Detrás de las cuevas de Winden: El eterno retorno y el amor fati de Nietzsche en Dark

El eterno retorno es la idea nietzscheana de que todo lo que hemos vivido -cada instante, cada decisión- podría repetirse una y otra vez, exactamente igual, por toda la eternidad. Sin embargo, lejos de la propia noción de repetición la cuestión reside en nuestra propia actitud ante aquello que nos parece inevitable. ¿Cómo actuarías si supieras que vas a repetir esta misma vida infinitas veces?

Y de la indefensión a tomar actitud hay un enorme camino que deberíamos, quizás, plantearnos antes de dar por sentado que no tenemos posibilidades de actuar. Porque sí, el resultado está decidido si decidimos no actuar.  Porque, aunque el resultado parezca estar decidido, ¿qué hacemos nosotros ante aquello que parece inevitable?

Pasado, presente y futuro. 

Imagen extraida de Caigaquiencaiga.net

La serie Dark (2017-2020) dramatiza esta idea  a través de la triquetra y de los diferentes ciclos temporales de Winden, en concreto los años 1953, 1986 y 2019, cada 33 años. Tic, tac. Y la resuelve con el concepto nietzscheano de amor fati: no basta con soportar lo inevitable, hay que amarlo. 

El bosque de Winden y la pregunta del demonio

La trama comienza cuando un grupo de jóvenes y niños pasean por un bosque de Winden, junto a una cueva. De repente, las luces comienzan a parpadear y se oye un sonido. Todos se asustan y comienzan a correr. En medio de la confusión, el niño Mikkel desaparece.

«¿Qué pasaría si, un día o una noche, un demonio se deslizara furtivamente en tu más solitaria soledad y te dijera: “Esta vida, tal como la vives ahora y la has vivido, tendrás que vivirla una vez más e innumerables veces más”?» (Nietzsche 1882/2011)

El vecindario de Winden se sumerge en una estructura temporal en la que el eterno retorno parece hacerse realidad. La pregunta deja de ser dónde está Mikkel, para convertirse en un  ¿cuándo está Mikkel? ¿hasta dónde consume ese <<cuándo>> a los personajes de esta serie?

De «dónde» a «cuándo»: el tiempo circular en Dark 

«Todo va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda del ser»
(Nietzsche, 1883-1885/2011)

En Dark, pasado, presente y futuro dejan de ser momentos complementamente separados. Lo que sucede en uno de ellos condiciona a los demás, hasta construir una red de acontecimientos en la que causa y consecuencia dejan de ser lineales. 

La voz de Nietzsche está personificada en la serie en el personaje de Helge, quien enuncia el principio de cada ciclo: «Alles ist jetzt.» («Todo es ahora.») 

Esta afirmación que sostiene Helge es el principio fundamental de Dark: Presente, pasado y futuro, dejan de ser entes separados para sostenerse entre sí y formar parte intrínseca de un eterno ciclo y la lucha humana empieza cuando ese ciclo entra en conflicto con aquello que los personajes desean.

Imagen realizada por Lucía Moreno Guzmán

Amor fati: aceptar sin resignarse

El amor que Martha y Jonas experimentan, el intento de salvar a sus seres queridos y evitar el sufrimiento que conocen supone la lucha por cerrar ese ciclo. Perderse el uno al otro no es algo que vayan a aceptar ni ellos ni el amor de un padre, ni el de una madre y en conjunto, el amor es lo que realmente despierta a nuestros protagonistas a salir del bucle. 

Aparece una paradoja interesante donde querer cambiar el destino puede ser precisamente aquello que contribuye a cumplirlo.

Martha y Jonas son, al mismo tiempo, consecuencia y causa del ciclo. ¿Qué margen de libertad tenemos cuando nuestras decisiones parecen estar condicionadas por acontecimientos que ya no conocemos? Esta paradoja es la que atraviesa su evolución y su posterior toma de agencia en la lucha por la ruptura del que desde una lectura nietzschieana podríamos leer como eterno retorno.

