El eterno retorno -Nietzsche

En el verano de 1881, Nietzsche entrevió, como resultado de una intuición, su tesis del eterno retorno. Tal concreción en la fecha evidencia la intensidad con que  vivió este descubrimiento intelectual. Al calificarlo de intuición, nos informa de que dicha tesis debe ser entendida como una construcción teórica, no fáctica, que confirma la necesidad de ese superhombre como único ser capaz de aceptar las consecuencias que se derivan de todo su pensamiento. 210px-serpiente_alquimica

En el plano ontológico, el eterno retorno indica una manera de concebir la sucesión temporal de forma circular, y no de forma lineal como tiempo histórico con un comienzo y un final, un pasado y un futuro. La realidad no sería más que la repetición eterna de lo cambiante. Dicho de otra manera, lo único permanente es la vida con todas sus implicaciones y variaciones. La realidad se explica a sí misma y no necesita nada exterior a ella para ser comprendida.

La desaparición de Dios conlleva la eliminación de una visión lineal del tiempo y de la historia. Dios es el principio y el fin de todo lo creado. La muerte de Dios convierte lo creado en principio y fin de sí mismo.

En el plano antropológico, el eterno retorno comporta una actitud de coherente fidelidad a la vida. Vivir el momento presente como si lo hubiésemos de vivir infinitas veces más significa que se debe vivir no como si cada uno de los momentos de nuestra vida tuviese su fin en cuanto pasan en el tiempo, sino como si cada uno tuviese dentro la infinidad del tiempo mismo. Supone aceptar la vida como devenir, como eterna repetición de lo mismo.

Por tanto, significa vivir sin querer imponer a la vida un ritmo, un orden, una explicación que esté más allá de su acontecer, sino amándola como es y en la actitud de quien acepta su imponderable mezcla de bien y de mal.

De esta manera, Nietzsche nos invita a un ejercicio de reflexión. Todos aceptaríamos repetir los momentos de alegría de la vida de manera continua. Pero la vida supone también sufrimiento, dolor, soledad. ¿Aceptaríamos entonces esa repetición? Si la respuesta es un no, entonces no somos ese superhombre del que Nietzsche habla y no habríamos recorrido aún las etapas que convierten al camello en niño.

<<Mi doctrina es: Vive de tal modo que llegues a desear vivir otra vez, éste es tu deber, 
¡porque revivirás de todas formas!>> 

F.W. Nietzsche
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