Unir la cultura popular con teorías filosóficas tal vez sea de las formas más cercanas de acercar miradas hacia la pregunta. Hacia filosofar. La filosofía no se encuentra únicamente en los textos clásicos o en los ensayos académicos, también puede manifestarse en productos culturales que, desde la ficción y el entretenimiento, representan nuestra relación con el mundo, con los demás y con nosotros mismos.
Desde esta perspectiva, Aquí no hay quien viva (serie 2003-2006) puede ser interpretada a través del pensamiento de Albert Camus a partir de su concepción del absurdo.
La serie presenta la vida cotidiana de un edificio de vecinos, cuyas relaciones, conflictos y frustraciones se convierten en una sucesión aparentemente interminable de situaciones cómicas. Sin embargo, detrás de esta estructura humorística encontramos una representación de una existencia marcada por la repetición, la frustración de las expectativas y la imposibilidad de alcanzar aquello que los personajes desean.

Camus define el absurdo a partir de la confrontación entre l necesidad humana de encontrar sentido y la indiferencia del mundo ante esa necesidad
«El absurdo nace de esta confrontación entre la necesidad humana y el silencio irrazonable del mundo.»
(Camus, 1942)
Consciente o inconscientemente, lo que los creadores hicieron fue crear el propio absurdo, aquella necesidad de conectar con los personajes y sentir silencio en el exterior. La estructura misma del edificio funciona como un pequeño universo cerrado en el que los habitantes intentan construir una vida con sentido aunque una y otra vez terminan enfrentándose las mismas dificultades.
El edificio se converte en una representación reducida de la sociedad. Las tres señoras del primero con tres mirillas, el denominado <<Radio Patio>> montado como cadena ilegal por un empresario corrupto detrás de un videoclub y las disputas entre los vecinos, configuran una comunidad obsesionada con conocer, controlar y juzgar la vida de los demás. La aparente normalidad de la convivencia se transforma constantemente en una situación absurda.

Los personajes de Aquí no hay quien viva se entienden, como se he hecho mención, como sujetos atrapados en una cotidianidad que no responde a sus expectativas. Belén cambia de trabajo más que de novio, Alicia no encuentra su sitio como actriz, Juan Cuesta, presidente y viviendo al borde de un brote coronario… Cada personaje persigue un determinado ideal de vida, pero la realidad se encarga de frustarlo una y otra vez.
Te están mostrando al mundo y su absurdo. Pero también te muestran lo desgraciados que pueden llegar a ser todos los personajes, viviendo vidas que no desean, presos del sistema. Lo que para el personaje puede convertise en una desgracia, para el espectador es en una fuente de risa. La serie transforma el fracaso cotidiano en una experiencia estética y humorística.
Para comprender esta concepción el absurdo debemos indagar primero en la obra El Extranjero, una de las obras fundamentales de Camus. La novela comienza con un de las frases más conocidas de la literatura del siglo XX:
«Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé.»
(Camus, 2012)
Esta descripción resulta abrumadora al lector. No es el afán de captar risas entre lectores. Es el de difundir una teoría: la teoría del absurdo. La aparente indiferencia Meursault ante la muerte de su madre no debe entenderse únicamente como una ausencia de sentimiento, debe entenderse como una ruptura con las expectativas que la sociedad determina, es decir, cómo debemos sentir y comportarnos. Meursault no está ofreciendo al mundo la respuesta emocional que se espera de él. Existe, aquí, una distancia entre el acontecimiento y el significado que la sociedad pretende imponerle.
Esta distancia es a que permite comprender el concepto de absurdo: el ser humano busca inevitablemente que la vida carezca de sentido.
«El hombre se encuentra ante lo irracional. Siente en sí mismo su deseo de felicidad y de razón.»
(Camus, 2015)
El absurdo aparece, por tanto, en la tensión entre nuestro deseo de encontrar un orden racional y un mundo que no garantizan que ese orden exista. La existencia humana se caracteriza por la búsqueda de respuestas, mientras que el mundo permanece en silencio. No somos más o menos felices cuando reímos viendo un episodio de Aquí no hay quien viva, sino que se apaga por un instante el ruido del exterior. Y eso sí podría llegar a hacernos felices. Así como también entrar en un círculo vicioso y sin sentido, aún más absurdo que aquel del que comenzaste, terminando apagado completamente. Como el protagonista de El Extranjero en la que la vida no es que no tenga sentido, es que simplemente no tiene razón de ser.
Es en el concepto de círculo vicioso donde se guarda especial relación con El mito de Sísifo. Sísifo está condenado a empujar eternamente una piedra hasta la cima de una montaña para verla caer una y otra vez. La condena reside en la repetición de una tarea que aparentemente no conduce a ningún resultado definitivo, sin tener en cuenta el esfuerzo que requiere dicha tarea.
«La lucha misma hacia las cumbres basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz.»
(Camus, 2015)
Esta afimación es la prueba de que podríamos incluso llegar a ser nosotros Sísifo feliz, pero cómo, pues no escapando del absurdo sino asumiéndolo, es decir, no podemos modificar nuestro destino, pero sí podemos modificar nuestra relación con él. La conciencia del absurdo no conduce necesariamente a la desesperación; puede convertirse en una forma de libertad donde el individuo puede asumir su propia existencia y encontrar valor en la experiencia misma de vivir.
Los vecinos de Aquí no hay quien viva pueden interpretarse como una suerte de Sísifos contemporáneos. Sus problemas se repiten, sus proyectos fracasan y sus conflictos reaparecen constantemente. Sin embargo, existe una diferencia lo que para Sísifo es una condena, las situaciones de los personajes de la serie induce a la risa. Y no solo por los diálogos. Son los contextos. Es una forma de abrazar al absurdo sin luchar contra el sinsentido.
Tal vez la risa sí tenga sentido. ¿Acaso sentir no es lo único que no carece de sentido?
La risa introduce una dimensión interesante. El espectador observa el absurdo desde una posición exterior y puede reírse de situaciones que, desde la perspectiva de los personajes, resultan dramáticas. La comedia permite contemplar el sinsetido sin quedar sometido a él. Reír ante la desgracia puede significar reconocer su existencia y, al mismo tiempo, negarse a concederle la última palabra sin ignorarla.
Podríamos afirmar que Aquí no hay quien viva constituye una representaciónpopular y doméstica del mito de Sísifo. El edificio funciona como una montaña; los problemas, como la piedra; y la repetición cotidiana, como la condena. Pero con una gran diferencia: los vecinos convierten la repetición del absurdo y la desgracia en comedia.
Tal vez la risa sí tenga sentido. O quizás, como sugeriría Camus, lo verdaderamente importante no es encontrar un sentido último, es seguir viviendo a pesar de su ausencia.
Bibliografía.
Camus, A. (2015). El mito de Sísifo (L. Echávarri, Trad.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1942).
Camus, A. (2012). El extranjero (J. Á. Valente, Trad.). Alianza Editorial. (Trabajo original publicado en 1942).



