Síntesis: El poder del juego. Filocafé con Gregorio Luri

El juego es una de las formas de la vida feliz.

En el filocafé ¿Por qué ya no jugamos? El juego como forma de libertad nos acompañó Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, cuya voz se ha vuelto imprescindible en el debate educativo contemporáneo. Desde el inicio, se marcó el tono del encuentro: una mezcla de lucidez, memoria y una defensa apasionada de algo que parece tan simple como decisivo en la vida humana: el juego.

Educar no es entretener, sino introducir a los niños en un mundo que merece ser heredado. Y en ese tránsito, el juego ocupa un lugar central. No como pasatiempo, sino como forma originaria de pensamiento, como recordaba Huizinga, y como movimiento que nos envuelve y transforma, en palabras de Gadamer “Somos seres que juegan antes incluso de ser seres que razonan

A partir de ahí, la conversación se abrió a partir de las preguntas: ¿por qué ya no jugamos? ¿Qué ha ocurrido para que los patios, las calles y los descampados, espacios que durante generaciones fueron laboratorios sociales, se hayan ido vaciando de niños? ¿Qué perdemos cuando desaparece el juego libre?

Gregorio propuso una respuesta que fue prácticamente el hilo conductor de todo el filocafé: el miedo.

Cuando el miedo ocupa demasiado espacio en nuestra mirada adulta, el juego se encoge en la vida de los niños.

Un miedo que se ha instalado en la mirada adulta y que, sin darnos cuenta, estrecha el mundo de los niños. Miedo al extraño, miedo al compañero, miedo al futuro, miedo a nosotros mismos como educadores. “Hoy se lleva lo de victimizar las relaciones. Ay, ay, ay, que me puede hacer daño”, dijo Luri, señalando cómo la sospecha se ha convertido en un hábito cotidiano.

La autodisciplina se aprende mejor en el juego que en los consejos de los adultos.

El miedo no fue el único protagonista. ¿De qué hablamos cuando hablamos de juego? Comentó uno de los asistentes a lo que Luri fue desplegando una visión del juego que se sostiene en tres pilares fundamentales:

  1. El juego como aventura. El juego auténtico implica riesgo, incertidumbre, descubrimiento. No hay aventura sin la posibilidad de equivocarse, de hacerse daño, de ir un poco más allá de lo previsto. “Si no hay riesgo, no hay aventura”, recordó Luri, evocando sus propias travesuras de infancia: trepar árboles, robar peras, chapotear en charcos. Pequeñas gestas que enseñaban prudencia, autocontrol y valentía. Hoy, en cambio, vemos rodillas impolutas, parques acolchados y una infancia sin rasguños, pero también sin aventura.
  2. El juego como praxis. Siguiendo a Aristóteles, Luri insistió en que el valor del juego está en la acción misma, no en su utilidad. “El premio de la praxis es la propia praxis”, dijo. El juego nos devuelve al presente, nos permite saborear la actividad sin un “para qué” que devore el momento. Citó al Eclesiastés: “El único bien del hombre es disfrutar con lo que hace. Esa es su paga”. Una vida feliz, añadió, es aquella capaz de llevar el espíritu del juego al trabajo, a la familia y a las relaciones.
  3. El juego como encuentro polémico con los límites. En un juego no se puede hacer cualquier cosa. Las reglas no son un obstáculo, sino el terreno fértil donde se negocia, se discute y se aprende a convivir. El juego es un espacio donde los niños exploran qué pueden hacer, qué no, y hasta dónde pueden llegar sin romper el marco común. “El juego es un encuentro polémico con los límites”, afirmó Luri, y en ese roce con el límite tanto físico, social y moral los niños desarrollan autocontrol, disciplina y criterio propio.

Pocas experiencias hay más maravillosas para un niño que estrenar unas botas de agua y meterse a chapotear en un charco.

Las intervenciones del público enriquecieron el diálogo. Alejandro habló del miedo al compañero, un fenómeno creciente en las escuelas: padres que analizan cada gesto, cada familia, cada niño, como si todos fueran potenciales amenazas. Iñaki insistió en la importancia del juego corporal y grupal, un juego que involucra cuerpo, presencia y comunidad. Erika aportó una mirada intercultural desde su experiencia entre Ecuador y Suecia, mostrando cómo el contexto condiciona la libertad infantil: en unos lugares la inseguridad es real; en otros, la confianza es la norma.

