para
    Levinas, la ética viene antes que la filosofía, la política, o la psicología. La relación
    ética con el otro es el fundamento de todo.

Finalmente, para mejorar las relaciones sociales en estos tiempos, es importante darnos
cuenta que los otros son diferentes a uno mismo y que al relacionarnos con ellos
debemos mirar más allá del beneficio personal, se debe buscar comprender al otro para
poder comprenderse a sí mismo. Para lograr estos detalles es importante seguir el
pensamiento de Levinas donde se parte de ser crítico del “yo autónomo” y autosuficiente
a un real sentido a la vida individual por medio de las relaciones sociales, para entender
esta idea Levinas propone un yo descentrado, que no se define desde sí mismo, sino
desde su obligación hacia el Otro. Queda para el lector de estos tiempos la pregunta:
¿que implicaría ser interpelado por el rostro del otro de mi entorno cercano?


El lector tiene la palabra y puede contestar al correo vocess_hc@hotmail.com 

Sobre el autor:

Alfredo Rivera Roggero
Filósofo, investigador social y escritor.
Especialista en temas vinculados a conflicto social, violencia familiar y comunicación efectiva.
Publica artículos sobre seguridad ciudadana en dos revistas peruanas.


  1. López – Miguel, Apolinar LA FALTA DE RECONOCIMIENTO DEL OTRO, AFECTA LA CONVIVENCIA ESCOLAR Ra
    Ximhai, vol. 12, núm. 3, enero-junio, 2016, pp. 445-455 Universidad Autónoma Indígena de México El Fuerte, México ↩︎
  2. IZA VILLACÍS, V.A. El rostro y la otredad de Emmanuel Levinas como elementos de alteridad y su implicación en el personalismo cristiano. In: IZA VILLACÍS, V.A., ed. Persona, educación y filosofía: reflexiones desde la educación universitaria [online]. Quito: Editorial Abya-Yala, 2018, pp. 67-84. ISBN: 978-9978-10-493-4 ↩︎
  3. Ibidem ↩︎

Cuando la vida duele

Fundamentos filosóficos de la psicoterapia existencial.

Una reseña de Luis Baeza

He leído el libro de mi amiga Carolina en unos días en los que he sentido bastante frío y desánimo. Los que tenemos la buena costumbre de leer sabemos que los libros, misteriosamente, se colocan en nuestras manos cuando ellos quieren. O quizás seamos nosotros, en realidad, los que sepamos ciegamente cuándo necesitamos algo de ellos. Y Carolina, que es una persona a la que quiero mucho, se me ha hecho palabra. Leerla ha sido como escucharla. Y eso pasa a veces: leer y escuchar es la misma cosa. Y esto es un alivio.

El libro recoge los fundamentos filosóficos de la psicoterapia existencial, una manera de entender la terapia psicológica como un acompañamiento alejado de los diagnósticos precipitados y las pautas milagrosas, un proceso que tiene que ver con la escucha atenta, con el diálogo, con la mirada humanista… Palabra, silencio, cuidado. Una filosofía para la vida, al modo de los clásicos. O eso entiendo yo.

Carolina sabe, además, y nos lo hace saber de una manera bellísima, que la literatura juega un papel crucial en todo esto. El consuelo ante el desamparo o la pérdida de sentido, ante el inesperado frío que congela el alma a veces, viene de la mano de las novelas, de la poesía, de la música, de la pintura… Yo no sé si el arte salva o es la herida, pero, en cualquier caso, es importante para dotar a una vida de orientación. De cierta orientación. El lenguaje, así, cumple en nosotros una función médica, hospitalaria, tal y como se esfuerza en remarcar Carolina, siguiendo la estela de Josep Maria Esquirol. Palabra y casa. Qué hermoso. El buen decir, el mimo en el discurso que entregamos al otro, la selección meditada y cuidada de nuestro vocabulario son nuestra mejor ofrenda, cobijo o brújula para aquellos a los que amamos y que necesitan ayuda. Ayudar para ayudarnos. Salvar para salvarnos, como San Manuel.

Confesaré, no sin algo de pudor, que yo mismo transito por los caminos de esta terapia desde hace unos cuantos años. He intentado probar otros enfoques psicológicos, pero siempre me han resultado insuficientes y demasiado apegados a lo clasificatorio, medible o pautable. La propuesta existencial, sin embargo, y que la autora desarrolla en esta tesis doctoral convertida en ensayo, subraya la importancia del misterio, huye del concepto de curación y del diagnóstico, convierte al terapeuta en un acompañante que sabe escuchar la particularidad y permitir el silencio. Porque no hay música, de hecho, sin silencio. O dicho de otro modo: la música es el silencio.

