¿Qué tienen en común Friedrich Nietzsche y Palpatine, el emperador de Star Wars? Aunque parezca extraño, ambos pueden entrar en diálogo a partir de una idea fundamental: «El bien es un punto de vista».
Esta afirmación conecta con uno de los problemas centrales de Nietzsche: la verdad. En Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Nietzsche cuestiona nuestra capacidad para conocer verdades absolutas. Para él, la verdad está construida a partir de metáforas, relatos e interpretaciones. No accedemos a las cosas «en sí», sino a determinadas perspectivas sobre ellas.
Aquí aparece una relación con Kant y su Crítica de la razón pura: nuestro conocimiento tiene límites y no podemos acceder directamente a la realidad objetiva de las cosas. Nietzsche llevará esta problemática mucho más lejos al plantear que no existen hechos aislados de toda interpretación, sino interpretaciones.
Por eso es importante distinguir: Nietzsche no dijo simplemente que «la verdad es una ficción», sino que habló de la verdad como un ejército de metáforas. Nuestra realidad está construida mediante palabras, significados y narrativas que terminamos considerando verdaderas.
Nietzsche: no hay hecho sólo interpretaciones
Nietzsche distingue así entre el humano conceptual y el humano intuitivo. El primero construye conceptos y puede terminar creyendo que esos conceptos representan una verdad absoluta. El segundo asume la contingencia, el caos y el vértigo de la existencia, y se relaciona con la vida desde la intuición.
Esta crítica también permite comprender por qué la filosofía puede desestabilizar aquello que creemos absoluto. Foucault, posteriormente, mostrará cómo las verdades y los conceptos tienen una historia y cómo las voces de quienes fueron sometidos también pueden transformar nuestra comprensión de esa historia.
En este sentido, Palpatine y Nietzsche coinciden en algo inquietante: aquello que llamamos «bien», «verdad» o «realidad» siempre implica una perspectiva. El problema comienza cuando confundimos nuestra interpretación con la verdad absoluta.
Al final, si no podemos acceder a la «cosa en sí», ¿qué nos queda? Metáforas, palabras, relaciones e interpretaciones. Y quizá precisamente ahí comienza la filosofía.
¿Qué relación puede existir entre Gustavo Cerati y Friedrich Nietzsche? Una canción de Cerati, “Camuflaje”, contiene una frase que parece dialogar directamente con Nietzsche: “Todo lo profundo ama el disfraz”. En Más allá del bien y del mal, Nietzsche afirma: “Todo lo profundo ama la máscara”.
En esencia, ambos hablan del mismo problema filosófico: la verdad. Nietzsche cuestiona la posibilidad de acceder a una verdad absoluta, al “en sí” de las cosas. Si no existen hechos, sino interpretaciones, entonces lo que encontramos son discursos y perspectivas sobre la realidad.
La máscara funciona como una metáfora de la verdad. Si la verdad tuviera un rostro y pudiéramos quitarle una máscara, ¿qué encontraríamos debajo? Para Nietzsche, probablemente encontraríamos otra máscara. Y si retiramos esa segunda máscara, aparecería otra más. El proceso podría continuar indefinidamente.
Por eso, conocer la realidad implica enfrentarnos a interpretaciones, discursos y perspectivas. No existe necesariamente un punto definitivo desde el cual podamos verificar que hemos encontrado la verdad absoluta.
Esta concepción también se relaciona con una de las frases más conocidas de Nietzsche: “Dios ha muerto”. No significa simplemente que Dios no existe. La muerte de Dios implica también la pérdida de aquello que tradicionalmente ordenaba la realidad y garantizaba una verdad absoluta.
Cuando alguien muere, no desaparece completamente de nuestra experiencia: permanece en la memoria, en las historias, en las palabras y en los recuerdos. Existe una especie de presencia diferida. Algo similar ocurre con Dios después de su “muerte”: permanece como espectro, como presencia, como aquello que todavía determina nuestra manera de interpretar el mundo.
