En defensa del pianista de crucero (o de la excelencia de lo invisible)

Hay frases que se pronuncian con ligereza y que, sin pretenderlo, dejan al descubierto cómo juzgamos el valor de las personas. Hace muchos años, en un programa de televisión español dedicado a la búsqueda de nuevos cantantes, un miembro del jurado sentenció a un joven músico diciéndole que, como mucho, sería un pianista de hotel; más tarde, con aparente condescendencia, lo “promovió” a pianista de crucero. El tiempo, que posee una pedagogía más precisa que cualquier tertulia televisiva, corrigió aquel juicio. El artista se consolidó y actualmente es una figura reconocida en el panorama musical español, hasta el punto de que aquel miembro del jurado acabó reconociendo públicamente su error.

Esta situación anecdótica merece ser recordada no como un ajuste de cuentas personales, sino porque pone de relieve un sesgo cognitivo más vinculado a la aplicación de ciertos presupuestos culturales que a un error individual. En la valoración de aquel miembro del jurado operaban dos ideas muy arraigadas en nuestra forma de entender el talento. La primera, que el talento auténtico debe manifestarse de manera inmediata y sin ambigüedades. La segunda, que existe un molde previo –una suerte de plantilla– de lo que consideramos talento legítimo. Esa plantilla está históricamente escrita en la figura del genio: singular, disruptivo, excepcional, casi milagroso. Al beber de esta tradición, aquel miembro del jurado proyectó dicho ideal sobre un talento emergente y, de este modo, lo que comenzó como un juicio de valor terminó convirtiéndose en un prejuicio.

El prejuicio de la grandeza visible

En el mundo occidental vivimos obsesionados con los nombres propios. Nuestra educación, la divulgación cultural y la conversación ilustrada están pobladas de genios. La historia se nos presenta como una sucesión de momentos estelares de la humanidad, episodios luminosos en los que parece que todo el progreso se concentra en unos pocos eventos liderados por algunas personas extraordinarias. Leemos sobre la edad de oro inglesa y desfilan nombres como William Shakespeare, John Milton o Isaac Newton; la edad de oro holandesa se encarna en Rembrandt van Rijn, Johannes Vermeer o Christiaan Huygens; incluso en Dinamarca evocan sus años dorados nombres como Søren Kierkegaard o Hans Christian Andersen. Cada disciplina parece avanzar a saltos, impulsada por individuos casi míticos. 

Este modo de narrar el progreso no se limita a las artes o a las ciencias. Incluso sin ir más lejos, en la facultad de Economía donde estudié, los distintos modelos económicos se explicaban a través de nombres propios: David Ricardo, John Maynard Keynes, Milton Friedman. Las teorías parecían importar menos por su aplicación concreta que por la autoridad del apellido que las respaldaba.

Reconocer la aportación de estas personas es justo y necesario. La historia exige selección, y no puede narrarse como un inventario exhaustivo de lo ordinario. Sin embargo, el error aparece cuando tomamos la excepcionalidad histórica como norma para evaluar el talento humano. Cuando medimos toda capacidad humana con una vara diseñada para lo extraordinario acabamos despreciando casi todo lo “ordinario”. Como si el valor de una vida, de un oficio o de una obra dependiera de su capacidad para ser recordada siglos después. Esta idea no solo es empobrecedora y prejuiciosa sino que además es sencillamente falsa.

El pianista de crucero y la excelencia que nadie ve

Un pianista de crucero no es un aficionado simpático que toca de oído mientras los pasajeros beben cócteles. Es un profesional altamente competente: domina su instrumento, se adapta a estilos diversos, mantiene una calidad constante noche tras noche y comprende algo importante de la condición humana: saber acompañar sin reclamar atención.

Ha invertido miles de horas en adquirir una técnica que, precisamente por ser sólida, pasa desapercibida. Su éxito consiste en no interrumpir la conversación, en no forzar la emoción, en sostener una atmósfera. Para quien escucha distraídamente, su música parece fácil; para quien sabe, es el resultado de una disciplina exigente. El pianista de crucero busca la excelencia, pero lo hace de manera silenciosa. No es casual que muchos músicos de primer nivel hayan pasado en sus inicios por hoteles, salas pequeñas o cruceros. Espacios donde la música no busca precisamente deslumbrar. Pianistas de sesión, acompañantes, directores musicales han construido, desde esa discreción, una competencia que luego nutre a la industria cultural en su conjunto.

Hay innumerables tareas humanas que no son sensibles a la memoria histórica, pero sin las cuales la vida cotidiana se derrumbaría con una rapidez alarmante. Primero pensemos en algunas tareas a nivel micro: nadie recuerda al ingeniero que diseñó un sistema que nunca falla, precisamente porque nunca falla. Nadie celebra al programador que dedica semanas a depurar un error que, una vez resuelto, nadie vuelve a percibir. Pensemos en un cirujano frente a un paciente. No hay épica visible en una operación que sale bien: solo silencio, precisión, decisiones tomadas en segundos gracias a una vida entera de preparación. Para el paciente, esa intervención es la diferencia entre vivir o morir. Sin embargo, ese acto de excelencia rara vez trasciende la habitación del hospital.

Pensemos también a nivel macro, y centrémonos por un momento en las infraestructuras que sostienen nuestra vida moderna. Las carreteras por las que circulan los alimentos que encontramos cada mañana en el supermercado; los aeropuertos que permiten que familias separadas por continentes puedan abrazarse de nuevo; las redes eléctricas que hacen posible una cena entre amigos a altas horas de la noche, con luz, calor y normalidad; los sistemas de telecomunicaciones que convierten una llamada lejana en una conversación íntima; la expansión de internet, que ha transformado la forma en que trabajamos, aprendemos y nos organizamos. Ninguna de estas obras nació de una intuición genial aislada, más bien son el resultado de décadas de trabajo competente, coordinado y acumulativo.

A esto hay que añadir que, gracias a esta infraestructura invisible construida a partir de la excelencia constante de miles de personas, hoy muchas de las mentes más brillantes del mundo pueden colaborar entre sí de manera inmediata. Como consecuencia, nuestra idea de cómo se producen los grandes avances de la humanidad está siendo cuestionada. Los nuevos hitos del conocimiento ya no responden al modelo del genio solitario, entendido como aquella persona aislada que producía avances significativos desde su talento excepcional, sino que surgen de redes y formas de cooperación que atraviesan países, instituciones y disciplinas de diversa índole.

Prueba de este cambio es que, en las últimas décadas, muchos premios Nobel han dejado de recaer en una única persona para reconocer trabajos compartidos. Además este cambio de tendencia también se hizo visible durante la pandemia del COVID. El desarrollo de vacunas en un tiempo récord fue el fruto de una colaboración científica global sin precedentes. Laboratorios públicos y privados compartieron datos desde los primeros días del brote; equipos de investigación de distintos países trabajaron de forma simultánea sobre plataformas ya existentes; hospitales de todo el mundo aportaron datos clínicos en tiempo real. Las vacunas fueron posibles gracias a décadas de investigación previa en biología molecular, a infraestructuras consolidadas y a una comunidad internacional de científicos, técnicos y sanitarios que supo cooperar con rigor y rapidez.

Reflexiones finales

Aspirar a ser un pianista de crucero no tiene porqué ser entendido como una renuncia a la excelencia. Significa hacer bien lo que hacemos incluso cuando nadie nos observa. Hemos aprendido a identificar el mérito con lo excepcional, y en ese aprendizaje hemos pasado por alto que el mundo no funciona solamente gracias a acontecimientos extraordinarios, sino también gracias a la repetición fiable de actos silenciosos pero bien ejecutados.

En todas las disciplinas existen profesionales que no inauguran épocas ni alteran el curso de la historia, pero cuya ausencia se notaría de inmediato. Estas personas no destacan por su «genialidad» pero precisamente por eso son indispensables, porque trabajan cada día lejos del reconocimiento, cumpliendo con competencia y responsabilidad, y es en esa constancia silenciosa donde se manifiesta una de las formas más honestas y genuinas de excelencia.

El rostro del otro según la filosofía de E. Levinas

UN CAMINO PARA MEJORAR LAS RELACIONES SOCIALES

por: Alfredo Rivera Roggero, Lima (Perú).

En el proceso de desarrollo social, las relaciones entre los seres humanos se están volviendo cada día más complicadas, hay diversas acciones que vienen afectando la aceptación del otro y ¿por qué sucede esto?

Lopez – Miguel nos da una respuesta: “al otro lo concebimos como alguien que se puede llevar a cabo con fines propios, es decir, un ente numerable, cuantificable e indiferente, que solo es utilizado para un determinado fin, condicionalmente lo sentimos como un obstáculo, lo miramos y tratamos como un objeto, luego entonces nos estorba y por ello tratamos de discriminarlo y lo eliminamos del camino, pues nos causa un conflicto, toda vez que nunca se entabla un relación personal con el otro.” 1 Según el texto podemos entender que la relación con el otro se vuelve difícil porque lo buscamos por utilidad, o por lograr algún beneficio personal, si no hay esto se le ve como un estorbo y por eso las relaciones sociales se vienen deteriorando de una forma preocupante.

