¿Está realmente en crisis la democracia o lo que vivimos es, más bien, un cambio silencioso en la forma en que nos organizamos como sociedades?
Desde hace siglos, la democracia despierta dudas y entusiasmos a partes iguales. Platón ya desconfiaba de ella, temiendo que el gobierno de muchos terminara en caos y demagogia. Mucho después, Tocqueville vio en la democracia una fuerza transformadora, capaz de igualar condiciones y redefinir la vida social. Entre la cautela y la esperanza se ha movido la experiencia democrática hasta nuestros días.
Podría considerarse que, la democracia ha adoptado formas muy distintas: a veces más directa, otras más representativa; en ocasiones centrada en la deliberación pública y en otras en la estabilidad institucional; abierta a la participación cotidiana o limitada casi exclusivamente a las urnas. Cada una de estas versiones intenta responder a una pregunta que no pierde vigencia, ¿cómo convertir la diversidad de una sociedad en decisiones comunes sin borrar las diferencias?
Hoy, sin embargo, parece instalarse una sensación de desgaste. La distancia entre ciudadanos e instituciones, la fragmentación del espacio público, la velocidad de los cambios sociales y tecnológicos… todo ello alimenta la impresión de que los mecanismos que conocemos ya no alcanzan. ¿Estamos ante una crisis profunda o simplemente ante un reajuste inevitable en tiempos de transformación?
Quizá preguntarnos por la crisis de la democracia sea también preguntarnos por lo que esperamos de ella. ¿Le exigimos demasiado o participamos demasiado poco? ¿El ideal democrático ha perdido fuerza o solo ha cambiado la manera en que se expresa? Pensar en estas cuestiones es pensar qué significa hoy convivir bajo reglas que nos damos (o que aspiramos a darnos) entre todos.
En este espacio que Arjephilo dedica al pensamiento compartido, no hace falta ser experto en filosofía, basta el deseo de escuchar, preguntar y, quizá, volver a jugar con las ideas mientras nos dejamos llevar por el viento del logos.
En el filocafé¿Por qué ya no jugamos? El juego como forma de libertad nos acompañó Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, cuya voz imprescindible en el debate educativo contemporáneo. Desde el inicio, se marcó el tono del encuentro: una mezcla de lucidez, memoria y una defensa de algo que parece tan simple como decisivo en la vida humana: el juego.
Educar es introducir a los niños en un mundo que merece ser heredado. Y en ese tránsito, el juego ocupa un lugar central, una forma originaria de pensamiento, como recordaba Huizinga, y como movimiento que nos envuelve y transforma, en palabras de Gadamer “Somos seres que juegan antes incluso de ser seres que razonan”
A partir de ahí, la conversación se abrió a partir de las preguntas: ¿por qué ya no jugamos? ¿Qué ha ocurrido para que los patios, las calles y los descampados, espacios que durante generaciones fueron laboratorios sociales, se hayan ido vaciando de niños? ¿Qué perdemos cuando desaparece el juego libre?
Gregorio propuso una respuesta que fue prácticamente el hilo conductor de todo el filocafé: el miedo.
Cuando el miedo ocupa demasiado espacio en nuestra mirada adulta, el juego se encoge en la vida de los niños.
Un miedo que se ha instalado en la mirada adulta y que, sin darnos cuenta, estrecha el mundo de los niños. Miedo al extraño, miedo al compañero, miedo al futuro, miedo a nosotros mismos como educadores. “Hoy se lleva lo de victimizar las relaciones. Ay, ay, ay, que me puede hacer daño”, dijo Luri, señalando cómo la sospecha se ha convertido en un hábito cotidiano.
La autodisciplina se aprende mejor en el juego que en los consejos de los adultos.
