El eterno retorno -Nietzsche

En el verano de 1881, Nietzsche entrevió, como resultado de una intuición, su tesis del eterno retorno. Tal concreción en la fecha evidencia la intensidad con que  vivió este descubrimiento intelectual. Al calificarlo de intuición, nos informa de que dicha tesis debe ser entendida como una construcción teórica, no fáctica, que confirma la necesidad de ese superhombre como único ser capaz de aceptar las consecuencias que se derivan de todo su pensamiento. 210px-serpiente_alquimica

En el plano ontológico, el eterno retorno indica una manera de concebir la sucesión temporal de forma circular, y no de forma lineal como tiempo histórico con un comienzo y un final, un pasado y un futuro. La realidad no sería más que la repetición eterna de lo cambiante. Dicho de otra manera, lo único permanente es la vida con todas sus implicaciones y variaciones. La realidad se explica a sí misma y no necesita nada exterior a ella para ser comprendida.

La desaparición de Dios conlleva la eliminación de una visión lineal del tiempo y de la historia. Dios es el principio y el fin de todo lo creado. La muerte de Dios convierte lo creado en principio y fin de sí mismo.

En el plano antropológico, el eterno retorno comporta una actitud de coherente fidelidad a la vida. Vivir el momento presente como si lo hubiésemos de vivir infinitas veces más significa que se debe vivir no como si cada uno de los momentos de nuestra vida tuviese su fin en cuanto pasan en el tiempo, sino como si cada uno tuviese dentro la infinidad del tiempo mismo. Supone aceptar la vida como devenir, como eterna repetición de lo mismo.

Por tanto, significa vivir sin querer imponer a la vida un ritmo, un orden, una explicación que esté más allá de su acontecer, sino amándola como es y en la actitud de quien acepta su imponderable mezcla de bien y de mal.

De esta manera, Nietzsche nos invita a un ejercicio de reflexión. Todos aceptaríamos repetir los momentos de alegría de la vida de manera continua. Pero la vida supone también sufrimiento, dolor, soledad. ¿Aceptaríamos entonces esa repetición? Si la respuesta es un no, entonces no somos ese superhombre del que Nietzsche habla y no habríamos recorrido aún las etapas que convierten al camello en niño.

<<Mi doctrina es: Vive de tal modo que llegues a desear vivir otra vez, éste es tu deber, 
¡porque revivirás de todas formas!>> 

F.W. Nietzsche

Dualismo antropológico. El intereaccionismo cartesiano

La antropología de Descartes toma como punto de partida el dualismo sustancial entre res cogitans y res extensa. Por tanto, el ser humano es un ser compuesto de ambas sustancias, de alma y cuerpo, concepción que entronca a Descartes con buena parte de la tradición filosófica desde la Antigüedad.

La cultura tradicional occidental, señala que el alma es la parte más importante del ser humano, para Platón, esta sería la conocedora de la Idea más suprema de Bien, para el cristianismo, la que puede permanecer en el paraíso celestial, es inmortal, puede subsistir sin el cuerpo y, además, puede asegurar la libertad humana, pues esta, para Descartes no estará determinada por las leyes mecanicistas que rigen el mundo físico. Es por ello, que es el alma la protagonista del pensamiento y del razonamiento.

Sin embargo, a pesar de que Descartes plantea una teoría dualista antropológica, el vínculo que se establece entre ambas sustancias es más estrecho que en el caso de Platón, pues en el caso de Platón esta unión era accidental, a pesar de ello, esta visión dualista revitaliza la visión ya planteada por Platón.

Por una parte, Descartes se opone a la metáfora
platónica del02 navío, esta resulta insuficiente para explicar la interacción de ambas sustancias. Puesto que, si el capitán navío es el alma, y el navío en sí el cuerpo, cómo podemos explicar dicha interacción. Esta interacción platónica no es posible, puesto que, por ejemplo, si me caigo y me hago daño, causo un daño en el navío (cuerpo) no implicaría un dolor en el capitán del navío (el alma). Es por ello que, Descartes defiende una interacción de dos sustancias diferentes entre sí, tanto en el sentido del alma sobre el cuerpo como del cuerpo sobre el alma.

