El espejismo del crecimiento económico

La trampa del consumismo navideño

Con la llegada de la Navidad, las ciudades se llenan de luces, los escaparates compiten por atraer miradas, y un ambiente de consumo domina las calles, poniendo a prueba los presupuestos familiares. Este frenesí no es casualidad, sino el reflejo de un sistema económico que ha hecho del crecimiento su principio rector.

La Navidad, celebración religiosa que conmemora el nacimiento de Jesucristo, ha evolucionado hasta convertirse en una de las temporadas comerciales más lucrativas a nivel mundial. En esta época, las familias tienden a gastar más, impulsadas por el espíritu festivo, las tradiciones y la presión social de cumplir con las expectativas de regalos y celebraciones. Los datos son reveladores:

  • En Estados Unidos, el gasto navideño ha mostrado una tendencia creciente en los últimos años. Según una encuesta de The Conference Board (ver informe de 2024), los consumidores estadounidenses planean gastar un promedio de 1.063 dólares en compras relacionadas con las fiestas, lo que representa un incremento del 7,9% respecto a los 985 dólares de 2023.
  • En España, la Organización de Consumidores y Usuarios (ver informe de la OCU) estimó en noviembre de 2023 que los españoles destinarán una media de 745 euros durante la Navidad, distribuidos principalmente en 396 euros para regalos y 190 euros para celebraciones y comidas, consolidando una tendencia al alza en el consumo navideño.

El creciente gasto navideño evidencia cómo el sistema económico transforma nuestras tradiciones culturales en oportunidades para impulsar el consumo de bienes y servicios. Esto nos invita a una reflexión clave: ¿es sostenible un modelo económico que constantemente nos exige gastar y producir más?

El crecimiento económico: historia y contradicciones

Retrocedamos al siglo XVIII, cuando surgieron las primeras tesis sobre el crecimiento de la mano de Adam Smith, considerado el padre de la economía moderna. En su obra, La riqueza de las naciones, argumentó de manera convincente que la división del trabajo, el comercio libre y la inversión en capital son los pilares fundamentales para aumentar la productividad y, por ende, propiciar el crecimiento económico. Un mercado libre y competitivo permitiría a las naciones incrementar su riqueza al fomentar una mayor producción de bienes y servicios (Smith 2011/1776).

David Ricardo, otro destacado economista clásico, adoptó un enfoque más cauteloso y se centró en los factores productivos como la tierra y el trabajo, introduciendo la teoría de los rendimientos decrecientes. Esta teoría postula que, al aumentar la cantidad de un recurso utilizado en la producción, la cantidad adicional obtenida disminuye progresivamente (Ricardo 2015/1817). Es decir, llega un momento en que poner más esfuerzo produciendo algo no compensa porque el beneficio extra que se obtiene cada vez es menor, y esto es así porque los recursos naturales son limitados y escasos, por lo que no pueden explotarse indefinidamente y, al mismo tiempo esperar mantener niveles de producción crecientes o constantes.

Para bien o para mal, Ricardo no pudo anticipar las transformaciones que desencadenaría la Revolución Industrial, período que marcó un avance extraordinario en la producción, impulsado por la mecanización, la expansión del comercio y una gestión más eficiente de los recursos naturales, todo ello favorecido también por innovaciones tecnológicas. Este periodo despertó en el imaginario colectivo la idea de un crecimiento económico que no conoce límites.

No obstante, las mismas dinámicas de crecimiento que marcaron ese periodo han dado lugar a nuevos desafíos que cuestionan su sostenibilidad, la explotación masiva de recursos nos está llevando a una crisis climática sin precedentes. Esto se ve reflejado en el Earth Overshoot Day, una fecha simbólica que indica el día en que hemos consumido más recursos de los que el planeta puede regenerar en un año. Los datos son preocupantes ya que por ejemplo en este año dicha fecha cayó el 1 de agosto. Es decir, hemos consumido la biocapacidad de la Tierra de un año en 212 días, esto implica que necesitaríamos 1,72 (365/212) Tierras para mantener nuestro estilo de vida durante 2024. A continuación, valoremos tres factores clave que pueden ayudarnos a entender mejor esta tendencia alarmante de crecimiento desmedido.

  1. El sesgo del crecimiento exponencial

Uno de los mayores obstáculos para entender los límites del crecimiento económico es que tendemos a pensar de manera lineal, mientras que muchos eventos siguen patrones exponenciales. Un ejemplo claro lo vimos durante la pandemia de COVID-19. Al principio, los contagios parecían manejables, pero en poco tiempo los casos se dispararon porque cada persona infectada podía contagiar a varias más, y así sucesivamente. Lo que parecía un problema pequeño creció tan rápido que desbordó nuestros sistemas sanitarios y nos forzó a tomar medidas drásticas.

Con el crecimiento económico ocurre algo similar. Al principio, la explotación de recursos como el agua, la energía o los minerales parece sostenible. Pero a medida que la demanda aumenta, su agotamiento se acelera, y los costos ecológicos y sociales se disparan. Esto genera una presión cada vez mayor sobre los recursos disponibles, exigiendo ajustes en cómo se gestionan para hacer frente a estas demandas aceleradas.

  1. El círculo vicioso del crédito

Otro aspecto que impulsa el crecimiento económico está relacionado con cómo funciona nuestra economía. Muchas personas recurren a créditos y préstamos para financiar sus gastos, como aquellos de las fiestas navideñas. Esta inclinación a gastar más se conecta con lo que Yuval Noah Harari describe en Sapiens como la base del crecimiento económico moderno: un sistema sostenido por la imaginación colectiva y la confianza en un futuro mejor que se sostiene a través del crédito. El crédito nos permite construir el presente a expensas del futuro.

Dicha confianza creó crédito, el crédito produjo crecimiento económico real; y el crecimiento reforzó la confianza en el futuro y abrió el camino para más crédito todavía (Harari 2016, p. 342).

  1. El mito del progreso tecnológico

Finalmente, otro elemento que perpetúa la idea de un crecimiento económico ilimitado es la fe inquebrantable en la tecnología para superar cualquier barrera. Esta creencia se ha consolidado a lo largo de los últimos doscientos años, alimentada por los avances que nos ha dejado la Revolución Industrial, que parece confirmar la noción de que siempre habrá soluciones técnicas para los desafíos económicos y ecológicos. Tal como lo advierten Meadows et al. (2004/1972):

La idea de que pueda haber límites al crecimiento es para mucha gente imposible de imaginar. Los límites son innombrables desde el punto de vista político e impensables desde el punto de vista económico. La cultura tiende a negar la posibilidad de que existan límites, confiando profundamente en el poder de la tecnología, en el funcionamiento del libre mercado y en el crecimiento de la economía como solución a todos los problemas, incluso a los creados por el crecimiento (Meadows et al. 2004, p. 203).