El miedo no fue el único protagonista. ¿De qué hablamos cuando hablamos de juego? Comentó uno de los asistentes a lo que Luri fue desplegando una visión del juego que se sostiene en tres pilares fundamentales:
El juego como aventura. El juego auténtico implica riesgo, incertidumbre, descubrimiento. No hay aventura sin la posibilidad de equivocarse, de hacerse daño, de ir un poco más allá de lo previsto. “Si no hay riesgo, no hay aventura”, recordó Luri, evocando sus propias travesuras de infancia: trepar árboles, robar peras, chapotear en charcos. Pequeñas gestas que enseñaban prudencia, autocontrol y valentía. Hoy, en cambio, vemos rodillas impolutas, parques acolchados y una infancia sin rasguños, pero también sin aventura.
El juego como praxis. Siguiendo a Aristóteles, Luri insistió en que el valor del juego está en la acción misma, no en su utilidad. “El premio de la praxis es la propia praxis”, dijo. El juego nos devuelve al presente, nos permite saborear la actividad sin un “para qué” que devore el momento. Citó al Eclesiastés: “El único bien del hombre es disfrutar con lo que hace. Esa es su paga”. Una vida feliz, añadió, es aquella capaz de llevar el espíritu del juego al trabajo, a la familia y a las relaciones.
El juego como encuentro polémico con los límites. En un juego no se puede hacer cualquier cosa. Las reglas no son un obstáculo, sino el terreno fértil donde se negocia, se discute y se aprende a convivir. El juego es un espacio donde los niños exploran qué pueden hacer, qué no, y hasta dónde pueden llegar sin romper el marco común. “El juego es un encuentro polémico con los límites”, afirmó Luri, y en ese roce con el límite tanto físico, social y moral los niños desarrollan autocontrol, disciplina y criterio propio.
Pocas experiencias hay más maravillosas para un niño que estrenar unas botas de agua y meterse a chapotear en un charco.
Las intervenciones de los y las asistentes enriquecieron el diálogo. Alejandro habló del miedo al compañero, un fenómeno creciente en las escuelas: padres que analizan cada gesto, cada familia, cada niño, como si todos fueran potenciales amenazas. Iñaki insistió enla importancia del juego corporal y grupal, un juego que involucra cuerpo, presencia y comunidad. Erika aportó una mirada intercultural desde su experiencia entre Ecuador y Suecia, mostrando cómo el contexto condiciona la libertad infantil: en unos lugares la inseguridad es real; en otros, la confianza es la norma.
Miguel Ángel introdujo la cuestión del videojuego y la migración del juego hacia lo digital. Luri respondió con claridad: “La calle de los niños hoy es la pantalla, dicen algunos. Yo creo que no. Internet ha construido un barrio en la ciudad, los otros barrios están ahí.” La pantalla es un barrio más dentro de la ciudad simbólica, pero no sustituye la experiencia humana del encuentro. “Por muy atractiva que sea la pantalla, salir con los amigos es muchísimo más atractivo”, dijo.
Hacia el final, Luri volvió a la raíz de todo: no hay vida sin juego. Una vida completamente calculada, orientada siempre a un fin externo, sería invivible. El juego nos permite disfrutar con lo que hacemos, nos devuelve al presente, nos abre a la aventura y nos enseña a gestionar el azar. “No tengáis miedo, porque lo peor es educar con miedo”, concluyó.
El filocafe concluyó con la idea de que, cuando el miedo ocupa demasiado espacio en la mirada adulta, el juego se encoge en la vida de los niños. Y con él, se encoge también la confianza en ellos y en la comunidad. Se hizo un llamado a recuperar el juego como espacio de libertad y encuentro, con una invitación a los adultos a superar sus propios temores para favorecer un desarrollo infantil más humano, más valiente y más pleno.
Puedes verlo en YOUTUBE o escucharlo a través de iVoox:
1. El juego como origen y forma de pensamiento humano: Fundamental para el desarrollo humano y social, no solo un entretenimiento
«El juego no es un añadido a la cultura, sino su origen. Somos seres que juegan antes incluso de ser seres que razonan.» (Referencia a Johan Huizinga)
«El juego no es algo que controlamos, sino un movimiento que nos envuelve y nos transforma, invitándonos siempre al encuentro con el otro.» (Hans-Georg Gadamer)
2. El valor educativo y social del juego.
«En el juego los niños aprenden a convivir, a negociar, a respetar reglas y a encontrarse con el otro sin miedo al error.»