«Mi fórmula para expresar la grandeza en el hombre es amor fati: no querer que nada sea distinto, ni hacia delante, ni hacia atrás, ni por toda la eternidad. No sólo soportar lo necesario, sino amarlo.»
(Nietzsche, 1888/2011)

El concepto de amor fati no es resignación ni la aceptación pasiva de que todo está predeterminado.Más bien plantea nuestra relación con aquello que no podemos modificar. Con este concepto Nietzsche no queda simplemente reducido a “aceptar que todo está predeterminado” y, los personajes de Dark, tampoco tienen control absoluto sobre el ciclo. Sus decisiones están condicionadas por acontecimientos anteriores y posteriores, pero eso no elimina la necesidad de decidir. 

Los dos coprotagonistas luchan incesantemente por mantenerse unidos durante casi toda la serie, observando, no obstante, en qué deriva esa decisión para sus seres queridos. Finalmente, descubren que mantener el ciclo no significa preservar aquello que aman. 

La cuestión ahora es otra. Ya no se trata de cambiar el futuro, sino que ahora se cuestionan sobre qué están dispuestos a hacer para evitar que el sufrimiento continúe repitiéndose.

De modo que, ¿qué sentido tendría pretender romper un ciclo que supuestamente pertenece a lo predeterminado? ¿Cuál es nuestra capacidad de actuar si nos dictan que ya existe un destino vigente?

Fuente: Serie Dark, producida por Netflix.

La respuesta a estas preguntas es más sencilla de lo que parece al leerlas. Incluso cuando nuestro margen de actuación es limitado, seguimos teniendo que decidir qué hacemos con aquello que está a nuestro alcance. Porque si nadie actuase, ¿quién salvaría vidas? ¿ha de estar eso también predeterminado? 

«Sed fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas supraterrenales»
(Nietzsche, 1883-1885/2011). 

Quizás, después de todo, no es tanto si podemos escapar completamente del ciclo, sino más bien qué decidimos hacer mientras seguimos dentro de él.


Referencias:

Nietzsche, F. (2011). Así habló Zaratustra

Nietzsche, F. (2011). Ecce Homo

La filosofía detrás de Aquí no hay quien viva: Camus

Unir la cultura popular con teorías filosóficas tal vez sea de las formas más cercanas de acercar miradas hacia la pregunta. Hacia filosofar. La filosofía no se encuentra únicamente en los textos clásicos o en los ensayos académicos, también puede manifestarse en productos culturales que, desde la ficción y el entretenimiento, representan nuestra relación con el mundo, con los demás y con nosotros mismos.

Desde esta perspectiva, Aquí no hay quien viva (serie 2003-2006) puede ser interpretada a través del pensamiento de Albert Camus a partir de su concepción del absurdo.

La serie presenta la vida cotidiana de un edificio de vecinos, cuyas relaciones, conflictos y frustraciones se convierten en una sucesión aparentemente interminable de situaciones cómicas. Sin embargo, detrás de esta estructura humorística encontramos una representación de una existencia marcada por la repetición, la frustración de las expectativas y la imposibilidad de alcanzar aquello que los personajes desean.

Imagen extraída de Formula Tv

 Camus define el absurdo a partir de la confrontación entre l necesidad humana de encontrar sentido y la indiferencia del mundo ante esa necesidad

«El absurdo nace de esta confrontación entre la necesidad humana y el silencio irrazonable del mundo.»
(Camus, 1942)

Consciente o inconscientemente, lo que los creadores hicieron fue crear el propio absurdo, aquella necesidad de conectar con los personajes y sentir silencio en el exterior. La estructura misma del edificio funciona como un pequeño universo cerrado en el que los habitantes intentan construir una vida con sentido aunque una y otra vez terminan enfrentándose  las mismas dificultades.