Rain, Steam, and Speed – The Great Western Railway. Óleo sobre lienzo 91 x 121.8 cm. Galería Nacional de Londres. Londres, Reino Unido.

¿Una Navidad diferente?

En este contexto, es necesario replantear nuestra relación con el consumo, y algunas iniciativas ya están marcando el camino como por ejemplo el proyecto buy nothing que fomenta el intercambio de bienes en lugar de comprarlos, promoviendo una economía de regalo que fortalece las conexiones comunitarias y con ello ayuda a reducir el consumo excesivo.

A nivel personal, podemos reflexionar sobre nuestras prioridades. ¿Es necesario comprar el último gadget tecnológico o acumular regalos materiales para demostrar afecto? Optar por regalos hechos a mano, experiencias compartidas o donaciones a causas sociales son alternativas que pueden reducir nuestra huella ecológica.

El consumismo navideño es un síntoma de nuestro sistema económico, pero también es una oportunidad para cuestionarlo. Mientras seguimos celebrando la imaginación colectiva y su capacidad para generar confianza en el futuro y reforzar las bases del capitalismo, debemos recordar que esta misma imaginación puede ayudarnos a visualizar un futuro diferente. Un futuro basado en límites sostenibles, el cual requiere un cambio importante en nuestras expectativas, prioridades y comportamientos. Un cambio que podría comenzar con pequeñas decisiones, como reconsiderar nuestras compras navideñas para este año.

En última instancia, la verdadera magia de la Navidad no surge de las cosas que vayamos a comprar, sino de los valores que decidamos compartir. Esto nos invita a reflexionar sobre quiénes queremos ser en un mundo que, con demasiada frecuencia, nos define por lo que acumulamos más que por lo que somos. Quizá estas fiestas nos brinden la ocasión para formularnos una pregunta esencial: si el sistema económico actual se halla en conflicto con los límites del planeta y con nuestros valores más profundos, ¿qué sistema —y qué humanidad— queremos dejar a las generaciones venideras?

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Harari, Y. N. (2016), Sapiens de animales a dioses, Breve historia de la humanidad, Editorial Debate.

Meadows, D. H., Randers, J., & Meadows, D. L. (2004/1972), The Limits to Growth: The 30-Year Update, Chelsea Green Publishing.

Ricardo, D. (2015/1817), Principios de economía política y tributación, Editorial Fondo de Cultura Económica.

Smith, A. (2011/1776), La riqueza de las naciones, Alianza Editorial.

Enlace a la página web de Earth Overshoot Day: https://overshoot.footprintnetwork.org/

Enlace a la página web del proyecto buy nothing: https://www.buynothingproject.org/

Apología al No

El hombre libre es aquel que no teme decir ‘No’.


El “No” es mucho más que una simple negación; es una afirmación enmascarada, una declaración contundente de existencia, identidad y límites. EN un mundo obsesionado por el “Sí”, con la afirmación constante y la búsqueda interminable de aprobación, el “No” se erige como un acto de resistencia, un baluarte de la autonomía y una forma profunda de pensamiento crítico. Decir “No” es un ejercicio de libertad. Cada vez que lo pronunciamos, trazamos una línea que protege nuestro espacio interior y establece una barrera ante las imposiciones externas. Es, en esencia, la forma más pura de declarar que tenemos una voluntad propia y que no estamos dispuestos a diluirnos en el flujo de lo esperado.

La filosofía misma nació de una negación. Los primeros pensadores se atrevieron a rechazar las explicaciones dogmáticas y las creencias cómodas de su tiempo, apostando por la incertidumbre y la duda. De hecho, el mismoRené Descartes llegó a su célebre “Pienso, luego existo” tras negar todo lo que pudiera ser falso, esto quiere decir que muchos de esos noes en la historia del pensamiento humano ha sido una pequeña, o grande, chispa de renovación. Se puede considerar que, lejos de destruir, el «No» abre la puerta a nuevas formas de entender el mundo, a preguntas que antes no nos atrevíamos a formular. Es, por tanto,un acto profundamente creativo, un motor de transformación que impulsa tanto al individuo como a la sociedad hacia territorios inexplorados.

Sin embargo, el «No» no solo tiene un valor intelectual o filosófico. ¿Qué nos sugiere la negación dentro del ámbito ético?  Se puede considerar de que se trata de una herramienta esencial para delimitar lo que no estamos dispuestos a tolerar como individuos y como humanidad. Decir «No» a la violencia, a la injusticia o a la discriminación no es solo un acto de rechazo, sino una afirmación de principios que define quiénes somos. Pero esta negación no debe ser impulsiva ni sistemática; requiere reflexión, convicción y responsabilidad. Un «No» vacío puede ser destructivo, mientras que un «No» bien pensado, es una forma de defender la integridad y la dignidad.

Tambien lo encontramos en el plano personal, la negación tiene una dimensión profundamente íntima. Aprender a decir «No» es aprender a cuidar de nosotros mismos. Es el acto mediante el cual protegemos nuestra energía, establecemos límites saludables y nos negamos a aceptar demandas que nos agotan o relaciones que nos destruyen. El «No» es, en este sentido, un gesto de amor propio, una forma de recordarnos que no somos infinitos ni omnipotentes, y que proteger nuestra esencia es tan importante como compartirla. Como afirmó Rainer Maria Rilke, «la soledad es el lugar donde se encuentra la verdad» en Cartas a un joven poeta. Y muchas veces, el «No» es el primer paso hacia esa soledad necesaria, hacia ese encuentro con nuestra voz más auténtica.

Si el «No» es tan poderoso, tan esencial para nuestra libertad, creatividad y dignidad, cabe preguntarse: ¿por qué nos cuesta tanto decirlo? ¿Es el miedo al conflicto, a la soledad o al rechazo lo que nos paraliza? ¿Cuántas veces aceptamos algo por inercia, traicionando nuestra esencia en el proceso? ¿Qué nos dice esto sobre nuestra sociedad, que premia el «Sí» como un símbolo de cooperación, pero castiga el «No» como un acto de disidencia?

El «No» no es, como podría parecer, un símbolo de negatividad, sino de posibilidad. Es el cimiento sobre el que construimos nuestras decisiones, nuestras convicciones y nuestra identidad. Es el acto de resistencia que desafía la inercia del conformismo, la semilla del pensamiento crítico y la frontera que protege nuestra humanidad. Defender el «No» es defender la libertad, la creatividad y la autenticidad. En un mundo que idolatra el «Sí», que premia la complacencia y castiga la disidencia, el «No» es un acto revolucionario. ¿Cuántos «Noes» valientes están pendientes en tu vida? ¿Cuántos «Noes» necesitas pronunciar para ser quien realmente eres?


