¿Qué es un ser humano? Grupo 4-8 años

Llevamos unas semanas trabajando sobre el tema de Antropogénesis en el Taller de Filosofía para Niñ@s que se realizan en Köln. Un tema que aún no se ha podido dar por cerrado, porque como ocurre en este tipo de comunidades de investigación, nunca nada se pueda dar por cerrado, y mucho menos en Filosofía.

Una de las preguntas con más controversia a lo largo de la historia es preguntarse por el ser humano. Las religiones, la filosofía, las diversas ciencias permiten profundizar en las entrañas del propio hombre, descubriendo su conformación genética, los sistemas que forman su compleja biología, los procesos mentales,… Pero la pregunta sería ¿qué hay en el hombre que le haga ser tal?

Así lo ven ell@s, niñ@s de entre 4 y 8 años.

¿Qué es un ser humano?

– Un ser humano es una persona que habla -Pablo 5 años
+¿Entonces las personas mudas no son humanas?
–Un ser humano es una persona que anda con dos piernas – Aram 6 años
+ ¿Entonces las personas que van en silla de ruedas y no pueden caminar no son humanas?
– Un ser humano es un ser que puede hacer muchas cosas como estudiar, correr, saltar,… -Antía 7 años
– ¡Ah! ya lo sé. Un ser humano es una persona que puede pensar y comunicarse de cualquier manera, no solo hablando, sino también con símbolos, como con el arte. Un ser humano es una persona que puede andar con piernas o con otras cosas. Un ser humano somos nosotros. Si nos vemos no hace falta definirlo –(en nosotros mismos está incluida la definición en su aspecto físico)– , porque nos podríamos comparar con un animal y vemos que no somos iguales.
– También es una persona que siente. -Matilda 7 años
+¿A qué te refieres con sentir?
-Pues, que puede ver, tocar, oler,… y que también puede estar triste, alegre, cabreado,… -Matilda 7 años
+ ¿Y el resto de animales? ¿Los animales no humanos pueden sentir?
– Sí, que siente. Un perro puede llorar de tristeza haciendo así (imita el sonido del perro cuando llora) – Antía
– O un mono cuando se alegra hace así (imita saltando un mono, gritando y aplaudiendo) – Aram
– ¡Ya lo sé! Un ser humano es todo lo que he dicho antes, y también que puede imitar al resto de animales. Los animales no pueden imitar a otro animales. Como hacemos nosotros, un perro no puede imitar a un mono, ni un mono a un cerdo, ni una cabra a una persona.

Aunque se olvidaron de algunos aspectos, como el aspecto social, entre otros, se acabó mencionando, que:

«Un ser humano es un ser que siente, se desarrolla y se adapta al mundo en el que vive»

Para ti, ¿Qué es un ser humano?

Biotecnología en el terreno de la bioética

Todo filósofo no solo se pregunta por sí mismo y su entorno, sino que debe ir más allá de la propia respuesta conceptual y actuar, es el terreno de la praxis.

Los últimos par de siglos de nuestra época, se ha visto marcado por una innovación incesante en casi todos los terrenos de la vida social. Esos cambios, en gran medida, afectan a nuestra cultura material, siendo estos resultado de los descubrimientos de la ciencia y la tecnología moderna.

Vivimos una época de cambio tecnológico acelerado, en efecto, la modificación del entrono natural por la mano del hombre ha avanzado de forma acelerada. Pero una vez más nos encontramos con ventajas e inconvenientes de esta aceleración.

Ciencia y tecnología, ambas han proporcionado al ser humanos unos niveles de bienestar muy superiores con respecto a otras épocas atrasadas, no hay más que ver el cambio sufrido en el «trabajo del campo». El grado de comodidad, seguridad, libertad y cultura del que gozamos a día de hoy, es, en gran medida, proporcionado por la tecnología moderna, la cual ha sido creada y movilizada por la inteligencia y el esfuerzo humano.

