El superhombre nietzscheano.

El superhombre es la encarnación de todos los valores nietzscheanos: sería aquella persona que vive según su voluntad de poder, asumiendo también el eterno retorno y la transmutación de los valores. Es el “nuevo hombre” que debe sustituir al “último hombre”, y que es anunciado por Zaratustra. El superhombre es producto del eterno retorno, y recupera la inocencia del hombre primitivo que puede encontrarse en los presocráticos. No vive apesadumbrado por tantos y tantos siglos de filosofía, reflexión, religión, ciencia… Juega con la vida, tal y como presenta Nietzsche al superhombre en sus famosas tres transformaciones:

  1. El camello: es aquella persona humilde y sumisa, que vive pendiente de obedecer. El camello sufre una pesada carga: la moral y la religión le convierten en un esclavo que vive pendiente de las normas (¡Tú debes!).
  2. El león: podría representarse por el espíritu ilustrado. El ser humano se revela (¡Yo quiero!) y se emancipa de la religión. Trata de romper con los valores tradicionales de la religión, pero vive anclado a la moral, una moral que va en contra de la vida, y elimina su libertad.
  3. El niño: ejemplo perfecto del superhombre, el niño imagina, crea, inventa, juega con la vida. Es el verdadero creador de valores. El niño se libra de la “seriedad” y del “rigor” racionalista del león, y convierte la inconsciencia y la inocencia en su mejor virtud: “Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir .” El niño crea valores, vive fiel a la tierra, y asume el eterno retorno como una más de las reglas de la vida. El niño ama la vida, la vive sin pensar sobre ella.

El superhombre aglutina todos los conceptos anteriormente explicados. Es el mensaje nietzscheano condensado en una sola figura, en un solo modelo de hombre. Nietzsche se refiere una y otra vez a uno de los fragmentos de Heráclito: “El tiempo es un niño que mueve las piezas del juego: ¡gobierno de un niño!”. El superhombre es la aparición natural que sigue a la muerte de Dios. Aunque esta expresión tiene precedentes, en Nietzsche adquiere un nuevo significado: es la desaparición absoluta de Dios, que es la negación de la vida. El que sirve a Dios o vive pensando en él, niega la vida, deja de vivirla. Por eso el superhombre es aquel capaz de superar la destrucción de Dios, el hundimiento del cristianismo, que será uno de los temas característicos de la crítica nietzscheana a la civilización occidental.

Esta caracterización nietzscheana es fácilmente interpretable desde un punto de vista racista. De hecho, a la muerte del autor alemán sus obras fueron manipuladas para convertirse en el soporte ideológico del nazismo. Sin embargo, este tipo de interpretación está muy lejos de lo que se puede leer en las obras de Nietzsche: cualquier ser humano no es un superhombre por el mero hecho de pertenecer a un grupo, sino precisamente porque es capaz de diferenciarse del mismo, de mantener una libertad absoluta y de crearse a sí mismo. No hay razas superiores a otras, sino hombres superiores a otros: aquellos que asumen la finitud de la vida, y desde ahí son capaces de proyectarse en el presente, expandiendo sus deseos y capacidades.

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F. W. Nietzsche: Vida y obra

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Friedrich Wilhelm Nietzsche nació en Röcken, en la región de sajonia de Turinga (actual Alemania) el 15 de octubre de 1844.

Su educación inicial quedó en manos de su madre, dos tías y una abuela tras el fallecimiento de su padre, pastor protestante. Desde muy corta edad, mostró una salud débil y un estado de ánimo propenso a la tristeza y el aislamiento; sin embargo, poseía una inquebrantable fuerza de voluntad y una capacidad de sacrificio impropia de un niño.

En 1850 se trasladó con su hermana y su madre a Naumburgo, donde Nietzsche cursó sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Real de Pforta, donde se vio notablemente influenciado a nivel vital e intelectual, pues descubrió las ciencias humanísticas. En el 1964 inició la carrera de Teología en Bonn con la intención de convertirse en clérigo y contentar a su familia, pero abandonó al año los estudios para trasladarse a la universidad de Leipzig y finalizó los estudios de filología clásica.

Fue en la ciudad de Leipzig donde leyó por primera vez El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer, de esta manera quedó cautivado por la idea de esa voluntad que afirma la vida como única realidad.

