Filocafé: Transhumanismo -Parte 2

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Después de un tiempo, retomamos el diálogo sobre el transhumanismo y el impacto de la tecnología en nuestra identidad, sociedad y futuro. En esta segunda parte, profundizaremos en los temas que quedaron abiertos y que merecen una reflexión continua.

¿Hacia dónde nos dirigimos como especie y cuál es la línea entre mejorar y deshumanizar?

Si te perdiste el primer FILOCAFÉ sobre transhumanismo, puedes escucharlo a través de YOUTUBE o IVOOX.

Uno de los puntos centrales de nuestro debate es el concepto de «naturaleza humana«. Con las mejoras tecnológicas en nuestras capacidades físicas y cognitivas, ¿estamos perdiendo algo esencial en nuestra humanidad? ¿Es posible definir una «naturaleza humana» que debamos preservar, o es la evolución tecnológica una parte intrínseca de nuestra esencia? ¿Qué características, si es que existen, deberían mantenerse intocables?

Además, el desarrollo de tecnologías transhumanistas plantea la urgente necesidad de establecer un marco ético global. No solo se trata de la moralidad de modificar el cuerpo humano, sino de quién tiene el derecho a decidir qué mejoras son aceptables. ¿Deberían ser los gobiernos, las corporaciones tecnológicas o la sociedad en su conjunto quienes definan estos límites? ¿Qué principios éticos deberían guiar el desarrollo e implementación de estas tecnologías? ¿Es mejor promover una ética de máxima libertad individual o priorizar la seguridad y el bienestar colectivo?

A medida que la tecnología avanza a pasos agigantados, las reflexiones filosóficas a menudo tardan más en desarrollarse. ¿Podría la filosofía ser la guía que necesitamos? ¿Cómo pueden los filósofos influir en el debate sobre el transhumanismo? Las cuestiones sobre moralidad, libertad e identidad humana son centrales en la filosofía y pueden proporcionar perspectivas valiosas para orientar el futuro de estas tecnologías.

El transhumanismo abre la puerta a posibilidades tanto fascinantes como aterradoras. Los temas que quedaron abiertos en nuestro debate inicial, desde la identidad hasta la desigualdad, nos recuerdan que este no es solo un asunto tecnológico, sino también una cuestión de valores y humanidad. En nuestra carrera hacia la mejora humana, quizás la pregunta más crucial sea: ¿cómo queremos construir un futuro donde todos, mejorados o no, puedan convivir en armonía?

En este espacio que Arjephilo brinda para la reflexión y el diálogo, se busca un entendimiento más profundo sobre Transhumanismo. No es necesario ser un experto en filosofía para participar; solo se necesita el deseo de aprender, debatir y, por supuesto, dejarse llevar por el viento del logos


Biotecnología en el terreno de la bioética

Todo filósofo no solo se pregunta por sí mismo y su entorno, sino que debe ir más allá de la propia respuesta conceptual y actuar, es el terreno de la praxis.

Los últimos par de siglos de nuestra época, se ha visto marcado por una innovación incesante en casi todos los terrenos de la vida social. Esos cambios, en gran medida, afectan a nuestra cultura material, siendo estos resultado de los descubrimientos de la ciencia y la tecnología moderna.

Vivimos una época de cambio tecnológico acelerado, en efecto, la modificación del entrono natural por la mano del hombre ha avanzado de forma acelerada. Pero una vez más nos encontramos con ventajas e inconvenientes de esta aceleración.

Ciencia y tecnología, ambas han proporcionado al ser humanos unos niveles de bienestar muy superiores con respecto a otras épocas atrasadas, no hay más que ver el cambio sufrido en el «trabajo del campo». El grado de comodidad, seguridad, libertad y cultura del que gozamos a día de hoy, es, en gran medida, proporcionado por la tecnología moderna, la cual ha sido creada y movilizada por la inteligencia y el esfuerzo humano.

Pero, encierra peligros en los que el ser humano pueda utilizar esa tecnología de forma inadecuada, y lo haga hasta el punto de poner en peligro la propia supervivencia de nuestra especie sobre el planeta. De esto último muchas distopías se han descrito en los libros, series de TV y películas, «El atlas de las nubes», «Gattaca», «La travesía», «Ex Machine», la exitosa serie «Black mirror»,… entre otros, muestran claramente el peligro que pueda traer el mal uso de ese avance tecnológico.

El avance de la biotecnología permite modificar nuestra propia constitución biológica, de hecho, la medicina, desde tiempo inmemorial ha pretendido curar las enfermedades y aliviar el sufrimiento humano. Lo que me viene a la mente la siguiente cuestión ¿sigue el ser humano sujeto a la selección natural? No, el ser humano ya es una especie débil, se encuentra en la cúspide de la cadena alimenticia, pero, es únicamente gracias a los medios materiales que ha puesto para llegar a ello. Sino existieran los anteojos a muchos de nosotros nos hubiera comido el peligro.

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Imagen extraída de la serie de TV «Black Mirror» capítulo «15 millones de méritos»

La aplicación de las biotecnologías en los propios seres humanos abre horizontes espectaculares, pues estas comienzan a corregir las enfermedades congénitas que aquejan a tanta gente, y dolencias como el cáncer podrán encontrar tratamientos efectivos a no muy largo plazo. Pero tiene una faceta realmente inquietante desde un punto de vista ético, que cuando lo aplicamos esas tecnologías al propio ser humano ¿Qué limites morales debemos imponer a nuestra actuación en este terreno? En efecto, la posibilidad de editar genéticamente embriones humanos plantea preguntas fundamentales sobre lo que es éticamente aceptable en términos de manipulación genética. Por ejemplo, ¿es ético crear «bebés a la carta» con ciertas características genéticas deseables? ¿Qué consecuencias sociales y culturales tendría esto a largo plazo? Es importante señalar que la modificación genética humana ya se está llevando a cabo en algunos países. En 2018, un grupo de científicos chinos anunció que habían creado los primeros bebés genéticamente modificados del mundo. Este hecho causó un gran revuelo en todo el mundo y puso de manifiesto la necesidad de establecer límites éticos claros en cuanto a la manipulación genética del ser humano.

Y, para finalizar, se queda abierto el debate: ¿Es lícito, por ejemplo, la clonación de seres humanos, con independencia que podamos realizarla con más o menos pericia técnica? ¿Debemos tener el derecho de modificar a nuestro antojo las características genéticas de nuestra descendencia, simplemente por el hecho de poder hacerlo? si fuera esto posible, ¿cómo actuaría lo sociedad? ¿Se podrá llegar a crear individuos incapaces de albergar sentimientos de culpa, o incluso sin sentimiento en general? Cuando estamos en condiciones de modificar la constitución génica de nuestro cuerpo, ¿será correcto hacerlo sin más límites que nuestros propios deseos al respecto? Estas y muchas más preguntas abren todo un nuevo campo de problemas a la reflexión ética.