Historias en la caverna

“… El valor de una filosofía no se mide a razón de cuánta verdad objetiva contenga, sino sólo a razón de su capacidad para servir como punto de referencia (aunque sólo sea polémico) para cada intento de conocerse a sí mismos y al mundo.
Tiene valor en tanto que suscita e inspira a los demás una indagación que lleve a cada uno a hallar su propio camino, del mismo modo que en ella lo encontró su autor…”
 
N. ABBAGNANO

Este texto del historiador de la filosofía italiano nos puede ayudar a encontrar el modo de acercarnos correctamente a lo que este curso ofrece.

La HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, como cualquier tipo de estudio histórico, corre el riesgo de ser tomada como una mera recopilación de teorías y anécdotas del pasado que pueden resultar más o menos entretenidas pero que son absolutamente inútiles para nosotros.

Si queremos que el estudio de la filosofía tenga algún sentido hemos de olvidar este enfoque para extraer lo que es el centro de una actitud filosófica: la progresiva elaboración de una visión del mundo propia, de un código de valores propio que se pueda llevar a cabo en la propia vida.

HISTORIAS EN LA CAVERNA, es un curso que trata sobre las ideas que arrancan desde el S. VI a. c. hasta nuestros días. Por ello mismo se hará división por etapas del pensamiento siendo:

A lo largo de todo el curso, nos vamos a encontrar con multitud de teorías que nos pueden parecer absurdas, ingenuas e incluso contradictorias. Vamos a observar cómo un autor contradice al anterior para ser a su vez contradicho por el siguiente. Todo ello conforma un conglomerado en el que veremos cómo se da una continuidad que es en ocasiones difícil de percibir a simple vista. Es una continuidad en la actitud de los filósofos y también de las preguntas que el mundo y la vida nos ponen delante.

En este curso no se pretende estudiar la verdad, sino los esfuerzos por lograr el conocimiento de la verdad que desarrollaron a lo largo de la historia una serie de personas destacadas, con todos sus aciertos y errores, pero siempre bajo la premisa de que es preciso luchar por acceder a ella. Siempre con la convicción de que sólo con esfuerzo se puede uno  aproximar al conocimiento, que se encuentra con demasiada frecuencia escondido bajo las apariencias, las costumbres o la cómoda pereza mental.

Historias de la caverna, no solo pretende que este conglomerado de personajes que marcan un antes y un después en la historia del pensamiento sea teoria pura y dura. El curso, va más allá, pretende examinar la vigencia del pensamiento filosófico y sus posibles aplicaciones a la sociedad en que vivimos.

Puedes apuntarte al primer módulo en el siguiente enlace:

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Curso: Historias en la caverna clásica

El nacimiento de la filosofía se produjo en un momento histórico crucial. En torno al siglo VI a.C, florecieron los primeros pensadores en la Jonia, la región más oriental de antigua Grecia. El desarrollo de las nuevas colonias, el incremento del comercio por el Mediterráneo, que permitió el contacto con otras tradiciones culturales, y la difusión de la escritura como medio de comunicación, entre otros factores, posibilitaron una nueva forma de enfrentarse a la realidad.

En esta primera parte del curso se hace un acercamiento detenido a los problemas fundamentales del ser humano. Para ello hacemos un recorrido a través de las respuestas que han sido elaboradas por los principales filósofos clásicos.

  • El paso del mito al logos.
  • La reflexión sobre la naturaleza de los presocráticos.
  • Las propuestas políticas de los sofistas.
  • La reflexión ética de Sócrates.
  • El sistema filosófico de Platón.
  • La propuesta Aristótelica.
  • Escuelas helenísticas.

El curso ofrece una visión rica y detallada de las claves fundamentales de la filosofía griega, cuna del pensamiento occidental.

Al final de cada sesión se llevará a cabo una mesa redonda donde se discutirá sobre lo explicado y sus posibles aplicaciones en la sociedad actual.

¿Qué incluye en el curso?

Clase en directo a través de Zoom.
Material compartido y puesto a disposición a través de una carpeta común por Google Drive, esta carpeta constará de:

  • Apuntes propios por tema.
  • Bibliografía recomendada.
  • Filmografía recomendada.
  • Textos y lecturas.
  • Otros.

