En este Club de Lectura, se trabajará los aspectos claves de la obra de George SteinerEn el castillo de Barbazul. Un análisis de cómo la alta cultura ha coexistido con la barbarie, cuestionando si el arte y el conocimiento realmente nos hace más humanos. Steiner, a través de la metáfora del castillo, analiza cómo Occidente ha ocultado sus propias atrocidades, desde el Holocausto hasta otras formas de violencia sistemática.
Con este pretexto, la obra nos invita a reflexionar como en un mundo donde la tecnología y la cultura avanzan sigue persistiendo el odio, la guerra y la desinformación. Un análisis sobre la memoria histórica, la responsabilidad ética del arte y el riesgo de que el conocimiento se desconecte de la moral.
La actividad estará guiada por Alejandro Martínez y Miguel Ángel Mozún, licenciados de Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid.
Apúntate y disfruta del placer de hacer filosofía en vivo. El encuentro será de aproximadamente 1 hora.
¡Os esperamos a todos y todas!
«Nada, salvo la realidad, nos ha nos ha enseñado y preparado para la estasis o la regresión.»
En un mundo donde el progreso tecnológico está avanzando a pasos agigantados, la Inteligencia Artificial está transformando la educación y el arte de maneras que apenas comenzamos a comprender.
Poco a poco las herramientas digitales se están integrando en los procesos de enseñanza y aprendizaje, haciendo que surjan nuevas metodologías que desafían las formas tradicionales de entender la educación. Lo mismo sucede con el arte, donde las innovaciones tecnológicas ofrecen a los artistas nuevas maneras de expresarse y conectar con su público, transformando no solo la creación de obras, sino también la forma en que se consumen y se comparten. ¿Cómo afecta esto nuestra creatividad, nuestra forma de aprender y enseñar? ¿Cómo afecta a la manera en la que vemos el arte?
Nos enfrentamos a un panorama en el que la interacción humana se complementa con algoritmos inteligentes. La necesidad de adaptarse se vuelve vital, ya que la inteligencia artificial no solo está reconfigurando el contenido, sino que también invita a una revalorización de las habilidades creativas innatas. ¿Estamos ante una nueva era de colaboración entre humanos y máquinas o frente a la posible pérdida de la esencia artística y educativa?
No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos
Invitado Especial:
Directorio del Instituto Peruano de Inteligencia Artificial y Ciudadanía Digital junto con el grupo de Arte e Inteligencia Artificial.
El “No” es mucho más que una simple negación; es una afirmación enmascarada, una declaración contundente de existencia, identidad y límites. EN un mundo obsesionado por el “Sí”, con la afirmación constante y la búsqueda interminable de aprobación, el “No” se erige como un acto de resistencia, un baluarte de la autonomía y una forma profunda de pensamiento crítico. Decir “No” es un ejercicio de libertad. Cada vez que lo pronunciamos, trazamos una línea que protege nuestro espacio interior y establece una barrera ante las imposiciones externas. Es, en esencia, la forma más pura de declarar que tenemos una voluntad propia y que no estamos dispuestos a diluirnos en el flujo de lo esperado.
La filosofía misma nació de una negación. Los primeros pensadores se atrevieron a rechazar las explicaciones dogmáticas y las creencias cómodas de su tiempo, apostando por la incertidumbre y la duda. De hecho, el mismoRené Descartesllegó a su célebre “Pienso, luego existo” tras negar todo lo que pudiera ser falso, esto quiere decir que muchos de esos noes en la historia del pensamiento humano ha sido una pequeña, o grande, chispa de renovación. Se puede considerar que, lejos de destruir, el «No» abre la puerta a nuevas formas de entender el mundo, a preguntas que antes no nos atrevíamos a formular. Es, por tanto,un acto profundamente creativo, un motor de transformación que impulsa tanto al individuo como a la sociedad hacia territorios inexplorados.