Nota: Este texto surgió a partir de una conversación en la que se demostró -o se intentó demostrar- la importancia de saber decir «No», especialmente a una persona que afirma «no saber cómo hacerlo o que nunca dice no». Como ejemplo, se utilizó la figura del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, entre otros. Si a él se le hubiera dicho «No» en lugar de llevar a cabo los ataques a Palestina, es posible que hubiera acatado esa orden. Este ejemplo ilustra cómo el «No» puede ser un acto de resistencia y una herramienta para evitar decisiones destructivas. Si todos tuviéramos la capacidad de decir «No» de manera firme y reflexiva, podríamos evitar muchas de las injusticias y daños que surgen cuando se cede ante presiones externas o la complacencia. El «No» es, en última instancia, un acto de responsabilidad que, si se emplea con convicción, puede prevenir la perpetuación de abusos y opresiones.

La zona gris de la humanidad

A lo largo de los siglos, la humanidad ha oscilado entre el bien y el mal, la guerra y la paz, la libertad y el control. Estos conceptos no son solo parte de nuestra historia, sino de nuestra esencia. Los actos de violencia y opresión contrastan con nuestros ideales de justicia y convivencia, y nos empujan a reflexionar sobre nuestra naturaleza, nuestras elecciones y las estructuras que nos moldean. 

El mal, en sus múltiples formas, nos confronta con las facetas más oscuras de nuestra condición. Actos como la tortura, el genocidio o la esclavitud, aunque formalmente condenados hoy, no son solo una herencia del pasado: persisten en el presente, revelando que el mal no es un anacronismo, sino una realidad. Lo vemos en muchos de los conflictos armados que están ahora mismo sobre la palestra, mensajes en RRSS, entre otros…

Hannah Arendt, al observar el juicio del nazi Adolf Eichmann, describió el mal como «banal», encarnado no en un monstruo, sino en un hombre corriente que renunció a pensar y obedeció órdenes. Esto pone en duda la idea de que el mal solo reside en intenciones malignas, sugiriendo que, muchas veces, las circunstancias y la falta de reflexión son los verdaderos catalizadores del daño. 

Si aceptamos esta perspectiva, surge una pregunta esencial: ¿cuánta responsabilidad tiene un individuo que actúa bajo presión o en un sistema que fomenta el mal? ¿Es la obediencia ciega tan peligrosa como el odio deliberado? 

Ilustración de un taller de FpN sobre ¿Qué es el mal? (12-14 años)

Experimentos como el de Stanley Milgram refuerzan esta idea: personas comunes, en situaciones controladas, son capaces de causar sufrimiento grave simplemente porque una figura de autoridad se lo pide. Este fenómeno plantea una cuestión inquietante: ¿cómo evitamos que las estructuras sociales nos conviertan en agentes de daño? 

Esto nos lleva a tratar otro tema, el bien y el mal, como algo que está más allá de lo maniqueo.

La filosofía ha intentado desentrañar esta dualidad. Desde la visión de Hobbes, quien veía al ser humano como egoísta por naturaleza, hasta Rousseau, que lo consideraba bondadoso hasta que la propiedad y la sociedad lo corrompían, las perspectivas son diversas. Sartre, por su parte, negó una naturaleza fija, afirmando que somos lo que hacemos con nuestra libertad. 

La literatura también ha explorado estas tensiones. En “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, Stevenson muestra cómo el mal puede ser una parte latente de nuestra identidad, lista para emerger cuando las circunstancias lo permiten. Si nuestras acciones no siempre obedecen a intenciones claras, ¿qué nos define: ¿lo que hacemos, lo que deseamos o lo que intentamos evitar?  ¿Es posible que el mal sea, en cierto sentido, necesario para comprender y valorar el bien? ¿O deberíamos aspirar a eliminarlo completamente, si eso fuera posible? 

He mencionado la palabra libertad, una de las más evocadoras y manipulables del lenguaje humano. Su capacidad para inspirar, movilizar y justificar acciones de todo tipo la ha convertido en un concepto poderoso, pero también ambiguo. Aunque a primera vista parece ser un ideal universal, su significado cambia según quien la emplee y el contexto en el que se invoque. Históricamente, ha sido la bandera de ideologías y movimientos opuestos: fascistas, comunistas, dictadores y revolucionarios han encontrado en ella un símbolo adaptable para sus causas, ya sea para justificar una guerra, promover un genocidio o defender derechos fundamentales. Esta versatilidad no solo refleja su atractivo retórico, sino también su capacidad para ser tergiversada y servir a intereses particulares.

En esencia, la libertad es un concepto positivo. Sin embargo, cuando se utiliza como herramienta discursiva, puede convertirse en un arma para legitimar actos de opresión y violencia. Esto nos enfrenta a una paradoja esencial: ¿es la libertad un fin en sí mismo o un medio para alcanzar otros objetivos? En muchos casos, la libertad pierde su sentido original y deja de ser una condición para la convivencia y la autorrealización, transformándose en un pretexto para dividir, destruir y dominar.

Esta omnipresencia contribuye a banalizar su valor y a desviar la atención de cuestiones esenciales: ¿para qué sirve la libertad y a quién beneficia realmente? Cuando tanto opresores como oprimidos la reclaman como bandera, se hace evidente la necesidad de cuestionar su uso, su contexto y su autenticidad.

La libertad auténtica no puede ser la simple ausencia de restricciones ni la capacidad de imponer la propia voluntad sobre otros. Su significado más profundo radica en el equilibrio entre derechos y responsabilidades. Si el ejercicio de la libertad de unos implica la opresión o el sufrimiento de otros, deja de ser una verdadera libertad en el sentido ético y humano. Este equilibrio exige una reflexión mucho más profunda, ya que no se trata solo de defender la libertad como un principio abstracto, sino de considerar sus implicaciones y límites en nuestras relaciones, sociedades y sistemas.

En fin, la filosofía contemporánea, lejos de quedarse en preguntas sin respuesta, puede ofrecernos herramientas para enfrentar estos desafíos. Como sugiere Foucault en “La hermenéutica del sujeto”, debemos volver al gnothi seauton (conócete a ti mismo) para reflexionar sobre cómo vivir éticamente en un mundo lleno de sombras. Esta mirada introspectiva nos invita a construir una vida más consciente, basada en la bondad, la convivencia y el respeto por las libertades. 

Al final, somos seres complejos, grises, atrapados entre luces y sombras, no todo es blanco o negro. Pero la cuestión es, ¿es esta «zona gris» una excusa para la inacción o una oportunidad para elegir el bien a pesar de nuestras imperfecciones?  Porque, aunque el camino sea difícil, el objetivo es claro: construir un futuro donde el bien prevalezca, donde la paz supere a la guerra, y donde la libertad no sea un privilegio, sino un derecho inalienable. 