Modalidad:

Online a través de Zoom.

Fecha:

Todos los Miércoles desde el 26 de marzo hasta el 30 de abril.
Número total de sesiones: 6

Hora:

18:30 – 20:00 (UTC +1, Madrid, España)
Duración: 90 min.

Precio:

6€ por tema. Pago a través de Paypal

PAGO DIRECTO

Para realizar este curso no son necesarios conocimientos filosóficos previos.

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Matematización y desarrollo científico e informático

               La Segunda parte del Discurso propone un método y un criterio de verdad heredero del matemático. Descartes cree que así todas las ciencias conseguirán éxitos semejantes a los de las matemáticas. La matematización de lo científico y, por tanto, de lo real, es una característica que desde entonces ha impregnado casi todos los ámbitos de la cultura occidental europea y americana. Desde los ejes cartesianos para simbolizar las figuras geométricas hasta el diseño del nuevo acelerador de partículas europeo sólo hay una línea continua que obedece a los mismos parámetros: lo real es lo matematizable. El conocimiento de cómo son las cosas se consigue cuantificando y descubriendo la ley que expresa las relaciones entre esas cantidades. Al fin y al cabo, lo que define a un elemento atómico son elementos cuantificables, son números. Los descubrimientos en todos los campos científicos (física, química, biología…) y todas las aplicaciones técnicas (ingenierías, medicina…) han sido tales que la fe en la religión ha sido sustituida por la fe en la ciencia. Si el desarrollo científico continúa como hasta ahora, se afirma, se encontrará la solución a todos los problemas del hombre. La salvación está en la ciencia. Descartes creía haber puesto las bases ciertas para abordar ese desarrollo científico en el que él mismo participó. Una prueba de esta fe es que todos los gobiernos insisten en la necesidad de invertir en investigación científica.

              

La informática es la última expresión de la actualidad del proyecto cartesiano. Tanto es así que se habla del “mundo digital”, de un mundo expresado únicamente con ceros y unos. Cuando estamos frente a un ordenador estamos frente a lo que Descartes calificaría de modelo perfecto de conocimiento: un marco absolutamente axiomatizado en el que a partir de unos primeros principios se deduce todo lo demás. En un ordenador no hay contradicciones, no hay elementos que no se deduzcan de los principios establecidos. Si el programa no funciona es porque está mal diseñado. La deducción siempre es perfecta y la conclusión necesaria. Es cierto que los últimos estudios sobre el funcionamiento de los sistemas axiomáticos han detectado la posibilidad de que aparezcan incoherencias, no obstante estas indeterminaciones no tocan lo esencial de su funcionamiento. La necesidad de lo matematizado sigue dominando.

Introducción

“Discurso del método. Para dirigir adecuadamente mi razón y buscar la verdad en las ciencias”

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Se trata de la primera obra publicada por Descartes en 1637, a pesar de que el proceso de su elaboración comenzó en el 1619. En ella se encuentra la Filosofía completa del autor, aunque resumida cautelosamente (por no despertar a los teólogos y a la inquisición). Marca así una obra de madurez.

Esta obra es una “Discurso” porqeu se debe entender como prefacio o introducción (“no tengo la intención de enseñar, sino solo de hablar”) a una obra científica más grande. Se trata de una reflexión filosófica, en que mezcla aspectos de su vida (filosofía existencial) con la preocupación por un método unificado para la razón.

Toca el terreno de la lógica, la física (una Física Mecanicista que explicará toda la naturaleza y como alternativa a la explicación aristotélica del mundo) y de la Metafísica.

Como menciona en la primera parte del Discurso, para él todas las Ciencias forman una unidad. Es como un árbol en el que la Metafísica son las raíces, la física o filosofía natural el tronco y las ramas las demás Ciencias, en especial la Mecánica, la Medicina y la Moral.