Sin embargo, el «No» no solo tiene un valor intelectual o filosófico. ¿Qué nos sugiere la negación dentro del ámbito ético? Se puede considerar de que se trata de una herramienta esencial para delimitar lo que no estamos dispuestos a tolerar como individuos y como humanidad. Decir «No» a la violencia, a la injusticia o a la discriminación no es solo un acto de rechazo, sino una afirmación de principios que define quiénes somos. Pero esta negación no debe ser impulsiva ni sistemática; requiere reflexión, convicción y responsabilidad. Un «No» vacío puede ser destructivo, mientras que un «No» bien pensado, es una forma de defender la integridad y la dignidad.
Tambien lo encontramos en el plano personal, la negación tiene una dimensión profundamente íntima. Aprender a decir «No» es aprender a cuidar de nosotros mismos. Es el acto mediante el cual protegemos nuestra energía, establecemos límites saludables y nos negamos a aceptar demandas que nos agotan o relaciones que nos destruyen. El «No» es, en este sentido, un gesto de amor propio, una forma de recordarnos que no somos infinitos ni omnipotentes, y que proteger nuestra esencia es tan importante como compartirla. Como afirmó Rainer Maria Rilke, «la soledad es el lugar donde se encuentra la verdad» en Cartas a un joven poeta. Y muchas veces, el «No» es el primer paso hacia esa soledad necesaria, hacia ese encuentro con nuestra voz más auténtica.
Si el «No» es tan poderoso, tan esencial para nuestra libertad, creatividad y dignidad, cabe preguntarse: ¿por qué nos cuesta tanto decirlo? ¿Es el miedo al conflicto, a la soledad o al rechazo lo que nos paraliza? ¿Cuántas veces aceptamos algo por inercia, traicionando nuestra esencia en el proceso? ¿Qué nos dice esto sobre nuestra sociedad, que premia el «Sí» como un símbolo de cooperación, pero castiga el «No» como un acto de disidencia?
El «No» no es, como podría parecer, un símbolo de negatividad, sino de posibilidad. Es el cimiento sobre el que construimos nuestras decisiones, nuestras convicciones y nuestra identidad. Es el acto de resistencia que desafía la inercia del conformismo, la semilla del pensamiento crítico y la frontera que protege nuestra humanidad. Defender el «No» es defender la libertad, la creatividad y la autenticidad. En un mundo que idolatra el «Sí», que premia la complacencia y castiga la disidencia, el «No» es un acto revolucionario. ¿Cuántos «Noes» valientes están pendientes en tu vida? ¿Cuántos «Noes» necesitas pronunciar para ser quien realmente eres?
Nota: Este texto surgió a partir de una conversación en la que se demostró -o se intentó demostrar- la importancia de saber decir «No», especialmente a una persona que afirma «no saber cómo hacerlo o que nunca dice no». Como ejemplo, se utilizó la figura del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, entre otros. Si a él se le hubiera dicho «No» en lugar de llevar a cabo los ataques a Palestina, es posible que hubiera acatado esa orden. Este ejemplo ilustra cómo el «No» puede ser un acto de resistencia y una herramienta para evitar decisiones destructivas. Si todos tuviéramos la capacidad de decir «No» de manera firme y reflexiva, podríamos evitar muchas de las injusticias y daños que surgen cuando se cede ante presiones externas o la complacencia. El «No» es, en última instancia, un acto de responsabilidad que, si se emplea con convicción, puede prevenir la perpetuación de abusos y opresiones.
A lo largo de los siglos, la humanidad ha oscilado entre el bien y el mal, la guerra y la paz, la libertad y el control. Estos conceptos no son solo parte de nuestra historia, sino de nuestra esencia. Los actos de violencia y opresión contrastan con nuestros ideales de justicia y convivencia, y nos empujan a reflexionar sobre nuestra naturaleza, nuestras elecciones y las estructuras que nos moldean.