Frente a este panorama, es importante para tratar de resolver este problema prestar atención a lo que dice Iza Villacis: “Infinitas son las posibilidades de que las cosas fueran distintas a como son y sin embargo son así como están y cómo se las conoce. Nos develan verdades que no son absolutas pues cada una de ellas ayuda a otras a develarse.” 2Vemos así que las cosas son distintas a como las percibimos y así se les debe conocer, dicho punto de vista se aplica al otro, de esa forma debemos conocerlo en su forma distinta, esto es un paso difícil porque buscamos conocerlo bajo los parámetros propios. De alguna forma así nos lo da a entender Iza Villacis: “El conocimiento es el lenguaje del mundo académico. El sentir como siempre está ligado a un mundo de sospecha y de subjetividades que no alcanzan a relacionarse del todo en un mundo normalizado y reglamentado en una homogeneidad que reclama igualdad pero que vomita de su boca a lo distinto.” 3

Frente al acto de conocimiento de la diversidad para buscar más adelante mejorar las
relaciones sociales cabe preguntar ¿qué motiva a buscar conocer al otro del entorno
cercano?
Una respuesta está en el Filósofo Emmanuel Levinas al referirse al rostro del
otro como una realidad que no es solo una apariencia física, sino una presencia ética que
interpela y exige responsabilidad. Este rostro habla sin palabras y expresa una
vulnerabilidad que no puede ser reducida a conceptos ni categorías. Frente al rostro del
otro, el “yo” descubre que no es dueño del mundo, sino que está llamado a responder.

Pero ¿cómo entender desde la filosofía de Levinas el rostro del otro?, aquí unas
ideas importantes:

  • Comprende que el rostro rompe tu egoísmo: Cuando aparece el otro, aparece
    un límite a tu libertad. El rostro te saca de ti mismo y te hace ver que no eres el
    centro del mundo.
  • El rostro siempre exige responsabilidad infinita: No hay un límite claro para la
    responsabilidad ante el otro. El rostro te pide cuidado, acogida, respeto, incluso
    más allá de lo “razonable”.
  • Recuerda que el rostro está antes que cualquier teoría o conocimiento: Para
    Levinas, la ética viene antes que la filosofía, la política, o la psicología. La relación
    ética con el otro es el fundamento de todo.

Finalmente, para mejorar las relaciones sociales en estos tiempos, es importante darnos
cuenta que los otros son diferentes a uno mismo y que al relacionarnos con ellos
debemos mirar más allá del beneficio personal, se debe buscar comprender al otro para
poder comprenderse a sí mismo. Para lograr estos detalles es importante seguir el
pensamiento de Levinas donde se parte de ser crítico del “yo autónomo” y autosuficiente
a un real sentido a la vida individual por medio de las relaciones sociales, para entender
esta idea Levinas propone un yo descentrado, que no se define desde sí mismo, sino
desde su obligación hacia el Otro. Queda para el lector de estos tiempos la pregunta:
¿que implicaría ser interpelado por el rostro del otro de mi entorno cercano?


El lector tiene la palabra y puede contestar al correo vocess_hc@hotmail.com 

Sobre el autor:

Alfredo Rivera Roggero
Filósofo, investigador social y escritor.
Especialista en temas vinculados a conflicto social, violencia familiar y comunicación efectiva.
Publica artículos sobre seguridad ciudadana en dos revistas peruanas.


  1. López – Miguel, Apolinar LA FALTA DE RECONOCIMIENTO DEL OTRO, AFECTA LA CONVIVENCIA ESCOLAR Ra
    Ximhai, vol. 12, núm. 3, enero-junio, 2016, pp. 445-455 Universidad Autónoma Indígena de México El Fuerte, México ↩︎
  2. IZA VILLACÍS, V.A. El rostro y la otredad de Emmanuel Levinas como elementos de alteridad y su implicación en el personalismo cristiano. In: IZA VILLACÍS, V.A., ed. Persona, educación y filosofía: reflexiones desde la educación universitaria [online]. Quito: Editorial Abya-Yala, 2018, pp. 67-84. ISBN: 978-9978-10-493-4 ↩︎
  3. Ibidem ↩︎

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Marcos Represas.

Cuarta Filípica: El Dominio del Miedo

Relaciones Internacionales

I. Introducción: De la Razón Burocrática a la Ley de la Selva

Si vis pacem, para bellum. Permíteme la licencia del latinajo que, lejos de invocar al demonio, evoca una contradicción que lleva rigiendo las relaciones internacionales desde que se fundaron las sociedades.

No sé si alguna vez te has dado cuenta de que cuando miras una estrella y la ves brillar en el firmamento, no estás mirando esa estrella, sino el recuerdo de lo que queda de ella. Porque la distancia que hay entre la emisión de la luz y la recepción que tiene tu ojo hace que, en muchas ocasiones, esa estrella hace tiempo que se apagase.

Algo muy similar a lo que ocurre con nuestro compañero Vegecio, que fue el que escribió Si vis pacem, para bellum. Esa famosa frase que se le atribuye a César erróneamente, es, en realidad, el eco de una verdad histórica que ya no existe.

Dicho esto, y antes de entrar en materia, te pido recuerdes lo visto en la anterior Filípica: desmantelamos al Leviatán Burocrático que nos asfixia con reglamentos. Hoy tienes que enfrentarte al Leviatán Primigenio: el sistema mundial regido por la ausencia de Ley y el dogma del miedo.

Tras ver cómo el Sofisma de la Complejidad fomenta la Pereza Existencial en casa, debemos preguntarnos: ¿Es la anarquía internacional un destino fatal, o es el resultado de un Gran Sofisma que nos obliga a renunciar a la Horizontalidad?

El paradigma dominante de la política global es el Realismo Político. Este es, en esencia, la aplicación del Determinismo Estructural a la esfera internacional, y debes rechazarlo.

II. El Gran Sofisma Global: La Inevitabilidad del Conflicto

El Realismo, fundado por pensadores como Morgenthau, postula que la naturaleza humana es egoísta y que los Estados se comportarán siempre bajo la lógica de la lucha de poder. En la arena internacional, la ausencia de un gobierno central (anarquía) convierte el miedo y la fuerza en la única ley.

Te tengo que decir que en el caso de Vegecio, debemos ser claros con la realidad de su tiempo. Si bien voy a seguir dando la turra con el Imperio Romano, porque considero que es un referente ineludible para nuestra historia, nuestra filosofía, nuestra cultura y nuestra política, te pido mirar al contexto:

Vegecio, con su tratado para la guerra (De Re Militari), no invocaba una regla de oro de la conquista, sino que señalaba la ineficiencia y la corrupción. El problema que él veía era la falta de disciplina y la falta de capacidad de un imperio que ya se había partido en dos. El Leviatán se pudría desde dentro.

  • El Falso Dilema Geopolítico: Este paradigma nos impone un Falso Dilema brutal: «O vives bajo la perpetua amenaza de la guerra O te sometes a la hegemonía de un poder superior». No se concibe una tercera vía de cooperación basada en la Ley Racional.
  • El Fatalismo de la Pereza: Esta tesis es un poderoso inductor de la Pereza Existencial. El ciudadano, al creer que el conflicto es un destino ineludible (el Determinismo Estructural en acción), renuncia a exigir soluciones éticas. delegas la Responsabilidad Radical en el Estado, permitiendo que la Razón Instrumental (la fuerza militar y económica) actúe sin contrapeso ético.

III. La Perversión de la Provisión: La Guerra como Justificación del Estado

Hay que ver, por ejemplo, cómo esta lógica de conflicto es autorreplicante y se manifiesta históricamente. Pero en vez de estar hablando de historia por una vez, te voy a hablar de algo que acaba de ocurrir.

La autorización que le ha dado Estados Unidos a Corea del Sur para que pueda volver a desarrollar submarinos con propulsión nuclear se hace bajo la premisa de que China se está militarizando. También se le ha dado permiso para aumentar el gasto militar a Japón. Además, nos consta que Corea del Norte no solo tiene una bomba atómica, sino que también está intentando trabajar en esos submarinos de propulsión nuclear. Hazte a la idea: ese contexto es tener el arma de proyección marítima más importante.

La justificación de este rearme sigue siendo la frase aquella de Vegecio de Si vis pacem, para bellum. Y es que la remilitarización de Japón y la inversión en submarinos nucleares a Corea del Sur se hace bajo el contexto donde las potencias orientales —las que están en auge económico— son las que están marcando la pauta sobre los posibles puntos de tensión bélicos.

¿Por qué estoy haciendo tanto hincapié en estas exportaciones? Pues muy sencillo, porque la realidad es que el único benefactor de la guerra es el Estado, algo que no digo yo sino que me apoyo en un pensador contemporáneo, como es el gran profesor Miguel Ancho Bastos.

En esta lectura, nos damos cuenta de que, en el plano internacional de la Realpolitik, todo se moverá para que todo se mantenga, aunque se cambie todo para no cambiar nada. La forma de justificar el sueldo que tienen los cargos públicos es recordando continuamente que la guerra está en las puertas.

Esto también se puede ver a nivel histórico en casos como, por ejemplo, la Segunda Guerra Púnica, donde Fabio Máximo se aprovechó de la situación para socavar el Poder Popular e intentar ser dictador de Roma. El conflicto, en manos de la Verticalidad, siempre es una herramienta de acumulación de poder.

IV. La Horizontalidad como Desafío: Ley Racional vs. Fuerza Bruta

La única respuesta a este Dominio del Miedo es la defensa de la Horizontalidad Virtuosa en la esfera global.

  • El Humanismo como Ley: Si bien hemos hablado del humanismo como ley, como señala Hannah Arendt en esa lectura que hace del juicio de Núremberg, o la cooperación del riesgo como señalan Camus y Sartre, aquí es donde quería hacer otra clase de historia y hacer una reflexión respecto a la lectura.

Y esta vez, mi amigo lector, si eres español, por favor, ten la benevolencia de ver lo que planteo desde una perspectiva neutral y sin sesgos.

La Nación y la internacionalización de los conflictos están igual de unidos que los dos cantos de una moneda. El 20 de noviembre que se recuerda como la fecha en la que Franco murió, tiene otras efemérides que se deben tener en cuenta: la efeméride del 20 de noviembre del 36, el fusilamiento sumario de José Antonio Primo de Rivera en el contexto de los primeros años de la Guerra Civil.