«No es casual que los patios de la escuela hayan sido durante generaciones verdaderos laboratorios sociales.»
3. La importancia del juego libre y arriesgado: implica libertad, riesgo moderado, reglas flexibles y negociación, elementos clave para el desarrollo personal
«No hay aventura si no hay riesgo. Por lo tanto, en el juego libre y arriesgado es donde los niños se encuentran con todas esas dimensiones esenciales del juego.»
«El juego es una actividad esforzada, incierta, abierta al azar, cuyo premio es el propio juego.» (Inspirado en Aristóteles)
«Para que haya juego de verdad ha de haber normas, pero interpretables, que permitan la discusión y el encuentro con los límites.»
4. El juego y la vida feliz: No es solo para niños, sino que se trata de un principio vital para una existencia plena y satisfactoria.
«El juego es una de las formas de la vida feliz.» (Cita de Ortega y Gasset)
«Una vida feliz es aquella que es capaz de llevar el espíritu del juego a la vida familiar, a la vida de las relaciones con los amigos y sobre todo a la vida del trabajo.»
5. El miedo y la sobreprotección como enemigos del juego.
«Si no jugamos es que probablemente estamos siendo jugados.»
«El miedo ocupa demasiado espacio en nuestra mirada adulta y el juego se encoge en la vida de los niños.»
«No podemos educar a nuestros hijos en el miedo y en la huida.»
«La sobreprotección borra la posibilidad de explorar, de arriesgarse, de equivocarse y de encontrarse con el otro sin un adulto mediando cada paso.»
6. El juego como espacio de libertad y encuentro para la educación humana y social.
«El juego no solo es diversión, es un modo de aprender a vivir, a vivir juntos.»
«Cuando desaparece de los patios, de las calles, no solo se pierde movimiento o imaginación, sino también la confianza en los niños y en la comunidad.»
«Necesitamos patios donde los niños vuelvan a jugar y adultos capaces de mirar con menos miedo y más confianza.»
Imagen creada por IA y compartida por una asistente del Filocafé. «Si no hay riesgo, no hay aventura»
¿Por qué ya no jugamos? ¿En qué momento el juego dejó de ser una forma natural de aprender, de descubrir el mundo y de pensar con libertad?
Jugar no es perder el tiempo, es ensayar el sentido de la vida. En el juego se entrelazan imaginación y regla, impulso y forma; ahí es donde el niño -y también el adulto- se educa en la sorpresa, en el riesgo y en la cooperación. En él se revela que aprender no es solo acumular información, sino experimentar, equivocarse, crear y descubrirse.
En este sentido, Gregorio Luri ha insistido en que la educación no puede reducirse a técnicas o metodologías de moda, porque educar es siempre introducir al niño en mundo que ya estaba ahí antes que él. En ese tránsito, el juego cumple una función decisiva en el que el juego permite al niño apropiarse de ese mundo a su ritmo, desde la curiosidad y la sorpresa, sin la presión de la utilidad inmediata. Cada partida, cada experimento lúdico, enseña a asumir límites, a dialogar con la realidad y a descubrir que la libertad florece cuando se la encuadra, no cuando todo vale.
La escuela tiende a medirlo todo y la vida adulta confunde aprender con acumular destrezas, recuperar el juego es recuperar la educación como aventura. En él se aprende a obedecer reglas, pero también a negociarlas; a competir, pero también a cooperar; a perder, pero sin perderse. Un modo de habitar el mundo sin darlo por sabido. Jugar, como educar, es mantener vivo el asombro.
¿Qué nos dice nuestra manera de jugar sobre la libertad que ejercemos? ¿Qué revela sobre la educación que recibimos y la que ofrecemos? ¿qué perdemos cuando dejamos de jugar y qué podría devolvernos el juego si lo recuperáramos como actitud vital?