Esta obra, Descartes la divide en Seis Partes:

  1. La Razón y las Ciencias: (carácter autobiográfico)
  2. Principales reglas del método
  3. La moral provisional
  4. Los fundamentos de la metafísica: la existencia del alma, Dios y mundo.
  5. Física y Fisiología
  6. Justificación de la obra
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Una obra, que consciente de la falta de Unidad, en la que el propio Descartes se basa en dos vertientes:

  1. Quiere ser un método para “toda clase de materias” (método científico).
  2. “mi propósito no es enseñar el método que cada uno debe seguir para conducir bien su razón, sino hacer ver solo de qué modo he procurado conducir la mía” (aspecto existencial).

El Discurso es presentando teniendo en cuanta varias consideraciones para formar esa Unidad de la Obra:

  • Presenta al público un proyecto filosófico-científico global que reemplace al dominante aristotélico-escolástico en todos los campos.
  • Dirigida al público en general, por ello mismo, no entra en cuestiones que se hallan en disputas entre los “doctos”.
  • Es una autobiografía de alguien que ha decidido examinar todas las opiniones y no admitirlas. Se trata de ese espíritu insatisfecho con la educación recibida desde su niñez.

Por ende, el éxito de esta obra está en su sentido pragmático, un manifiesto a favor de la Razón, contra la Autoridad y el Prejuicio.

Bibliografia:
– Discurso del método
– Biografías y vidas
– e-torredebabel
– philosophica.info
-Apuntes propios

Aristóteles: Vida y obra

Aristóteles, hijo del médico del rey Amintas de Macedonia, nació en Estagira en el año 384 a.C. Tras la muerte de su padre, a los 17 años, se trasladó a Atenas, donde estudió en la Academia de Platón. Los veinte años pasados en esta institución, primero como alumno y después ya como profesor, supusieron un intenso aprendizaje de la filosofía platónica y constituyen la primera etapa de su proceso intelectual.

Esta fase se caracteriza por una interiorización absoluta de los presupuestos platónicos, como el mismo Aristóteles expresa en sus primeros escritos de juventud.

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Platón y Aristóteles: Platón señala hacia el cielo (Mundo de las Ideas) Aristóteles hacia el suelo (la experiencia sensible). Simboliza la contraposición existente entre ambos.

Tras la muerte de Platón, inició diversos viajes por Assos, la costa de Misia y Mitilene, en la isla de Lesbos, que avivaron su interés por la zoología y por la botánica. De este modo, se convirtió en un minuicioso observador de la naturalea mediante la experimentación empírica, lo que trajo consigo que se distanciara de la formación platónica. esta etapa coincidirá con el segundo gran periodo de su itinerario intelectual, que se extenderá hasta su regreso a Atenas, doce años después, discrepando sobre la teoría de las Ideas platónicas.

Así mismo, en esta segunda etapa, el rey Filipo II convirtió a Aristóteles en el perceptor de su hijo Alejandro que duró del 342 al 336 a.C. Esta vinculación con Alejandro Magno finalizó cuando este asumió la regencia tras la muerte de su padre.

En el año 335 a.C Aristóteles regresó a Atenas y fundó el Liceo, un nuevo centro de formación que condicionará la tercera etapa de su pensamiento, desmarcado ya de las tesis platónicas. Enseñó en el Liceo hasta el año 323 a.C, año que murió Alejandro Magno. Entre los atenienses resurgió un odio hacia todo lo relacionado con lo macedónico, por lo que estos acusaron a Aristóteles de macedonismo y de asebeia (pecado de ir contra los dioses o la patria. En Atenas estaba castigado con el destierro o con la muerte), huyó a Calcis, donde falleció un año después (322 a.C), debido a una infección estomacal.

OBRA:

La obra de Aristóteles se divide en dos periodos:

  1. Escritos exotéricos: Obras de juventud, cuyo contenido y estructura son platónicos. Estos escritos están escritos en forma de diálogo publicados por el propio Aristóteles. Son escritos comunes, accesible para el vulgo.
  2. Escritos esotéricos: Componen el corpus aristotelicum. Estos escritos recogen sus enseñanzas en el Liceo y fueron publicadas por Andrónico de Rodas en el año 60 a.C. Son escritos ocultos y reservados, de difícil acceso para la mente, por lo que su lectura queda reducida a un número reducido de personas.