La Segunda República fue advenediza porque se constituyó sobre unas elecciones locales y la huida del monarca. Esta situación demuestra que Arendt tiene razón: la paz no es la ausencia de guerra, sino el marco fuerte y rígido de la Ley y la Justicia.

En el momento en que los «proto-revolucionarios» decidieron «tomar el cielo con las manos,» abrieron la caja de Pandora… El conflicto interno (la Verticalidad fratricida) surgió de la anulación de la Ley Racional que debía haber protegido a la minoría.

Al hilo de esto y la guerra, tenemos la contraparte de lo que se aportó en 1975 como fue el modelo de la Transición, que es el ejemplo de salir de un régimen autoritario a uno democrático con plenas garantías. La máxima de «de la ley a la ley» se convierte en la simiente para constituir naciones fuertes estructuralmente hablando.

Más allá de eso, algo que también hay que destacar es lo que simbolizaron los Juicios de Núremberg. Se entendió que a la guerra, que permitía el «todo vale», hacía falta ponerle normas.

Entonces, si nos damos cuenta de que la guerra como individuos no nos interesa y huimos sistemáticamente de la violencia, ¿por qué permitimos que la ejerzan contra nosotros estas estructuras nacionales e internacionales?

V. La Globalización en el Sofisma: La Incoherencia de la Verticalidad

ves la paradoja: una globalización que busca quitar fronteras, ¿por qué se sigue armando y preparando un eventual conflicto? ¿Por qué se busca recuperar el orgullo nacional, si se crean figuras supranacionales que hablan y dictan cómo tienen que trabajar los estados, colocando más losas en los hombros cansados de sus ciudadanos?

Observa el derecho internacional: el propio reconocimiento de una nación depende de que la reconozcan sus pares. Hemos llegado al punto en el que una población no puede decir que tiene patria si otras naciones deciden que no lo es —caso de esto es Kosovo, Palestina o el Sáhara—. eres la Razón, y debes exigir el porqué.

La Verticalidad global te intenta señalar que el problema es la economía, que hay intereses económicos de personas malvadas que están detrás de todo. Pero ¿y si las empresas solo quieren sobrevivir y los que realmente están buscando mantenerse y lucrarse del conflicto son los que tú votas?


VI. Conclusión: El Despertar de la Razón Global

El Leviatán Burocrático y el Leviatán Global te han vendido la mentira de que la anarquía es inevitable para justificar su propia existencia y su sueldo. no eres un peón en un juego sin reglas; eres la Razón y la Responsabilidad Radical.

Debes exigir que el Leviatán Burocrático y el Leviatán Global se sometan a la Horizontalidad de la ética. La Razón Instrumental solo es moral si sirve al Humanismo y a tu dignidad, no a la acumulación de poder del cargo público.

En la próxima entrega (Filípica V), llevaremos la crítica a la escala histórica más amplia: el Auge y Caída de Imperios, para ver cómo la renuncia a la Horizontalidad ha sido siempre el preludio al colapso de las grandes Verticalidades.


Bibliografia.

Arendt, H. (1974). Los orígenes del totalitarismo. Taurus.

Bastos, M. A. (2018). Capitalismo: Curso de introducción. Unión Editorial.

Hobbes, T. (2017). Leviatán: La materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1651).

Juliá, S. (2007). Vida y tiempo de Manuel Azaña (1880-1940). Taurus.

López Rodó, L. (1990). La larga marcha hacia la monarquía. Plaza & Janés.

Morgenthau, H. J. (1986). Política entre las naciones: La lucha por el poder y la paz. Grupo Editor Latinoamericano. (Obra original publicada en 1948).

Preston, P. (2011). El holocausto español: Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Debate.

Vegecio, F. (2005). Epitome de la institución militar. Cátedra. (Obra original publicada en el siglo IV d.C.).

Waltz, K. N. (2015). Teoría de la política internacional. Prometeo Libros. (Obra original publicada en 1979).

Tercera Filípica: El leviatán burocrático

Política Europea Contemporánea

Prefacio: La Razón Exigida

Amigo lector, en nuestra Filípica anterior, trazamos el puente entre el mundo clásico y la tragedia moderna. Vimos que la Horizontalidad (la Razón) ha sido traicionada por los sistemas, y que la Demagogia (Democracia Representativa) usa el sofisma para promover la Indolencia del individuo. Concluímos que la única solución viable es el compromiso ético y filosófico, armado con el «Veritas Et Audatia».

Ahora, debemos mirar hacia arriba. Si la Verticalidad ha corrompido lo local y lo nacional, ¿qué monstruosidad ha construido en el plano continental? Te ruego que tomes un respiro, porque el Leviatán Burocrático es la Verticalidad más fría y sofisticada de tu tiempo.

El Fatalismo y la Elección Existencial (La Traición a la Horizontalidad)

Antes de avanzar, hagamos una pregunta crucial, cuyo eco resuena desde el siglo XVIII hasta nuestros días: Si la riqueza y el orden social son productos de la acción individual libre (como nos enseña la Escuela Austriaca de Economía), ¿por qué aceptamos que el Fatalismo de la Verticalidad defina nuestro destino? Y, más aún, si el hombre es radicalmente libre (como nos recuerda Camus), ¿por qué el sistema nos empuja a renunciar a esa libertad y a nuestra Responsabilidad Radical, firmando una versión corrupta del Contrato Social de Rousseau con el Leviatán? La respuesta a esta traición comienza en la frialdad de Bruselas.

I. Introducción: El Éxodo de la Razón y el Espejismo del Imperio

Heme aquí que observo a Europa como una amalgama de niños peleados y perdidos sin una madre que les guíe. Y es que desde que cayó el Imperio Romano, Europa quedó huérfana. Fue en el último pestañeo del tiempo que es que se creó la Unión Europea.

Lejos de ser un foro donde se represente las mayores dignidades y virtudes de pueblos hermanados por la historia, es un lugar gélido que de tanto en tanto calienta. Y sin embargo, nos enseñan que podemos caminar sin barreras y al final cambiaron todo para que nada cambiase. Este es el campo de juego de la Verticalidad Burocrática.

Evoco ahora a tu memoria la Europa que soñó Demóstenes y Cicerón: una alianza de repúblicas libres regidas por la Ley Racional. Sin embargo, la estructura que hoy nos rige se asemeja más al Leviatán de Hobbes que a la Res Publica romana. Este nuevo imperio, construido sobre tratados y no sobre legiones, ha logrado lo que la tiranía siempre deseó: mover la toma de decisiones al plano supranacional, donde la Responsabilidad Radical del ciudadano se diluye hasta la irrelevancia.

II. La Verticalidad de la Razón Instrumental (La Jaula de Hierro)

La crítica de Max Weber a la Razón Instrumental alcanza su máxima expresión en la arquitectura de la Unión Europea. La Razón Instrumental, que en su esencia es una herramienta de Provisión y Estructura, se pervirtió.

A. La Promesa Fundacional: El Vacío de la Patria Común

Eficacia Económica vs. Vocación Histórica. Lo cierto y verdad es que Europa nunca se sintió a gusto segmentada; desde que los Romanos creasen la primera gran globalización conocida en occidente, muchos han sido sus herederos y en muchas ocasiones los dedos europeos han sido un puño férreo. Las guerras mundiales, la segunda más que la primera, fueron guerras fratricidas y promovidas por el gélido vacío de esa patria común. No en vano, los movimientos colectivistas, tanto internacionalistas como nacionalistas, han buscado ya sea por acuerdos (internacionales socialistas) o por la fuerza (III Reich) asaltar ese vacío que dejó Roma.

Aunque me puedas catalogar como uno de esos apoltronados historiadores que vienen a contar que tiempos pasados fueron mejores, nada más lejos de la realidad: la humanidad ha progresado, que no evolucionado, mucho. Y si bien no debemos estancarnos en el pasado, sí podemos aprender de él. La gran diferencia de la visión romana del imperio relativo a la visión contemporánea del mismo es que el Imperium romano era una dignidad que permitía llevar la civilización al mundo, mientras que en la actualidad los imperios solo buscan someter y expoliar. En todo caso, el único imperio reciente que sí entendió su sentido fue el español, pero todos adolecían de la verticalidad tan cerrada que dependía del cabeza del imperio el destino de millones.

Lo cierto es que la Segunda Guerra Mundial creó una cicatriz en la mente colectiva europea que se acabó cerrando sin limpiarse del todo en una suerte de comunidades económicas que acabaron siendo una institución que no sabe si quiere ser nación o federación.

B. La Realidad Cuantificada: La Tiranía de la Ineficiencia

Hasta ahora, Europa y el mundo te vendieron que los Estados son necesarios y que el PIB debe regir tu vida. Hoy, permitidme la osadía de vestirme de economista, que también tiene su filosofía, y te cuente algo que yo mismo he elaborado y contrastado: el Modelo de Prosperidad Sostenible (SP).

1. El Modelo SP: La Cuantificación del Pecado Estructural

Europa prometió libertad y crecimiento y nos dio recortes y deudas. Todos los países presos de una promesa que rara vez se cumple, pues las únicas personas, capitales, mercancías y empresas que tienen paso franco europeo son las que se lo pueden permitir. El marco abre una puerta muy grande para tan poco flujo, porque el TPL (Carga Parasitaria Total) drena la riqueza antes de que pueda ser generada.