Pero, encierra peligros en los que el ser humano pueda utilizar esa tecnología de forma inadecuada, y lo haga hasta el punto de poner en peligro la propia supervivencia de nuestra especie sobre el planeta. De esto último muchas distopías se han descrito en los libros, series de TV y películas, «El atlas de las nubes», «Gattaca», «La travesía», «Ex Machine», la exitosa serie «Black mirror»,… entre otros, muestran claramente el peligro que pueda traer el mal uso de ese avance tecnológico.

El avance de la biotecnología permite modificar nuestra propia constitución biológica, de hecho, la medicina, desde tiempo inmemorial ha pretendido curar las enfermedades y aliviar el sufrimiento humano. Lo que me viene a la mente la siguiente cuestión ¿sigue el ser humano sujeto a la selección natural? No, el ser humano ya es una especie débil, se encuentra en la cúspide de la cadena alimenticia, pero, es únicamente gracias a los medios materiales que ha puesto para llegar a ello. Sino existieran los anteojos a muchos de nosotros nos hubiera comido el peligro.

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Imagen extraída de la serie de TV «Black Mirror» capítulo «15 millones de méritos»

La aplicación de las biotecnologías en los propios seres humanos abre horizontes espectaculares, pues estas comienzan a corregir las enfermedades congénitas que aquejan a tanta gente, y dolencias como el cáncer podrán encontrar tratamientos efectivos a no muy largo plazo. Pero tiene una faceta realmente inquietante desde un punto de vista ético, que cuando lo aplicamos esas tecnologías al propio ser humano ¿Qué limites morales debemos imponer a nuestra actuación en este terreno? En efecto, la posibilidad de editar genéticamente embriones humanos plantea preguntas fundamentales sobre lo que es éticamente aceptable en términos de manipulación genética. Por ejemplo, ¿es ético crear «bebés a la carta» con ciertas características genéticas deseables? ¿Qué consecuencias sociales y culturales tendría esto a largo plazo? Es importante señalar que la modificación genética humana ya se está llevando a cabo en algunos países. En 2018, un grupo de científicos chinos anunció que habían creado los primeros bebés genéticamente modificados del mundo. Este hecho causó un gran revuelo en todo el mundo y puso de manifiesto la necesidad de establecer límites éticos claros en cuanto a la manipulación genética del ser humano.

Y, para finalizar, se queda abierto el debate: ¿Es lícito, por ejemplo, la clonación de seres humanos, con independencia que podamos realizarla con más o menos pericia técnica? ¿Debemos tener el derecho de modificar a nuestro antojo las características genéticas de nuestra descendencia, simplemente por el hecho de poder hacerlo? si fuera esto posible, ¿cómo actuaría lo sociedad? ¿Se podrá llegar a crear individuos incapaces de albergar sentimientos de culpa, o incluso sin sentimiento en general? Cuando estamos en condiciones de modificar la constitución génica de nuestro cuerpo, ¿será correcto hacerlo sin más límites que nuestros propios deseos al respecto? Estas y muchas más preguntas abren todo un nuevo campo de problemas a la reflexión ética.

Amor: El hombre frente a la bestia

La vida, extendida por todo el universo reviste formas múltiples. De hecho, esta es totalmente sencilla en los seres infinitamente pequeños y, poco a poco, esta se va complicando en las plantas y animales, hasta alcanzar su supuesta perfección en el hombre, donde se muestra en una de las formas más complejas.

Con cuidado se ha de resaltar una cosa muy importante sobre la generación humana, a saber que: el hombre no es tan solo un animal mucho más perfecto que todos los demás, sino que esencialmente es un animal racional, dotado de inteligencia y de voluntad.

Mientras que el animal, en todas sus cosas, no puede seguir sino su instinto; el hombre puede, si así lo desea, en el campo sexual, gobernar sus instintos por medio de, como se ha mencionado, su razón y su voluntad. Solo obrando de esta curiosa manera, es como se mantiene a la altura de su condición humana. Así, y no de otra forma, es como actúa el hombre.