Por otra parte, Descartes cree haber encontrado una conexión entre cuerpo y alma, esto relacionado con los estudios que realizó sobre anatomía y mecánica, formulando que, dicha conexión se encuentra en una pequeña región del cerebro, exactamente en la glándula pineal.

Como en el caso de Platón, cualquier dualismo termina siendo superado mediante soluciones poco plausibles. Pues en el caso de Descartes, la hipótesis de dicha interacción es insuficiente y se ha comprobado su imprecisión, pues no se puede explicar cómo dos sustancias consideradas tan heterogéneas pueden actuar la una sobre la otra, y viceversa. Estas al separarlas, caerían de lleno a la sustancia infinita (Dios), quedándose reducida a pura metafísica.

Hacia un universo matematizado. La ciencia moderna

El momento histórico en el que Descartes escribe su obra es crucial para el desarrollo de la ciencia moderna en Europa. El siglo XVI y XVII se encuentra marcado por la revolución científica.

Copérnico en su obra De revolutionibus orbium celestium defiende la hipótesis del heliocentrismo basándose en numerosas observaciones. Por otro lado, Kepler añadió contenido a la tesis de Copérnico, afirmando que el movimiento alrededor de los planetas no era circular sino elíptico, cuyo movimiento emana del mismo Sol y no de «un primer motor», lo que implica la ruptura definitiva con el pensamiento aristotélico. En el siglo XVII Galileo y sus teorías sobre la el heliocentrismo, el movimiento uniformemente acelerado, la ley de la inercia y la visión matematizadora del universo (el libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático), le llevará a anticipar la física moderna y a un gran desasosiego entre las autoridades eclesiásticas.

Gracias al trabajo de estos científico -entre otros-, la naturaleza se convirtió en algo mesurable y comprensible. Pero no solo la naturaleza es descifrable mediante las matemáticas, sino que su funcionamiento se revela semejante al de un gran mecanismo. Este cambio de perspectiva matemática, junto con la aparición de nuevos mecanismos -entre ellos el reloj de cuerda- los famosos autómatas abandonan la idea de que el universo era un gran mecanismo diseñado y fabricado por un gran creador, Dios, que le habría comunicado el movimiento.

Los inicios de la ciencia moderna, también se encontró marcado por Francis Bacon, en su obra Novum organum criticó de forma sistemática la lógica aristotélica y propuso la redefinición de la ciencia, que explicará el universo y propiciará el progreso de la sociedad y del pensamiento. <<El saber es poder>> una gran aspiración, conseguir el mayor conocimiento  tiene como fin el dominio y control de la naturaleza para someterla a la voluntad humana y aprovecharla en nuestro beneficio. El método que empleó Bacon fue el de la inducción, donde a partir de una recolección de datos sobre fenómenos naturales, planteará hipótesis basadas en la probabilidad.3752439-5580923

Precisamente, a esta búsqueda de un método universal que guiara la razón por los diversos ámbitos del conocimiento humano se dedicó Descartes, pero en un método más fiable y seguro que la inducción de Bacon, de está manera empleará el de la deducción.

Cabe mencionar también, que todo este entramado de progreso científico, también se encontró de la mano con el escepticismo, que desde mediados del siglo XVI, en Francia, Michel de Montaigne y su discípulo Pierre Charron, pusieron en auge. Este escepticismo también influyó en Descartes, sosteniendo la imposibilidad de lograr un conocimiento totalmente cierto y universal. Pues en el caso de Montaigne, el escepticismo está orientado a lograr una vida tranquila y a conseguir una sabiduría práctica.

Bajo todo este contexto, Descartes tenía una idea clara, la necesidad de establecer un método correcto para dirigir adecuadamente la razón y encontrar la verdad en las ciencias haciendo un buen uso de la razón.