El texto fue escrito a partir de algunas de las ideas de las introducciones de los filocafés: ¿Hay personas completamente malas? (partes 1 y 2), Diálogos sobre guerra y paz, y Libertad y control.


Un recorrido muy breve por la razón

Cuando hablamos de la razón, solemos definirla como una herramienta que utilizamos los seres humanos que nos distingue del resto de las criaturas de este planeta y que, nos permite reflexionar para formarnos un juicio sobre algo. La gestión de la razón nos exige mucho esfuerzo, y no la podemos considerar como un don divino caído del cielo, como se suele decir más bien de la imaginación. Su historia contada desde una perspectiva occidental es larga y compleja, y se remonta a un contexto que hoy podríamos considerar inesperado: el mito.

El paso del mito al logos: el nacimiento de la filosofía

En la antigua Grecia las sociedades explicaban la realidad a través de relatos míticos. Los mitos eran su manera de darle sentido a los fenómenos naturales y a los misterios de la existencia. En esas narrativas, los dioses tomaban decisiones, imponían castigos y explicaban el orden del cosmos. El mito no era considerado como algo irracional; era, más bien, un lenguaje simbólico para interpretar lo desconocido.

Sin embargo, en algún punto, los griegos comenzaron a pensar de manera distinta. La aparición del logos marcó un punto de inflexión en la historia del pensamiento. A través del logos, se dejó de lado la idea de que todo lo que ocurría era voluntad de los dioses, y se comenzó a buscar explicaciones basadas en la naturaleza observable. Los primeros filósofos griegos comenzaron a buscar principios fundamentales que explicaran el universo sin recurrir al mito. Tales de Mileto, por ejemplo, propuso que el agua era el origen de todas las cosas. Anaximandro habló del ápeiron, algo indefinido e ilimitado. Anaxímenes pensó en el aire, Heráclito en el fuego, y Demócrito en los átomos. Todos ellos compartían una ambición: encontrar el arjé, el principio que sostenía y explicaba la estructura del cosmos.

En su búsqueda, estos pensadores dieron un paso enorme al abandonar las explicaciones basadas en lo sobrenatural y, aunque sus conclusiones nos pueden parecer ingenuas desde una perspectiva moderna, su mérito radica en el intento de buscar respuestas en el mundo observable y la experiencia. De esta manera, la filosofía, mediante el logos, se convirtió en una herramienta para interpretar la realidad, marcando el inicio del pensamiento racional tal como lo conocemos.

El logos sofista versus el logos de Platón

Con el surgimiento de la democracia en Atenas, el logos adquirió un nuevo significado. En un sistema donde la participación política dependía de la capacidad de persuadir a otros, la palabra se convirtió en un arma poderosa. Aquí entran en escena los sofistas, maestros de la retórica que enseñaban a los ciudadanos este arte de persuadir mediante el uso del lenguaje. Para ellos, el logos no era una herramienta para buscar la verdad, sino un medio para influir y convencer.

Este uso del logos como instrumento de persuasión generó un debate intenso. Platón, uno de los críticos más feroces de los sofistas, les acusó de manipular el conocimiento en favor de intereses particulares. Para él, el logos debía ir más allá de la retórica; debía ser un camino hacia la verdad. En los diálogos platónicos, los interlocutores buscan acuerdos en cada fase del debate, solicitan aclaraciones y formulan objeciones hasta que se alcanza una respuesta satisfactoria, permitiendo la construcción conjunta del argumento. Este arte del diálogo, denominado también como dialéctica, se presenta como una oposición frontal a la retórica sofista, al proponer un camino consensuado en lugar de la persuasión estratégica.

Fue con Platón que el logos adquirió un carácter más reflexivo, y bajo esta óptica el filósofo formuló su “teoría de los dos mundos” (véase p.e. Di Camillo 2016). Un mundo sensible que se compone de opiniones simples y cambiantes (doxa). Y un mundo inteligible basado en un conocimiento justificado como verdad (episteme) que proviene de la reflexión y de un discurso bien argumentado, el cual nos dirige hacia un conocimiento universal. Este último sería “el mundo de la razón”.

El paso del logos a la ratio de la ciencia moderna

La historia de la razón continuó su curso, y con la transición del pensamiento griego al romano se produjo un cambio conceptual. La razón se empezó a vincular con la palabra ratio, fundamentándose en que, en latín, esta palabra se asociaba principalmente con el cálculo. Las rationes representaban las cuentas realizadas por los comerciantes al sumar o restar el valor de sus mercancías. Al traducir logos por ratio, los escritores latinos trasladaron el ámbito semántico de la ratio, de la “palabra” al “número”. El logos transitó del lenguaje de los filósofos griegos a la ratio de los mercaderes romanos, que necesitaban calcular sus transacciones económicas (Casadesús Bordoy 2000, pp. 33-34 y 129-136). 

Este cambio de tendencia de la razón marcó el inicio de un proceso en el que el número se consolidó como herramienta de conocimiento. Con el tiempo, las proporciones matemáticas y el álgebra reforzaron esta tendencia. Durante la Edad Media, el trabajo de matemáticos árabes como Al-Juarismi, quien sistematizó el uso del álgebra, permitió que las relaciones numéricas fueran aplicadas de manera más abstracta y universal, estableciendo una base para las ciencias modernas. El número se erigió como el fundamento del pensamiento científico, hasta convertirse en un lenguaje indispensable para comprender la realidad. Bajo esta nueva perspectiva Galileo Galilei llegó a afirmar que el universo “está escrito en lenguaje matemático”

El Hombre de Vitruvio. Dibujo (punta de metal, pluma y tinta, toques de acuarela sobre papel blanco). Galería de la Academia de Venecia, Venecia, Italia.

La razón bajo la lupa de Descartes, Hume y Kant

René Descartes acompañó a Galileo en su empresa, pero lo hizo desde el ámbito del pensamiento como embajador de la filosofía racionalista, aquella que considera a la razón como fuente principal de conocimiento. Para este filósofo, el origen de todo conocimiento residía en las ideas innatas que la razón contenía, accesibles mediante la reflexión. A través de su duda metódica, propuso que todo aquello que no pudiera ser probado con certeza debía ser cuestionado. Esta postura culminó en su célebre cogito, ergo sum (“Pienso, luego existo”), que encapsulaba su primera certeza: el yo pensante, el cogito, no podía ser puesto en duda, ya que su propia existencia se confirmaba en el acto de pensar (Díaz 2011, p. 19 / Descartes 1641, Segunda meditación)​. Para Descartes, Dios jugaba un papel crucial en la naturaleza del conocimiento, y garantizaba la veracidad de las ideas claras y distintas. De este modo, si el universo, como afirmaba Galileo, está escrito en lenguaje matemático, es Dios quien escribe ese lenguaje. Y es mediante el uso correcto de la razón que los seres humanos pueden acceder a esas verdades universales.