El edificio se converte en una representación reducida de la sociedad. Las tres señoras del primero con tres mirillas, el denominado <<Radio Patio>> montado como cadena ilegal por un empresario corrupto detrás de un videoclub y las disputas entre los vecinos, configuran una comunidad obsesionada con conocer, controlar y juzgar la vida de los demás. La aparente normalidad de la convivencia se transforma constantemente en una situación absurda.

Imagen realizada por Lucía Moreno Guzmán

Los personajes de Aquí no hay quien viva se entienden, como se he hecho mención, como sujetos atrapados en una cotidianidad que no responde a sus expectativas. Belén cambia de trabajo más que de novio, Alicia no encuentra su sitio como actriz, Juan Cuesta, presidente y viviendo al borde de un brote coronario… Cada personaje persigue un determinado ideal de vida, pero la realidad se encarga de frustarlo una y otra vez.

Te están mostrando al mundo y su absurdo. Pero también te muestran lo desgraciados que pueden llegar a ser todos los personajes, viviendo vidas que no desean, presos del sistema. Lo que para el personaje puede convertise en una desgracia, para el espectador es en una fuente de risa. La serie transforma el fracaso cotidiano en una experiencia estética y humorística.

Para comprender esta concepción el absurdo debemos indagar primero en la obra El Extranjero, una de las obras fundamentales de Camus. La novela comienza con un de las frases más conocidas de la literatura del siglo XX:

«Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé.»
 (Camus, 2012)

Esta descripción resulta abrumadora al lector. No es el afán de captar risas entre lectores. Es el de difundir una teoría: la teoría del absurdo. La aparente indiferencia Meursault ante la muerte de su madre no debe entenderse únicamente como una ausencia de sentimiento, debe entenderse como una ruptura con las expectativas que la sociedad determina, es decir, cómo debemos sentir y comportarnos. Meursault no está ofreciendo al mundo la respuesta emocional que se espera de él. Existe, aquí, una distancia entre el acontecimiento y el significado que la sociedad pretende imponerle.

Esta distancia es a que permite comprender el concepto de absurdo: el ser humano busca inevitablemente que la vida carezca de sentido.

«El hombre se encuentra ante lo irracional. Siente en sí mismo su deseo de felicidad y de razón.»
 (Camus, 2015)

El absurdo aparece, por tanto, en la tensión entre nuestro deseo de encontrar un orden racional y un mundo que no garantizan que ese orden exista. La existencia humana se caracteriza por la búsqueda de respuestas, mientras que el mundo permanece en silencio. No somos más o menos felices cuando reímos viendo un episodio de Aquí no hay quien viva, sino que se apaga por un instante el ruido del exterior. Y eso sí podría llegar a hacernos felices. Así como también entrar en un círculo vicioso y sin sentido, aún más absurdo que aquel del que comenzaste, terminando apagado completamente. Como el protagonista de El Extranjero en la que la vida no es que no tenga sentido, es que simplemente no tiene razón de ser.

Es en el concepto de círculo vicioso donde se guarda especial relación con El mito de Sísifo. Sísifo está condenado a empujar eternamente una piedra hasta la cima de una montaña para verla caer una y otra vez. La condena reside en la repetición de una tarea que aparentemente no conduce a ningún resultado definitivo, sin tener en cuenta el esfuerzo que requiere dicha tarea.

«La lucha misma hacia las cumbres basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz.»
 
(Camus, 2015)

Esta afimación es la prueba de que podríamos incluso llegar a ser nosotros Sísifo feliz, pero cómo, pues no escapando del absurdo sino asumiéndolo, es decir, no podemos modificar nuestro destino, pero sí podemos modificar nuestra relación con él. La conciencia del absurdo no conduce necesariamente a la desesperación; puede convertirse en una forma de libertad donde el individuo puede asumir su propia existencia y encontrar valor en la experiencia misma de vivir.

