Escuela de Mileto

TALES, el autor que suele ser considerado tradicionalmente como el primer filósofo, según las inciertas noticias que de él tenemos vivió en la ciudad de MILETO. No tenemos referencias biográficas claras, salvo que estaba en plena actividad cuando predijo el eclipse de sol que se produjo el año 585 a.C., por lo que entorno a esa fecha se supone que estaba en su madurez como investigador de la naturaleza.  Se le atribuye el haber predicho el primer eclipse de sol en el año 585 a.C, o el haber descubierto las propiedades del imán, o el teorema que lleva su nombre.

Según Tales el arché o raíz de todas las cosas sería el agua. El agua, uno de los cuatro elementos primordiales, compone en mayor o menor medida todos los seres, es principio de vida y de fecundidad. Por otro lado, Tales piensa que la tierra flota sobre el agua (aunque no se pregunta por el sustento de esa base acuática) y piensa que el cambio aparente de las cosas de la naturaleza se produce por un proceso de rarificación y condensación del elemento primordial. El agua rarificada daría lugar al aire. Aún más rarificada al fuego y condensada a la tierra. Aristóteles en su Metafísica afirma que Tales habría llegado a esta conclusión al observar que todas las cosas tienen un origen húmedo y que todo lo vivo necesita de lo húmedo para crecer. Asimismo, la observación de la evaporación del agua habría invitado a pensar en la capacidad de este elemento para transformarse en otro.

Podemos ver que Tales apuesta por un único arché, principio o esencia del cosmos, que es un principio material. Podemos ver también que en su explicación sigue un modelo genealógico, que tiene su antecedente más directo en los poetas míticos (Hesíodo), avalando así, al menos en parte, la hipótesis de Cornford sobre el origen de la filosofía.

ANAXIMANDRO También en MILETO y al parecer como discípulo de Tales desarrolló su propia teoría. Debía tener unos 40 años en torno al 547 a.C. Participó de forma activa en los asuntos de la ciudad, realizó un mapa terrestre, utilizó un gnomon para determinar la distancia a las estrellas y su tamaño, y predecir los solsticios.

Este autor mantiene que el arché debe ser material, como decía su maestro, pero también ha de ser infinito en cantidad, ya que origina el cosmos en su totalidad y genera cambios de modo incesante, e indeterminado en su cualidad, ya que debe poder originar seres cualitativamente muy diversos. Por ello rechaza la hipótesis de su maestro según la cual el arché es el agua.

Para Anaximandro ninguno de los cuatro elementos por sí sólo tiene las cualidades antes reseñadas, por lo que postula la existencia de una materia primigenia, el ápeiron lo “indeterminado”, que daría origen a los cuatro elementos que de él forman parte. El ápeiron al ser un elemento carente de cualidades permitiría explicar la aparición de nuevos elementos con cualidades opuestas a partir de un origen común, como por ejemplo el agua y el fuego.

 El movimiento se origina y desarrolla por el proceso de separación de opuestos que se da a partir de la materia original, por lo que se trata de un movimiento circular e incesante. El orden en el cosmos ya no la impone la voluntad arbitraria de un dios, sino que el orden se fundamenta en el equilibrio y la armonía de los elementos.

ANAXÍMENES es el último representante de esta escuela. Hacia el 527 a.C. alcanzó su madurez, es decir, aproximadamente los 40 años, por lo que probablemente vivió lo suficiente como para presenciar la destrucción de Mileto por los persas el año 494 a.C.

Según Anaxímenes el arché, esencia o principio de todo lo real, debía ser el aire. Tiene ventajas sobre el agua, ya que es tan necesario para la vida como ella, pero no necesita sostenerse sobre nada.

Por otro lado, es tan indeterminado como el apèiron, pero es perceptible, por lo que resulta innecesario recurrir a una materia que no conocemos ni percibimos y que sólo podemos admitir por fe.

Su explicación del cambio es, como en el caso de Tales, a partir de un proceso de rarificación y condensación, que sería la causa última de todo cambio y todo movimiento. A través de la condensación se formaría el viento, las nubes, la tierra y las piedras; la rarificación transformaría el aire en fuego.