A pesar de los avances de la razón, no todos estaban convencidos de su capacidad para desentrañar los misterios del universo. David Hume, uno de los filósofos más relevantes del empirismo, criticó la idea de que la razón pudiera revelar verdades universales. Para él, no existía un “orden superior” que rija la realidad desde una perspectiva puramente racional. En lugar de eso, Hume insistía en que todo nuestro conocimiento proviene de la observación empírica, que es lo que realmente nos permite navegar por el mundo y generar conocimientos válidos (Tasset y Díaz 2012 / Hume 1739)​.

Fue gracias a Hume que Immanuel Kant despertó de su sueño dogmático. Mientras que los racionalistas creían que el ser humano nacía con la facultad innata de “conocer la verdad” y que el error surgía de un mal uso de la razón, Kant fue más allá, cuestionando cómo era posible que el conocimiento adquirido fuera “verdadero”. Su respuesta fue la creación de un marco trascendental bajo el cual sostuvo que para obtener conocimiento debemos considerar tanto los conceptos a priori que afectan nuestra sensibilidad así como la experiencia que obtenemos del mundo, sintetizando de esta manera las ideas de los racionalistas y empiristas. Fue él quien acuñó el término fenómeno para referirse a la percepción que tenemos del mundo tal y como se nos presenta (Ribas 2018, Kant 1781).

Sin embargo, su teoría no está exenta de ambivalencias. Mientras que, por un lado, soluciona el problema de la posibilidad del conocimiento a través de la experiencia y de la razón, por el otro, postula que nuestra forma de conocer es limitada y que no podemos conocer la realidad tal cual es: a esto Kant lo llamó con el nombre de noúmeno. Según este filósofo, sólo podemos conocer las cosas en función de nuestras capacidades humanas y no en función de alguna suerte de conocimiento absoluto. Las cosas ya no tienen una relación directa con nosotros; somos nosotros quienes les damos un sentido en base a cómo se nos presentan.

El legado conceptual de estos pensadores sigue siendo relevante hoy en día y sus ideas han dejado una huella significativa en la comprensión del concepto de razón. Steven Pinker (2021) aborda el papel fundamental que esta facultad ha desempeñado en nuestro avance científico. A pesar de los notables logros de la humanidad, Pinker señala una tendencia preocupante hacia la irracionalidad. En respuesta, ofrece herramientas para enfrentar las pseudociencias, las noticias falsas y otros engaños, y sostiene que el uso insuficiente de herramientas de razonamiento es un factor crucial en la propagación de la irracionalidad colectiva.

Por su parte, Julian Baggini adopta un enfoque escéptico y argumenta que nunca podemos ser totalmente objetivos. Para este filósofo la razón no es un juez imparcial y despersonalizado, sino una herramienta que nos ayuda a tomar decisiones. Un enfoque escéptico adecuado debería llevarnos a comprender que, en última instancia, todo lo que hacemos es ligeramente especulativo, o, expresado en sus palabras: “La razón es como una capa fina de hielo sobre la que no tenemos más remedio que patinar” (Baggini 2017, pp. 264-271).

El destino inevitable de la razón en Occidente

Finalmente, es importante considerar que a lo largo de la historia del pensamiento occidental, observamos una marcada tendencia de la razón a estructurar la experiencia mediante la formulación de oposiciones. Desde la filosofía griega, esta inclinación a dividir el mundo en categorías contrapuestas ha sido un rasgo fundamental de nuestro pensamiento. El tránsito del mito al logos en los primeros filósofos marcó el inicio de este proceso. Platón, por su parte, cristalizó esta lógica dicotómica con su distinción entre el logos de los sofistas y el logos dialéctico. Posteriormente, pasamos del logos (palabra) a la ratio (número). En la modernidad, esta estructura dual se consolidó con el racionalismo de Descartes frente al empirismo de Hume. Y finalmente Kant trazó una nueva división entre el fenómeno y el noúmeno, perpetuando la lógica dicotómica de la razón.

Una analogía matemática que nos puede ayudar a ilustrar esto mejor es el conjunto de Cantor. Este conjunto se construye eliminando iterativamente segmentos de un intervalo, sin llegar nunca a un agotamiento total del mismo. De manera similar, el pensamiento dicotómico opera mediante una división continua de la realidad en opuestos, pero sin alcanzar una comprensión exhaustiva de la misma. Al igual que en el conjunto de Cantor, donde el proceso de eliminación es infinito, la razón fundamentada en dicotomías se enfrenta a un proceso interminable de fragmentación conceptual. Este proceso, por su propia naturaleza, impide la posibilidad de una síntesis definitiva, dejando al entendimiento atrapado en una división “eterna”. 

Cabe preguntarse entonces si este es, en última instancia, el destino inevitable de la razón. Tal vez este proceso interminable de división sea el precio que debemos estar dispuestos a pagar en nuestra búsqueda de comprender el mundo. Toda explicación, por exhaustiva que sea, deja siempre fuera aquello que no logra explicar, generando nuevas preguntas y vacíos que exigen ser abordados. Asumir este riesgo, el de aceptar que cualquier síntesis es provisional y que toda comprensión es parcial, es quizá el sacrificio inherente al ejercicio racional. La razón, por su propia naturaleza, parece estar destinada a este camino de fragmentación, pero es un camino que, pese a sus limitaciones, seguimos recorriendo con la esperanza de desvelar, aunque sea de manera incompleta, la estructura de la realidad.

Conjunto de Cantor en seis etapas. 1883. Fuente: Wikimedia.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Baggini, J. (2017), Los límites de la razón, Editorial Indicios.

Casadesús Bordoy, F. (2000), “Los orígenes de la crisis de la razón: el paso del Logos a la Ratio”, Taula, quaderns de pensament.

Díaz, J. A. (2011), Meditaciones metafísicas seguidas de las objeciones y respuestas, Gredos (Trabajo original de René Descartes en 1641).

Di Camillo, S (2016). Eîdos : La teoría platónica de las ideas, La Plata : Edulp. (Libros de Cátedra. Sociales).

Pinker, S. (2021), Racionalidad, Ediciones Paidós.

Ribas, P. (2018), Crítica de la razón pura, Gredos (Trabajo original de Immanuel Kant en 1781).

Tasset, J. L. ; Díaz, R. (2012), Tratado de la naturaleza humana, Gredos (Trabajo original de David Hume en 1739).

Filocafé: Pesimismo filosófico

¿Te lo perdiste? Puedes verlo en YOUTUBE:

https://www.youtube.com/watch?v=PfTI_uspyXw


El pesimismo filosófico, tan antiguo como el pensamiento mismo, encuentra en estas fechas un contraste particularmente interesante. Mientras las tradiciones invitan al optimismo, la gratitud y la ilusión, voces como las de Arthur Schopenhauer o Emil Cioran nos recuerdan que, para algunos, la existencia puede ser más un peso que un regalo.