  • La Dilución del Flujo: El fracaso es estructural. La Carga Parasitaria Total (TPL) —la cuantificación de la ineficiencia, la corrupción y la fricción institucional— es tan elevada que neutraliza cualquier ganancia de la supuesta libre circulación. Creer que la mera apertura de fronteras garantiza la prosperidad es ignorar que el costo de la burocracia y la indolencia política (el componente 2G) actúan como peajes invisibles que solo los grandes capitales pueden permitirse pagar. La libertad se convirtió en un privilegio; el crecimiento, en deuda.
  • La Burocracia sin Alma (El TPL): El modelo revela que el gasto público improductivo opera con un multiplicador económico negativo de -2 sobre la riqueza neta. La ineficiencia es el principal destructor de valor, no la falta de mercados.
  • El Climax del Euroescepticismo: Tanto es así que crecieron los euroescépticos. Y es que cuando el díscolo que nunca se sintió europeo y que se sumó como el que acepta unirse por compromiso más que por creerlo (Reino Unido) acabó abandonando el barco más por contentar a las hojas caídas que a las que estaban naciendo, todo saltó por los aires.

Y ahora Europa está para no estar, y las socialdemocracias esperan que los estados que una vez fueron tratados como niños pequeños ahora los sostengan.

III. La Indolencia Supranacional: El Precio de la Pereza

La consecuencia directa de esta burocracia desalmada es el fomento sistémico de la Pereza Existencial (Indolencia) en las naciones y en el individuo.

A. La Delegación y el Chivo Expiatorio (El 2G y el Sofisma)

Los Estados miembros, al delegar la soberanía, han transferido la Responsabilidad Radical de las decisiones difíciles a un ente supranacional.

La Verticalidad de Bruselas se utiliza como el chivo expiatorio perfecto. El político nacional puede justificar cualquier medida impopular con el sofisma: «Esto nos lo exige Bruselas.» Esto anula la crítica racional interna y exime al representante de su deber ético de defender la voluntad soberana.

Esta indolencia tiene un costo brutal. Países como Alemania y España demuestran cómo la combinación de una Carga Oculta (C_H) y un alto gasto improductivo genera Prosperidad Neta negativa (España P_N=-2.8, Alemania P_N=-2.3). La Verticalidad no solo es ineficiente, es destructiva de riqueza.

B. La Falsa Solvencia y el Respirador Artificial (R_D y la Dependencia)

La Horizontalidad europea está sostenida por una mentira financiera. El Modelo SP distingue entre la Prosperidad Neta Interna (P_N) y la Prosperidad Sostenible (PS). Esta distinción nos permite cuantificar el Riesgo de Dependencia (R_D).

La Falsa Solvencia ocurre cuando la destrucción de riqueza interna se compensa con Subsidios Externos Netos (S_E), como los fondos supranacionales.

El caso de España es un ejemplo crítico de esta dependencia estructural: más de la mitad de su quiebra estructural interna (P_N = -2.8) es cubierta por flujos externos (S_E = 1.5). El subsidio funciona como un «respirador artificial» que mitiga el colapso que de otro modo se manifestaría plenamente.

En el caso de Portugal, la dependencia es extrema (R_D = 115.38%), demostrando que la Verticalidad Burocrática permite que el parásito estructural se financie con dinero no generado internamente. El sistema recompensa la ineficiencia, haciendo que la corrección sea más difícil.

IV. Conclusión: El Desafío al Leviatán

El Leviatán Burocrático es la Verticalidad más sofisticada de nuestro tiempo: nos promete orden y prosperidad (la Provisión), a cambio de tu Razón y tu Responsabilidad Radical. Sus tratados y su burocracia son el nuevo Determinismo Estructural, cuantificado por el TPL, que nos condena a la quiebra intergeneracional.

El desafío que enfrentamos en Europa no es económico, sino filosófico: ¿Cómo se le exige ética a una máquina? La respuesta está en la Horizontalidad que defendemos, exigiendo que el Modelo SP se convierta en el indicador principal de desempeño nacional para forzar la acción política y la rendición de cuentas sobre el estado real de la riqueza intergeneracional.

En la próxima entrega (Filípica Cuarta), escalaremos esta crítica al plano global, analizando las Relaciones Internacionales. Examinaremos cómo el miedo y el Fatalismo rigen la geopolítica, y si la Verticalidad del poder nos condena a la guerra perpetua.

Apéndice: Referencias Bibliográficas

Autor/FuenteObra RelevanteConcepto Vinculado
Aranda Muñoz, Pedro AndrésEvaluación y Validación del Modelo de Prosperidad Sostenible (SP): Un Análisis de la Fricción Institucional y el Drenaje de RiquezaCarga Parasitaria Total (TPL), Riesgo de Dependencia (R_D), Falsa Solvencia.
AristótelesPolíticaEquilibrio de poderes, base de la Razón Horizontal.
Camus, AlbertEl Mito de SísifoLibertad radical del individuo y el absurdo existencial, desafío al Fatalismo.
DemóstenesFilípicasOrigen del género retórico, lucha por la libertad contra la coerción de Filipo.
Hobbes, ThomasLeviatánEstructura del Estado-monstruo, la Verticalidad total.
Locke, JohnSegundo Tratado sobre el Gobierno CivilSoberanía de la Ley, libertad individual.
Maquiavelo, NicolásEl PríncipeRazón Instrumental para el poder (Verticalidad cruda).
PlatónLa RepúblicaCiclo de regímenes, desconfianza de la Demagogia.
Rousseau, Jean-JacquesEl Contrato SocialVoluntad General, soberanía popular, la traición del contrato.
Weber, MaxEconomía y SociedadConcepto de la Burocracia, la «Jaula de Hierro» y la Razón Instrumental.
Escuela Austriaca(Mises, Hayek)Crítica al planeamiento central, defensa de la acción individual libre como fuente de orden y riqueza.
Historia ClásicaImperium RomanoEl concepto de dignidad imperial como civilización versus expolio.
Historia ContemporáneaSegunda Guerra Mundial, BrexitCicatrices del vacío de la patria común, crisis del euroescepticismo.

Segunda Filípica

La Horizontalidad Traicionada:
Sistemas de Gobierno

Prefacio: La Herencia de la Indolencia

En nuestra primera Filípica, establecimos que la tiranía (Verticalidad) no opera solo por la fuerza, sino a través de la coerción intelectual. Diseccionamos los tres sofismas esenciales (Falso Dilema, Ad Hominem y Ad Populum) y demostramos cómo su uso constante induce la Pereza Existencial en el individuo. El resultado es que el ciudadano, al ser convencido de la inutilidad de la Crítica Racional, entrega su autonomía y se rinde al dogma impuesto.

La presente Filípica aborda la siguiente pregunta:

¿Qué sistemas de gobierno están diseñados para institucionalizar esa Pereza Intelectual?

I. Introducción: El Eje de la Fundación y la Voz de Demóstenes

Memoria cansada regresa a este tu paladín que en estos tiempos contemporáneos tiene la ardua tarea de colocar la luz de la sabiduría en el corazón de sus congéneres.

¿Sabes de donde vinieron las Filípicas? Pues si en Roma nos enseñaron Política, fue en Grecia donde nos enseñaron Libertad, concretamente el maestro Demóstenes, que fue el último libre de su tiempo. Fue él quien escribió de puño y letra cartas al tirano macedonio Filipo, cuyo nombre por siempre quedará ligado al sabio que pecó de imponer a los demás un pensamiento que solo su hijo pudo ejecutar.

De ahí, nos desplazaremos al tiempo donde el mito de Roma encontró su génesis y te pido mi buen acompañante que hagas el ejercicio conmigo. Había un Augur y dos muchachos [Rómulo y Remo] que se encontraban en medio de la nada, afanados en resolver quién estaba destinado para fundar la ciudad.

¿Sabes lo primero que hicieron esos dos muchachos? Trazar un eje de coordenadas. Un eje que les diría cuál sería el designio divino. Ese eje, ese principio ordenador, esa búsqueda de la Verticalidad divina para legitimar la fundación, es la misma pulsión que te rige hoy.

El problema no es buscar un eje, sino cómo se traza. La Horizontalidad (la Razón de Demóstenes) nos permite trazar un eje de crítica; la Verticalidad (la coerción de Filipo) nos impone un eje de dogma. La Horizontalidad es traicionada cuando los sistemas de gobierno se confunden, y es hora de desmantelar esa confusión.

II. El Eje Fundacional: Platón, Aristóteles y la Búsqueda de la Voluntad

No pretendo venir a contar algo nuevo, sino a devolverte el recuerdo de algo que olvidamos.

Los maestros Platón y Aristóteles en sus obras República y Política respectivamente, nos enseñaron grandes cosas. Platón nos dibuja un camino cíclico como la vida misma, que contempla puntos de virtud de gobierno y puntos de auténtica catástrofe.

Aristóteles, entendiendo el camino trazado por su maestro, intenta equilibrar esa balanza con unos contrapesos que mantengan los ejes en estabilidad.

La cuestión aquí no es parar la manija y vivir en un éxtasis virtuoso, sino hacer que la sociedad tenga la misma vida y voluntad que cada uno de sus individuos por separado.

A. El Peligro Antiguo: La Demagogia como Precursora de la Tiranía

Antes de avanzar en el tiempo, permíteme retenerte un momento más. Y es que en la Grecia Clásica, la Demagogia era peligrosa y catalogada como una forma de gobierno que precedía a la tiranía.

Los griegos entendían que sólo cuando una persona es capaz de crear una influencia lo suficientemente grande como para desenfocar la Razón de los demás aparecen grietas en el puente de la libertad.

III. El Eje del Presente: El Puente a la Soberanía Moderna

El puente entre milenios, que estamos recorriendo en estas Filípicas, tiene un sentido pesadamente inevitable y es hacia ese amanecer que tan solo tú y yo podremos contemplar pleno, si acaso atendemos al deber histórico y generacional que nuestros antepasados nos ponen sobre nuestros hombros.

Pero debo decir que todo esto no es bello ni sencillo y que nuevamente debo afilar mi pluma, a los artífices del sistema que a día de hoy rige el mundo.