Moral provisional- Descartes

La moral cartesiana es una cuestión controvertida por su relación con el método y con la metafísica, de hecho, emerge como cuestión central en el Discurso del método, en el momento en que Descartes ha rechazado el conocimiento recibido en su educación y ha establecido las reglas del método.

Así pues, expone una <<moral provisional>>, que se debe entender como un conjunto de preceptos que Descartes debe seguir mientras se dedique a desarrollar el método y a aplicarlo a las diversas ciencias, y especialmente a la reflexión sobre la metafísica.

También sería provisional en otro sentido, puesto que no sería una moral derivada del método, y estaría a la espera de ser revisada y confirmada posteriormente, aunque la moral que encontramos en la época de madurez de Descartes no es muy distinta a la que aparece en el Discurso del método.

En este sentido, veremos que Descartes adopta una postura cercana al escepticismo y a otras escuelas tradicionales de filosofía: así como rechaza la educación recibida para buscar un fundamento a la ciencia, no ocurre lo mismo con la moral, ya que no puede quedarse sin criterios ni valores morales para seguir viviendo mientras investiga en el ámbito teórico.

De esta manera, la moral provisional del Discurso del método se resume en cuatro máximas:

  1. Obediencia a las leyes y a las costumbres del propio país, así como a la religión en que uno se ha educado. La virtud clave se define como la moderación y la búsqueda de un término medio ante la diversidad de opiniones.
  2. Resolución y firmeza en la toma de decisiones. La duda es el peor enemigo para la vida cotidiana. Una vez que se ha decidido algo, se debe actuar como si fuera lo más seguro. En esta máxima, la virtud consiste en la firmeza para llevar a cabo la decisión tomada.
  3. Dominio de sí mismo, especialmente de los propios deseos y pasiones, ya que, como no podemos cambiar el mundo a nuestro gusto, hemos de amoldar nuestros deseos a la realidad. El autodominio es la virtud según este precepto.
  4. La elección de la mejor forma de vida, de la profesión a la que uno quiere dedicarse. Para Descartes, esta forma de vida es el cultivo de la razón y el conocimiento de la verdad, es decir, la vida teórica o contemplativa, dedicada a la investigación científica y filosófica.

Su propósito con esta moral provisional, es conseguir libertad para poder investigar y desarrollar su profesión como investigador de la verdad. El trasfondo intelectualista de la moral cartesiana se hace patente en la cuarta máxima, referida a la elección de su ocupación o profesión.




Método cartesiano

Ejemplo de redacción: Ideal matemático de certeza, duda metódica y criterio de verdad

Descartes elabora un método con el objetivo de reconstruir el edificio del conocimiento. Las matemáticas son para Descartes las únicas que proporcionan la verdad, y estas se basan en un método que sirva para todos los ámbitos del conocimiento. Pero antes de empezar a establecer las reglas de su método, debe dejar claro cuales son los modos de conocer que tiene la razón. Esto es la intuición (conocimiento inmediato de algo) y la deducción (conocimiento inmediato de algo mediante pasos).

El método debe basarse en estas dos operaciones para así establecer sus reglas:

  1. Evidencia: «No admitir jamás ninguna cosa como verdadera y si no hemos tenido evidencia de ella, evitar la precipitación y la prevención, tomando como criterio de verdad, la claridad y la distinción».
  2. Análisis:  reducir las ideas hasta lo más simple y claro. Estas dos primeras trabaja con la intuición.
  3. Síntesis: Tomar todos esos problemas simples desde el más claro e ir buscando evidencias entre ellos para llegar al más complejo. Aquí se entra el segundo modo de conocer, la deducción.
  4. Enumeración: Los recuentos necesarios y extender la evidencia a la conclusión.