 Recordemos que para los griegos la Naturaleza se compone de cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego, siendo todo resultado de las mezclas entre ellos según distintas proporciones.

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LA FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA: ESENCIA, ORDEN Y ARMONÍA

La filosofía puede ser considerada en su origen como una crítica de la “sabiduría popular” y como una nueva visión de la realidad que tiende a suprimir los supuestos irracionales del mito.

Toda la filosofía presocrática surge de la convicción profunda de la unidad del cosmos, pese a su aparente multiplicidad.

Nuestra experiencia del mundo es la permanente percepción de lo múltiple (multiplicidad de objetos, multiplicidad en el tiempo de cada objeto sometido a los procesos de cambio); sin embargo, lo cierto es que podemos percibir también la constancia. En la naturaleza hay características que se repiten con una absoluta regularidad. El agua hierve siempre a los 100 grados centígrados, por ejemplo. Las estaciones del año se suceden con pasmosa regularidad y siempre al día le sigue la noche y a ésta un nuevo día.

Pero si observamos bien, nosotros cambiamos con los años pero seguimos considerando que somos los mismos; el agua puede solidificarse en forma de hielo pero seguimos diciendo que es agua. Es decir, hay una constancia profunda de los objetos naturales, constancia que va más allá de los cambios aparentes que percibimos.

Esto lleva a los filósofos a tratar de conciliar en un único sistema la antítesis que a primera vista se da entre nuestra Razón (que nos proporciona conocimiento racional, hablándonos de la permanencia y la constancia en la naturaleza) y nuestra experiencia (que nos provee de conocimiento sensible, haciéndonos ver el cambio y la multiplicidad de la naturaleza). En esto consistiría alcanzar la verdad, es decir, acceder al conocimiento de aquello que resulta ser necesario, que no puede ser negado.

La investigación sobre la unidad profunda del cosmos lleva a afirmar la existencia de una raíz común a todo. Los griegos le dan el nombre de arché, al que podemos definir, entre otras cosas, como la causa última de la unidad real de lo que se muestra a nuestros sentidos como múltiple. A partir de él se generan los seres del universo, constituye lo permanente, el sustrato último de la naturaleza y es causa, y por tanto explicación, de las transformaciones del universo: es causa del movimiento y del cambio.

Todas las escuelas presocráticas parten de esta premisa fundamental que es la necesidad de conciliar razón y experiencia para alcanzar la verdad. También parten de una concepción común de la naturaleza (physis), que tendría como características principales las siguientes:

1.- Es un todo ordenado, es decir, un cosmos, y no un desorden o caos.

2.- Es la naturaleza de cada ser la que determina su lugar en el cosmos, del que forma parte.

3.- La naturaleza es un cosmos dinámico.

4.- El movimiento es intrínseco, propio de la naturaleza misma. No le viene de fuera, sino que tiene en ella su origen y fundamento. Se concibe el cosmos como un organismo vivo, más que como una máquina, cuyo movimiento es iniciado desde el exterior.

El término “naturaleza” (physis) tiene una segunda acepción, ya que se utiliza también para denominar aquello que cada cosa es, por lo que se identifica con el concepto de “esencia”. Es decir, preguntar por la naturaleza de una cosa es preguntar por su esencia, o lo que es lo mismo, preguntar por lo que esa cosa es, para a partir de ello conocer y explicar sus movimientos y procesos. Para los griegos la Naturaleza se compone de cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego, siendo todo resultado de las mezclas entre ellos según distintas proporciones.

El arché es la naturaleza o esencia de las cosas, porque a partir de él se generan los seres del universo, constituye el sustrato último de todo, es decir, aquello que es permanente en las cosas y en el cosmos, y además es capaz de dar cuenta de las transformaciones que en las cosas se dan, puesto que es causa de esas transformaciones.

Los primitivos pensadores griegos se preguntan, por el arché como manera correcta de acceder a la verdad, de conocer lo permanente en el mundo, que al mismo tiempo es la explicación del cambio. Es una pregunta radical, ya que pretende llegar a la raíz de la naturaleza y de todas las cosas. Por esto, también podemos decir que se trata de una pregunta universal.

Mapa presocráticos y sofistas.
Fuente: https://auladefilosofia.net/2010/10/08/indice-de-presocraticos/