El mal, en sus múltiples formas, nos confronta con las facetas más oscuras de nuestra condición. Actos como la tortura, el genocidio o la esclavitud, aunque formalmente condenados hoy, no son solo una herencia del pasado: persisten en el presente, revelando que el mal no es un anacronismo, sino una realidad. Lo vemos en muchos de los conflictos armados que están ahora mismo sobre la palestra, mensajes en RRSS, entre otros…
Hannah Arendt, al observar el juicio del nazi Adolf Eichmann, describió el mal como «banal», encarnado no en un monstruo, sino en un hombre corriente que renunció a pensar y obedeció órdenes. Esto pone en duda la idea de que el mal solo reside en intenciones malignas, sugiriendo que, muchas veces, las circunstancias y la falta de reflexión son los verdaderos catalizadores del daño.
Si aceptamos esta perspectiva, surge una pregunta esencial: ¿cuánta responsabilidad tiene un individuo que actúa bajo presión o en un sistema que fomenta el mal? ¿Es la obediencia ciega tan peligrosa como el odio deliberado?
Ilustración de un taller de FpN sobre ¿Qué es el mal? (12-14 años)
Experimentos como el de Stanley Milgram refuerzan esta idea: personas comunes, en situaciones controladas, son capaces de causar sufrimiento grave simplemente porque una figura de autoridad se lo pide. Este fenómeno plantea una cuestión inquietante: ¿cómo evitamos que las estructuras sociales nos conviertan en agentes de daño?
Esto nos lleva a tratar otro tema, el bien y el mal, como algo que está más allá de lo maniqueo.
La filosofía ha intentado desentrañar esta dualidad. Desde la visión de Hobbes, quien veía al ser humano como egoísta por naturaleza, hasta Rousseau, que lo consideraba bondadoso hasta que la propiedad y la sociedad lo corrompían, las perspectivas son diversas. Sartre, por su parte, negó una naturaleza fija, afirmando que somos lo que hacemos con nuestra libertad.
La literatura también ha explorado estas tensiones. En “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, Stevenson muestra cómo el mal puede ser una parte latente de nuestra identidad, lista para emerger cuando las circunstancias lo permiten. Si nuestras acciones no siempre obedecen a intenciones claras, ¿qué nos define: ¿lo que hacemos, lo que deseamos o lo que intentamos evitar? ¿Es posible que el mal sea, en cierto sentido, necesario para comprender y valorar el bien? ¿O deberíamos aspirar a eliminarlo completamente, si eso fuera posible?
He mencionado la palabra libertad, una de las más evocadoras y manipulables del lenguaje humano. Su capacidad para inspirar, movilizar y justificar acciones de todo tipo la ha convertido en un concepto poderoso, pero también ambiguo. Aunque a primera vista parece ser un ideal universal, su significado cambia según quien la emplee y el contexto en el que se invoque. Históricamente, ha sido la bandera de ideologías y movimientos opuestos: fascistas, comunistas, dictadores y revolucionarios han encontrado en ella un símbolo adaptable para sus causas, ya sea para justificar una guerra, promover un genocidio o defender derechos fundamentales. Esta versatilidad no solo refleja su atractivo retórico, sino también su capacidad para ser tergiversada y servir a intereses particulares.
En esencia, la libertad es un concepto positivo. Sin embargo, cuando se utiliza como herramienta discursiva, puede convertirse en un arma para legitimar actos de opresión y violencia. Esto nos enfrenta a una paradoja esencial: ¿es la libertad un fin en sí mismo o un medio para alcanzar otros objetivos? En muchos casos, la libertad pierde su sentido original y deja de ser una condición para la convivencia y la autorrealización, transformándose en un pretexto para dividir, destruir y dominar.
Esta omnipresencia contribuye a banalizar su valor y a desviar la atención de cuestiones esenciales: ¿para qué sirve la libertad y a quién beneficia realmente? Cuando tanto opresores como oprimidos la reclaman como bandera, se hace evidente la necesidad de cuestionar su uso, su contexto y su autenticidad.