El principal objetivo de Descartes es encontrar verdades absolutas de las que no sea posible dudar. Trata de encontrar verdades evidentes que fundamenten el edificio del conocimiento verdadero con absoluta garantía. Por ello establece la duda metódica, que es la aplicación del primer precepto. Se trata de dudar de todo y no tomar como verdadero aquello que muestre cualquier ápice de duda, cuyas verdades deben ser claras y distintas.

Tres serán los motivos de duda:

  1. Duda sobre la fiabilidad de los sentidos, pues estos a veces nos engañan, cuyo conocimiento resulta ser probable pero no cierto. Si nos engañan en ocasiones, ¿Quién puede asegurarme que no me engañan siempre? Esto le lleva al segundo motivo de duda.
  2. Duda sobre el sueño: Si los sentidos me engañan, cómo puedo distinguir la vigilia del sueño, pues vivimos en una realidad falsa que creemos que es real mientras dura. Estos dos motivos le lleva a dudar de un mundo material.
  3. Duda sobre las verdades racionales: Por muy remota que resulte esta idea, puede ser que las verdades racionales como las matemáticas me pueden llevar al error pues provienen de mi entendimiento, y ¿quién me dice a mi que mi entendimiento no puede estar continuamente engañado por un Genio Maligno?

De esta manera, le lleva a descarte a una especie de Duda Radical, ha dudado hasta del propio entendimiento que parecía indudable, para ello debe salir de lo que parece un callejón sin salida. Será de esta duda radical de donde extraerá la primera certeza absoluta: Cogito ergo sum (pienso, luego existo). Con esto Descartes aclara que todo aquello que pienso puede ser falso, que soy algo que duda de los sentidos, soy algo que puede estar durmiendo o despierto y soy algo que puede ser engañado. Por lo tanto, esto es un hecho indudable puesto que ese algo o alguien piensa y que como tal puede errar, pero no puedo errar en mi razonamiento de la existencia, puesto que soy un sujeto existente que duda. Esta idea, cumple el requisito del criterio de certeza pues se muestra de forma clara y distinta.

Del papel de Dios en el sistema Cartesiano

Todo el edificio del conocimiento de Descartes está basado en la existencia de Dios, así que si éste no existe todo el edificio se vienen abajo. Descartes, cree que se necesita un método basado en verdades para llegar al verdadero conocimiento, y Dios sería la base de este método.

El punto de partida es la razón o buen sentido que todos los hombres tienen en común, pero cada uno toma camino diferentes sin considerar las mismas cosas, así que ésta sería la única forma de engañarnos, porque Dios no quiere que nos engañemos pero nos equivocamos al interpretar equivocadamente.

Los modos de conocer la razón admitido por Descartes son la intuición, una especie de “luz natural” por la cual sin duda ni error se captan las ideas verdaderas, y la deducción, que es la sucesión ordenada de evidencias alcanzando las ideas claras.

El método de Descartes es el resultado de la aplicación del Método matemático a la filosofía. Este método está 220px-frans_hals_-_portret_van_renc3a9_descartesformado por cuatro preceptos. El primero, es la evidencia, hay que evitar la precipitación y la prevención, no aceptando como evidente lo confuso ni aceptar como verdadero lo que es claro. Formula el criterio de verdad entre claridad (conocimiento limpio de la mente) y distinción (que no tiene nada en común con las demás cosas). Para llegar a este primer precepto, es necesaria la duda metódica, puesto que para conseguir algo verdadero debemos comenzar dudando y necesitamos basarnos en una verdad para construir el edificio del conocimiento.

Esta primera verdad es el “cogito ergo sum”, una verdad conocida por intuición y posee dos características esenciales de toda la verdad: la claridad y la distinción. Tres son los motivos de duda: duda de sobre la fiabilidad de los sentidos, la hipótesis del sueño, imposibilidad de distinguir entre el sueño y vigilia, y la hipótesis del genio maligno.

El según precepto es el análisis minucioso de los problemas hasta reducirlos a ideas claras. El tercero es la síntesis, sucesión de ideas claras y distintas para llegar al conocimiento, deducción. Y, por último, la enumeración tanto del análisis como de la síntesis.