El primero y más vilipendiado de los que me refiero tiene gran parte de culpa por su falta de fe en la dignidad de sus coetáneos. Por crear las entretelas del teatro en el que ahora todos bailan. No es otro que Maquiavelo con su obra El Príncipe. Él creó las estrategias y mecanismos más claros a la hora de contraponer el poder y la decisión de uno frente a la libertad de los demás.

He de decir que no veo a Maquiavelo como el villano que a priori se pueda pensar, sino como el pobre hombre que nunca pensó que la dignidad humana estuviera por encima de un buen gobierno. Y a él le preguntaría: ¿De qué sirve gobernar con puño de hierro sobre un yermo sin vida?

Los otros dos artífices son Locke y Rousseau.

Locke, con su Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil, y Rousseau, con El Contrato Social, ambos adelantados a su época, y por qué no decirlo, a la nuestra, nos enseñan el valor de la dignidad humana, y nos regalan la formalización y racionalización de los mayores dones que jamás hayamos podido encontrar: Libertad e Igualdad.

Pero lo cierto es que los siguientes pensadores intentaron modular y achicar sus ideas, poniendo puertas al campo o directamente, como la Escuela de Frankfurt, quemar sus bases hasta que solo pudieran tener cáscaras vacías a las que llamar ciudadanos, y que trágicamente sean estos los que con paso gris pusieran el telón de acero de la pereza sobre sus conciencias.

La crítica fundamental, y la verdad que me urge exponer no es otra que ¿por qué hemos llegado a esto?, y es que a Locke y Rousseau les preguntaría: ¿Por qué no bajaron sus ideas a la plumbea realidad? Porque, si bien creo que son una referencia, siento que quedaron cojos y faltos de crítica a la hora de llevar a la práctica la forma de llevar a cabo sus principios.

IV. El Barro y la Tragedia: La Demagogia como Democracia Representativa

Y es que aquí es donde está el barro y la refriega, el conflicto y la tragedia. Os prometí hablar de los sistemas de gobierno y lo prometido es deuda hoy voy a ir a los grises, a esa diferencia mortal entre Demagogia y Democracia.

Y antes, tengo que pedir que pactemos, que pactemos como haría el maestro Aristóteles. Que de aquí en adelante, en confianza, Demagogia para nosotros sea Democracia Representativa, y Democracia sea Democracia Real y Participativa.

En este punto, Locke y Rousseau pecaron en exceso al confiar la salvaguarda de la libertad y la igualdad de todos, a los hombros estrechos de representantes, que, abrumados o corrompidos, no estaban a la altura de las circunstancias.

Pondré ante la luz y el taquígrafo la subversiva monstruosidad de la Demagogia. Porque cuando alguien lanza sus discursos en los que habla de emoción, quita la profundidad intelectual y asegura al resto que todo lo que hace es por su bien. Incluso cuando presenta, a sabiendas, su cargo a disposición de los demás que, ya empequeñecidos, prefieren seguir entre la multitud.

Cuando la Responsabilidad Radical se transmite y se reduce a una papeleta hasta la próxima elección, es ahí cuando la libertad muere.

V. La Ingeniería de la Pseudo-Horizontalidad: El Engaño de la Asamblea

La Demagogia no solo fomenta la Pereza Existencial en la urna, sino que produce contraejemplos aún más insidiosos. El peligro más grande es cuando la Verticalidad se viste con la toga de la Horizontalidad. Es el acto de ingeniería social que explota el deseo genuino de participación para imponer una nueva tiranía.

A. La Tiranía del Consenso y la Paradoja de la Minoría

El defecto fatal de la Pseudo-Horizontalidad es que confunde la voz de la mayoría con la voz de todos. El resultado es una tiranía del consenso tan destructiva para la libertad como la tiranía monárquica.

Una democracia real debe siempre dar voz, cauce y contrapesos a la minoría. Paradójicamente, el mecanismo donde la minoría encuentra a menudo mayores contrapesos para influir en el rumbo de la sociedad es en las sociedades mercantiles. En el derecho de sociedades, existen estructuras de poder que garantizan a la minoría derechos de veto, de información y la capacidad de impugnar acuerdos. Este rigor jurídico es un estándar de protección que la mayoría de los sistemas políticos ha fallado en replicar para proteger el valor de la Razón.

B. El Patrón del Siglo XX/XXI: La Verticalidad Vestida de Pueblo

Desde el Jacobinismo hasta el presente, la historia nos muestra que los movimientos que más prometen participación son los que terminan imponiendo la mayor Verticalidad. Esto no es una crítica a la asamblea, que como institución debe estar presente en todas nuestras reflexiones y buscar siempre que sea necesario su implementación, el problema es cómo se compone esa asamblea, y esto nuevamente es otro aviso mayúsculo jamás pienses que el candidato perfecto de un órgano asambleario tiene que tener nada más determinante que dos herramientas ética y filosofía, cuando hay un demagogo y el resto de los presentes no tienen esa acidez mental, entonces y solo entonces la asamblea o el círculo se convierte en un Politburó de facto.

  • La Herencia Clásica (Robespierre): El Terror de Robespierre demostró el peligro más puro.
  • El Soviet Coercitivo: En la Unión Soviética, el Soviet (Asamblea) y el Politburó eran la cúspide de esta Pseudo-Horizontalidad.
  • El Caudillismo Asambleario (Bolivariano): En las Asambleas Bolivarianas, la exaltación del sentimiento convierte el debate en un acto de fe.
  • El Círculo Reciente: En estructuras como los Círculos de Podemos, la promesa de Horizontalidad se encontró con la dura realidad de la Ingeniería Social.

VI. Conclusión: La Arquitectura de la Responsabilidad y el Amanecer

La solución ciertamente la desconozco, pues no soy un iluminado ni un visionario. Sin embargo, sí que creo tener cierto ojo en el futuro, y creo genuinamente —y esto es más un deseo racional que una certeza emotiva— que el camino hacia el amanecer que merecemos se construye sobre la ética y la filosofía.

El puente hacia el futuro se puede tender si a nuestras generaciones venideras les damos un papel y un boli y les decimos aquello de «Sapere Aude« (Atrévete a saber).

Y le añadimos, esta sí, de mi cosecha personal, un «Veritas Et Audatia» (Verdad y Audacia).

Pues solo con esas herramientas —la Crítica Racional y la Valentía Existencial— el puente será robusto y duradero. La Horizontalidad Virtuosa es el individuo éticamente armado.

En la próxima entrega (Filípica 4), escalaremos esta crítica a la Verticalidad Supranacional, analizando la Política Europea Contemporánea y la burocracia, para ver si el Leviatán continental también ha renunciado a la Razón.

Apéndice: Referencias Bibliográficas e Históricas

Autor/FuenteObra RelevanteConcepto Vinculado
AristótelesPolíticaEquilibrio de poderes, búsqueda de la politeia.
DemóstenesFilípicasOrigen del género retórico, lucha por la libertad contra la coerción.
Locke, JohnSegundo Tratado sobre el Gobierno CivilSoberanía de la Ley, consentimiento de los gobernados, libertad e igualdad.
Maquiavelo, NicolásEl PríncipeRazón Instrumental, Verticalidad cruda, eficacia sobre dignidad.
PlatónLa RepúblicaCiclo de regímenes, desconfianza de la democracia, Verticalidad de la Razón Pura.
Popper, KarlLa Sociedad Abierta y sus EnemigosCrítica Racional y Falsación (base de la Horizontalidad).
Rousseau, Jean-JacquesEl Contrato SocialVoluntad General, soberanía popular, Horizontalidad pervertible.
Historia ClásicaMito de Rómulo y RemoBúsqueda del Eje y el principio ordenador.
Historia ModernaEl Terror Jacobino (Robespierre)Tiranía del consenso, anulación de la minoría.
Historia ContemporáneaEscuela de Frankfurt, Soviet, Populismos Bolivarianos, Círculos de PodemosIngeniería social, pseudo-Horizontalidad y el telón de acero de la pereza.

Primera Filípica: Lo que Siega el Pensamiento

La Verticalidad del Sofisma

I. Introducción: El Faro de Cicerón y el Arma de la Coerción

Recupero la memoria de mis valientes lectores sobre la causa de estas epístolas: la lucha contra la tiranía intelectual.

Debemos evocar al maestro que nos enseñó cómo debía cualquier ser humano libre mirar y posicionarse ante la tiranía, fuera cual fuese su forma: Marco Tulio Cicerón.

Un hombre que fue Cónsul de Roma y aclamado como Pater Patriae, pero que para el estándar marcial de sus congéneres, pudo parecer cobarde, pusilánime y escurridizo. No obstante, Cicerón se alzó como el faro de ética —que no moral— en unos tiempos en los que escribir y dejar constancia de tu rebeldía contra el poder eran sinónimo de condena a muerte.

Fue él quien escribió las Filípicas como testimonio de resistencia y legado, intentando mantener viva la Res Publica de Roma. Su ejemplo nos demuestra que la Horizontalidad de la Razón, plasmada en la palabra escrita, es el arma más formidable contra la Verticalidad del poder. Hoy, desmantelaremos esa Verticalidad.

II. El Sofisma: De Ejercicio Mental a Ingeniería Social

La herramienta de la Verticalidad para anular el pensamiento es el sofisma.

La definición de sofisma es un recurso retórico consistente en enmascarar de verdad una mentira para conseguir un propósito específico, o dicho en Román paladino, repetir mil y una veces una falsedad hasta que se considera cierta.

En el concepto clásico de filosofía, el sofisma en particular y la retórica en general servían al pensador como vías para iniciar el camino del pensamiento. Este ejemplo pedagógico lo vemos en el propio desarrollador de la escuela sofista, Protágoras, y su dilema con su díscolo alumno Evatlo. Allí, la argumentación engañosa era una gimnasia, una prueba de destreza intelectual.