Dentro de lo denominado corpus aristotelicum se encuentra una diversidad de temas y obras, estos son:

§Lógica: el conjunto de libros se le conoce con el nombre de Organon. Se trata de tratados destinados a entender la lógica como ciencia que estudia cómo funciona la facultad del pensamiento. Categorías, Tópicos, Sobre refutaciones sofísticas, Sobre la interpretación, Analíticos primeros y Analíticos segundos.

§Metafísica: Conjunto de catorce libros. La metafísica es la ciencia que estudia el ser en cuanto ser y las propriedades que le corresponden.

§Física: Libros que componen un tratado sobre la naturaleza y los seres naturales, así como sobre el problema del cambio o movimiento: Física, Sobre el cielo, Sobre la generación y la corrupción, Meteorológicos.

§Psicología: Estudio sobre el ser humano, su manera de conocer y las relaciones entre el alma y el cuerpo: Sobre el alma, Sobre la memoria y el recuerdo, Sobre la vida larga y corta.

§Ética: Ética a Eudemo, Ética a Nicómaco y Gran ética o Magna Moralia.

§Política: Política y Constitución de Atenas.

§Arte: Retórica y Poética.

Referencia bibliográfica: 
"Historia de la Filosofía" ed. Editex
Biografiasyvida.org
Webdianoia.com 

Escuela atomista

Dos son los autores que destaca la tradición como iniciadores de la escuela atomista: LEUCIPO y DEMÓCRITO.

Leucipo (460-370a.C) es el más controvertido, ya que algunos autores niegan, ya desde la Antigüedad, incluso su existencia. De hacer caso a las tradiciones recogidas por Aristóteles, sería un personaje de Mileto o de Elea, cuyas teorías son difíciles de distinguir de las que nos han llegado en boca de Demócrito. Es considerado el fundador del atomismo y del materialismo mecanicista griego.

Demócrito (460-370 a.C) nació en Abdera, continua el pensamiento de Leucipo, radicaliza el atomismo y subraya la necesidad mecánica del acontecer en el mundo.

La filosofía atomista trata de resolver la contradicción de Parménides desde otro punto de vista: si la negación del no-ser supone la negación de nuestra experiencia, debemos afirmar el no-ser, y de esta manera podremos afirmar la multiplicidad y confiar en nuestros sentidos.

En este sentido, el ser de Parménides queda entonces pulverizado y esparcido, en partículas diminutas, por el espacio infinito. Cada una de estas partículas tiene las propiedades del ser parmenídeo: eterna, invariable, increada, indestructible, en sí homogénea, limitada e indivisible. Esto es denominado por Leucipo como átomos, acuñando así por primera vez un concepto que tan productivo habría de resultar en las explicaciones posteriores de la naturaleza.

De esta manera, para los atomistas, la realidad se compone, pues, de dos elementos; lo lleno y lo vacío. Lo lleno a su vez está compuesto de átomos infinitos en número. Son cualitativamente iguales pero se diferencian en su tamaño, su figura, su posición y su movimiento (les diferencian únicamente sus factores cuantitativos).

El vacío, identificable con el no-ser de Parménides, tiene existencia real. Los átomos se mueven naturalmente gracias a la existencia del vacío y bien chocan, saliendo despedidos con lo que varían sus trayectorias, bien se encajan dando lugar a diversos seres. Siendo todo acontecer en el universo movimiento de átomos en el espacio.

Por lo tanto, los objetos que percibimos están compuestos de átomos. Todos los seres se componen de átomos.

Leucipo, a diferencia de Demócrito y de Anaxágoras, considera que la causa del movimiento está en los mismos átomos, pues el espacio es inmaterial e inactivo, y el atomismo no admite ninguna otra realidad que la de los átomos y la del espacio.

Ante esta postura, Demócrito piensa que todo ocurre por una razón mecánica, no hay causas teleológicas del movimiento, pero resulta sumamente difícil conocer cuáles son esas causas. Su pensamiento desemboca, por tanto, en un escepticismo que influenciará a Protágoras.

El modelo atomista es, por lo tanto, materialista, ya que no admite la existencia de ningún agente “espiritual” (logos, nous, fuerzas…) y mecanicista ya que aplica la teoría del origen azaroso del movimiento, por lo que no hay una finalidad hacia la que tienda la naturaleza, ni un movimiento de origen orgánico. Tanto los átomos como el movimiento son eternos.