Para pensar y para dialogar sobre el juego como forma de libertad, de aprendizaje y de cultura, nos acompañará Gregorio Luri, filósofo, pedagogo y escritor,
En este espacio que Arjephilo dedica al pensamiento compartido, no hace falta ser experto en filosofía, basta el deseo de escuchar, preguntar y, quizá, volver a jugar con las ideas mientras nos dejamos llevar por el viento del logos.
Ponente:
Para conversar y debatir sobre toda esta cuestión contaremos con:
Gregorio Luri Medrano, maestro, filósofo y pedagogo, una de las voces más influyentes en el debate educativo actual en España. Licenciado en Ciencias de la Educación y doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, ha ejercido como maestro de primaria, profesor de filosofía en bachillerato y docente universitario, además de formador de profesores.
Participa habitualmente en proyectos de divulgación y en medios de comunicación, donde reflexiona sobre cómo educar en la responsabilidad, el sentido común y el arraigo cultural en un mundo marcado por la prisa y la sobreprotección.
“Entrevista a Gregorio Luri” (Branding Escolar) donde insiste en virtud, esfuerzo y formación del carácter, fácilmente enlazable con la dimensión educativa del juego.
¿Por qué necesitamos música? No como mero adorno, sino como forma esencial de habitar el tiempo, de pensar con sonidos y de revelar la existencia misma.
La música nos permite experimentar el flujo temporal de un modo único: retiene el pasado en la memoria auditiva, anticipa el futuro en cada nota y une instantes fugaces en una totalidad que las palabras no alcanzan a capturar.
Filósofos como Schopenhauer la ven como expresión directa de la voluntad profunda de la vida, como deseo, tensión y resolución, mientras Nietzsche la celebra como fuerza dionisíaca que libera del rígido orden apolíneo, moldeando nuestra sensibilidad ética y nuestra conexión con los demás.
Componer es filosofar sin conceptos: ¿descubrimos armonías eternas inscritas en el cosmos o inventamos mundos posibles que antes no sonaban? Escuchar, a su vez, no es pasivo, sino un acto creativo donde recomponemos la obra desde nuestro cuerpo e historia, inaugurando esperanzas y sentidos nuevos, como en rituales colectivos que marcan comienzos, como el Concierto de Año Nuevo de Viena o la primera canción del año.
Para dar respuesta a la cuestión, ¿componer es pensar el ser con sonidos? ¿Qué revela la música sobre cómo queremos existir en el tiempo? Nos acompañará Rubén Jordán, compositor, director de orquesta e investigador en musicología por la Universidad de Salamanca.
En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de escuchar, cuestionar, aprender y , por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos.
Ponente:
Para conversar y debatir sobre toda esta cuestión contaremos con el siguiente invitado:
Rubén Jordán, músico y director orquestal con numerosos títulos académicos, incluidos másteres en dirección orquestal, musicología, filosofía y cinematografía. Ha estudiado con reconocidos directores y realizado funciones como director asistente en varias agrupaciones. A lo largo de su carrera, ha dirigido a distintas bandas y orquestas, incluyendo la Banda Municipal de Urda y el Coro Filarmonía de Madrid. También es compositor, con un amplio catálogo de obras que abarca diversas formaciones y ha recibido encargos de renombradas instituciones. Su trabajo musical incluye orquesta de cuerdas, música de cámara y composiciones para medios audiovisuales. Además, tiene una fuerte implicación en la docencia, siendo profesor en el Centro Profesional de Música «Vila de Sant Joan» y en otras instituciones. Actualmente, es doctorando en musicología y está involucrado en múltiples proyectos de investigación y composición.
La palabra solidaridad circula con frecuencia: en titulares, en discursos, en redes. Pero ¿qué ocurre cuando la ponemos bajo el escrutinio filosófico? ¿Qué significan, hoy, esas responsabilidades éticas que -por inercia o convicción- pueden hacernos cómplices, testigos o agentes de cambio? En un mundo cada vez más interconectado, la solidaridad adquiere una nueva dimensión, donde nuestras acciones individuales pueden tener un impacto global. La reflexión sobre esta noción nos lleva a cuestionar no solo nuestras propias decisiones, sino también la forma en que vivimos en comunidad, interactuamos con diferentes culturas y respondemos a las injusticias que nos rodean.