La libertad auténtica no puede ser la simple ausencia de restricciones ni la capacidad de imponer la propia voluntad sobre otros. Su significado más profundo radica en el equilibrio entre derechos y responsabilidades. Si el ejercicio de la libertad de unos implica la opresión o el sufrimiento de otros, deja de ser una verdadera libertad en el sentido ético y humano. Este equilibrio exige una reflexión mucho más profunda, ya que no se trata solo de defender la libertad como un principio abstracto, sino de considerar sus implicaciones y límites en nuestras relaciones, sociedades y sistemas.
En fin, la filosofía contemporánea, lejos de quedarse en preguntas sin respuesta, puede ofrecernos herramientas para enfrentar estos desafíos. Como sugiere Foucault en “La hermenéutica del sujeto”, debemos volver al gnothi seauton (conócete a ti mismo) para reflexionar sobre cómo vivir éticamente en un mundo lleno de sombras. Esta mirada introspectiva nos invita a construir una vida más consciente, basada en la bondad, la convivencia y el respeto por las libertades.
Al final, somos seres complejos, grises, atrapados entre luces y sombras, no todo es blanco o negro. Pero la cuestión es, ¿es esta «zona gris» una excusa para la inacción o una oportunidad para elegir el bien a pesar de nuestras imperfecciones? Porque, aunque el camino sea difícil, el objetivo es claro: construir un futuro donde el bien prevalezca, donde la paz supere a la guerra, y donde la libertad no sea un privilegio, sino un derecho inalienable.
El pesimismo filosófico, tan antiguo como el pensamiento mismo, encuentra en estas fechas un contraste particularmente interesante. Mientras las tradiciones invitan al optimismo, la gratitud y la ilusión, voces como las de Arthur Schopenhauer o Emil Cioran nos recuerdan que, para algunos, la existencia puede ser más un peso que un regalo.
Lejos de ser un rechazo absoluto a la vida, puede interpretarse como un ejercicio de honestidad brutal frente a las ilusiones del progreso, la felicidad y el propósito. Este enfoque crítico a menudo expone las falacias subyacentes que nos llevan a creer en un ideal inalcanzable, una búsqueda perpetua de un estado de bienestar que, en ocasiones, parece más un mito que una realidad. Pero ¿qué nos puede enseñar esta perspectiva en un mundo que insiste en buscar el optimismo a toda costa? ¿Es un reflejo inevitable de la experiencia humana? ¿Puede ser un cambio hacia la autenticidad? ¿Es mejor no haber nacido?
En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre el pesimismo filosófico con un invitado especial. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos
Invitado:
Manuel Pérez Cornejo, «Viator», doctor en Filosofía con una tesis sobre «Arte y estética en Nicolai Hartmann» y Licenciado en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Es especialista en estética y teoría del arte, con énfasis en los filósofos de la escuela pesimista alemana e italiana, como Arthur Schopenhauer, Eduard von Hartmann, Philipp Mainländer, Julius Bahnsen y Manlio Sgalambro. Ha publicado numerosos estudios y traducciones sobre estos autores, introduciendo en España obras clave como Filosofía de la redención de Mainländer.
Es catedrático de Filosofía y presidente, desde 2017, de la Sección Española de la «Sociedad Internacional Philipp Mainländer». Es creador de: Grial. Página web de la Sección Española de la Sociedad Internacional Philipp Mainländer (Internationale Philipp Mainländer-Gesellschaft) y Blogeleusis
“Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”
Pitágoras
Desde hace unos meses, estoy cursando un Ciclo Formativo en Técnico en Educación Infantil para aprender sobre la primera infancia, motivada por mi experiencia como madre y especialista en Filosofía para niños.
Después de varios temas revisados, tareas entregadas (y las que faltan) y lecturas complementarias, he comenzado a reflexionar profundamente sobre la formación de futuros educadores y formadores.
El artículo que sigue es una reflexión final de una tarea con el tema «empleabilidad en los sectores productivos» para la asignatura «Itinerario para la empleabilidad». Esta, junto con «Digitalización aplicada a los sectores productivos» y «Sostenibilidad aplicada al sector productivo», me ha llevado a un firme “¡basta ya!”. Se trata de asignaturas enfocadas casi exclusivamente en «cómo alcanzar el éxito en la empresa», dejando a un lado «cómo alcanzar el éxito en la educación«. ¿Realmente es necesario dedicar tres asignaturas sobre empresa y producción en una formación para «Técnico en Educación Infantil»?