En 1869, con tan solo veinticuatro años y sin tener terminado el doctorado, fue nombrado profesor de Lengua y Literatura Griega en la Universidad de Basilea, en Suiza. Allí conoció al gran músico Richard Wagner, donde se convirtió en un ferviente admirador y un gran amigo del compositor.

Fue el 3 de diciembre del 1871 cuando publicó su primer libro, El nacimiento de la tragedia, en la que definía el arte como la máxima representación de la creación humana y el mejor reflejo de lo que constituye su existencia. Reelaborará ideas presentes en las tragedias griegas y en la filosofía de Schopenhauer, e idealizará la figura de Wagner como ejemplo de su propuesta. Pero la polémica sobre la obra no tardaría en estallar, pues recibió una gran cantidad de críticas por parte de algunos filólogos. Aún así ajeno a las críticas, Nietzsche inició un época intensa en escritos y publicaciones entre el 1873-1876 y 1880 con las obras Consideraciones intempestivas Humano, demasiado humano. En cuyas obras arremete contra el orden establecido y la mentalidad filosófica imperante caracterizada por su idolatría hacia la ciencia y el progreso propugnado por la técnica.

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R. Wagner
(1813-1883)

Entre tanto, la amistad con Wagner se iba debilitando, pues vio cada vez más en él al representante extremo del Romanticismo y creyó descubrir en la última fase de su obra (ópera Parsifal) una orientación nostálgica hacia el cristianismo, un abandono de aquellos valores vitales que habían sido propios de la Antigüedad clásica y un espíritu de renuncia y de resignación. Así pues, en la última obra anteriormente citada (Humano, demasiado humano) señala su ruptura con Wagner  y su alejamiento de Schopenhauer.

En 1879, por problemas de salud, se vio obligado a abandonar la universidad, y desde entonces llevó una vida errante. Entre el 1880 y 1882 viajó por Suiza, Francia e Italia Septentrional. Leía con fervor las obras de Baruch Spinoza y comenzó a entrever el eje vertebrador de toda su filosofía: . En 1881 publicó Aurora y un año después La gaya ciencia. En estas fechas quedó apasionadamente enamorado de una joven rusa que al no ser correspondido, cayó en una gran depresión y desestabilizó más su ya mermada salud.

Entre el 188 y 1884 trabajó en lo que será su obra mas reconocida y que ejercerá una mayor influencia Así hablo Zaratustra, obra en la que se vertebran las líneas esenciales de su pensamiento. De esta manera, establece un sistema filosófico propio, una vez desmantelada y criticada, en sus anteriores escritos, toda la tradición cultura, filosófica y religiosa de la que nunca se sintió participe. La muerte de Dios, el nihilismo, el superhombre y el eterno retorno quedaban plasmados en boca de Zaratustra, nuevo profeta, que iluminará un tiempo diferente y el amanecer de un hombre nuevo.

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Primer borrador del título de Así habló Zaratustra en la carta a Heinrich Köselitz, el 1 de febrero de 1883

Aunque la anterior obra acabó con todas sus fuerzas intelectuales, en 1885, escribió y publicó Más allá del bien y del mal, una de sus obras más significantes e importantes, pero que, como todas las demás no conoció un éxito inmediato. La siguió La genealogía de moral en 1887.

En 1888 Nietzsche quedó sumido en un estado de gran agitación mental. Escribía denodadamente no solo ensayos, sino también misivas a intelectuales y políticos de la época como: El caso Wagner, El ocaso de los idólos, El anitcristo, Nietzsche contra Wagner Ecce Homo (último escrito, una especie de autobiografía)

Finalmente, en 1889, Nietzsche se había establecido en Turín, donde trabajaba en un proyecto de gran obra en la que se resumiría su pensamiento y que iba a titularse La voluntad de poder, pero no la llegó a terminar. Pues en febrero, de este mismo año, contempló cómo un caballo era golpeado por su dueño, en un arrebato de locura, Nietzsche fue corriendo y se abrazó al cuello del caballo pidiéndole perdón. Seis días después perdía definitivamente la cordura. Fue ingresado en una clínica de Basilea y le diagnosticaron reblandecimiento cerebral y una parálisis progresiva, que acabaron con su vida el 25 de agosto de 1900 en Weimar.