La pretensión final de estas enumeraciones es extender la evidencia de la intuición a la deducción.

Pero para este método no servirá sino explica la existencia de Dios, porque puede ser que entonces exista un genio maligno que disfrute viendo como yo me engaño, y para demostrar su existencia se basa en tres argumentos.

El primero es el argumento de la causalidad aplicada a la idea de infinito: Dios, esto quiere decir que la idea de ser infinito debe ser inculcada por un ser infinito, puesto que los hombres somos finitos y no podemos tener esa idea si no es puesta en nosotros por alguien infinito.

El segundo es el argumento de Dios como causa de mi ser, si en mi mente existe la idea de perfección es porque un ser perfecto la ha puesto en mí y éste solo puede ser Dios. El tercer argumento es el ontológico, utilizado por primera por San Anselmo, en el que se basa en la idea de Dios para probar su existencia, así que si todos tienen una idea de Dios, como el más grande, es imposible hacernos una idea de otro mayor, Dios no solo puede existir en mi pensamiento sino en la realidad.

Llegada a la evidencia, mencionada más arriba “cogito ergo sum”, yo como ser pensante tengo ideas. Por lo que Descartes hace una distinción entre tres tipos de ideas, las adventicias que no proceden del propio pensamiento sino de los sentidos. Las facticias, que son creadas por la imaginación, y, por ultimo las innatas, que las posee el propio pensamiento por sí mismo.

Así, la idea de Dios es una idea innata y con la idea de Dios pretende demostrar la existencia del mundo y de las ciencias materiales. Si Dios existe es infinitivamente bueno y veraz, por lo tanto, no querrá que me engañe al creer que el mundo existe, así que el mundo existe.

Una vez Descartes ha descubierto tres ámbitos de la realidad: Dios, yo o cosa pensante y cosas materiales. Utiliza el término sustancia para referirse a éstos. Entendiéndose por sustancia como aquella cosa que existe de tal manera que no necesita de ninguna otra cosa para poder existir, es decir, que existe por sí misma. De esta forma sólo Dios es una sustancia pero este término también lo emplea en los que percibimos con claridad y distinción, y sólo necesitan a dios para existir, esos seres son: yo o alma y los cuerpos materiales. Así Dios sería sustancia infinita, el yo sustancia pensante y las cosas materiales sustancia extensa.

Para Descartes Dios es el principio de la existencia, sin Dios no existiríamos, pero ¿Cómo sabemos que existe Dios? Pues su existencia viene demostrada en nosotros, ya que Él nos lo ha dado todo lo que somos y si tenemos dudas de su existencia es porque no somos ni infinitos ni perfectos y todo lo real y verdadero no proviene de Él, ya que él es infinito y perfecto.

Teoría de las Ideas

El punto de partida de la filosofía platónica se apoya en la distinción entre apariencia y realidad propuesta en el debate entre Heráclito y Parménides. Este problema puede explicarse mediante la dicotomía que se establece entre el ser y el conocer, donde la realidad del mundo sensible es cambiante, en el que solo cabe la opinión; mientras que la realidad del mundo inteligible es inmutable, eterna y donde se encuentra la auténtica realidad (más adelante será explicado esta visión dualista del conocimiento)

Platón parte de la búsqueda socrática de las definiciones universales, y considera que estas tienen que corresponder a unas realidades que sea eternas, inmutables, únicas, perfectas e inteligibles. Sobre esta reflexión centra Platón su teoría de las Ideas, constituyendo así el tema principal de la filosofía platónica y el sustrato de todos los temas que la componen.

Para Platón, Idea es una realidad extramental con realidad objetiva y no una mera construcción mental, con existencia solo en la mente. Las ideas representan el verdadero ser de las cosas y son el objeto de la ciencia, son la causa de la existencia de la multiplicidad de los objetos sensibles que se vinculan a ellas. Así pues, esas ideas o eidos serían la esencia única de la múltiple y cambiante realidad sensible. El mundo accesible a los sentidos no sería más que una copia o imitación imperfecta y material de esos modelos eternos y universales.

