Invictus

La historia de un país puede quedar escrita por sus eficaces relaciones políticas, económicas, sociales y culturales, pero si por encima de todo ha existido una política humana y emocional promotora de conciencias y sensibilidades, ese país marca la diferencia por ser capaz de vencer obstáculos, actitudes negativas, creencias erróneas y antivalores desde dentro de cada ser, desde la conciencia de cada ciudadano, tal y como lo hizo Nelson Mandela.

La película Invictus, no es más que, un claro ejemplo de regeneración y reconstrucción que tienen valores tan universales como el perdón, la reconciliación y la inspiración.

Basada en hechos reales, Clint Eastwood (el director de la película) construye un alegato a la capacidad de reconstrucción de las relaciones sociales que tienen el sentimiento y ejercicio de una reconciliación tolerante y comprometida.

Una película centrada en el Nobel de la Paz, Nelson Mandela, con una trama argumental sencilla, se logra una inmediata y profunda identificación del espectador con el personaje. El director conduce y relaciona una complicada relación socio-política, como es lo que marca el final del «Apartheid», con las relaciones humanas, las cuales se imponen al trasfondo racial de la historia.

Se trata de una película que muestra cómo el perdón es más poderoso que cualquier arma nuclear.

 

https://www.filmaffinity.com/es/film584053.html

La insociable sociabilidad

¿Progresa la humanidad en la historia?
El punto de partida de la filosofía kantiana es la paradoja que Kant detecta en el pensamiento de Rousseau:

  1. Denuncia que el progreso científico, artístico y económico es un factor causante de la corrupción moral y política de la humanidad.
  2. Intenta explicar cómo es posible una mejora moral del ser humano mediante la educación y una política basada en la voluntad general.

Según Kant, la cuestión sobre el progreso de la humanidad no puede decidirse mediante la experiencia, pero hay acontecimientos que generan un sentimiento de simpatía y de entusiasmo en que gente que no se afectada por ellos. Estos sentimientos, sobre todo el de entusiasmo serían una señal equívoca de un progreso en el sentimiento moral de la humanidad.

Hay que contemplar la historia de la humanidad como si en ella hubiera algún tipo de finalidad o intención de la naturaleza. Supone que, pese a las intenciones particulares tanto a nivel individual como a nivel de un pueblo, sigue su curso, todo se contempla desde un punto cosmopolita o universal.

La visión cosmopolita implica adoptar una visión general de la especie humana, sin limitarse a regiones, culturas o países. Además, esta visión de la historia conlleva un desarrollo de la racionalidad de la
especie. Pues la razón, necesita de varias generaciones para crecer y fortalecerse.

forges

 

La semilla de la razón solo germina y crece mediante el antagonismo y la lucha en la historia de la humanidad. Esto, Kant, lo refleja en el oxímoron «insociable sociabilidad», o sea, el individuo, por su egoísmo, tiende a la insociabilidad, pero, por su necesidad, se ve obligado a vivir en sociedad y a respetar las leyes. Estas dos inclinaciones son inhertes del ser humano, donde se puede ver claramente la postura de:

  1. La tendencia humana a formar sociedades y así desarrollar sus capacidades como ser racional.
  2. La resistencia a entrar en contacto con los demás; el impulso al individualismo y a actuar de forma egoísta.

Así pues, los frutos de la cultura y de la sociedad, como el arte y las ciencias, pero también la política, se deben, precisamente, a esa tensión entre la insociabilidad y la disciplina derivada de la necesidad de la vida social.

La guerra y los conflictos, para Kant,  incorporan un aspecto positivo, puesto que las guerras y los conflictos estarían abocados a establecer necesariamente un orden pacífico y servirían a un plan oculto de la naturaleza o providencia para un progreso hacia lo mejor.

Finalmente, para Kant, entorno a la cuestión expuesta. Este progreso de la humanidad en la historia es un progreso legal o jurídico, pero no moral. El plan de la naturaleza para la historia en clave cosmopolita es el establecimiento de un Estado universal no despótico que permitiera el desarrollo de las capacidades de la especie humana y una situación de paz mundial.