Nietzsche, entonces, nos coloca frente a una pregunta incómoda: ¿y si aquello que consideramos profundo, verdadero y esencial no fuera más que una máscara?
Cerati lo expresa desde la música; Nietzsche, desde la filosofía. Ambos terminan encontrándose en una misma imagen: detrás de la verdad puede no existir un rostro definitivo, sino otra máscara, otro disfraz, otra interpretación.
En el capítulo Los cuatro grandes errores de El ocaso de los ídolos, Friedrich Nietzsche dirige su crítica contra la moral, la religión y la filosofía ilustrada. Con su característico «martillo», Nietzsche pretende desmontar los errores que, según él, han debilitado al ser humano occidental.
El primer gran error consiste en confundir las causas con los efectos. Para Nietzsche, la religión y la moral enseñan que si una persona actúa correctamente será feliz. Sin embargo, la relación es la inversa: el individuo fuerte, sano y vital actúa virtuosamente porque su felicidad y su fuerza son la causa de su comportamiento. La moral cristiana habría invertido este orden, debilitando la voluntad y los instintos vitales.
El segundo error es la falsa causalidad. Nietzsche sostiene que conceptos como la voluntad, la conciencia o el yo han sido tratados como causas reales cuando, en realidad, son construcciones con las que intentamos explicar el mundo. El ser humano proyecta su mundo interior sobre la realidad y termina creyendo que esas categorías poseen existencia objetiva.
El tercer error son las causas imaginarias. Frente a lo desconocido, buscamos explicaciones que nos tranquilicen. Así nacen las creencias, los miedos y las interpretaciones morales que dividen el mundo entre lo bueno y lo malo, lo amigo y lo enemigo. Para Nietzsche, esta necesidad psicológica de ordenar la realidad ha servido para consolidar una determinada visión moral de Occidente.
El cuarto error es la voluntad libre entendida como fundamento de la culpa. Nietzsche afirma que la doctrina del libre albedrío fue utilizada para crear responsables, culpables y castigables. La moral convierte al individuo en objeto de juicio permanente, justificando el premio y el castigo como mecanismos de control.
La propuesta de Nietzsche no consiste en negar la vida, sino en conquistarla. El ser humano debe dejar de aceptar valores impuestos desde fuera y convertirse en creador de sus propios valores. Solo así podrá superar la moral del resentimiento y emprender el camino hacia el Übermensch o sobrehumano, el gran proyecto filosófico que atraviesa toda la obra de Nietzsche.
Cuando pensamos en un demonio solemos imaginar la tradición cristiana. Sin embargo, en la filosofía la figura del demonio tiene un significado muy distinto. Desde Sócrates hasta Nietzsche, pasando por Descartes y Goethe, el demonio aparece como una imagen que invita a la reflexión sobre la verdad, la moral y la existencia.
El primer gran ejemplo es el daimon de Sócrates. En los diálogos de Platón, especialmente en la Apología, Sócrates afirma escuchar una voz interior que no lo impulsa a hacer el mal, sino que le advierte cuándo no debe actuar. Este demonio no representa una fuerza maligna, sino una guía que conduce a la reflexión moral.
Siglos después, Descartes introduce la figura del genio maligno en las Meditaciones metafísicas. Su función es completamente distinta: imaginar un ser capaz de engañarnos a través de los sentidos. Gracias a esta hipótesis, Descartes concluye que puede dudar de todo, excepto de una certeza: pienso, luego existo.
En Nietzsche, el demonio vuelve a aparecer en La gaya ciencia. Allí plantea el experimento del eterno retorno: un demonio pregunta si estaríamos dispuestos a vivir nuestra misma vida, con las mismas alegrías y sufrimientos, una y otra vez por toda la eternidad. La cuestión ya no es metafísica, sino profundamente ética: ¿afirmaríamos nuestra propia existencia?