En este primer Filocafé Solidario, en apoyo aOlive You, Arjephilo abre un espacio de pensamiento y acción compartida que invita a la reflexión sobre nuestra realidad colectiva.
Contaremos con Columba Marcelli Sánchez, activista palestina, quien nos acompañará desde la resistencia cotidiana, desde la convicción de que no basta con pensar: es preciso también hacer.
Contribución solidaria: Todas las donaciones recibidas por parte de este Filocafé Solidario irán a la organización Olive You, que apoya comunidades palestinas en proyectos de desarrollo sostenible y justicia social. (Lo recaudado se enviará directamente a la organización. Se enviará una prueba de donación una vez realizada.)
Transferencias SEPA : Columba Marcelli. Fundariser para Olive you DE27100110012625119834
En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de escuchar, cuestionar, aprender y , por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos.
Ponente:
Para conversar y debatir sobre todas esta cuestión contaremos con la siguiente invitada:
Columba Marcelli Sánchez. Maestra en Ciencias Ambientales y en Cooperación al Desarrollo. Ha trabajado los últimos dos años en recaudación de fondos y activismo por Palestina, colaborando con ONG y palestinos desplazados directamente en El Cairo, además de recibir formación en procesos de resiliencia y resistencia post-genocidio en Bosnia y Herzegovina, con un enfoque interseccional.
Olive You una iniciativa solidaria que brinda apoyo directo a personas palestinas desplazadas en Egipto y a comunidades dentro de Gaza. Su labor combina la ayuda humanitaria inmediata —alojamiento, alimentación, asistencia médica— con proyectos de empoderamiento y sostenibilidad a largo plazo. El objetivo de Olive You es sencillo pero esencial: acompañar y fortalecer la vida cotidiana de quienes resisten en condiciones de extrema vulnerabilidad, desde una ética del cuidado y la justicia social.
¿Vivimos con propósito o solo buscamos fórmulas para “ser felices”? ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la «Filosofía Ikigai»?
Ikigai, se trata de un concepto japonés, tradicionalmente entendido como la razón de ser o el sentido que da forma a la vida. Hoy, sin embargo, se ha convertido en un fenómeno popular vinculado al bienestar y la autoayuda, atrayendo la atención de personas que buscan respuestas a preguntas profundas sobre su existencia. A través de distintas plataformas, se ha difundido la idea de que encontrar nuestro ikigai no solo mejora nuestra calidad de vida, sino que también nos ayuda a enfrentar los desafíos diarios con mayor resiliencia y optimismo. En este sentido, el ikigai se presenta no únicamente como un fin, sino como un camino hacia la realización personal, permitiendo que cada individuo descubra sus pasiones, habilidades y valores en un contexto más amplio que trasciende lo material y superficial. En este sentido, ¿Es posible vivir la filosofía de ikigai sin caer en la simplificación de los manuales de “desarrollo personal”?
Para dar respuesta a la cuestión, ¿es una genuina filosofía oriental o una reinterpretación moderna adaptada al mundo del desarrollo personal? Contaremos con la participación de Nieves Soriano Nieto, experta en filosofía oriental.
En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de escuchar, cuestionar, aprender y , por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos.
Ponente:
Para conversar y debatir sobre todas esta cuestión contaremos con la siguiente invitada:
Nieves Soriano Nieto: Doctora en Filosofía por la Universidad de Murcia-Université Paris IV-La Sorbonne, con una tesis sobre: «Viajeros románticos a Oriente«. Más recientemente, ha investigado sobre la filosofía no tratada por el canon tradicional, como las mujeres filósofas, la filosofía oriental y la filosofía latinoamericana, siendo la coordinadora del libro «Filosofas. Del olvido a la memoria«, «Filosofía oriental. El saber desconocido» y habiendo creado la Sociedad de Filosofía en Abierto a nivel nacional, de la que es presidenta y encargada de la vertiente Filósofas y Filosofía oriental. Secretaria de la Sociedad de Filosofía de la Región de Murcia. Ejerce la docencia como profesora de secundaria en IES Floridablanca (Murcia).