Lejos de ser un rechazo absoluto a la vida, puede interpretarse como un ejercicio de honestidad brutal frente a las ilusiones del progreso, la felicidad y el propósito. Este enfoque crítico a menudo expone las falacias subyacentes que nos llevan a creer en un ideal inalcanzable, una búsqueda perpetua de un estado de bienestar que, en ocasiones, parece más un mito que una realidad. Pero ¿qué nos puede enseñar esta perspectiva en un mundo que insiste en buscar el optimismo a toda costa? ¿Es un reflejo inevitable de la experiencia humana? ¿Puede ser un cambio hacia la autenticidad? ¿Es mejor no haber nacido?

En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre el pesimismo filosófico con un invitado especial. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos


Manuel Pérez Cornejo, «Viator», doctor en Filosofía con una tesis sobre «Arte y estética en Nicolai Hartmann» y Licenciado en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Es especialista en estética y teoría del arte, con énfasis en los filósofos de la escuela pesimista alemana e italiana, como Arthur Schopenhauer, Eduard von Hartmann, Philipp Mainländer, Julius Bahnsen y Manlio Sgalambro. Ha publicado numerosos estudios y traducciones sobre estos autores, introduciendo en España obras clave como Filosofía de la redención de Mainländer.

Es catedrático de Filosofía y presidente, desde 2017, de la Sección Española de la «Sociedad Internacional Philipp Mainländer». Es creador de: Grial. Página web de la Sección Española de la Sociedad Internacional Philipp Mainländer (Internationale Philipp Mainländer-Gesellschaft) y Blogeleusis

Entre sus publicaciones destacan:

Podcast: Lo cómico y el humor en la escuela pesimista alemana.
Youtube: Manuel Pérez


Revista Hénadas de pensamiento filosófico

El pesimismo nos hace más fuerte (y mejores). Revista Ethic

¿CÓMO SER FELIZ EN EL PEOR DE LOS MUNDOS POSIBLES? por Miguel Ángel Mozún

Las fiestas con Schopenhauer de Carlos Javier González Serrano

Breviario Pesimista, de J. Bahnsen. (Manuel Pérez Cornejo y Carlos Javier González Serrano)
Filosofía del pesimismo para tiempos convulsos: Arthur Schopenhauer y Philipp Mainländer

Educación o producción

“Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”

Pitágoras

Desde hace unos meses, estoy cursando un Ciclo Formativo en Técnico en Educación Infantil para aprender sobre la primera infancia, motivada por mi experiencia como madre y especialista en Filosofía para niños.

Después de varios temas revisados, tareas entregadas (y las que faltan) y lecturas complementarias, he comenzado a reflexionar profundamente sobre la formación de futuros educadores y formadores.

El artículo que sigue es una reflexión final de una tarea con el tema «empleabilidad en los sectores productivos» para la asignatura «Itinerario para la empleabilidad». Esta, junto con «Digitalización aplicada a los sectores productivos» y «Sostenibilidad aplicada al sector productivo», me ha llevado a un firme “¡basta ya!”. Se trata de asignaturas enfocadas casi exclusivamente en «cómo alcanzar el éxito en la empresa», dejando a un lado «cómo alcanzar el éxito en la educación«. ¿Realmente es necesario dedicar tres asignaturas sobre empresa y producción en una formación para «Técnico en Educación Infantil»?

Desde hace aproximadamente 10 años me dedico al mundo de la docencia. Aunque esta experiencia no es extremadamente extensa, me ha permitido desarrollar una perspectiva amplia y reflexiva sobre la educación y su relación con el sector productivo no solo en relación a la asignatura de «Itinerancia para la empleabilidad», sino también en digitalización y sostenibilidad. Tres asignaturas que se centran en el concepto de empresa y deja de lado el concepto de educación -al menos en este primer tema-. Gracias a este recorrido, puedo ofrecer una crítica constructiva que subraya que el sistema educativo no debe centrarse exclusivamente en las necesidades de la empresa y el mercado, sino que debe fomentar una educación integral que promueva el desarrollo crítico, ético y humano de los estudiantes, preparándolos para ser individuos libres y pensantes, capaces de cuestionar y transformar su realidad. Pero si al formar profesionales de la educación nos guiamos únicamente por el “éxito” de la empresa, como parece ser el enfoque prioritario de algunas asignaturas, ¿qué tipo de educación estamos fomentando?

Ilustración de Frato “La máquina de la escuela”.

El sector de la educación desempeña un papel crucial en la formación de las futuras generaciones, no solo en términos de conocimientos académicos, sino también en el desarrollo de habilidades críticas, éticas y sociales que permiten a los individuos pensar de manera autónoma y cuestionar el mundo que los rodea. Sin embargo, en el contexto de un sistema capitalista de producción, la educación ha sido progresivamente transformada en una mera herramienta funcional al servicio de la reproducción del orden económico y social vigente. Este proceso se evidencia, por ejemplo, en los libros de Filosofía de 1º de Bachillerato, donde se incluyen temas centrados en la empresa y el mercado, como si las dinámicas empresariales fueran los únicos espacios significativos de desarrollo humano. Pero, ¿qué sucede con lo humano en todo esto?

En este sistema, los estudiantes son tratados no como “sujetos libres, individuales y críticos”, sino como productos de una especie de “fábrica” cuyo objetivo es generar «mercancías humanas» que se ajusten a las necesidades del mercado laboral. Esta visión instrumental de la educación reduce la capacidad de los individuos para cuestionar, reflexionar o actuar de manera autónoma, y promueve un aprendizaje que no va más allá de la adquisición de competencias técnicas que se alinean con los intereses capitalistas. De esta manera, el sector educativo se convierte en un reflejo de las dinámicas de poder, control y explotación propias del sistema capitalista, donde el verdadero objetivo de la educación se desvía de la emancipación y el empoderamiento de los individuos hacia la conformidad y la adaptación al status quo.

Entonces, si la formación docente se centra en servir los intereses de la empresa, moldeando a los futuros educadores para satisfacer las demandas del mercado, ¿qué tipo de educación estamos realmente preparando? ¿Una que libere el pensamiento o una que, irónicamente, enseñe a no pensar?

“Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”

I. Kant

Filocafé: Transhumanismo -Parte 2

¿Te lo perdiste? Puedes verlo en YOUTUBE:

https://www.youtube.com/live/Ys0lST6IXwg


Después de un tiempo, retomamos el diálogo sobre el transhumanismo y el impacto de la tecnología en nuestra identidad, sociedad y futuro. En esta segunda parte, profundizaremos en los temas que quedaron abiertos y que merecen una reflexión continua.