El problema no es la gimnasia, sino el gimnasio. El problema surge cuando esta herramienta se saca del aula y se usa en el foro político con un fin coercitivo.

III. El Error Moderno: La Toga de Marx y la Traición de la Simplificación

El sofisma moderno encuentra su punto de apoyo en un error de cálculo de la filosofía moderna y contemporánea.

Los filósofos cometieron el error de simplificar sus tesis a meros ejemplos ilustrativos. Y digo esto no porque no fuese sano, sino porque nadie vio venir a Karl Marx.

El filósofo que nunca quiso ser señaló a sus colegas como meros observadores y decidió dar al mundo el regalo envenenado de la dialéctica y el materialismo histórico como método de confrontación. Esto fue un acto de Verticalidad disfrazado: le regaló a la política una toga muy blanca que todo el mundo confundió con la del saber filosófico.

Marx y sus herederos entregaron a los operadores políticos una justificación total (el Determinismo Estructural) envuelta en el prestigio de la academia. Este fue el momento en que el sofisma abandonó la retórica para convertirse en un método de confrontación política disfrazado de ciencia, buscando desarmar la capacidad de debate del ciudadano.

IV. Anatomía del Sofisma Moderno: El Uso Político de la Falacia

El sofisma moderno ya no busca entrenar la mente, sino destruirla. Analizaremos las tres falacias clave que la Verticalidad usa para reemplazar la Razón con la manipulación.

A. El Falso Dilema: La Eliminación de la Razón y la Conciencia

El Falso Dilema es la falacia más potente para desmovilizar el intelecto. Consiste en la simplificación extrema de la realidad en solo dos opciones opuestas, negando el esfuerzo de la complejidad. El dilema binario requiere una respuesta inmediata, anulando el Reposo (la disciplina del análisis) y empujando al individuo a la Pereza Existencial.

  • Refuerzo Autoral: Esta falacia es el motor del Totalitarismo, donde, como analizó Hannah Arendt (Los Orígenes del Totalitarismo), el régimen elimina la realidad y obliga al individuo a elegir entre el dogma de hierro y el enemigo.
  • Caso Comparado (Alemania): Tras la I Guerra Mundial, el nazismo instauró el falso dilema de «O la nación se somete a la disciplina total del partido O cae en la humillación y el caos económico». Este marco simplista fue crucial para que la sociedad renunciara a la Razón.

B. El Argumentum ad Hominem: La Sustitución de la Razón por el Odio

El Argumentum ad Hominem (el ataque a la persona) es la herramienta maestra para sustituir la Razón por el Sentimiento de Repudio. La Verticalidad no quiere que se debata la Ley, sino que el enemigo sea demonizado.

  • Refuerzo Autoral: Como el existencialista Jean-Paul Sartre nos enseñó sobre la libertad ineludible, el Ad Hominem busca anular precisamente esa libertad al reducir al oponente a una esencia inmutable y malvada.
  • Caso Comparado (Movimientos de Independencia Hispanoamericanos): El proceso de independencia fue constantemente corrompido por el Ad Hominem. La demonización de figuras políticas y la guerra de facciones entre caudillos impidió la consolidación de la Ley Racional después de la independencia, llevando a ciclos de Verticalidad caudillista.

C. El Argumentum ad Populum: La Explotación del Sentimiento

El Argumentum ad Populum es la pieza final de la Ingeniería Social. Consiste en apelar a las emociones, a la identidad de grupo o al consenso popular para validar una tesis, sin recurrir a la evidencia objetiva.

  • Refuerzo Autoral: Esta falacia es la clave de la Razón Instrumental que criticó Max Weber (en su concepto de la «jaula de hierro») y la propia Escuela de Frankfurt: la razón se enfoca en la eficiencia para manipular el sentimiento colectivo. El discurso se diseña para reforzar los prejuicios, sustituyendo la Ley Racional por el consenso emocional.
  • Caso Comparado (China): Mediante la propaganda masiva y la celebración de narrativas nacionales que apelan al orgullo colectivo (el «sentimiento de pertenencia»), se anula la Crítica Racional y se justifica el control total. La adhesión emocional al proyecto estatal se convierte en el estándar de la verdad.

V. Conclusión: El Desarme de la Horizontalidad (Epílogo)

El Sofisma, en sus tres formas fundamentales, es la prueba de que la Verticalidad ha triunfado en el debate. Su objetivo no es ganar, sino desarmar la capacidad de pensamiento. Al caer en estas trampas, el individuo se rinde a la Pereza Intelectual y se vuelve incapaz de discernir entre la Demagogia y la Democracia.

La pregunta que urge ahora es: si el sistema está diseñado para fomentar esta Indolencia, ¿cómo podemos recuperar la Horizontalidad y la Responsabilidad Radical?

En la próxima entrega, analizaremos los sistemas de gobierno (representativo vs. participativo) a la luz de esta crítica, para encontrar la arquitectura que mejor se adapta a la Horizontalidad Virtuosa y a la Responsabilidad del ciudadano.

Apéndice: Referencias Bibliográficas e Históricas

Autor/FuenteObra RelevanteConcepto Vinculado
Arendt, HannahLos Orígenes del TotalitarismoFalso Dilema, anulación de la realidad.
Cicerón, Marco TulioFilípicasResistencia ética, origen del género.
Horkheimer, Max y Adorno, Theodor W.Dialéctica de la IlustraciónCrítica a la Razón Instrumental.
Marx, KarlManifiesto del Partido ComunistaMaterialismo histórico y Determinismo.
Sartre, Jean-PaulEl ser y la nadaLibertad ineludible (Responsabilidad Radical).
Weber, MaxLa Ética Protestante y el Espíritu del CapitalismoLa «jaula de hierro» y Razón Instrumental.
Historia ClásicaDilema de Protágoras y EvatloUso clásico y pedagógico del sofisma.
Historia ComparadaNazismo, Caudillismo Hispanoamericano, Propaganda chinaCasos de aplicación política de las falacias.

La inteligencia artificial somos nosotros

En los últimos tres años no se habla de otra cosa. En el metro, en los desayunos, en la oficina, siempre hay alguien mencionando a ChatGPT, a Midjourney o a esa nueva aplicación capaz de escribir informes, hacer podcasts o componer canciones en segundos. Desde que apareció ChatGPT en 2022, la inteligencia artificial se ha colado en todas partes: en el trabajo, en la educación, en el arte y hasta en las sobremesas familiares. Se ha convertido en el tema estrella a debatir en las siguientes navidades.

Entre entusiasmo y miedo, se repiten las mismas preguntas: ¿cuándo llegará la llamada inteligencia artificial general? ¿En qué momento llegará la “singularidad tecnológica”, ese punto en que la inteligencia de las máquinas superará definitivamente la nuestra? Algunos lo dicen con admiración, otros con inquietud, pero todos –de una forma u otra– parecen convencidos de que algo trascendental está ocurriendo. Y sin embargo, antes de dejarnos arrastrar por el vértigo de las profecías tecnológicas, convendría mirar con calma qué es exactamente esta inteligencia que tanto nos deslumbra. 

¿Cómo “piensan” realmente las máquinas?

El auge actual de la IA se sustenta en los llamados Large Language Models o modelos de lenguaje a gran escala. Estos sistemas analizan cantidades inmensas de información sobre todo lo que hemos escrito durante décadas, y a partir de esos datos aprenden los patrones estadísticos con los que solemos construir nuestras frases. Cuando nos responden lo que hacen es predecir la palabra más probable que seguiría a otra, imitando la coherencia del lenguaje humano. Por ejemplo, si uno escribe “el sol sale por…”, el modelo completará “el este”, no porque sepa qué es el sol, sino porque esa combinación de palabras aparece con mayor frecuencia en los textos que ha revisado. Dicho de otro modo: la IA no sabe nada del mundo; solo conoce la forma en que el mundo ha sido descrito. Su estructura es relacional y probabilística, reproduce lo que ya fue pensado. Su inteligencia es una «inteligencia de la acumulación».

Y, aun así, escuchamos cada vez más voces que la describen como una “nueva forma de vida”. Yuval Noah Harari la ha descrito como una tecnología capaz de transmitir ideas humanas, generarlas e imponerlas, y Ray Kurzweil insiste desde hace años en que la singularidad está cerca. Esta visión, tan difundida como seductora, parte de una fe profunda en el progreso técnico: la idea de que la evolución no se detiene, de que lo artificial inevitablemente acabará reemplazando lo humano.

Sin embargo, esa fe no nace con la inteligencia artificial. Tiene raíces mucho más antiguas. Para entender de dónde viene y por qué seguimos confiando tanto en que las máquinas serán nuestras sucesoras naturales hay que retroceder un par de siglos, hasta la época en que comenzamos a medirlo todo con el ritmo de las fábricas: la Revolución Industrial.

La fábrica del pensamiento moderno

La Revolución Industrial empezó en la segunda mitad del siglo XVIII en Gran Bretaña, cuando la artesanía dio paso a la producción mecanizada y en masa. La introducción de innovaciones como la máquina de vapor, la hiladora mecánica, los telares automáticos y el uso intensivo del carbón permitieron acelerar los procesos productivos y reorganizar el trabajo humano dentro de las fábricas. Al mismo tiempo, el sistema de fábricas trajo consigo la división del trabajo, la estandarización de tareas, los turnos por horarios. El resultado fue extraordinario, se multiplicó la producción de bienes y la estructura social se transformó notablemente. Es en estas fábricas donde el cuerpo humano se empezó a ajustar a la máquina, y la jornada laboral se transformó en una coreografía de repeticiones.