Los atomistas griegos fueron los primeros en concebir la naturaleza como resultado de la combinación de los átomos en el vacío.

Bibliografía:
Los filósofos presocráticos, cap. XVII, 581-582 Kirk y Raven
http://www.e-torredebabel.com

Empédocles de Agrigento

Empédocles de Agrigento (490-430a.C) nace en una familia aristocrática, pero a pesar de ello será defensor de los ideales democráticos. Intenta reconciliar a Heráclito y a Parménides, esto es, intenta reconciliar la idea del movimiento y la idea de la unidad del ser.

Es considero de los primeros pluralistas de la filosofía presocrática, considerando que el principio de que se componen las cosas singulares son los cuatros elementos: tierra, agua, aire y fuego. Cada uno de ellos son eternos, distintos entre sí desde toda la eternidad y constitutivos de todos los seres según distintas proporciones, es decir, son increados e indestructibles, homogéneos a sí mismos e invariables.

A partir de la mezcla de estos elementos se originan las cosas singulares, y por su disolución estas dejan de existir. Así pues, las diversas cualidades de ellas se deben a la forma y al modo de combinarse tales elementos.

El movimiento, para Empédocles, se origina por medio de dos fuerzas. Una de ellas tiende a la mezcla de los elementos (metafóricamente lo llama la fuerza del amor) y la otra tiende a su sepración (fuerza del odio).

El movimiento del cosmos (physis) evoluciona eternamente siguiendo un ciclo cósmico. que se desarrolla en cuatro etapas:

  • 1.- Dominio de la fuerza de unión. Los cuatro elementos se encuentran perfectamente mezclados formando un todo homogéneo.
  • 2.- Fase transitoria. Entra en juego la fuerza de separación y comienza la diferenciación entre los elementos.
  • 3.- Dominio de la fuerza de separación. Los cuatro elementos se hallan perfectamente separados.
  • 4.- Fase transitoria. Entra en juego la fuerza de unión y vuelve a producirse la paulatina unión de los cuatro elementos.

Aristóteles sugiere que en esta dualidad de amor y odio está implícito el pensamiento ético de que estas fuerzas son las causas reales de lo bueno y de lo malo, por lo que el pensamiento de Empédocles significaría un primer intento de incluir apreciaciones valorativas en la teoría de la naturaleza.

Los cuatro elementos componen las cosas singulares

Escuela de Elea

Los eleáticos trataron de investigar y resolver el por qué de la existencia de las cosas. Se proponían investigar la existencia misma de la multiplicidad real de los seres, y la razón suficiente del hacerse (fieri) de las cosas, dado caso que exista. Jenófanes, Parménides y Zenón serán los filósofos de los que se tratarán a continuación brevemente.

Jenófanes de Colofón (570-480 a.C) fundador de la escuela eleática, pudo ser maestro de Parménides. Ofrece un explícito monismo filosófico y religioso, a partir del que polemiza con las creencias populares politeístas y su antropomorfismo. Critica con dureza a los poetas y artistas que imaginan a los dioses provistos de todas las debilidades y los vicios de la naturaleza humana. Considera que Dios no es corporales ni espiritualmente comparable con el ser humanos. Dios se identifica con el universo y tiene todos los predicados del arjé de los milesios: eternidad, estabilidad, invariabilidad,…

Parménides (515-450a.C) intervino en la redacción de las leyes de su ciudad y formula la primera teoría metafísica del ser y de la verdad que conocemos. Su pensamiento es crítico con sus predecesores, especialmente con Heráclito, que al situar en el centro de su pensamiento el concepto del ser inmutable y eterno, siempre idéntico a sí mismo, rechaza la idea del cambio y la pluralidad, considerando que todos los pensadores que la apoyan están equivocados, pues todo movimiento es un paso del no-ser al ser, y eso no es posible porque todo está conectado con todo, todo es, y no es posible que no sea.

Las tesis parmenídeas tienen un punto de partida claro en la proposición siguiente:

-El Ser es y el no-ser no es.

