Síntesis: ¿Cuándo es justo un reparto?

Vivimos en un tiempo de continuos cambios acelerados, lleno de nuevas oportunidades, pero también de nuevos peligros, un tiempo en el que crece la riqueza pero también la desigualdad. La historia de la humanidad demuestra que la desigualdad se remonta a la Edad de Piedra, pero es hoy, en el Siglo XXI, donde globalización y tecnología han enfatizado esas desigualdades.

Hay que entender quién es el hombre para poder hablar de justicia, de igualdad.

Cabe entonces preguntarse, ¿cómo podemos corregir estas desigualdades? ¿Podemos ponernos de acuerdo en cómo lograr una sociedad más justa? ¿qué ocurre cuando la igualdad entra en conflicto con la libertad?

Preguntas disparadoras para dar comienzo a lo que sería una tertulia que giro entorno a una idea: La justicia y la igualdad.

Una fuerte crítica hacía el neoliberalismo-capitalismo estuvo latente, haciendo que, en primera instancia, se debatiera sobre “¿por qué la igualdad tiene que entrar en contradicción con la libertad?” Considerando uno de los asistentes que sin igualdad no hay libertad.

Seguidamente, entró la pregunta clave, por la cual giraría casi toda la tertulia, y fue la siguiente cuestión: “¿Qué entendemos en esencia por quién es el hombre?” Considerando que a partir de esta respuesta cabría hablar sobre qué se entiende por justicia, libertad, dignidad. Otro punto a destacar dentro de esta idea ¿Quién es el hombre? Es la idea de la individualización de las capacidades, en el que “igualdad y equidad no es posible en este contexto, ¿en qué podemos ser iguales? ¿Qué corresponde, en términos de equidad, para alcanzar esas igualdades?

Esto llevó, a cuestionar el igualitarismo y la meritocracia, así como la limitación de los recursos, usando como ejemplo final el video de “La isla de las Flores”. Por un lado, el igualitarismo, como defiende Rawls, proclama que un reparto es justo si afecta a todo el mundo por igual. Pero, presenta graves problemas, como por ejemplo: “¿Cuáles serían esas necesidades, bienes o cargas para repartir de forma igualitaria?” Por otro lado, el problema de la meritocracia, considerando que esto ha llevado a un falso concepto, puesto que “La meritocracia ha favorecido la mercantilización de la vida, del ser humano, quitando el acceso a una vida digna”.

Sobre la escasez de los recursos, afirma una de las asistentes, “se debe al mal uso de la libertad”. Considerando que “somos medios para reproducir riquezas”.

Uno de los asistentes vuelve al origen de la tertulia y centrarse en la cuestión: ¿Cuándo es justo un reparto? Entendiéndose como una justicia global, no local ni individual. Bajo esta idea de lo global, cabe preguntarse: “¿Cuándo es justo un reparto en el carácter global? ¿Quién se implica en ese reparto y por qué? ¿Cuáles son las necesidades básicas” surgiendo así las ideas del suficientarismo  y el utilitarismo.

Para la cuestión sobre ¿cuáles son las necesidades básicas? Se hace referencia a la pirámide de Maslow, considerando que en la parte más baja, es decir, lo básico, se encontraría la educación, la vivienda, la comida. Pero, “si la gente que está gobernando no conoce la realidad -sobre la falta de las necesidades básicas- en cuanto es ¿de qué manera podemos llegar a ese justo reparto si ya todo el sistema está corrompido?”.

Para finalizar, se hace referencia al Manifiesto del personalismo del 1936, para volver a preguntar ¿Qué es un ser humano? Y al problema de la ideología dominante y la educación, haciendo referencia a la obra “Entorno al hombre” de Jose Ramón Ayllón.

De esta manera concluyó el café Filosófico, el cuál dejo muchos interrogantes abiertos, tales como:

  • ¿A quién va dirigido la noción de igualdad?
  • ¿Qué se distribuye?
  • ¿Cuáles son los criterios de distribución?
  • ¿Qué define el desarrollo de un país?
  •  ¿Cuál es el modelo de desarrollo que persigue un país “subdesarrollado o en vías de desarrollo”?
  • ¿Cómo se vende la imagen “un país en de vías de desarrollo”?
  • ¿La igualdad está ligada siempre al desarrollo?