Las Ideas son eternas, no nacen jamás, son inmutables, en contraposición de la materia que nacen, son mutables y perecederas, es por ello, que las Ideas tienen verdadera existencia. Por otro lado, las Ideas son aprehendidas por el entendimiento, puesto que los sentidos nos muestran esa realidad cambiante, sujeta al devenir, por lo que lo que se conoce a través de los sentidos es pura opinión. Y, por último, las Ideas se encuentran en un entramado jerarquizado, donde existen tantas Ideas como cosas participan de ellas, por lo que son infinitas, como lo pueden ser las cosas del mundo físico. Pero, para Platón, al igual que existe un cierto grado de perfección en las cosas sensibles, también lo es en las Ideas; así pues nos encontramos en un primer nivel los objetos matemáticos, seguido de la esencia de los seres, valores estéticos y éticos, y en la cúspide, está la Idea de Bien, que Platón la identifica con la Idea de verdad y belleza. Lo bueno, por ser bueno, es al mismo tiempo verdadero y bello.

Sobre este entramado de la Teoría de las Ideas, Platón defiende un dualismo ontológico, en el cual postula la existencia de dos ámbitos: El mundo inteligible y el mundo sensible.

Por un lado, en el mundo inteligible, es donde se encuentran las Ideas, formas, esencias y modelos de la realidad material, poseyendo así las características de las Ideas -anteriormente comentado- y no puede ser percibido por los sentidos, sino que solo es cognoscible por el entendimiento.

Por otro lado, el mundo sensible estaría formado por la gran diversidad y multiplicidad de objetos materiales, perecederos, sometidos al devenir, al cambio constante, y que existen en la medida en que imitan (mímesis) o participan (méthexis) de los modelos ideales de las formas inteligibles. Por tanto, son dependientes ontológicamente de las formas y cognoscibles por los sentidos.

Estos dos mundos se encuentran conectados, es por ello que Platón recurre a una figura mitológica, el demiurgo o dios artesano, se trata de una divinidad que modela la realidad sensible a partir de las formas inteligibles.

De esta manera, Platón, alcanza su objetivo, demostrar que la verdad existe y es accesible únicamente a través de la razón. Esta visión dualista del conocimiento, Platón también la ejemplifica con el famoso “Mito de la caverna”, así como “el Símil de la línea”, se trata de una analogía donde expone brevemente la teoría ontológica y epistemológica.

La educación en Platón

Platón filósofo ateniense, discípulo de Sócrates. Nació en el 427a.C y murió en el 328 a.C, cuyos años de vida se vieron marcados por dos importantes conflictos armados (guerras médicas y la guerra del peloponeso) hechos que llevaron a Platón a comprender la necesidad de reformar la vida de la polis para que la tiranía o los atropellos cometidos por la democracia no volvieran a repetirse -la muerte de Sócrates resulta incomprensible para Platón.

El ideal filosófico de Platón será «la educación», destinada a formar élites ciudadanas que entiendan que la política ha de ejercerse con el propósito de contribuir a la existencia de ciudadanos justos en una polis que, a su vez, sea justa.

La visión sofista de la educación presupone que el discípulo solo es capaz de conocer si el maestro le transfiere el conocimiento. Pero Platón concibe la educación a partir del método dialéctico de Sócrates, donde el discípulo debe aportar una actitud activa y protagonista en el proceso de formación. Para Platón la capacidad de conocer es innata en todos los seres humanos, solo hay que orientar esa facultad y fomentarla. Es imprescindible despertar las capacidades innatas del ser humano, hacer discurrir la inteligencia, dirigiéndola hacia lo inmaterial y lo eterno, apartándola de los bienes materiales y las riquezas que no le aportaran la felicidad.