Otro caso célebre es el de Mefistófeles en el Fausto de Goethe. El demonio propone un pacto que enfrenta al ser humano con el deseo, el conocimiento y el sentido de la vida. Más que representar el mal absoluto, encarna la tentación de explorar los límites de la condición humana.
Resulta llamativo que, en todos estos casos, el demonio no simboliza únicamente el mal. Es una figura filosófica que obliga a pensar, dudar y cuestionar nuestras acciones. Tal vez los demonios más importantes no habitan fuera de nosotros, sino que aparecen en los momentos de crisis, cuando nos vemos obligados a replantear quiénes somos y cómo queremos vivir.
¿Puede un personaje de House of the Dragon representar la filosofía de El Anticristo de Nietzsche? La conversación entre Lord Ormund Hightower y Daeron parece ofrecer una respuesta sorprendente.
Al final del episodio, Ormund recuerda que ambos fueron criados bajo la fe de los Siete y afirma que los Hightower son «hombres superiores». Sin embargo, cuando Daeron pregunta si la misericordia no es una virtud, Ormund rechaza esa idea de inmediato. Ese instante refleja uno de los ejes centrales de El Anticristo y Genealogía de la moral.
Para Nietzsche, el problema fundamental de Occidente es la moral. En Genealogía de la moral sostiene que el cristianismo transformó valores como la humildad, la compasión y la misericordia en virtudes supremas. En El Anticristo critica esa moral porque, según él, debilita la voluntad de poder y la afirmación de la vida.
El ideal del superhombre no consiste en dominar a los demás, sino en vencerse a sí mismo. El superhombre representa un proyecto de superación constante, mientras que la moral del resentimiento conduce a la renuncia, la obediencia y la pasividad.
Desde esta perspectiva, Lord Ormund Hightower encarna una actitud cercana al pensamiento de Nietzsche. Su rechazo a la misericordia no responde únicamente a una decisión militar, sino a una concepción del poder donde la fuerza, la voluntad y la determinación prevalecen sobre la compasión.
Por supuesto, Ormund no es Nietzsche ni pretende serlo. Sin embargo, la escena permite establecer un interesante diálogo filosófico entre House of the Dragon y obras como El Anticristo y Genealogía de la moral.
La pregunta queda abierta: ¿representa Lord Ormund Hightower la moral aristocrática que defendía Nietzsche?
Existe una idea muy difundida sobre Friedrich Nietzsche: que quiso acabar con toda la metafísica porque proclamó que «Dios ha muerto». Sin embargo, esa interpretación resulta demasiado simple. Decir que Dios ha muerto no significa afirmar que Dios no existe, sino mostrar el derrumbe de una forma de comprender el mundo.
En Más allá del bien y del mal, Nietzsche escribe: «Todo lo que se hace por amor acontece más allá del bien y del mal.» Si el amor está más allá del bien y del mal, entonces la pregunta es inevitable: ¿qué existe más allá de esas categorías?
La filosofía de Nietzschenunca abandonó las grandes preguntas metafísicas. Su preocupación principal fue la moral, como demuestra Genealogía de la moral, donde ya no pregunta qué es la verdad, sino cómo llegamos a considerar verdadera una verdad. Cambia la perspectiva, no el problema.
Lo mismo ocurre con el eterno retorno, el tiempo, el amor o el conocimiento de uno mismo. Cuando Nietzsche afirma que somos desconocidos para nosotros mismos, está señalando la existencia de un mundo interior que todavía debemos conquistar.
La respuesta aparece en la figura del superhombre. Lejos de ser un individuo superior a los demás, el superhombre es un proyecto de transformación personal. Es quien logra vencerse a sí mismo, superar la moral de su época y afirmar plenamente la vida.
Por eso, la filosofía de Friedrich Nietzsche no pretende destruir la metafísica, sino pensarla desde otro lugar. No busca eliminar las grandes preguntas, sino replantearlas desde la vida, el cuerpo, el amor y la creación de nuevos valores.