La doctora Carnot, psicóloga especialista en reproducción sexual, menciona en el libro de la joven: «Las bestias se aparean. El hombre se casa»

¿No es el matrimonio un hecho desconocido del mundo animal?
Las bestias, siguiendo en la línea del término, desconocen el concepto matrimonio y compromiso.
Las bestias realizan por instintos un acto puramente corporal, sin conocerse, en cualquier rincón, ya sea en la calle, en la playa, en el bosque, en la montaña… cualquier lugar, cualquier momento; y, además, en la mayor parte de los casos, después se ignoran.

En contra, el hombre, que cuando realiza el goce corporal con otro ser de su misma especie está hecho para conocerse y amarse, amarse profundamente durante el resto de su vida. Siendo en la parte el resto de su vida cuando aparece el termino amor, unión, relación, matrimonio.

Ese gran don del goce físico, que posee tanto bestias como hombres, tiene un papel importante en la evolución, como es la reproducción. Pero es el hombre, el que lo convierte en amor, con el fin de asegurar una estabilidad y continuidad en pareja, provocado por dos riquezas, que no revelan más que una parte de la realidad, dos riquezas, supuestamente preciosas que constituyen la propia dignidad: el corazón y la razón.

¿Es necesaria esta unión de amor más allá del goce corporal en el hombre para su evolución? ¿Qué pensaría la propia naturaleza sobre ello?

La naturaleza podría decir algo así como: Es necesario el goce corporal para la perpetuación de la especie, satisfacer las pasiones, los caprichos o pasiones, es una necesidad fisiológica. 

Si el placer es la sal de la vida, ¿A qué se debe la unión?

¡Menudo invento tan extraordinario eso del amor!

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¿Qué es el ser humano?

El ser humano es, ante todo, un ser social. No vive aislado, se define en relación con los demás. Esta fue la tesis que Aristóteles formuló como zoon politikon («animal político» o «animal social»), fuera de la comunidad, decía, solo puede vivir una bestia o un dios, nunca un hombre. Pero esta no puede ser la única respuesta posible.

Cuatro respuestas, cuatro definiciones incompletas

Pongámonos en situación. Imaginemos que nos encontramos en una sala, en el interior de ella se encuentran un médico, un juez, un sociólogo y un filósofo, a quienes se les lanza la misma pregunta: ¿qué es el ser humanos?

Quizás estas puedan ser sus respuestas: por un lado, el médico diría que el ser humano es un ser que sufre, porque el objetivo de la medicina es sanar al ser de sus dolencias (físicas); por otro lado, el juez dirá que el ser humano es un ser con derechos, porque el objetivo del derecho sería cumplir y garantizar la ciudadanía; mientras tanto, el sociólogo diría que el ser humano es un ser que se encuentra determinado por la sociedad, en la medida en que participa de ella; y por último, el filósofo diría, más ampliamente, que el ser humano es un ser racional.

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¿Por qué ninguna deinición basta por sí sola?

Cada respuesta se rompe posí sola.

  • No todos vivimos el sufrimiento de la misma manera, ¿es por este motivo que unos serán más humanos que otros?
  • No todos tenemos los mismos derechos, ¿dejan de ser humanos quienes carecen de ellos?
  • La sociedad nos condiciona, pero no nos determina: ¿es humano aquel que se deja esclavizar por el consumo, por ejemplo?
  • Todos poseemos racionalidad -aunque a veces se dude de ella-. El filósofo es el que abarca lo que se ha de entender como ser humano, por su esencia, pese a las dificultades argumentativas con las que se pueda encontrar. No admite excepciones.

De esta manera, el ser humano, visto desde su propia totalidad, desde su esencia, como animal racional, nos empuja a preguntas metafísicas referidas a la realidad en su conjunto: ¿qué es el ser humano? ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? o ¿qué me cabe esperar? tendrán una respuesta diferente en función de cómo se entienda ese universo que proporciona guarida a nuestra existencia: ¿producto del azar, creación divina, o con una finalidad propia?

De Aristóteles a la Ilustración: la definición como esencia fija

Para Aristóteles, ser zoon politikon es la condición misma de la naturaleza humana, quien pudiera bastarse a sí mismo fuera de la ciudad (la polis) no sería un hombre, sino una bestia o un dios. El lenguaje mismo, decía, existe para expresar lo justo de la injusto, lo cual solo tiene sentido entre seres que conviven.