Resulta inevitable preguntarnos si es posible un mundo justo o si es una utopía. En cualquier caso, y aunque alcanzar un reparto justo fuese una utopía, todos los pasos en esa dirección hacen que las personas, en conjunto, vivamos mejor.

¿Existen los Zombis? El zombi filosófico

El término zombi proviene del criollo Haití, donde se practicaba una tradición llamada vudú. En el contexto del vudú, un zombi es un humano a quien, mediante drogas o sugestión, se le ha suprimido la voluntad y se ha convertido en esclavo.

150px-zombie_haiti_ill_artlibre_jnlEl zombi filosófico es una noción que se utiliza en la filosofía de la mente, donde lo único que puedo asegurar es que existe mi mente, y que no todo se puede reducir a hechos físicos, así como que no se puede relacionar exactamente la mente y su funcionamiento, con el cerebro y su funcionamiento, pues se trata de conceptos diferentes donde mente y cerebro no son la misma cosa.

En el ser humano se distinguen dos tipos de hechos:

  1. Hechos físicos es todo aquello que se encuentra en las dimensiones del espacio y el tiempo
  2. Hechos mentales son los que tienen lugar en la conciencia, estos ocurren en el tiempo pero no en el espacio, pues la conciencia es cualitativa no cuantitativa. No podemos decir, las dimensiones que tiene el árbol en el que estoy pensando, pero si que ese árbol me recuerda al árbol que vi ayer y desarrollar las cualidades de dicho árbol.
    Así pues, los recuerdos, las imágenes y los pensamientos ocurren en la mente, pero  ¿dónde está la mente? ¿Qué espacio ocupa la mente?

Para designar los hechos mentales, la filosofía de la mente utiliza el término qualia (singular: quale, en latín y español) son las cualidades subjetivas de las experiencias individuales. Gracias a la introspección se dispone de una mirada reflexiva a la propia mente. Por ejemplo: yo que una persona manifiesta tristeza, ¡pero no veo su sentimiento de tristeza! solo esa persona puede ver su sentimiento de tristeza.

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Noche estrellada, Van Gogh.
Los colores que percibimos son un ejemplo de hechos mentales o qualia: son diferentes del fenómeno físico de la luz.

¿Cómo sabemos lo que hay en la mente de otras personas?
La única manera de saberlo es observando, pero un persona puede mostrar alegría pero tener tristeza en su mente, eso en el caso que la tenga.
Sabemos que el resto de seres humanos tienen mente, porque inferimos sus qualia, es decir, lo que creemos que sienten o piensen a través de lo que hacen o dicen. El problema es que ¡No podemos conocer la mente de las otras personas porque no podemos observarla directamente!.

Por ello mismo, se utiliza el argumento de analogía para justificar que sí tienen mente el resto de seres humanos, lo que sería algo así como, puesto que el aspecto, la biología y el comportamiento es normal y es parecido al mio, como mi mente dirige mis acciones, el resto de seres humanos también deben tener mente porque esta dirigirá sus propias acciones como a mi.

Pero a pesar del argumento de analogía, podemos pensar que los seres humanos que nos rodean pueden no tener mente. No olvidemos que el zombi actúa y habla como un humano, pero no tiene mente, lo que hace o dice no se corresponde con ningún estado o hecho mental, no tiene qualia, no tiene conciencia.

El concepto o término Zombi filosófico, abre un debate entre dos posiciones extremas en relación mente y cuerpo, dualistas frente monistas.

¿Existen los zombis filosóficos?
No, pues, en el caso que existieran no tendríamos conocimientos de una teoría de la mente como la expuesta de Chalmers sobre este mismo término, la habitación china de John Searle o la del cuarto de Mary propuesto por Jackson, no seríamos conscientes, y, por supuesto, no se habría ocurrido elaborar una teoría donde se diferenciase los hechos físicos de los mentales.
Hay suficientes argumentos para negar la existencia de zombis filosóficos.

Pero, ¿y si nos encontramos ante una forma humana que es robot y nos dice: “tengo conciencia? ¿Pueden los robots tener mente? ¿Y un ciborg?

ex-machina