Adicionalmente, esta nueva forma de producción también influyó en la manera en que hablamos y pensamos. El lenguaje se adaptó a las necesidades del trabajo industrial. En los talleres, en las oficinas, en los despachos, se empezó a hablar para coordinar tareas, emitir órdenes, registrar tiempos, controlar procesos. Las palabras se convirtieron en herramientas de gestión. Durante las más de diez horas de trabajo diarias, el ser humano aprendió a expresarse en términos funcionales: planificar, ejecutar, evaluar, optimizar, resolver. El habla se hizo técnica. La fábrica produjo una nueva gramática, una gramática de la eficiencia.

Para acelerar esa maquinaria en movimiento, los procesos se estandarizaron mediante la proliferación de manuales industriales y administrativos, diseñados para que cualquier trabajador pudiera replicar una tarea sin desviarse del método. El lenguaje debía ser claro, inequívoco, replicable: sin ambigüedades ni metáforas. De hecho, este modelo persiste hoy en entornos que podrían considerarse más sofisticados. Pensemos, por ejemplo, en el mundo financiero donde muchos analistas formulan informes que se consideran rigurosos dentro del sector y que con la precisión de un ingeniero, se escribe palabra a palabra en su respectivo marco corporativo: riesgo, exposición, rendimiento, eficiencia, probabilidad de incumplimiento. Se trata de un lenguaje que traduce el mundo en métricas.

Y esa forma de expresarnos, nacida en el trabajo, ha terminado infiltrándose en todos los ámbitos de nuestra vida. A día de hoy medimos todo. Los pasos que damos al correr por la mañana, las horas de sueño, las calorías consumidas, los likes que recibimos en una foto, utilizamos aplicaciones que monitorizan nuestro ritmo cardíaco con la misma lógica con la que, hace dos siglos, se medía la eficiencia de una máquina. Decimos “optimizar mi tiempo”, “gestionar mis emociones”, “evaluar mis resultados”, “cumplir mis objetivos” como si nuestras vidas fueran una extensión de los informes de rendimiento empresariales. Incluso el ocio se ha vuelto cuantificable: vemos series por su posición en un ranking, e incluso puntuamos los restaurantes donde comemos.

El resultado de esta doble transformación, la del trabajo y la del lenguaje, tiene su origen en una forma de pensamiento que Max Horkheimer y Theodor W. Adorno denominaron con el nombre de razón instrumental, una razón centrada en calcular los medios más eficientes para alcanzar un fin, sin detenerse a reflexionar sobre el valor de esos fines. En Dialéctica de la Ilustración (1944), ambos filósofos sostuvieron que la razón moderna, en su intento por dominar la naturaleza, había terminado dominando también al propio ser humano. El constante perfeccionamiento del aparato instrumental intensificó el control sobre el mundo natural, y terminó por extenderse al ámbito humano, reduciendo lo social a parámetros cuantificables.

A través de la industrialización se desarrolló un sistema de producción que transformó las relaciones humanas en engranajes de una maquinaria orientada al dominio, donde lo “racional” se definió por aquello que contribuyese a servir a un propósito productivo. Mientras que actividades como vivir por placer, tomarse un café con los amigos, jugar con tus hijos, hacer el amor o simplemente existir para uno mismo, han llegado a considerarse absurdas dentro de un mundo gobernado por la utilidad económica y la autorreproducción del sistema productivo.

Podemos decir, por tanto, que la inteligencia artificial no es una creación radical sino la consecuencia natural de la “industrialización del pensamiento”. Es el resultado de dos siglos de lenguaje mecanizado, de una razón que aprendió a reducir el mundo a procedimientos y fórmulas. Lo que hoy llamamos inteligencia artificial no es más que el espejo donde se refleja el lenguaje utilitario que hemos construido durante doscientos años. En resumen, hemos permitido que el pensamiento racional lidere el mundo y, al convertirlo en algoritmo, creemos haber creado inteligencia. Pero lo que realmente hemos hecho es automatizar nuestras propias limitaciones.

Las limitaciones y paradojas de la IA

Llegados a este punto, conviene preguntarse: ¿será capaz la IA de captar todas las dimensiones del pensamiento humano? Los defensores de la IA suelen responder que sí: los humanos también pensamos combinando ideas preexistentes, y por tanto, si una máquina puede hacerlo, también puede crear. Pero esta analogía es falsa. El ser humano no solo relaciona ideas: las pone en crisis. Puede imaginar lo que aún no existe, puede contradecir el marco de lo sabido y cuestionar la autoridad del conocimiento previo. Una IA, en cambio, está condenada a operar dentro de los límites de su base de datos. No puede cuestionarse lo que sabe, y lo que es peor aún, si todo el contenido escrito de una época defendiera una idea falsa, la IA la perpetuaría. Galileo habría sido refutado por una IA, y la teoría de la relatividad general de Einstein habría sido descartada. La IA no sabría reconocer una anomalía, porque su estructura no permite el salto que Thomas Kuhn (1962) llamó cambio de paradigma: ese momento en que una idea rompe el molde de su tiempo y transforma la manera en que comprendemos el mundo.

Los grandes momentos del pensamiento humano, tal y como algunos nos han hecho creer, no nacen solamente de la razón y la lógica. Nacen también de la imaginación, de la intuición, del salto hacia lo desconocido. Y eso es precisamente lo que la IA no puede hacer. Su lógica interna –por muy sofisticada que parezca– no permite la disrupción creativa, la metáfora imprevista, la irrupción de lo no programado. Por eso podemos afirmar sin ambigüedad que la IA jamás desarrollará un pensamiento propio, nunca veremos un Spinoza IA, ni un Bach IA. Puede industrializar el razonamiento consecutivo que el poeta inglés John Keats menciona en una carta de 1817, pero otras facultades de la inteligencia como la imaginación poseen una fuerza creativa que trasciende cualquier proceso mecánico. De hecho, resulta irónico que quienes más promueven la idea de una “superinteligencia” lo hagan con un discurso lleno de imaginación y de especulación. Es decir, utilizando justo lo que la IA no posee.

Y, sin embargo, la IA seguirá extendiéndose en nuestras vidas. A medida que los sistemas automáticos ocupen más espacios laborales, tendremos la impresión de que la IA es nuestro sustituto natural. Esa sensación crecerá a medida que la máquina asuma los trabajos que hoy desempeñamos: tareas rutinarias y mecánicas. En casi todos los sectores, desde la oficina hasta la fábrica, realizamos actividades que consisten en ejecutar procesos predefinidos. Cuando veamos que la IA ejecuta esas mismas tareas de forma más rápida y precisa, creeremos que ha alcanzado un nivel de inteligencia semejante al nuestro. Pero lo que en realidad ocurrirá es que habrá perfeccionado nuestra parte más mecanizable, esa franja del alma donde la lógica reemplazó al asombro. Y será entonces cuando lo comprendamos: no habrá un tiempo en que las máquinas piensen como nosotros o nos superen, porque hace ya mucho tiempo que nosotros aprendimos a pensar como ellas.

Reflexiones finales

La IA no representa el futuro de la inteligencia, sino el resultado de su empobrecimiento. Representa el desenlace de un largo proceso en el que la inteligencia humana fue moldeada por la lógica del rendimiento económico. Durante siglos fuimos educando a la mente en la obediencia del método racional, y al hacerlo, la inteligencia perdió su pulso imaginativo y su capacidad de intuir nuevos caminos. Lo que llamamos inteligencia artificial no es, por tanto, un salto evolutivo, sino la forma definitiva de nuestra racionalidad domesticada: la mecanización del lenguaje, la automatización del pensamiento, y la clausura del espíritu crítico bajo la apariencia del cálculo. La inteligencia artificial es el reflejo de una humanidad que aprendió a pensar como máquina y terminó por fabricar su propio retrato.

Referencias

Horkheimer, M., & Adorno, T. W. (1998). Dialéctica de la Ilustración (Trad. J.J. Sánchez). Trotta. (Trabajo original publicado en 1944).

Keats, J. (1817, 22 de noviembre). Carta a Benjamin Bailey [Carta manuscrita]. Keats Letters Project. https://keatslettersproject.com/letters/letter-35-to-benjamin-bailey-22-november-1817/

Kuhn, T. (2019). La estructura de las revoluciones científicas. Fondo de Cultura Económica. (Trabajo original publicado en 1962).

Otros:

Filo-Café: Humanos y Maquinas. El futuro del Arte y la Educación ante la emergencia de la IA con el Instituto Peruano de Inteligencia Artificial y Ciudadanía Digital

Filo-café: Inteligencia artificial. Pensar el presente

El despotismo de la indolencia

Proclama y juramento

Exordio: El Retorno al Combate

Llevo treinta y un años de vida, y siempre me rebelé contra el despotismo. Tuve presente la frase que me repetían mil veces: «Necesitamos más personas así», y yo me lo creí y lo intenté. Intenté mover esa piedra, intenté romper esa columna, y me rendí.

Hoy, veo los ojos de mis hijos y recuperé la fuerza para volver a combatir. No quiero que malinterpretes estas líneas: no quiero derramamientos de sangre. Llevamos miles de años matándonos entre nosotros por mil motivos que nada de relevancia tienen más allá que ser cortinas de humo para que los tiranos se lucren a costa de su gente.

No voy a defender el pasado ni a quemarlo, voy a aprender de él.

El Gran Sofisma y la Trampa de la Dialéctica

La humanidad siempre se batió en duelo ante términos tan importantes como libertad y tiranía. ¿Por qué si no iban los trescientos espartanos plantar cara en las Termopilas a los Persas si no fue por mantener su libertad?

No obstante, el primer gran asalto de la batalla moderna se perdió en el terreno de la filosofía y la cultura, y no en el campo económico.

Aquí es donde se establece el gran sofisma que alimenta la tiranía intelectual.