Sociedad de Filosofía en Abierto es una asociación sin ánimo de lucro que surge con el objetivo de investigar, profundizar sobre y dar a conocer esas partes de la filosofía que no han estado tratadas por el canon académico tradicional de la filosofía
En el anterior Filocafé: ¿Qué significa estar sano? (Parte 1), lo que comenzó como un diálogo sobre definiciones médicas se transformó en una exploración profunda sobre cómo la cultura, la política, la sociedad e incluso nuestras propias expectativas moldean lo que entendemos por salud. Descubrimos que la salud no es solo ausencia de enfermedad, sino un equilibrio dinámico entre el cuerpo, la mente, el entorno y la capacidad de adaptarnos a un mundo en constante cambio.
Pero el debate no terminó ahí. Quedaron preguntas en el aire, matices por explorar y voces por escuchar. ¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en nuestra percepción del bienestar? ¿Es posible construir un sistema que no nos enferme, sino que nos permita florecer? ¿Qué papel juega la resiliencia, la conexión humana y la autonomía en este camino?
Por eso, volvemos a la carga. En este segundo Filocafé, queremos profundizar en lo que quedó pendiente y abrir nuevas perspectivas:
La salud como acto político: ¿Cómo las ideologías y las políticas públicas definen qué es «normal» y qué es «patológico»?
Tecnología y bienestar: ¿Son las pantallas, las redes sociales y la hiperconectividad una amenaza o una herramienta para la salud mental?
Salud y diversidad: ¿Cómo podemos repensar la salud para que incluya a todas las personas, sin dejar a nadie en los márgenes?
La paradoja del autocuidado: ¿Se ha convertido el bienestar en otra exigencia más del sistema, o sigue siendo un acto de rebeldía y amor propio?
En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre Filosofía y Medicina con una invitada especial. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de escuchar, cuestionar, aprender y , por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos
Ponente:
Laura Juliana Gamboa, estudiante tesista de Filosofía y estudiante de sexto semestre de Licenciatura en Educación Básica Primaria en la Universidad Industrial de Santander. También, ha sido asistente de médico hospitalario en oncología, por lo que ha trabajado constantemente en unir estas dos ramas del saber: filosofía y medicina. Además, aborda temas a fines con la pedagogía médica y las políticas de salud. Autora y moderadora de la Revista Horizonte Independiente. Colaboradora para la Revista chilena en geopolítica Tarpán y Coordinadora del grupo de investigación en filosofía práctica de la plataforma Filosofía en la Red.
El debate tuvo lugar en un Filocafé, un espacio abierto para reflexionar y dialogar en torno a una pregunta que parece sencilla, pero encierra una gran complejidad: ¿Qué significa estar sano? Lo que comenzó como una charla informal sobre filosofía y salud, se convirtió en un diálogo rico y multidisciplinar, donde varios interlocutores aportaron sus perspectivas desde la filosofía, la sociología, la psicología y la experiencia personal para cuestionar nuestras ideas preconcebidas sobre el bienestar.
Sin más preámbulos, nos dejamos llevar por el viento del logos para explorar, entre todos, las múltiples capas de este concepto.
Más allá del modelo biomédico: ¿salud = ausencia de enfermedad?
Tradicionalmente, la medicina ha definido la salud como la ausencia de síntomas o disfunciones físicas. Según este enfoque, estar sano sería simplemente no estar enfermo. Pero, ¿es suficiente? La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone una definición más amplia: «un estado completo de bienestar físico, mental y social». Sin embargo, esta idea, aunque inspiradora, también ha sido criticada por ser demasiado idealista. ¿Acaso alguien puede alcanzar un «completo bienestar» en todas las áreas de su vida? ¿O, bajo este criterio, casi todos seríamos, en algún momento, «no sanos»?