Desde hace aproximadamente 10 años me dedico al mundo de la docencia. Aunque esta experiencia no es extremadamente extensa, me ha permitido desarrollar una perspectiva amplia y reflexiva sobre la educación y su relación con el sector productivo no solo en relación a la asignatura de «Itinerancia para la empleabilidad», sino también en digitalización y sostenibilidad. Tres asignaturas que se centran en el concepto de empresa y deja de lado el concepto de educación -al menos en este primer tema-. Gracias a este recorrido, puedo ofrecer una crítica constructiva que subraya que el sistema educativo no debe centrarse exclusivamente en las necesidades de la empresa y el mercado, sino que debe fomentar una educación integral que promueva el desarrollo crítico, ético y humano de los estudiantes, preparándolos para ser individuos libres y pensantes, capaces de cuestionar y transformar su realidad. Pero si al formar profesionales de la educación nos guiamos únicamente por el “éxito” de la empresa, como parece ser el enfoque prioritario de algunas asignaturas, ¿qué tipo de educación estamos fomentando?
El sector de la educación desempeña un papel crucial en la formación de las futuras generaciones, no solo en términos de conocimientos académicos, sino también en el desarrollo de habilidades críticas, éticas y sociales que permiten a los individuos pensar de manera autónoma y cuestionar el mundo que los rodea. Sin embargo, en el contexto de un sistema capitalista de producción, la educación ha sido progresivamente transformada en una mera herramienta funcional al servicio de la reproducción del orden económico y social vigente. Este proceso se evidencia, por ejemplo, en los libros de Filosofía de 1º de Bachillerato, donde se incluyen temas centrados en la empresa y el mercado, como si las dinámicas empresariales fueran los únicos espacios significativos de desarrollo humano. Pero, ¿qué sucede con lo humano en todo esto?
En este sistema, los estudiantes son tratados no como “sujetos libres, individuales y críticos”, sino como productos de una especie de “fábrica” cuyo objetivo es generar «mercancías humanas» que se ajusten a las necesidades del mercado laboral. Esta visión instrumental de la educación reduce la capacidad de los individuos para cuestionar, reflexionar o actuar de manera autónoma, y promueve un aprendizaje que no va más allá de la adquisición de competencias técnicas que se alinean con los intereses capitalistas. De esta manera, el sector educativo se convierte en un reflejo de las dinámicas de poder, control y explotación propias del sistema capitalista, donde el verdadero objetivo de la educación se desvía de la emancipación y el empoderamiento de los individuos hacia la conformidad y la adaptación al status quo.
Entonces, si la formación docente se centra en servir los intereses de la empresa, moldeando a los futuros educadores para satisfacer las demandas del mercado, ¿qué tipo de educación estamos realmente preparando? ¿Una que libere el pensamiento o una que, irónicamente, enseñe a no pensar?
“Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”
Después de un tiempo, retomamos el diálogo sobre el transhumanismo y el impacto de la tecnología en nuestra identidad, sociedad y futuro. En esta segunda parte, profundizaremos en los temas que quedaron abiertos y que merecen una reflexión continua.
¿Hacia dónde nos dirigimos como especie y cuál es la línea entre mejorar y deshumanizar?
Si te perdiste el primerFILOCAFÉ sobre transhumanismo, puedes escucharlo a través de YOUTUBE o IVOOX.
Uno de los puntos centrales de nuestro debate es el concepto de «naturaleza humana«. Con las mejoras tecnológicas en nuestras capacidades físicas y cognitivas, ¿estamos perdiendo algo esencial en nuestra humanidad? ¿Es posible definir una «naturaleza humana» que debamos preservar, o es la evolución tecnológica una parte intrínseca de nuestra esencia? ¿Qué características, si es que existen, deberían mantenerse intocables?