La Trascendencia de Marx y el Sofisma del Determinismo

El asalto comienza con Karl Marx y su manifiesto comunista. Si bien el postulado central del materialismo dialéctico —que la historia avanza por la lucha de opuestos— es fundamental para el análisis económico, el revisionismo histórico posterior lo llevó a una conclusión peligrosa:

El sofisma reside en el Determinismo Estructural.  Se postula que la sociedad se erige sobre una desigualdad intrínseca determinada por el sistema económico, lo cual garantiza siempre una muerte (un conflicto perpetuo e ineludible).

Este fatalismo estructural, al anular la agencia individual, es el ataque directo a la libertad ineludible que postula Jean-Paul Sartre. Nos despoja de la Responsabilidad Radical (el legado de Camus), eliminando la tercera vía constructiva. Si la historia ya está escrita en la estructura, ¿para qué pensar? Es la excusa perfecta para la Verticalidad.

El Ataque a la Razón Instrumental: Desarme y Verticalidad

La batalla de la Verticalidad no solo se libra con el Determinismo, sino con el desarme intencional de nuestras herramientas. Adorno y Horkheimer, de la Escuela de Frankfurt, hicieron un diagnóstico brillante de la alienación. Su crítica a la Razón Instrumental es legítima, pues su uso abusivo lleva a la «jaula de hierro» descrita por Max Weber. Pero la Razón Instrumental, en esencia, es la herramienta de la Provisión y la Estructura que empodera al individuo (la Horizontalidad).

El problema no es la herramienta, sino la falta de Humanismo en su aplicación. La solución debería ser alimentar la ética de forma voluntaria, mediante el esfuerzo y la disciplina. Sin embargo, la EF y sus herederos buscan desarmar esta herramienta esencial, cayendo en la trampa dialéctica de la Ingeniería Social. El objetivo es imponer una nueva Verticalidad al desmantelar lo objetivo (la Razón) y reemplazarlo por lo subjetivo (el sentimiento de clase/identidad). Esto convierte los debates de la Horizontalidad (búsqueda de soluciones comunes) en una división y una búsqueda de victoria impuesta por encima de la construcción.

El Triunfo del Sofisma y la Indolencia

Es en este vacío de objetividad y disciplina—en esta falta de pensamiento crítico que Hannah Arendt identificó como precursora de la Tiranía—donde se instala la Verticalidad. Y el arma de esa tiranía son los sofismas.

Y es que toda esa banda de cainitas—y no los defino así por animadversión personal sino por repudio intelectual frente a hipócritas que venderían sus principios por tener relevancia— decidió transformar la retórica en un arma de conversión mediática.

Se busca segar el pensamiento crítico (la simplificación que anula el juicio) y machacar el intelecto humano (la pobreza de criterio y de opciones).

Estoy hablando de la retórica y los sofismas. Variantes filosóficas que, como vimos en el primer artículo (Racionalismo crítico, un puente entre milenios), aunque de forma negativa, pueden ser interesantes como ejercicio de calentamiento para cualquiera que se inicie en esto de la filosofía o del pensamiento en general.

Peroratio: La Demarcación y el Juramento Final

Yo no soy nadie, yo no sé nada, pero sí sé una cosa: esta batalla por el alma de la humanidad no está planteada correctamente.

La libertad solo es libertad cuando se defiende al individuo y se le entrega sin condiciones. Es la Horizontalidad de la Razón y el Diálogo.

La tiranía es esa Verticalidad que te obliga a renunciar a tus principios por comer. 

Olvídate de sofismas: lo único que prevalece es si al final del día eres libre o si, al contrario, abrazas la bola que tienes al cuello.

Próximo Artículo: La Verticalidad del Sofisma

En el próximo análisis detallado, abordaremos cómo las técnicas retóricas se han convertido en la herramienta de la Verticalidad política para fomentar la Pereza Existencial en la ciudadanía, desgranando cómo el falso dilema y el Argumentum ad Hominem empobrecen la conciencia y el intelecto.


Apéndice Bibliográfico 

Llegar a ser quien eres

PARA TIEMPOS DIFÍCILES “LLEGAR A SER QUIEN ERES” DE FRIEDRICH NIETZSCHE 
por: Alfredo Rivera Roggero, Lima (Perú).

Ante las diversas dificultades el ser humano pasa por momentos en dónde no ve solución próxima para los mismos. ¿porque no puede ver la solución a las dificultades que experimenta? Una respuesta está en culpar a su entorno y no mirarse así mismo, este detalle lo señala Jaime Ancajima: “El principal impedimento para no emprender, avanzar o vencer las adversidades somos nosotros mismos. Los obstáculos que ponemos en nuestra mente son fundamentales para no dar el siguiente paso.”1 Entonces, al darse cuenta que genera en su mente obstáculos, se pregunta: ¿cómo superar ese obstáculo? Una respuesta la encontramos en la frase de Nietzsche: llega a ser quien eres« la misma dentro de estos tiempos está orientada de una forma general a qué el individuo se reconozca, se acepte, y desarrolle una auténtica individualidad. Por eso para superar las dificultades que la vida le presenta, debe primero ser sincero consigo mismo de una forma original, y no porque otros lo digan. Ahora bien, ¿De dónde toma Nietzsche está frase? Diversos estudios nos indican que la toma de Pindaro: y según Manzano Arzate señala que: “la traduce Alfonso Ortega como “¡Hazte el que eres!”. La frase, que corresponde a la Pítica II, 72, sugiere que en el hombre subyace un destino natural oscurecido por las perspectivas interpretativas.”2 Entonces el pensamiento de Pindaro nos indica que para superar las dificultades de la vida hay que darse cuenta que tenemos un destino natural que permite responder satisfactoriamente a esa situación difícil, ¿como se puede construir ese proceso?, dos ideas importantes: 

  • Primero se reconoce que somos algo en potencia: Cada ser humano tiene una naturaleza, un carácter, o un destino propio que lo define desde el origen. Debe buscarlo desde su experiencia..
  • Ese “ser” no está completo todavía: Aunque ya existe una esencia o un “núcleo” propio, este no está plenamente desarrollado.
Búsqueda de identidad desde una perspectiva existencial.
Evocación de profundidad y quietud reflexiva.

Para Pindaro esto significa un trabajo interior de conocimiento y formación para descubrir lo que uno realmente es. Es una función esencial del ser humano y Perez Ruiz nos indica que: “las  palabras  de  Píndaro,  (…), sólo pueden tener como objeto al hombre. (…) porque además es el único que está expuesto al peligro de no obrar según las exigencias de su propio ser.3 De está forma, mencionamos que es importante para el ser humano el poder darse cuenta que en su interior tiene una esencia que debe ser construida y con ella enfrenta las dificultades de la vida. Por otra parte, Nietzsche toma de Pindaro la frase “llegar a ser lo que eres” y la debemos entender según Maden Jack así: “Una forma de enmarcar esto es ver nuestra vida como un proyecto artístico. Empezamos como un lienzo único, a medio formar, que recibe pinceladas de color de las normas culturales que heredamos. La tarea de la vida es, entonces, transformar este lienzo en algo hermoso, (…) Cada pincelada contribuye a la obra terminada; cada decisión que tomamos moldea quienes somos.”4 Este detalle nos evidencia que “llegar a ser lo que eres” se va logrando a lo largo de la vida de acuerdo a las decisiones que cada persona va tomando, esto es un proceso de cambio constante y que busca lograr un conocimiento de sí mismo. ¿Cómo se entiende esto desde el pensamiento de Nietzsche?, aquí un par de respuestas: 

  1. Autenticidad y creación personal:  No se trata de descubrir una esencia fija y predeterminada (como si hubiera un “yo verdadero” escondido), sino de crear activamente tu propio modo de ser.
  2. Superación de las máscaras sociales: Implica liberarse de los valores impuestos (morales, religiosos, culturales) que encadenan y uniformizan a los individuos, y dando lugar a una vida propia, más fiel a lo vital de cada uno.

Finalmente, el ser humano se encuentra a lo largo de su vida con dificultades que debe superar y para eso debe tener claro que las debe enfrentar desde su forma de ser y no siguiendo expectativas ajenas o modelos sociales preestablecidos. Está seguridad en sí mismo le permitirá  tomar la mejor decisión. Nietzsche toma la  frase de Pindaro, la aplica a la naturaleza humana y señala que esa búsqueda de “llegar a ser lo que es” se construye a lo largo de la vida y dentro un proceso continuo que tiene cambios por la diversas decisiones que se va tomando. Esto lo puede llevar a no lograr ser lo que es, y por eso siempre lucha consigo mismo y con el mundo. Queda la pregunta: ¿se puede en estos tiempos “llegar a ser lo que se es” a pesar de las diversas dificultades del mundo exterior?

El lector tiene la palabra y puede contestar al correo vocess_hc@hotmail.com 

Sobre el autor:

Alfredo Rivera Roggero
Filósofo, investigador social y escritor.
Especialista en temas vinculados a conflicto social, violencia familiar y comunicación efectiva.
Publica artículos sobre seguridad ciudadana en dos revistas peruanas.


  1.  Ancajima, Jaime: “Superando los obstáculos de la vida” en https://www.udep.edu.pe/hoy/2024/05/superando-los-obstaculos-de-la-vida
  2.  Manzano Arzate, Josue; “Nietzsche como recuperador de los olvidados” en file:///C:/Users/voces/Downloads/Dialnet-Nietzsche-5492947%20(1).pdf
  3.  Francisco Perez Ruiz S.J. “SÉ LO QUE ERES La existencia humana misión personal” en https://revistas.comillas.edu/index.php/estudioseclesiasticos/article/view/11260/10607
  4.  Maden Jack; “Nietzsche sobre lo que realmente significa «encontrar a sí mismo” https://philosophybreak-com.translate.goog/articles/nietzsche-on-what-finding-yourself-actually-means/?