En el debate, surgió una pregunta clave: ¿Puede alguien estar físicamente sano, pero no mental o emocionalmente? La respuesta fue unánime: la salud no es solo un asunto del cuerpo, sino de la persona en su totalidad. Factores como la cultura, la sociedad, el entorno e incluso la política juegan un papel fundamental.
La salud como equilibrio dinámico: adaptación y resiliencia
Uno de los momentos más interesantes del diálogo fue cuando mencionamos a George Canguilhem, filósofo francés que define la salud como la capacidad de adaptarse a las condiciones de la vida y recuperarse de las crisis. Esta idea resonó con fuerza: estar sano no sería un estado fijo de perfección, sino la habilidad de encontrar equilibrio en medio del caos.
Ejemplos concretos que ilustran esto:
La accesibilidad como «cura»: Una persona con movilidad reducida puede ser considerada «enferma» en un entorno con barreras arquitectónicas, pero «sana» en una ciudad accesible. ¿No es la sociedad, entonces, la que a veces nos enferma?
Neurodiversidad y autismo: En un entorno que no atiende a las necesidades de las personas neurodivergentes, rasgos como los del espectro autista pueden ser vistos como «problemas». Pero, ¿no es el entorno el que debe adaptarse, en lugar de patologizar la diversidad?
Enfermedades culturales modernas: El estrés, la adicción a las pantallas o el síndrome del pensamiento acelerado (que Augusto Cury describe como una hiperactividad funcional, no genética) son ejemplos de cómo la cultura y la tecnología redefinen lo que consideramos patológico.
La política y la ideología: ¿Quién decide qué es una enfermedad?
Aquí el debate se volvió especialmente intenso. ¿Cómo influyen el sistema político, la economía y las ideologías en nuestra percepción de la salud?
Medicalización de la vida: Vivimos en una sociedad que, por un lado, nos exige ser productivos y, por otro, medicaliza cualquier desvío de la «normalidad». ¿Es casualidad que el estrés, la ansiedad o incluso la menstruación dolorosa sean a veces minimizados o, por el contrario, hipermedicalizados según el contexto?
El caso de los tratamientos hormonales en menores transgénero: Algunos participantes cuestionaron si la creciente demanda de estos tratamientos responde a una genuina necesidad médica o a presiones sociales y culturales que empujan a los jóvenes a buscar soluciones rápidas en un mundo que les exige encajar.
Lo cultural vs. lo formal: Erica compartió cómo, en Suecia, la gripe se normaliza («es parte de la vida»), mientras que en otros países se trata con antibióticos al primer síntoma. Esto refleja que lo que consideramos «salud» o «enfermedad» depende, en gran medida, de nuestra cultura y nuestro sistema de valores.
¿Podemos curarnos a través de la accesibilidad y la conexión?
Una de las ideas más esperanzadoras que surgió fue que la accesibilidad —física, social, emocional— puede ser una forma de «curación». Cuando el entorno se adapta a las necesidades de las personas (ya sea con rampas, políticas inclusivas o espacios seguros), muchas «enfermedades» dejan de ser un obstáculo.
Además, se habló de cómo la desconexión de uno mismo y de los demás (especialmente en los jóvenes, inmersos en redes sociales y pantallas) está generando nuevas formas de malestar. Como señalaba Jazmín, citando a Augusto Cury: «El exceso de pensamientos, la paranoia del consumismo y la falta de interiorización nos están robando el placer por las pequeñas cosas».
Conclusión: la salud como un viaje, no como un destino
Al final del Filocafé, quedamos con más preguntas que respuestas, pero con una certeza: la salud no es un estado estático, sino un proceso dinámico de adaptación y resiliencia. Como dijo uno de los participantes, citando a Canguilhem: «Estar sano es poder caer enfermo y recuperarse».