Quizá esa sea la verdadera revolución de Nietzsche: no enseñarnos qué pensar, sino invitarnos a mirar el mundo desde una perspectiva completamente distinta.
La serie Dark es mucho más que una historia sobre viajes en el tiempo. Su idea central dialoga con uno de los conceptos más complejos de Friedrich Nietzsche: el eterno retorno.
A primera vista, el eterno retorno parece afirmar que el universo se repite infinitamente y que todo volverá a ocurrir de la misma manera. Sin embargo, para Nietzsche, el problema no es físico ni científico, sino profundamente moral.
Nuestra cultura heredó una concepción lineal del tiempo, marcada por la tradición judeocristiana: un comienzo, un desarrollo y un final. En cambio, Nietzsche recupera una visión más cercana al pensamiento griego, donde el tiempo puede entenderse como un ciclo.
Pero el eterno retorno no consiste simplemente en repetir los acontecimientos. La verdadera pregunta es otra: si tuvieras que vivir esta misma vida una y otra vez, ¿la aceptarías exactamente como es?
En La gaya ciencia y Así habló Zaratustra, Nietzsche convierte el eterno retorno en una prueba ética. Cada decisión obliga a preguntarnos si estaríamos dispuestos a repetirla eternamente. Por eso, el concepto está íntimamente relacionado con el superhombre, entendido como aquel que conquista su propia vida y se supera constantemente.
La serie Dark traslada esta reflexión filosófica al terreno de la ciencia ficción. Sus personajes intentan modificar el pasado para transformar el futuro, mientras el espectador se pregunta si realmente puede romperse el ciclo del tiempo o si todo está destinado a repetirse.
Más que una teoría sobre el tiempo, el eterno retorno es una invitación a examinar nuestra forma de vivir. Cada acción, cada elección y cada instante adquieren un valor absoluto cuando imaginamos que deberán repetirse para siempre.
Quizá por eso Dark resulta tan fascinante: convierte una de las ideas más profundas de Nietzsche en una experiencia narrativa que nos obliga a preguntarnos cómo viviríamos si cada momento regresara eternamente.
PARA TIEMPOS DIFÍCILES “LLEGAR A SER QUIEN ERES” DE FRIEDRICH NIETZSCHE por: Alfredo Rivera Roggero, Lima (Perú).
Ante las diversas dificultades el ser humano pasa por momentos en dónde no ve solución próxima para los mismos. ¿porque no puede ver la solución a las dificultades que experimenta? Una respuesta está en culpar a su entorno y no mirarse así mismo, este detalle lo señala Jaime Ancajima: “El principal impedimento para no emprender, avanzar o vencer las adversidades somos nosotros mismos. Los obstáculos que ponemos en nuestra mente son fundamentales para no dar el siguiente paso.”1 Entonces, al darse cuenta que genera en su mente obstáculos, se pregunta: ¿cómo superar ese obstáculo? Una respuesta la encontramos en la frase de Nietzsche: “llega a ser quien eres« la misma dentro de estos tiempos está orientada de una forma general a qué el individuo se reconozca, se acepte, y desarrolle una auténtica individualidad. Por eso para superar las dificultades que la vida le presenta, debe primero ser sincero consigo mismo de una forma original, y no porque otros lo digan. Ahora bien, ¿De dónde toma Nietzsche está frase? Diversos estudios nos indican que la toma de Pindaro: y según Manzano Arzate señala que: “la traduce Alfonso Ortega como “¡Hazte el que eres!”. La frase, que corresponde a la Pítica II, 72, sugiere que en el hombre subyace un destino natural oscurecido por las perspectivas interpretativas.”2 Entonces el pensamiento de Pindaro nos indica que para superar las dificultades de la vida hay que darse cuenta que tenemos un destino natural que permite responder satisfactoriamente a esa situación difícil, ¿como se puede construir ese proceso?, dos ideas importantes:
Primero se reconoce que somos algo en potencia: Cada ser humano tiene una naturaleza, un carácter, o un destino propio que lo define desde el origen. Debe buscarlo desde su experiencia..