¿Hacia dónde nos dirigimos como especie y cuál es la línea entre mejorar y deshumanizar?

Si te perdiste el primer FILOCAFÉ sobre transhumanismo, puedes escucharlo a través de YOUTUBE o IVOOX.

Uno de los puntos centrales de nuestro debate es el concepto de «naturaleza humana«. Con las mejoras tecnológicas en nuestras capacidades físicas y cognitivas, ¿estamos perdiendo algo esencial en nuestra humanidad? ¿Es posible definir una «naturaleza humana» que debamos preservar, o es la evolución tecnológica una parte intrínseca de nuestra esencia? ¿Qué características, si es que existen, deberían mantenerse intocables?

Además, el desarrollo de tecnologías transhumanistas plantea la urgente necesidad de establecer un marco ético global. No solo se trata de la moralidad de modificar el cuerpo humano, sino de quién tiene el derecho a decidir qué mejoras son aceptables. ¿Deberían ser los gobiernos, las corporaciones tecnológicas o la sociedad en su conjunto quienes definan estos límites? ¿Qué principios éticos deberían guiar el desarrollo e implementación de estas tecnologías? ¿Es mejor promover una ética de máxima libertad individual o priorizar la seguridad y el bienestar colectivo?

A medida que la tecnología avanza a pasos agigantados, las reflexiones filosóficas a menudo tardan más en desarrollarse. ¿Podría la filosofía ser la guía que necesitamos? ¿Cómo pueden los filósofos influir en el debate sobre el transhumanismo? Las cuestiones sobre moralidad, libertad e identidad humana son centrales en la filosofía y pueden proporcionar perspectivas valiosas para orientar el futuro de estas tecnologías.

El transhumanismo abre la puerta a posibilidades tanto fascinantes como aterradoras. Los temas que quedaron abiertos en nuestro debate inicial, desde la identidad hasta la desigualdad, nos recuerdan que este no es solo un asunto tecnológico, sino también una cuestión de valores y humanidad. En nuestra carrera hacia la mejora humana, quizás la pregunta más crucial sea: ¿cómo queremos construir un futuro donde todos, mejorados o no, puedan convivir en armonía?

En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre Transhumanismo. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos


Mesa Redonda: Filosofías fuera del canon

¿Te lo perdiste? Puedes verlo en YOUTUBE:

https://youtube.com/live/6QtMOqm56V4?feature=share


El canon filosófico tradicional ha priorizado ciertas voces y regiones, excluyendo importantes aportes de otras culturas y corrientes. La necesidad de construir una filosofía fuera del canon responde al deseo de integrar perspectivas marginadas y ampliar el diálogo filosófico más allá de las tradiciones occidentales.

En este contexto, surge la Sociedad de Filosofía en Abierto (SdFA), una asociación sin ánimo de lucro orientada a investigar, profundizar y divulgar aquellas partes de la filosofía que han sido menos atendidas por el canon tradicional.

¿Qué beneficios trae explorar la filosofía fuera del canon en un contexto educativo y social?

¿Cuáles son los desafíos de investigar y divulgar filosofías fuera del canon?

¿Qué perspectivas ofrecen estas corrientes a los dilemas globales actuales?


Nieves Soriano Nieto: Doctora en Filosofía por la Universidad de Murcia-Université Paris IV-La Sorbonne, con una tesis sobre: «Viajeros románticos a Oriente«. Más recientemente, ha investigado sobre la filosofía no tratada por el canon tradicional, como las mujeres filósofas, la filosofía oriental y la filosofía latinoamericana, siendo la coordinadora del libro «Filosofas. Del olvido a la memoria«, «Filosofía oriental. El saber desconocido» y habiendo creado la Sociedad de Filosofía en Abierto a nivel nacional, de la que es presidenta y encargada de la vertiente Filósofas y Filosofía oriental. Secretaria de la Sociedad de Filosofía de la Región de Murcia. Ejerce la docencia como profesora de secundaria en IES Floridablanca (Murcia).

Lucía Carolina Fernández Jiménez: Doctora en Filosofía por la UNED y licenciada en Psicología. Compagina su labor docente como profesora de filosofía en un centro de educación secundaria en Elche con su labor como psicoterapeuta. Así se unen sus dos pasiones, dando lugar a la línea de trabajo e investigación en la que se mueve: la filosofía terapéutica y la psicología Existencial, enfoques que entienden las dificultades de la existencia sin patologizarlas. Desde hace más de 15 años trabaja, también, impartiendo cursos de formación para profesores. Forma parte de la Sociedad de Filosofía en Abierto en calidad de vocal y encargada de la vertiente de Filosofía terapéutica. Ha colaborado en el libro «Filósofas. Del olvido a la memoria

Diego Morollón del Río: Doctor en la rama de Filosofía, historia de las ideas e ideologías en América Latina del posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde tuvo como tutor principal a Enrique Dussel. Ha sido becario en la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) y ha publicado en el Instituto Paulo Freire de España, donde participa también en las actividades de formación, su obra Filosofía latinoamericana en la pedagogía de Paulo Freire. Actualmente es profesor de filosofía en el IES Los Molinos, Cartagena, España. En los últimos años ha sido invitado a jornadas de Estudios culturales en las universidades de Queen’s University en Belfast y al King’s College en Londres. Miembro de la Sociedad de Filosofía en Abierto y encargado de la vertiente de Filosofía latinoamericana



Filocafé: ¿Qué significa estar sano?

¿Te perdiste el filocafé?

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En nuestra sociedad, la salud a menudo se entiende como la ausencia de enfermedad, una visión reduccionista que simplifica una cuestión profundamente compleja. La Organización Mundial de la Salud la define como «un estado de completo bienestar físico, mental y social«, pero ¿es realmente posible alcanzar esa totalidad? ¿Podemos medir la salud solo en términos biológicos, o hay factores subjetivos y culturales que también juegan un papel crucial?

El filósofo Michel Foucault nos recordaba que «el cuerpo existe en y a través de un sistema político», sugiriendo que la manera en que entendemos y tratamos la salud está influenciada por estructuras de poder y conocimiento. ¿La medicina moderna, con su enfoque científico, logra captar plenamente lo que significa estar sano, o se queda corta frente a las dimensiones emocionales, sociales y espirituales del bienestar humano?

Para profundizar en este tema tenemos el privilegio de contar con: Laura Juliana Gamboa, filósofa y asistente de médico, especializada en temas sobre filosofía y medicina.

En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre Filosofía y Medicina con una invitada especial. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos

¿Es la salud un derecho universal, una construcción cultural o un estado de equilibrio personal?