En un mundo que nos bombardea con ideales de productividad, perfección y bienestar absoluto, quizá la verdadera salud consista en aceptar nuestra vulnerabilidad, cuidar nuestros entornos y encontrar, cada uno a su manera, el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el mundo que nos rodea.
La filosofía de la medicina es un campo rico para cuestionar qué nos hace humanos y cómo construimos colectivamente el bienestar.
Imagen cedida por uno de los participantes creada por IA según su propia síntesis
«La salud como adaptación»
Descripción: Una persona caminando por un puente de madera roto o irregular, pero manteniendo el equilibrio. Al fondo, un paisaje que mezcla ciudad (sistema) y naturaleza (resiliencia). Mensaje: La salud como capacidad de adaptarse a un entorno cambiante.
En un mundo donde el progreso tecnológico está avanzando a pasos agigantados, la Inteligencia Artificial está transformando la educación y el arte de maneras que apenas comenzamos a comprender.
Poco a poco las herramientas digitales se están integrando en los procesos de enseñanza y aprendizaje, haciendo que surjan nuevas metodologías que desafían las formas tradicionales de entender la educación. Lo mismo sucede con el arte, donde las innovaciones tecnológicas ofrecen a los artistas nuevas maneras de expresarse y conectar con su público, transformando no solo la creación de obras, sino también la forma en que se consumen y se comparten. ¿Cómo afecta esto nuestra creatividad, nuestra forma de aprender y enseñar? ¿Cómo afecta a la manera en la que vemos el arte?
Nos enfrentamos a un panorama en el que la interacción humana se complementa con algoritmos inteligentes. La necesidad de adaptarse se vuelve vital, ya que la inteligencia artificial no solo está reconfigurando el contenido, sino que también invita a una revalorización de las habilidades creativas innatas. ¿Estamos ante una nueva era de colaboración entre humanos y máquinas o frente a la posible pérdida de la esencia artística y educativa?
No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos
Invitado Especial:
Directorio del Instituto Peruano de Inteligencia Artificial y Ciudadanía Digital junto con el grupo de Arte e Inteligencia Artificial.
El pesimismo filosófico, tan antiguo como el pensamiento mismo, encuentra en estas fechas un contraste particularmente interesante. Mientras las tradiciones invitan al optimismo, la gratitud y la ilusión, voces como las de Arthur Schopenhauer o Emil Cioran nos recuerdan que, para algunos, la existencia puede ser más un peso que un regalo.
Lejos de ser un rechazo absoluto a la vida, puede interpretarse como un ejercicio de honestidad brutal frente a las ilusiones del progreso, la felicidad y el propósito. Este enfoque crítico a menudo expone las falacias subyacentes que nos llevan a creer en un ideal inalcanzable, una búsqueda perpetua de un estado de bienestar que, en ocasiones, parece más un mito que una realidad. Pero ¿qué nos puede enseñar esta perspectiva en un mundo que insiste en buscar el optimismo a toda costa? ¿Es un reflejo inevitable de la experiencia humana? ¿Puede ser un cambio hacia la autenticidad? ¿Es mejor no haber nacido?
En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre el pesimismo filosófico con un invitado especial. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos
Invitado:
Manuel Pérez Cornejo, «Viator», doctor en Filosofía con una tesis sobre «Arte y estética en Nicolai Hartmann» y Licenciado en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Es especialista en estética y teoría del arte, con énfasis en los filósofos de la escuela pesimista alemana e italiana, como Arthur Schopenhauer, Eduard von Hartmann, Philipp Mainländer, Julius Bahnsen y Manlio Sgalambro. Ha publicado numerosos estudios y traducciones sobre estos autores, introduciendo en España obras clave como Filosofía de la redención de Mainländer.
Es catedrático de Filosofía y presidente, desde 2017, de la Sección Española de la «Sociedad Internacional Philipp Mainländer». Es creador de: Grial. Página web de la Sección Española de la Sociedad Internacional Philipp Mainländer (Internationale Philipp Mainländer-Gesellschaft) y Blogeleusis