Podemos definir Ser como aquello que es más general que ninguna sustancia determinada. Es lo más común, válido para todos los entes y posee, por tanto, la extensión máxima. A partir de esta premisa clara y concisa el autor, alcanza una curiosa pero coherente colección de conclusiones:

  • El Ser es uno, continuo, sin fisuras.
  • El Ser es idéntico a sí mismo en todas sus partes. Por lo tanto es esférico.
  • El Ser es increado e imperecedero.
  • El Ser es inmóvil e inmutable.

Todas estas conclusiones son necesarias, ya que la negación de cualquiera de ellas implicaría la aceptación de que el no-ser es o ha sido, lo que contradiría la premisa de la que partimos.

Por tanto, la pluralidad no es más que imaginación y engaño, ya que lo único real es el Ser, que no es más que uno, y el movimiento es pura apariencia, ya que el Ser es necesariamente inmutable. La diversidad y el cambio de las cosas no existen realmente; son una ilusión de los sentidos. Los sentidos son la vía de la opinión común de los mortales, que se quedan en la simple apariencia de las cosas. Por el contrario, la vía de la verdad, es la vía de la razón, es que el ser es.

Zenón de Elea (490-430 a.C) discípulo de Parménides. Su pensamiento gira en torno al movimiento y el cambio. Así pues, se basa en paradojas para construir una lógica singular acerca del movimiento. La más famosa de las paradojas es al de Aquiles y la tortuga: al ser el espacio infinitamente divisible, tanto Aquiles como la tortuga tienen que recorrer un espacio interminable, cada vez más cerca del límite, pero sin llegar nunca a alcanzarlo. Zenón concluye, por tanto, que el movimiento y el reposo son la misma cosa, pues una flecha en movimiento está siempre allí donde está, semejante a sí misma, o sea, en reposo. Así que, en la medida en que el movimiento es cambio, el movimiento es imporisble, porque el cambio no existe, ya que equivale al no-ser.
De esta manera, Zenón, siguiendo el la idea de Parménides sobre el carácter ilusorio de lo que muestran los sentidos, afirma que solo el ser es.

Aquiles y la tortuga
  <<En una carrera, el corredor más rápido nunca puede superar al más lento, ya que el perseguidor debe primero llegar al punto donde comenzó el perseguido, de modo que el más lento siempre debe tener una ventaja.>>
según lo contado por Aristóteles, Física VI:9, 239b15  

La filosofía de Parménides, desde su sencillez y contundencia abre la primera gran crisis de la filosofía griega. Efectivamente, la verdad entendida como unidad profunda de la multiplicidad de la physis queda en entredicho desde el momento en que se afirma la  radical oposición entre el ser y la nada. Lo múltiple se manifiesta con persistencia a nuestros sentidos, por lo que aparece una contradicción insuperable entre el conocimiento racional (que nos demuestra la unidad del ser y su inmutabilidad) y el conocimiento sensible (que nos presenta la multiplicidad y el movimiento).

Es preciso buscar la conciliación entre razón y experiencia si queremos recuperar ese viejo concepto de verdad. Aquí tenemos pocos caminos por delante que son:

  1. El conocimiento sensible es engañoso, puramente aparente. Esta conclusión es la de Parménides y sus sucesores eleáticos, por ejemplo ZENÓN.
  2. Si no es posible conciliar sensibilidad y razón desde el presupuesto de un Ser único, debemos rectificar este presupuesto. La realidad en su conjunto debe proceder de  un ser plural (o dicho de otra forma, de varios arjés) ya que la multiplicidad no puede proceder de la unidad, como demuestra Parménides. Esta conclusión es la propia de las escuelas pluralistas, que veremos a continuación.
  3. La verdad no existe, ya que los instrumentos de que disponemos para llegar a ella son inapropiados. O bien nos engaña la razón, o bien no nos sirven ni razón ni experiencia. Estas conclusiones son propias de los sofistas.

Las soluciones aportadas por filósofos pluralistas (como Empédocles, Anaxágoras, la escuela atomista…), adoptaran como punto de partida las dos premisas previamente señaladas:

1.-El ser no puede proceder del no-ser.

2.- La multiplicidad no puede proceder de la unidad.