La tradición filosófica medieval, durante siglos, buscó una esencia fija del ser humano. El filósofo romano Boecio la resumió en la fórmula escolástica animal rationale mortale (animal racional y mortal ) que Tomás de Aquino integró en su síntesis entre razón aristotélica y fe cristiana. El ser humano como criatura racional, pero también finita y orientada a un fin último que la trasciende.

Descartes, en el siglo XVII, dio un giro, rompió con esa tesis. Redujo lo esencialmente humano al pensamiento, la res cogitans o sustancia pensante, separándolo radicalmente del cuerpo (res extensa) sustancia extensa y mecánica, regida por las mismas leyes que e resto de la materia. «Pienso, luego existo» no es solo una prueba de la propia existencia, es la afirmación de que ser humano es, ante todo, ser conciencia, y que el cuerpo es, en cierto sentido, prescindible para definir esa esencia.

Kant, un siglo después, desplazó la pregunta del terreno metafísico al ético. Añadió una dimensión que ni Aristóteles ni Descartes habían planteado. El ser humano es fin en sí mismo, nunca un simple medio para los fines de otro, precisamente porque es un ser racional capaz de darse a sí mismo sus propias leyes morales (autonomía). Es la base de lo que hoy llamamos dignidad humana, un valor que no depende de la utilidad, el estatus social o las capacidades de cada individuo, depende del mero hecho de ser un agente racional.

El giro existencialista: ¿tiene el ser humano una esencia fija?

En el siglo XX, Jean-Paul Sartre invirtió por completo el planteamiento clásico con una frase que se volvió el lema del existencialismo: «la existencia precede a la esencia«. Un abrecartas, decía Sartre, tiene una esencia antes de existir, porque su fabricante lo concibió con un propósito determinado. El ser humano, en cambio, no nace con una naturaleza ya determinada, primero existe, y solo después, a través de sus elecciones, se define a sí mismo. No hay un «manual» del ser humano al que ajustarse; cada persona se construye mediante lo que hace, no mediante una esencia que la precede. De ahí que Sartre hable de una libertad radical donde «estamos condenados a ser libres», porque ni Dios ni una naturaleza fija deciden por nosotros quiénes somos.

Esta idea conecta con otra que recorre buena parte de la filosofía del siglo XX: la de Ortega y Gasset, para quien «yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo«. El ser humano no puede entenderse al margen del contexto histórico y social en el que le toca vivir, pero tampoco se reduce a él. La vida humana consiste, precisamente, en el diálogo constante entre lo que uno es y las circunstancias que no eligió.

Imagen de Mimzy en Pixabay

La respuesta siempre está incompleta.

Ninguna de estas respuestas anula a las anteriores; más bien se van acumulando como capas de la misma pregunta. Arístoteles nos da la dimensión social y racional; la escolástica, la finitud y el destino que trasciende al indviduo; Descartes, la primacía de la conciencia; Kant, la dignidad y la autonmía moral; Sartre, la libertad radical de no tener una naturaleza predeterminada; Ortega, la circunstancia como parte constitutiva de quién somos.

Cualquier definición del ser humano queda condicionada por la época, la cultura y el entorno social en el que se formula. Y es precisamente ese entorno social el que, en último término, decide: el ser humano no es solo un animal racional en abstracto, ni una sustancia pensante aislada, ni una esencia fija anterior a su existencia. Es un animal racional que necesita de los demás para llegar a serlo, y que se construye, como diría Sartre, en el propio acto de vivir su circunstancia, como diría Ortega.

¿Qué es el ser humano? ¿Tiene sentido su existencia?



Aristóteles. Política (M. García Valdés, Trad.). Gredos.

Boecio. Sobre la persona y las dos naturalezas

Tomás de Aquino. Suma teológica

Descartes, R. Meditaciones metafísicas. Alianza Editorial

Kant, I. Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Alianza Editorial.

Sartre, J.-P. El existencialismo es un humanismo Edhasa.

Ortega y Gasset, J. Meditaciones del Quijote. Ediciones Cátedra