Ese “ser” no está completo todavía: Aunque ya existe una esencia o un “núcleo” propio, este no está plenamente desarrollado.
Búsqueda de identidad desde una perspectiva existencial. Evocación de profundidad y quietud reflexiva.
Para Pindaro esto significa un trabajo interior de conocimiento y formación para descubrir lo que uno realmente es. Es una función esencial del ser humano y Perez Ruiz nos indica que: “las palabras de Píndaro, (…), sólo pueden tener como objeto al hombre. (…) porque además es el único que está expuesto al peligro de no obrar según las exigencias de su propio ser.3 De está forma, mencionamos que es importante para el ser humano el poder darse cuenta que en su interior tiene una esencia que debe ser construida y con ella enfrenta las dificultades de la vida. Por otra parte, Nietzsche toma de Pindaro la frase “llegar a ser lo que eres” y la debemos entender según Maden Jack así: “Una forma de enmarcar esto es ver nuestra vida como un proyecto artístico. Empezamos como un lienzo único, a medio formar, que recibe pinceladas de color de las normas culturales que heredamos. La tarea de la vida es, entonces, transformar este lienzo en algo hermoso, (…) Cada pincelada contribuye a la obra terminada; cada decisión que tomamos moldea quienes somos.”4 Este detalle nos evidencia que “llegar a ser lo que eres” se va logrando a lo largo de la vida de acuerdo a las decisiones que cada persona va tomando, esto es un proceso de cambio constante y que busca lograr un conocimiento de sí mismo. ¿Cómo se entiende esto desde el pensamiento de Nietzsche?, aquí un par de respuestas:
Autenticidad y creación personal: No se trata de descubrir una esencia fija y predeterminada (como si hubiera un “yo verdadero” escondido), sino de crear activamente tu propio modo de ser.
Superación de las máscaras sociales: Implica liberarse de los valores impuestos (morales, religiosos, culturales) que encadenan y uniformizan a los individuos, y dando lugar a una vida propia, más fiel a lo vital de cada uno.
Finalmente, el ser humano se encuentra a lo largo de su vida con dificultades que debe superar y para eso debe tener claro que las debe enfrentar desde su forma de ser y no siguiendo expectativas ajenas o modelos sociales preestablecidos. Está seguridad en sí mismo le permitirá tomar la mejor decisión. Nietzsche toma la frase de Pindaro, la aplica a la naturaleza humana y señala que esa búsqueda de “llegar a ser lo que es” se construye a lo largo de la vida y dentro un proceso continuo que tiene cambios por la diversas decisiones que se va tomando. Esto lo puede llevar a no lograr ser lo que es, y por eso siempre lucha consigo mismo y con el mundo. Queda la pregunta: ¿se puede en estos tiempos “llegar a ser lo que se es” a pesar de las diversas dificultades del mundo exterior?
Alfredo Rivera Roggero Filósofo, investigador social y escritor. Especialista en temas vinculados a conflicto social, violencia familiar y comunicación efectiva. Publica artículos sobre seguridad ciudadana en dos revistas peruanas.
El superhombre es la encarnación de todos los valores nietzscheanos: sería aquella
persona que vive según su voluntad de poder, asumiendo también el eterno retorno y la transmutación de los valores.
Es el “nuevo hombre” que debe sustituir
al “último hombre”, y que es anunciado por Zaratustra. El superhombre es producto
del eterno retorno,
y recupera la inocencia del hombre primitivo que puede
encontrarse en los presocráticos. No vive apesadumbrado por tantos y tantos siglos de filosofía, reflexión, religión, ciencia… Juega con la
vida, tal y como presenta Nietzsche al superhombre en sus famosas tres transformaciones:
El camello: es aquella persona humilde y sumisa, que vive pendiente de obedecer. El camello sufre una pesada carga: la moral y la religión le convierten en un esclavo que vive pendiente de las normas (¡Tú debes!).