Miguel Ángel introdujo la cuestión del videojuego y la migración del juego hacia lo digital. Luri respondió con claridad: “La calle de los niños hoy es la pantalla, dicen algunos. Yo creo que no. Internet ha construido un barrio en la ciudad, los otros barrios están ahí.” La pantalla es un barrio más dentro de la ciudad simbólica, pero no sustituye la experiencia humana del encuentro. “Por muy atractiva que sea la pantalla, salir con los amigos es muchísimo más atractivo”, dijo.

Hacia el final, Luri volvió a la raíz de todo: no hay vida sin juego. Una vida completamente calculada, orientada siempre a un fin externo, sería invivible. El juego nos permite disfrutar con lo que hacemos, nos devuelve al presente, nos abre a la aventura y nos enseña a gestionar el azar. “No tengáis miedo, porque lo peor es educar con miedo”, concluyó.

El filocafe concluyó con la idea de que, cuando el miedo ocupa demasiado espacio en la mirada adulta, el juego se encoge en la vida de los niños. Y con él, se encoge también la confianza en ellos y en la comunidad. Se hizo un llamado a recuperar el juego como espacio de libertad y encuentro, con una invitación a los adultos a superar sus propios temores para favorecer un desarrollo infantil más humano, más valiente y más pleno.

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Algunas de las citas en relación a la temática:


1. El juego como origen y forma de pensamiento humano: Fundamental para el desarrollo humano y social, no solo un entretenimiento

  • «El juego no es un añadido a la cultura, sino su origen. Somos seres que juegan antes incluso de ser seres que razonan.» (Referencia a Johan Huizinga)
  • «El juego no es algo que controlamos, sino un movimiento que nos envuelve y nos transforma, invitándonos siempre al encuentro con el otro.» (Hans-Georg Gadamer)

2. El valor educativo y social del juego.

  • «En el juego los niños aprenden a convivir, a negociar, a respetar reglas y a encontrarse con el otro sin miedo al error.»
  • «No es casual que los patios de la escuela hayan sido durante generaciones verdaderos laboratorios sociales.»

3. La importancia del juego libre y arriesgado: implica libertad, riesgo moderado, reglas flexibles y negociación, elementos clave para el desarrollo personal

  • «No hay aventura si no hay riesgo. Por lo tanto, en el juego libre y arriesgado es donde los niños se encuentran con todas esas dimensiones esenciales del juego.»
  • «El juego es una actividad esforzada, incierta, abierta al azar, cuyo premio es el propio juego.» (Inspirado en Aristóteles)
  • «Para que haya juego de verdad ha de haber normas, pero interpretables, que permitan la discusión y el encuentro con los límites.»

4. El juego y la vida feliz: No es solo para niños, sino que se trata de un principio vital para una existencia plena y satisfactoria.

  • «El juego es una de las formas de la vida feliz.» (Cita de Ortega y Gasset)
  • «Una vida feliz es aquella que es capaz de llevar el espíritu del juego a la vida familiar, a la vida de las relaciones con los amigos y sobre todo a la vida del trabajo.»

5. El miedo y la sobreprotección como enemigos del juego.

  • «Si no jugamos es que probablemente estamos siendo jugados.»
  • «El miedo ocupa demasiado espacio en nuestra mirada adulta y el juego se encoge en la vida de los niños.»
  • «No podemos educar a nuestros hijos en el miedo y en la huida.»
  • «La sobreprotección borra la posibilidad de explorar, de arriesgarse, de equivocarse y de encontrarse con el otro sin un adulto mediando cada paso.»

6. El juego como espacio de libertad y encuentro para la educación humana y social.

  • «El juego no solo es diversión, es un modo de aprender a vivir, a vivir juntos.»
  • «Cuando desaparece de los patios, de las calles, no solo se pierde movimiento o imaginación, sino también la confianza en los niños y en la comunidad.»
  • «Necesitamos patios donde los niños vuelvan a jugar y adultos capaces de mirar con menos miedo y más confianza.»
Imagen creada por IA y compartida por una asistente del Filocafé.
«Si no hay riesgo, no hay aventura»


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