 Los vecinos de Aquí no hay quien viva pueden interpretarse como una suerte de Sísifos contemporáneos. Sus problemas se repiten, sus proyectos fracasan y sus conflictos reaparecen constantemente. Sin embargo, existe una diferencia lo que para Sísifo es una condena, las situaciones de los personajes de la serie induce a la risa. Y no solo por los diálogos. Son los contextos. Es una forma de abrazar al absurdo sin luchar contra el sinsentido.

Tal vez la risa sí tenga sentido. ¿Acaso sentir no es lo único que no carece de sentido?

La risa introduce una dimensión interesante. El espectador observa el absurdo desde una posición exterior y puede reírse de situaciones que, desde la perspectiva de los personajes, resultan dramáticas. La comedia permite contemplar el sinsetido sin quedar sometido a él. Reír ante la desgracia puede significar reconocer su existencia y, al mismo tiempo, negarse a concederle la última palabra sin ignorarla.

Podríamos afirmar que Aquí no hay quien viva  constituye una representaciónpopular y doméstica del mito de Sísifo. El edificio funciona como una montaña; los problemas, como la piedra; y la repetición cotidiana, como la condena. Pero con una gran diferencia: los vecinos convierten la repetición del absurdo y la desgracia en comedia.


 Tal vez la risa sí tenga sentido. O quizás, como sugeriría Camus, lo verdaderamente importante no es encontrar un sentido último, es seguir viviendo a pesar de su ausencia.


Camus, A. (2015). El mito de Sísifo (L. Echávarri, Trad.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1942). 

Camus, A. (2012). El extranjero (J. Á. Valente, Trad.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1942). 

¿Por qué habríamos de convertirnos en fantasmas?

Se deduce otra pregunta respecto al cuestionamiento de este título: 

¿qué denominamos fantasmas?

Refiriéndonos a Baudrillard, podría tratarse implícitamente de un simulacro; una representación que actúa como realidad aunque no forme parte de ella. Pero no obstante, la representación funciona como propia realidad.

Y es que un fantasma representa a una idea, un recuerdo y en algunas realidades se presencian incluso imágenes o signos. Es por ello que, ¿qué sentido tendría tildar de no cuerdos a aquellos que viven alucinaciones?

¿Y si esta realidad es tan insoportable que vivimos sirviéndonos del propio simulacro?

R.D Laing, denominaba ciertas afecciones mentales como un mecanismo adaptativo del sujeto hacia un entorno hostil.

Por lo tanto, ¿qué nos da tanto miedo si ya vivimos dentro del simulacro? 

Estamos asistiendo a una realidad dotada de representaciones no necesariamente de la realidad propia. Cada vez existe un tejido social más ínfimo y sin embargo las conexiones con internautas no paran de crecer, pero, ¿en qué hemos convertido la realidad sino en lo que Baudrillard denomina hiperrealidad?

El autor refiere este término como cuando se desdibujan los límites entre la realidad propia, las relaciones humanas, lo natural y el simulacro.

No perdura el contacto físico ni el contacto con lo natural, con lo que la realidad perece permanentemente. Ahora la cámara de fotos no la llevas en la mano, la llevas en unas lentes visuales. Y no vives, ahora solo proyectas. La hiperrealidad se da en el mero hecho de preguntarse, ¿imitamos lo que vemos en las redes sociales, nos crean necesidades que no teníamos o las necesidades ya existían?

“Hoy en día, la abstracción ya no es la del mapa, la del doble, la del espejo o la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al territorio y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula, hoy serían los jirones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto de lo real.” (Baudrillard, 1978)

simulación
Fotografía de Lucía Moreno Guzmán

El fin es común pero la experiencia y el sufrimiento colectivo son subjetivos. Es la única realidad a la que aferrarnos, pero, siendo realistas, ¿cómo confiar si es cuestión de perspectiva? Ahora dime, ¿quién es el fantasma?