Fuentes:
Historia de la Filosofía, Copleston
https://filosofia.laguia2000.com
https://www.e-torredebabel.com

Escuela Pitagórica

Pitágoras de Samos (572-496 a.C) fundador de la escuela pitagórica. La comunidad pitagórica estaba compuesta por dos grupos:

  • Acusmáticos: escuchaban y recibían las enseñanzas
  • Matemáticos: Impartían las enseñanzas y elaboraban teoremas.

Los miembros de la escuela vivían juntos con la finalidad tanto de estudiar la estructura matemática de la realidad, como de alcanzar la purificación del alma (Kátharsis) a través del conocimiento y de la práctica de una serie de rituales influidos por las sectas oríficas. Así mismo, trataron de aplicar su noción de proporcionalidad y armonía a la ciudad, llegando a desempeñar un papel importante en algunas ciudades de Italia meridional, hasta el punto de controlar el poder de algunas ciudades.

En el pitagorismo podemos distinguir dos ámbitos diferentes, que aunque se hallan íntimamente relacionados entre sí vamos a ver por separado: la teoría religioso-moral y la teoría más propiamente filosófico-científica.

  • Religioso-moral: El pitagorismo mantiene un radical dualismo antropológico. El ser humano es un compuesto de cuerpo (material, mortal y corruptible) y alma (inmortal y de origen divino). El alma está en el cuerpo como en un sepulcro. Cuando muere el cuerpo el alma transmigra; por ello debe purificarse para alcanzar la salvación definitiva a través de la ascética, el trabajo intelectual y el cultivo de la armonía y de la gimnasia.
    Su concepción del alma, influida por el orfismo, inspirará la filosofía platónica
  • Filosófico-científico: Mantiene que el archè son los números, ya que todos los seres tienen determinaciones numéricas, hasta el punto de que incluso la armonía musical depende de los números y de la medida. Todas las figuras geométricas regulares se constituyen a partir de relaciones numéricas. Es decir, todo lo que se encuentra en la Physis está conectado entre sí siguiendo proporciones matemáticas.
    El cosmos tiene una estructura matemática, conocerlo significa descubrir los principios últimos responsables de ese orden: los números y sus relaciones.
    Así mismo, para los pitagóricos, los cuatro primeros números son la esencia de ese orden pues sumados dan diez, la tetraktys, el número perfecto para los pitagóricos, donde el uno representaría el punto, el dos la línea, el tres el plano y el cuatro el volumen.
    El origen de los números se halla en lo par y lo impar, lo limitado y lo ilimitado. No es posible para ellos imaginar el cero, pues el número tiene entidad espacial.
Tetraktys: consiste en diez puntos ordenados en cuatro filas, con uno, dos, tres y cuatro puntos en cada fila

El problema de no poder resolver racionalmente la raíz cuadrada de 2, aplicando el teorema de Pitágoras a la diagonal de un cuadrado con lado de medida uno hizo y la existencia de los números irracionales, pues la naturaleza ha de ser medida con los números racionales hizo tambalearse doctrinalmente al pitagorismo. Esto junto con los problemas político-sociales que acompañaban a su sectarismo influyente terminaron por hacer desaparecer a la secta, aunque su influencia perduró mezclada con cultos religiosos de tipo órfico.

Pero su ideal matematizador no murió con este insalvable escollo, el proyecto de racionalización y matematización de la realidad cobraría renovada energía en el siglo XVII con Galileo, para quien: “La naturaleza está escrita en lenguaje matemático”.

Teorema de Pitágoras: todo triángulo rectángulo, el cuadrado de la longitud de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de las respectivas longitudes de los catetos.

Heráclito de Éfeso

Heráclito uno de los filósofos más peculiares y enigmáticos de la Antigüedad. Su personalidad difícil resultaba misteriosa para sus conciudadanos efesios, por lo que recibió el apelativo de “el oscuro”. Hacia el año 504 a.C. alcanzó su plenitud, es decir, los 40 años.