El león: podría representarse por el espíritu ilustrado. El ser humano se revela (¡Yo quiero!) y se emancipa de la religión. Trata de romper con los valores tradicionales de la religión, pero vive anclado a la moral, una moral que va en contra de la vida, y elimina su libertad.
El niño: ejemplo perfecto del superhombre, el niño imagina, crea, inventa, juega con la vida. Es el verdadero creador de valores. El niño se libra de la “seriedad” y del “rigor” racionalista del león, y convierte la inconsciencia y la inocencia en su mejor virtud: “Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.” El niño crea valores, vive fiel a la tierra, y asume el eterno retorno como una más de las reglas de la vida. El niño ama la vida, la vive sin pensar sobre ella.
El superhombre aglutina todos los conceptos anteriormente explicados. Es el mensaje nietzscheano condensado en una sola figura,
en un solo modelo de hombre. Nietzsche se refiere una y otra vez a uno de los fragmentos de Heráclito: “El tiempo es un niño que mueve las piezas del juego: ¡gobierno de un niño!”. El superhombre es la aparición natural que sigue a la muerte de Dios. Aunque
esta expresión tiene
precedentes, en Nietzsche adquiere un nuevo significado: es la desaparición absoluta de Dios, que es la negación de la vida. El que sirve a Dios o vive pensando
en él, niega la vida, deja de vivirla. Por eso el superhombre es aquel
capaz de superar la destrucción de Dios, el hundimiento del cristianismo, que será uno
de los temas característicos de la crítica
nietzscheana a la civilización occidental.
Esta caracterización nietzscheana es fácilmente interpretable desde un punto de vista racista. De hecho, a la muerte del autor alemán sus obras fueron manipuladas para convertirse en el soporte ideológico del nazismo. Sin embargo, este tipo de interpretación está muy lejos de lo que se puede leer en las obras de Nietzsche: cualquier ser humano no es un superhombre por el mero hecho de pertenecer a un grupo, sino precisamente porque es capaz de diferenciarse del mismo, de mantener una libertad absoluta y de crearse a sí mismo. No hay razas superiores a otras, sino hombres superiores a otros: aquellos que asumen la finitud de la vida, y desde ahí son capaces de proyectarse en el presente, expandiendo sus deseos y capacidades.
Friedrich Wilhelm Nietzsche nació en Röcken, en la región de sajonia de Turinga (actual Alemania) el 15 de octubre de 1844.
Su educación inicial quedó en manos de su madre, dos tías y una abuela tras el fallecimiento de su padre, pastor protestante. Desde muy corta edad, mostró una salud débil y un estado de ánimo propenso a la tristeza y el aislamiento; sin embargo, poseía una inquebrantable fuerza de voluntad y una capacidad de sacrificio impropia de un niño.
En 1850 se trasladó con su hermana y su madre a Naumburgo, donde Nietzsche cursó sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Real de Pforta, donde se vio notablemente influenciado a nivel vital e intelectual, pues descubrió las ciencias humanísticas. En el 1964 inició la carrera de Teología en Bonn con la intención de convertirse en clérigo y contentar a su familia, pero abandonó al año los estudios para trasladarse a la universidad de Leipzig y finalizó los estudios de filología clásica.
Fue en la ciudad de Leipzig donde leyó por primera vez El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer, de esta manera quedó cautivado por la idea de esa voluntad que afirma la vida como única realidad.
En 1869, con tan solo veinticuatro años y sin tener terminado el doctorado, fue nombrado profesor de Lengua y Literatura Griega en la Universidad de Basilea, en Suiza. Allí conoció al gran músico Richard Wagner, donde se convirtió en un ferviente admirador y un gran amigo del compositor.