La educación platónica está diseñada en función de la política y la vida civil, cuyo fin es conseguir gobernantes excelentes. Esta educación se concretaría en una serie de fases selectivas que permitirán clasificar a los individuos en la sociedad según sus capacidades y sus dotes naturales. Esta educación sería universal e igual para todos. Además, los encargados de educar serían los gobernantes, puesto que de este sistema educativo depende el funcionamiento de la sociedad, y ellos, han sabido dirigir su alma hacia lo inteligible, hacia la verdad, hacia la contemplación de las Ideas eternas.

Este proceso educativo se trata de un proceso dinámico, un camino que se ha de recorrer lento y dificultosamente, ya que es un proceso gradual y que requiere un gran esfuerzo, cuya finalidad, es el conocimiento del Bien en sí y actuar virtuosamente. Sería el siguiente:

  1. Durante la infancia y la adolescencia, las materias centrales serían la gimnástica, la música y un primer contacto con las matemáticas. Hasta aquí llegaría la formación de los guardianes.
  2. A partir de los veinte años, aproximadamente, se profundiza en las matemáticas, pues esta es la ciencia preparatoria para el estudio de la dialéctica; mediante ella el intelecto se separa de lo sensible y se prepara para el conocimiento abstracto.
  3. Los que superen la fase anterior, se dedicarán al estudio de la dialéctica a partir de los 30 años y lo harán durante cinco años más. Sólo llegarán a gobernar aquellos que superen todas las fases; los que no lo consigan serán encuadrados en otros grupos de la comunidad.

Con este entramado educativo, el Estado es la institución educativa por excelencia, puesto que todos los miembros de la sociedad serán incluidos en ella para ser seleccionados y dirigidos hacia la tarea que han de desempeñar. La política es el objetivo último de la educación platónica, y así como la educación es ilustrada mediante el ascenso desde el interior de la caverna hacia el exterior, la política corresponde al obligado descenso del filósofo que ha conocido las formas y la Idea de Bien hacia el interior de la caverna.

Teoría de la reminiscencia

Las ideas no se pueden percibir con los sentidos corporales. Sin embargo, vienen al pensamiento ante el estímulo de las cosas que percibimos. De esto concluye Platón que la razón las ha tenido que conocer previamente.

De este modo, Sócrates hace ver que le conocimiento matemático no se deriva de la experiencia sensible. Esta solo ofrece la ocasión para que el alma recuerde algo que ya ha existido en ella con anterioridad, lo que lleva a Platón a concluir que el saber matemático es un conocimiento supratemporal y racionalmente válido. Lo característico de Platón es que extiende a todo el ámbito del conocimiento científico esta tesis que de modo más o menos creíble vale para las matemáticas.

Entonces, para explicar este saber innato, Platón recurre a la doctrina órfico-pitagórica sobre el alma, según la cual las almas no solo son inmortales, sino también eternas. Antes de que un niño nazca, su alma ha existido desde siempre en el mundo inteligible, donde ha contemplado las formas puras de la realidad, pero las ha olvidado al caer en la prisión del cuerpo y quedar sometida al ajetreo cotidiano de la vida terrestre.

Sin embargo, bajo el estímulo de la percepción, el alma recuerda aquellas esencias olvidadas, y ese recuerdo hace nacer en él el amor de las ideas, el eros filosófico bajo cuyo impulso el alma puede elevarse de nuevo al conocimiento de la verdadera realidad.

El conocimiento es recuerdo (anámnesis), lo que significa que lo que se conoce o se aprende no se adquiere de fuera, sino que se desarrolla tomándolo o extrayéndolo de dentro. Tal es la enseñanza de la teoría platónica de la reminiscencia.