Son innumerables las anécdotas (si falsas o ciertas no lo sabemos) que los comentaristas nos han transmitido sobre él. Parece cierto que pertenecía a la aristocracia y que voluntariamente renunció al gobierno de la ciudad, tarea que le correspondería por nacimiento. Esta actitud, así como el desprecio crítico que manifestaba ante sus conciudadanos le han hecho pasar a la posteridad como el prototipo del filósofo que rechaza los asuntos de la sociedad para encerrarse en sus investigaciones y en su propia sabiduría. Todo esto parece ser una imagen deformada, ya que hoy pensamos que precisamente la preocupación básica que atraviesa su obra (hoy apenas conservada en una serie de fragmentos, no siempre de fácil interpretación) es la necesidad de reformar la ciudad y establecer un nuevo ámbito político capaz de sacarla de su decadencia y de las dificultades que le plantea su permanente guerra contra los vecinos persas.

Presunto busto de Heráclito que se halla en la «Sala dei filosofi» de los Museos Capitolinos de Roma. (Fuente: Wikipedia)

En cualquier caso no debía ser un personaje muy querido, ya que en los fragmentos conservados que se le atribuyen no se recata en insultar a la gente que vive alejada de la verdad: “Todo lo que se arrastra se reparte la tierra” (frag. 10), “Como no saben escuchar, tampoco saben hablar” (frag.19), “Sin inteligencia, escuchando parecen sordos; el refrán lo atestigua para ellos: presentes están ausentes”(frag.34), “Lo que merecen los efesios adultos es ser muertos todos y dejar la ciudad a los niños…” (frag. 121).

Para este autor la realidad se caracteriza por su devenir, por su movimiento y cambio constante. Todo se mueve, nada permanece. Lo real es el devenir; la apariencia es la estabilidad.

Este devenir no es azaroso o arbitrario, sino que se rige por una razón universal. Heráclito considera que el arché es material, al modo de la escuela de Mileto, pero considera adecuado afirmar que es el fuego, ya que es el elemento que permanece en constante cambio -apréciese la paradoja-.

El equilibrio del cosmos procede precisamente del constante cambio, de la perpetua lucha entre opuestos. “En los mismos ríos entramos y no entramos, estamos y no estamos”(frag. 49a.) “No comprenden en qué sentido conviene lo que se opone a sí mismo: tensa armonía como la del arco y la lira” (frag. 51), “Fases del fuego: primero el mar, del mar la mitad tierra, y la mitad tormenta… la tierra se disuelve en mar y se mide en la misma proporción que antes de devenir tierra” (frag.31), “Todas las cosas se cambian por fuego y el fuego por todas, como el oro por moneda y la moneda por oro” (frag.90), “No es posible entrar dos veces en el mismo río” (frag.91).

La tensión entre los opuestos es lo que genera el movimiento que produce la armonía de los elementos. Las diferencias entre los elementos existentes en la Physis: aire/fuego, amor/odios, frío/calor,… mantienen estos en una tensión permanente e irresoluble, pues no se anulan el uno al otro, ni tampoco se logra una síntesis superadora, sino que permanecen en una armonía tensa que hace posible la existencia de la pluralidad y el orden.

Lo que rige el ritmo del cambio Heráclito lo llama el destino, la jusicia cósmica (diké), la razón del mundo (lógos), esto todo lo unifica y orienta. Por lo tanto, el orden es el lógos, pero el cambio no es caótico.

Ese mismo lógos no es accesible a los sentidos, pues lo que aparece a los sentidos es erróneo. Este lógos se encuentra en los hombres, constituyendo su propia razón, y es al que deben atender para formar las ciudades y crear un logos común en las mismas, eliminando la pluralidad de oposiciones.

Cuando razono, doy cuenta del lógos del mundo, de su naturaleza interna, que es igual que la de mi pensamiento.

Como novedad con respecto a los filósofos anteriores podemos señalar que si bien Heráclito se mantiene en la órbita del monismo materialista, percibe la profunda unidad del cosmos en sus procesos y estructuras, en sus relaciones de oposición y cambio, enunciando lo que puede parecer una paradoja: lo permanente es el cambio.

πυρὸς τε ἀνταμοιβὴ τὰ πάντα καὶ πῦρ ἁπάντων ὅκωσπερ χρυσοῦ χρήματα καὶ χρημάτων χρυσός.

Todas las cosas son un intercambio por fuego, y fuego por todas las cosas, como bienes por oro y oro por bienes.