Fue el 3 de diciembre del 1871 cuando publicó su primer libro,El nacimiento de la tragedia, en la que definía el arte como la máxima representación de la creación humana y el mejor reflejo de lo que constituye su existencia. Reelaborará ideas presentes en las tragedias griegas y en la filosofía de Schopenhauer, e idealizará la figura de Wagner como ejemplo de su propuesta. Pero la polémica sobre la obra no tardaría en estallar, pues recibió una gran cantidad de críticas por parte de algunos filólogos. Aún así ajeno a las críticas, Nietzsche inició un época intensa en escritos y publicaciones entre el 1873-1876 y 1880 con las obras Consideraciones intempestivas y Humano, demasiado humano. En cuyas obras arremete contra el orden establecido y la mentalidad filosófica imperante caracterizada por su idolatría hacia la ciencia y el progreso propugnado por la técnica.
R. Wagner (1813-1883)
Entre tanto, la amistad con Wagner se iba debilitando, pues vio cada vez más en él al representante extremo del Romanticismo y creyó descubrir en la última fase de su obra (ópera Parsifal) una orientación nostálgica hacia el cristianismo, un abandono de aquellos valores vitales que habían sido propios de la Antigüedad clásica y un espíritu de renuncia y de resignación. Así pues, en la última obra anteriormente citada (Humano, demasiado humano) señala su ruptura con Wagner y su alejamiento de Schopenhauer.
En 1879, por problemas de salud, se vio obligado a abandonar la universidad, y desde entonces llevó una vida errante. Entre el 1880 y 1882 viajó por Suiza, Francia e Italia Septentrional. Leía con fervor las obras de Baruch Spinoza y comenzó a entrever el eje vertebrador de toda su filosofía: . En 1881 publicó Aurora y un año después La gaya ciencia. En estas fechas quedó apasionadamente enamorado de una joven rusa que al no ser correspondido, cayó en una gran depresión y desestabilizó más su ya mermada salud.
Entre el 188 y 1884 trabajó en lo que será su obra mas reconocida y que ejercerá una mayor influencia Así hablo Zaratustra, obra en la que se vertebran las líneas esenciales de su pensamiento. De esta manera, establece un sistema filosófico propio, una vez desmantelada y criticada, en sus anteriores escritos, toda la tradición cultura, filosófica y religiosa de la que nunca se sintió participe. La muerte de Dios, el nihilismo, el superhombre y el eterno retorno quedaban plasmados en boca de Zaratustra, nuevo profeta, que iluminará un tiempo diferente y el amanecer de un hombre nuevo.
Primer borrador del título de Así habló Zaratustra en la carta a Heinrich Köselitz, el 1 de febrero de 1883
Aunque la anterior obra acabó con todas sus fuerzas intelectuales, en 1885, escribió y publicó Más allá del bien y del mal, una de sus obras más significantes e importantes, pero que, como todas las demás no conoció un éxito inmediato. La siguió La genealogía de moral en 1887.
En 1888 Nietzsche quedó sumido en un estado de gran agitación mental. Escribía denodadamente no solo ensayos, sino también misivas a intelectuales y políticos de la época como: El caso Wagner, El ocaso de los idólos, El anitcristo, Nietzsche contra Wagner y Ecce Homo (último escrito, una especie de autobiografía)
Finalmente, en 1889, Nietzsche se había establecido en Turín, donde trabajaba en un proyecto de gran obra en la que se resumiría su pensamiento y que iba a titularse La voluntad de poder, pero no la llegó a terminar. Pues en febrero, de este mismo año, contempló cómo un caballo era golpeado por su dueño, en un arrebato de locura, Nietzsche fue corriendo y se abrazó al cuello del caballo pidiéndole perdón. Seis días después perdía definitivamente la cordura. Fue ingresado en una clínica de Basilea y le diagnosticaron reblandecimiento cerebral y una parálisis progresiva, que acabaron con su vida el 25 de agosto de 1900 en Weimar.