 

El mito de la caverna – Platón

El mito de la caverna aparece en el Libro VII de La República, escrito por Platón hacia el año 380 a.C., en un momento de crisis política y cultural en Atenas tras la Guerra del Peloponeso. Platón, discípulo de Sócrates, buscaba mostrar cómo la mayoría de los ciudadanos vivían atrapados en la ignorancia, confundiendo las apariencias con la realidad, del mismo modo que los prisioneros de la caverna solo ven sombras proyectadas en la pared. La alegoría refleja la teoría de las Ideas, según la cual el verdadero conocimiento no se encuentra en el mundo sensible, sino en el acceso a la verdad universal. Además, constituye una crítica a la democracia ateniense, que según Platón permitía que las masas permanecieran en la oscuridad, y una propuesta pedagógica: solo mediante la educación y el esfuerzo intelectual es posible salir de la caverna y alcanzar la luz del conocimiento.

Resumen del mito

Este mito nos habla de unos hombres que, desde su infancia, permanecen atados, obligados a mirar al fondo de una cueva, donde se proyectan las sombras de los seres que pasan por delante de la boca de la cueva y que son iluminados por un fuego.

mito-caverna

Uno de estos hombres se libera de sus cadenas y, dándose la vuelta, sale al exterior de la cueva, donde queda deslumbrado al contemplar por vez primera la luz del sol. Superada su momentánea ceguera, poco a poco va viendo, con asombro, una nueva forma de realidad , y se da cuenta de que antes sólo conocía sombras, porque las cosas reales, iluminadas por la luz del sol, estaban fuera de la cueva en la que él vivía recluido.

Posteriormente, regresa al lado de sus antiguos compañeros, que permanecen atados, pero dotado ya de este nuevo conocimiento y, al relatárselo, no le creen, incapaces de comprender lo que le pasa. Lo toman, pues, por loco e intentan matarlo.

Con este relato, Platón enseña que la realidad está claramente dividida entre el mundo de las apariencias o de las sombras (de la pura opinión o Doxa) y el mundo de la luz (Espisteme o conocimiento):

  1. El mundo de las sombras está formado por imágenes que no muestran la realidad verdadera de las cosas; el mundo de la luz, en cambio, está presidido por el bien, que hace que las cosas sean lo son, y que es la verdadera realidad.
  2. El fuego de la caverna simboliza al sol visible que ilumina este mundo sensible, mientras que el mundo inteligible está presidido por el sol del bien, que hace a las ideas verdades e inteligibles.
  3. La salida de la caverna del hombre que se libera de sus ataduras representa el camino del filósofo, que sube desde el fondo de la caverna a la luz del mundo de las cosas que verdaderamente son. Es, pues, un camino de liberación, de descubrimiento del ser y de conocimiento de la verdad. Todo ser humano tiene la posibilidad de emprender este camino, de ascender del mundo de las meras apariencias hasta la contemplación de lo que realmente es.
    el-mito-de-la-caverna

Aplicaciones actuales

El mito de la caverna de Platón sigue siendo una metáfora poderosa para comprender la sociedad contemporánea. Hoy, las “sombras” de la caverna pueden identificarse con fenómenos como la desinformación en redes sociales, las fake news y la manipulación mediática, que mantienen a muchas personas atrapadas en una visión parcial de la realidad. La salida de la caverna representa el esfuerzo por desarrollar un pensamiento crítico, contrastar fuentes y buscar conocimiento más allá de lo inmediato.
En el ámbito educativo, el mito inspira la necesidad de una enseñanza que no se limite a transmitir datos, sino que fomente la reflexión autónoma y la capacidad de cuestionar lo que se da por cierto. En la era digital, también puede aplicarse a la relación con la realidad virtual y la inteligencia artificial, donde distinguir entre apariencia y verdad se convierte en un desafío central.
La alegoría platónica nos recuerda que la verdadera libertad intelectual consiste en atreverse a salir de la caverna, abandonar las sombras y enfrentarse a la luz del conocimiento, incluso cuando este proceso resulta incómodo o desafiante


Recomendación: El mito de la caverna para Niños a través de Calista. El misterio de la verdad

Ilustración de Elena F. Vázquez del libro: «Calista. El misterio de la verdad»

Infografía