En un tiempo en el que cualquiera se publicita como víctima de algo, es importante lo que nos plantea la autora: nuestra existencia nos compromete a hacernos cargo responsablemente de nosotros mismos y también de los demás. La vida, efectivamente, nos pone ante la tesitura de andar eligiendo constantemente y no podemos escapar de eso. Apartar la mirada ante este asunto solo nos llevaría al dolor y a la angustia. Pero es reconfortante pensar que, aunque presos de unas determinadas circunstancias, podemos elegir. Yo qué sé. Elegir leer o no leer. Elegir pasar tiempo con ese amigo. Elegir regresar. Elegir repetir. Elegir parar. Elegir un verbo. Elegir un adjetivo. Elegir un color. Elegir un beso. Elegir llamar a un familiar a quien echamos de menos. Elegir renunciar a una relación que nos hace daño. Elegir y mirarse honestamente en un espejo. Elegirse a uno mismo.

La soledad es otro de los temas fundamentales que aborda el ensayo junto con la muerte. Y es la poesía, sobre todo, la que yo creo que puede hacer saber al mundo de una forma emotiva y verdadera de la existencia del yo y de acortar la distancia con el otro para saberse más comprendido, más acompañado, menos solo. Por el libro, además, se van dejando caer, con una pertinencia asombrosa y muy agradable, autores como Unamuno, Piedad Bonett, Sartre, Heidegger, Sergio del Molino, Pablo d’Ors, Esquirol, Camus, Yalom, Borges, Benedetti, Byu Chul-Hang… Los cito de memoria, según me vienen a la cabeza. Autores contemporáneos y clásicos, novelistas y poetas, filósofos… A partir de esta polifonía textual, podemos entender mejor la cercanía que se da entre pensamiento y belleza, entre realidad y ficción, entre poesía y conocimiento (muy Zambrano esto, por cierto). Es esta la textura del ensayo y viene de aquí la diversión y la felicidad que me produce su lectura, porque los ejemplos literarios actúan como cápsulas de tiempo, como pequeños instantes fijos que nos permiten analizar y entender lo humano. Qué buen gusto tiene Carolina.

Los que hemos tenido que afrontar algunas experiencias dolorosas y traumáticas (yo creo que casi todos, en realidad) sabemos del escozor que produce vivir con una herida que nunca acaba de cicatrizar. Son demasiadas las preguntas, demasiados los desvelos. El camino, a veces, es errático, indeciso, torpe. Se va al pasado, se va al futuro, se huye del presente. Y la sanación, se entiende más tarde, viene de una comprensión de la propia historia, de un saber encauzar la rabia que ese daño produjo y que nos haga saber que, claro que no, «no merecíamos eso». El planteamiento que sigue la autora, además, no tiene nada que ver con esos discursos públicos actuales, absolutamente lacrimógenos y publicitarios, que buscan constantemente la restitución y se dirigen hacia terceros con agresividad y ansias de venganza.

Como explica Carolina, se trata de tomar ese sentimiento colérico como una energía transformadora que nos haga conscientes de lo que ocurrió y no debería seguir ocurriendo. Pienso que ojalá algún día nuestros familiares más queridos, nuestros amigos, también puedan, como tratamos de hacer nosotros, aceptar que algo fue injusto, que estuvo mal, pero que siempre se está a tiempo de sofocar la angustia y de aprender a andar otra vez de nuevo, como si realmente nos hubiesen mirado bien, como si nos hubiesen mecido pacientemente con una nana interminable en la noche, como si nos hubiesen sostenido cuando debieron hacerlo y nos hubiesen señalado amorosamente los peligros y los límites del mundo, sus afueras y su intemperie (en terminología esquiroliana).

Mientras terminaba de leer sus páginas, escuchaba una canción de Nacho Vegas, que es el gran maestro de los tristes, que se titula «Los asombros», ya ves tú la tontería, y he encontrado una conexión inesperada entre ambos textos y que tiene que ver con la esperanza y el cambio («y así surge un resplandor»), con el llanto que nos hace fuertes desde la fragilidad («permitirse llorar en cada hora fantasmal/comprender que vivir es fuga y fragilidad»), con la capacidad de sorprenderse ante la belleza y lo que nos ofrece la vida, tal y como expresaban los griegos con el término «thaumazein» («yo me vuelvo a asombrar: es mi gran habilidad»), y con la apertura que nos permitimos ante el mundo para ser un poco más libres y vivir con más sentido («pero ahora entran pájaros por las ventanas sin cerrar»).

Cuando la vida duele, retomando el título del ensayo, trae la paz haber elegido conscientemente el abrazo amigo que nunca se acaba. Tengo mucha suerte y muchas manos a mi alrededor que, al modo del San Manuel de Unamuno, me sostienen y estabilizan como poderosas anclas.


Autora: Lucía Carolina Fernández Jiménez
Editorial: Eikaisa

Entrevista en: Palabras desde el sótano