Además, el desarrollo de tecnologías transhumanistas plantea la urgente necesidad de establecer un marco ético global. No solo se trata de la moralidad de modificar el cuerpo humano, sino de quién tiene el derecho a decidir qué mejoras son aceptables. ¿Deberían ser los gobiernos, las corporaciones tecnológicas o la sociedad en su conjunto quienes definan estos límites? ¿Qué principios éticos deberían guiar el desarrollo e implementación de estas tecnologías? ¿Es mejor promover una ética de máxima libertad individual o priorizar la seguridad y el bienestar colectivo?
A medida que la tecnología avanza a pasos agigantados, las reflexiones filosóficas a menudo tardan más en desarrollarse. ¿Podría la filosofía ser la guía que necesitamos? ¿Cómo pueden los filósofos influir en el debate sobre el transhumanismo? Las cuestiones sobre moralidad, libertad e identidad humana son centrales en la filosofía y pueden proporcionar perspectivas valiosas para orientar el futuro de estas tecnologías.
El transhumanismo abre la puerta a posibilidades tanto fascinantes como aterradoras. Los temas que quedaron abiertos en nuestro debate inicial, desde la identidad hasta la desigualdad, nos recuerdan que este no es solo un asunto tecnológico, sino también una cuestión de valores y humanidad. En nuestra carrera hacia la mejora humana, quizás la pregunta más crucial sea: ¿cómo queremos construir un futuro donde todos, mejorados o no, puedan convivir en armonía?
En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre Transhumanismo. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos
El canon filosófico tradicional ha priorizado ciertas voces y regiones, excluyendo importantes aportes de otras culturas y corrientes. La necesidad de construir una filosofía fuera del canon responde al deseo de integrar perspectivas marginadas y ampliar el diálogo filosófico más allá de las tradiciones occidentales.
En este contexto, surge la Sociedad de Filosofía en Abierto(SdFA), una asociación sin ánimo de lucro orientada a investigar, profundizar y divulgar aquellas partes de la filosofía que han sido menos atendidas por el canon tradicional.
¿Qué beneficios trae explorar la filosofía fuera del canon en un contexto educativo y social?
¿Cuáles son los desafíos de investigar y divulgar filosofías fuera del canon?
¿Qué perspectivas ofrecen estas corrientes a los dilemas globales actuales?
Invitados mesa redonda:
Nieves Soriano Nieto: Doctora en Filosofía por la Universidad de Murcia-Université Paris IV-La Sorbonne, con una tesis sobre: «Viajeros románticos a Oriente«. Más recientemente, ha investigado sobre la filosofía no tratada por el canon tradicional, como las mujeres filósofas, la filosofía oriental y la filosofía latinoamericana, siendo la coordinadora del libro «Filosofas. Del olvido a la memoria«, «Filosofía oriental. El saber desconocido» y habiendo creado la Sociedad de Filosofía en Abierto a nivel nacional, de la que es presidenta y encargada de la vertiente Filósofas y Filosofía oriental. Secretaria de la Sociedad de Filosofía de la Región de Murcia. Ejerce la docencia como profesora de secundaria en IES Floridablanca (Murcia).
Lucía Carolina Fernández Jiménez: Doctora en Filosofía por la UNED y licenciada en Psicología. Compagina su labor docente como profesora de filosofía en un centro de educación secundaria en Elche con su labor como psicoterapeuta. Así se unen sus dos pasiones, dando lugar a la línea de trabajo e investigación en la que se mueve: la filosofía terapéutica y la psicología Existencial, enfoques que entienden las dificultades de la existencia sin patologizarlas. Desde hace más de 15 años trabaja, también, impartiendo cursos de formación para profesores. Forma parte de la Sociedad de Filosofía en Abierto en calidad de vocal y encargada de la vertiente de Filosofía terapéutica. Ha colaborado en el libro «Filósofas. Del olvido a la memoria.»