Laura Juliana Gamboa, estudiante tesista de Filosofía y estudiante de sexto semestre de Licenciatura en Educación Básica Primaria en la Universidad Industrial de Santander.
También, ha sido asistente de médico hospitalario en oncología, por lo que ha trabajado constantemente en unir estas dos ramas del saber: filosofía y medicina.
Además, aborda temas a fines con la pedagogía médica y las políticas de salud.


Recursos y bibliografía recomendada:

Saborido, Cristian Filosofía de la medicina Ed. Tecnos. 2020

Sontag, Susan La enfermedad y sus metáforas Ed. Delbolsillo. 2008

Filosofía y medicina, condenadas a entenderse en Filco.es

Los sustentos de la medicina desde la filosofía. Consideraciones y reflexiones en Revista Ilce

Una perspectiva filosófica de la práctica de la medicina. UNABTV
Filosofía de la Medicina con Cristian Saborido. UNED Radio
Filosofía de la Medicina – Cristian Saborido

Filósofas. Del olvido a la memoria. VVAA

Una herramienta fundamental para reescribir una historia filosófica más rica, que abrace la pluralidad y la diversidad de pensamiento, y que ponga en primer plano a las mujeres que han sido históricamente marginadas en este campo.

«Filósofas. Del olvido a la memoria«, publicado por Editorial Diálogo y coordinado por Nieves Soriano Nieto y Sergio Ferreres Codorniu, prólogo de Ana Carrasco, es una obra colectiva que reivindica la presencia y el legado de 22 mujeres filósofas a lo largo de la historia.

El libro se estructura en cinco capítulos según el campo de conocimiento o corrientes filosóficas de estas veintidós pensadoras. A través de un enfoque plural, el libro recoge las aportaciones intelectuales de pensadoras como Hannah Arendt, Simone de Beauvoir, Simone Weil, Judith Buttler, maría Zambrano, Concepción Arenal, Iris Murdoch y Margaret Cavendish, entre otras.

El principal objetivo de esta obra es visibilizar el trabajo intelectual de estas mujeres, quienes a menudo han sido marginadas o silenciadas en el discurso filosófico tradicional, dominado históricamente por hombres.

A través de una selección de filósofas, la obra ilustra cómo estas mujeres contribuyeron de manera significativa al desarrollo de corrientes como el existencialismo, el feminismo y la ética, entre otras. Figuras como Simone de Beauvoir, con su influyente obra El segundo sexo; Hannah Arendt, con sus reflexiones sobre la política y el totalitarismo, y otras pensadoras menos conocidas como Margaret Cavendish, pionera en el siglo XVII en la crítica al empirismo, o Émilie du Châtelet, fundamental en la introducción de la física de Newton en Francia. Estas voces, junto con las de pensadoras contemporáneas como Martha Nussbaum o Seyla Benhabib, son solo algunos ejemplos de la profundidad del pensamiento femenino que ha sido sistemáticamente invisibilizado, mostrando así la amplitud y diversidad de la contribución femenina al pensamiento filosófico.

Este volumen no solo es un libro que revisa la historia de la filosofía desde una perspectiva de género, sino que también busca transformar la forma en que entendemos el canon filosófico. Los autores y autoras que contribuyen a esta obra destacan la importancia de replantear la historia del pensamiento, no como una narrativa masculina exclusiva, sino como un proceso en el que las voces femeninas han jugado un papel esencial, aunque silenciado en la mayoría de las veces.

Una invitación a reflexionar sobre el pasado y el presente de la disciplina, y abogando por un futuro donde todas las voces sean igualmente escuchadas y valoradas.

Este enfoque multidisciplinario y colaborativo no solo ilumina el pasado, sino que también nos invita a reflexionar sobre las desigualdades de género que persisten en el ámbito académico y filosófico en la actualidad. Al examinar el legado de estas mujeres, se convierte en un testimonio de la resistencia intelectual de las filósofas y su lucha por ser reconocidas en un espacio históricamente dominado por hombres.

Considero que es un libro imprescindible no solo para quienes deseen comprender la historia de la filosofía desde una perspectiva más inclusiva, diversa y reivindicar el lugar de estas filósofas en el canon, sino también, un recurso valioso para trabajar en el aula. Su enfoque accesible y riguroso lo convierte en una herramienta pedagógica ideal para introducir a los estudiantes en una reflexión crítica en torno a la construcción del conocimiento y el papel que han jugado las mujeres en la filosofía, invitando al alumnado a cuestionar los cánones tradicionales y a valorar la diversidad de aportes en el desarrollo del pensamiento filosófico.

Índice del libro y pensadoras:

Capítulo 1. En los albores de la filosofía con nombre de mujer

  • Christine de Pizan. La ciudad de las damas. (Xavier Margaix Forner)
  • Marie de Gournay. (Irene Gaytán González)
  • Margaret Cavendish. Observations upon Experimental Philosophy. (Nieves Soriano Nieto)

Capítulo 2. Mujer y pensamiento feminista en la Edad Contemporánea

  • Concepción Arenal: Una vida entregada a los más débiles. (Lucía Carolina Fernández Jiménez)
  • Betty Friedan. (Pau Crespo Villalba)
  • Luce Irigaray. (Marisa Oliver Company)
  • Carol Gilligan: psicología y desarrollo de la mujer. (Daniel Pallarés-Domínguez)
  • Celia Amorós. (Manuela Picazo Tadeo)
  • Judith Butler. La disolución del género. (Núria Sánchez Planelles)

Capítulo 3. Mujer y pensamiento estético en la Edad Contemporánea

  • María Zambrano. Filosofía y poesía. (Núria Sánchez Flor)

Capítulo 4. Mujer y filosofía práctica en la Edad Contemporánea

  • Hannah Arendt. La importancia de establecer distinciones. (Guillermo Lapiedra)
  • Simone de Beauvoir (1908-1986). Pour une morale de l’ambiguïté. (Irene Gaytán González)
  • Simone Weil, la conciencia política de la desdicha (la malheur). (Rosa Jiménez Asensio)
  • Iris Murdoch: la soberanía del bien. (Marta I. Moreno Pizarro)
  • Martha Nussbaum: La humanidad. (Natatxa Mahiques Espasa)
  • Svetlana Alexievich. (Carlos Marín de Miguel)
  • Seyla Benhabib. (José Gil Herrero)

Capítulo 5. Mujer y antropología en la Edad Contemporánea

  • Ruth Benedict: Antropología de Japón. (María Ángeles Boix Ballester)
  • Margaret Mead. (José Muñoz Albaladejo)
  • Mary Midgley. (Manuela Picazo Tadeo)
  • Saskia Sassen. (Sergi Ferreres Codorniu)

Capítulo 6. Mujer y filosofía de la mente en la Edad Contemporánea

  • Patricia Churchland: El cerebro moral. (María del Carmen Bernabeu Rumi)

(perdón por la pésima calidad de las fotos)