Diego Morollón del Río: Doctor en la rama de Filosofía, historia de las ideas e ideologías en América Latina del posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde tuvo como tutor principal a Enrique Dussel. Ha sido becario en la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) y ha publicado en el Instituto Paulo Freire de España, donde participa también en las actividades de formación, su obra Filosofía latinoamericana en la pedagogía de Paulo Freire. Actualmente es profesor de filosofía en el IES Los Molinos, Cartagena, España. En los últimos años ha sido invitado a jornadas de Estudios culturales en las universidades de Queen’s University en Belfast y al King’s College en Londres. Miembro de la Sociedad de Filosofía en Abierto y encargado de la vertiente de Filosofía latinoamericana
En nuestra sociedad, la salud a menudo se entiende como la ausencia de enfermedad, una visión reduccionista que simplifica una cuestión profundamente compleja. La Organización Mundial de la Salud la define como «un estado de completo bienestar físico, mental y social«, pero ¿es realmente posible alcanzar esa totalidad? ¿Podemos medir la salud solo en términos biológicos, o hay factores subjetivos y culturales que también juegan un papel crucial?
El filósofo Michel Foucault nos recordaba que «el cuerpo existe en y a través de un sistema político», sugiriendo que la manera en que entendemos y tratamos la salud está influenciada por estructuras de poder y conocimiento. ¿La medicina moderna, con su enfoque científico, logra captar plenamente lo que significa estar sano, o se queda corta frente a las dimensiones emocionales, sociales y espirituales del bienestar humano?
Para profundizar en este tema tenemos el privilegio de contar con: Laura Juliana Gamboa, filósofa y asistente de médico, especializada en temas sobre filosofía y medicina.
En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre Filosofía y Medicina con una invitada especial. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos
¿Es la salud un derecho universal, una construcción cultural o un estado de equilibrio personal?
Ponente:
Laura Juliana Gamboa, estudiante tesista de Filosofía y estudiante de sexto semestre de Licenciatura en Educación Básica Primaria en la Universidad Industrial de Santander. También, ha sido asistente de médico hospitalario en oncología, por lo que ha trabajado constantemente en unir estas dos ramas del saber: filosofía y medicina. Además, aborda temas a fines con la pedagogía médica y las políticas de salud.
Una herramienta fundamental para reescribir una historia filosófica más rica, que abrace la pluralidad y la diversidad de pensamiento, y que ponga en primer plano a las mujeres que han sido históricamente marginadas en este campo.
«Filósofas. Del olvido a la memoria«, publicado por Editorial Diálogo y coordinado por Nieves Soriano Nieto y Sergio Ferreres Codorniu, prólogo de Ana Carrasco, es una obra colectiva que reivindica la presencia y el legado de 22 mujeres filósofas a lo largo de la historia.
El libro se estructura en cinco capítulos según el campo de conocimiento o corrientes filosóficas de estas veintidós pensadoras. A través de un enfoque plural, el libro recoge las aportaciones intelectuales de pensadoras como Hannah Arendt, Simone de Beauvoir, Simone Weil, Judith Buttler, maría Zambrano, Concepción Arenal, Iris Murdoch y Margaret Cavendish, entre otras.
El principal objetivo de esta obra es visibilizar el trabajo intelectual de estas mujeres, quienes a menudo han sido marginadas o silenciadas en el discurso filosófico tradicional, dominado históricamente por hombres.
A través de una selección de filósofas, la obra ilustra cómo estas mujeres contribuyeron de manera significativa al desarrollo de corrientes como el existencialismo, el feminismo y la ética, entre otras. Figuras como Simone de Beauvoir, con su influyente obra El segundo sexo; Hannah Arendt, con sus reflexiones sobre la política y el totalitarismo, y otras pensadoras menos conocidas como Margaret Cavendish, pionera en el siglo XVII en la crítica al empirismo, o Émilie du Châtelet, fundamental en la introducción de la física de Newton en Francia. Estas voces, junto con las de pensadoras contemporáneas como Martha Nussbaum o Seyla Benhabib, son solo algunos ejemplos de la profundidad del pensamiento femenino que ha sido sistemáticamente invisibilizado, mostrando así la amplitud y diversidad de la contribución femenina al pensamiento filosófico.
Este volumen no solo es un libro que revisa la historia de la filosofía desde una perspectiva de género, sino que también busca transformar la forma en que entendemos el canon filosófico. Los autores y autoras que contribuyen a esta obra destacan la importancia de replantear la historia del pensamiento, no como una narrativa masculina exclusiva, sino como un proceso en el que las voces femeninas han jugado un papel esencial, aunque silenciado en la mayoría de las veces.
Una invitación a reflexionar sobre el pasado y el presente de la disciplina, y abogando por un futuro donde todas las voces sean igualmente escuchadas y valoradas.
Este enfoque multidisciplinario y colaborativo no solo ilumina el pasado, sino que también nos invita a reflexionar sobre las desigualdades de género que persisten en el ámbito académico y filosófico en la actualidad. Al examinar el legado de estas mujeres, se convierte en un testimonio de la resistencia intelectual de las filósofas y su lucha por ser reconocidas en un espacio históricamente dominado por hombres.
Considero que es un libro imprescindible no solo para quienes deseen comprender la historia de la filosofía desde una perspectiva más inclusiva, diversa y reivindicar el lugar de estas filósofas en el canon, sino también, un recurso valioso para trabajar en el aula. Su enfoque accesible y riguroso lo convierte en una herramienta pedagógica ideal para introducir a los estudiantes en una reflexión crítica en torno a la construcción del conocimiento y el papel que han jugado las mujeres en la filosofía, invitando al alumnado a cuestionar los cánones tradicionales y a valorar la diversidad de aportes en el desarrollo del pensamiento filosófico.
Índice del libro y pensadoras:
Capítulo 1. En los albores de la filosofía con nombre de mujer
Christine de Pizan. La ciudad de las damas. (Xavier Margaix Forner)
Marie de Gournay. (Irene Gaytán González)
Margaret Cavendish. Observations upon Experimental Philosophy. (Nieves Soriano Nieto)
Capítulo 2. Mujer y pensamiento feminista en la Edad Contemporánea
Concepción Arenal:Una vida entregada a los más débiles. (Lucía Carolina Fernández Jiménez)
Betty Friedan. (Pau Crespo Villalba)
Luce Irigaray. (Marisa Oliver Company)
Carol Gilligan: psicología y desarrollo de la mujer. (Daniel Pallarés-Domínguez)
Celia Amorós. (Manuela Picazo Tadeo)
Judith Butler. La disolución del género. (Núria Sánchez Planelles)
Capítulo 3. Mujer y pensamiento estético en la Edad Contemporánea
María Zambrano. Filosofía y poesía. (Núria Sánchez Flor)
Capítulo 4. Mujer y filosofía práctica en la Edad Contemporánea
Hannah Arendt. La importancia de establecer distinciones. (Guillermo Lapiedra)
Simone de Beauvoir (1908-1986). Pour une morale de l’ambiguïté. (Irene Gaytán González)
Simone Weil, la conciencia política de la desdicha (la malheur). (Rosa Jiménez Asensio)
Iris Murdoch: la soberanía del bien. (Marta I. Moreno Pizarro)
Martha Nussbaum: La humanidad. (Natatxa Mahiques Espasa)
Svetlana Alexievich. (Carlos Marín de Miguel)
Seyla Benhabib. (José Gil Herrero)
Capítulo 5. Mujer y antropología en la Edad Contemporánea
Ruth Benedict: Antropología de Japón. (María Ángeles Boix Ballester)
Margaret Mead. (José Muñoz Albaladejo)
Mary Midgley. (Manuela Picazo Tadeo)
Saskia Sassen. (Sergi Ferreres Codorniu)
Capítulo 6. Mujer y filosofía de la mente en la Edad Contemporánea
Patricia Churchland: El cerebro moral. (María del Carmen Bernabeu Rumi)