Te doy mis ojos

Una historia de violencia doméstica, de violencia machista, la forma más habitual de violencia de género en nuestro país.

Este tipo de violencia ha recibido especial atención por parte de investigadores de múltiples disciplinas, como la sociología, la psicología, el derecho o la criminología y muy especialmente, desde los estudios de género y estudios feministas. Profesionales que trabajan de forma directa con las personas que sufren o experimentan este tipo de violencia, como trabajadores sociales, policías, médicos forenses, psicólogos, detectives o jueces, pueden recibir hoy una sólida formación sobre distintos temas relacionados con el mismo gracias a una ingente producción científica que analiza las formas, las causas, los recursos y las estrategias de salida para este doloroso drama.

Hoy la violencia doméstica es, en nuestro país y en otros de nuestro entorno, una cuestión claramente política, que ha logrado conciliar, con matices, los idearios de formaciones políticas diversas y enfrentadas. Organismos europeos y paneuropeos se han implicado igualmente en esta cuestión. Gracias a todo ello se ha generado un cuerpo de leyes más o menos activas destinadas a la erradicación de esta forma de agresión. El seguimiento de los casos, el registro y análisis de la evolución de los mismos, es una de las prioridades de estas políticas, de manera que sea posible conocer con certeza la magnitud del fenómeno que nos ocupa. Y los resultados que arrojan estos análisis de incidencia son escalofriantes.

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La opinión pública viene siendo un agente muy activo en la difusión de los casos de violencia de género, así como en el debate acerca de las causas y las consecuencias del mismo. El impacto en la sociedad de la participación de la opinión pública, a través de los medios de comunicación que dan voz y rostro a víctimas del maltrato y maltratadores, es incuestionable. Gracias a su capacidad de llegar al gran público, se está transformando prejuicios y  errores de partida sobre el tema, como por ejemplo, la creencia de que se trata de un tema de pareja, por tanto, íntimo. No obstante, este clima de opinión a menudo eclipsa las posibilidades de un análisis más profundo, que es lo que requiere un fenómeno tan complejo.

Los colectivos que desde la sociedad civil vienen luchando por la erradicación de esta forma de violencia contra las mujeres desempeñan una labor fundamental, especialmente en la asistencia a las víctimas y a sus hijos, así como en la educación en valores que impidan a una sociedad tolerar los malos tratos o asistir como público imperturbable ante la escena.

Sin duda, todo ello ha colaborado a una gran transformación: el grado de inquietud que provoca en las mentes de quienes observan esta realidad. En nuestra sociedad, como en muchas otras, la violencia doméstica se ha considerado hasta hace relativamente poco tiempo algo normal, siempre que no llegara a ser una agresión física extrema. Insultar, dominar, negar, impedir, limitar la autonomía de las esposas mediante la presión no ha sido nada extraordinario, más bien al contrario, ha sido un elemento común al modo de relación entre los sexos. Que ello se acompañara de un punto más de agresividad, era visto quizá como una cuestión de grado dentro de un fenómeno normal y por tanto, aceptable. Esto ha cambiado. O al menos debería de estar cambiando.1479999762_394473_1480000219_noticia_normal

La enorme complejidad del tema, la realidad de que a pesar de que muchos se parecen, no hay dos casos idénticos, puesto que no hay dos personas, ni dos parejas, ni dos amores idénticos, hace que estemos ante un tema de difícil aproximación. No obstante, las investigaciones multidisciplinares destapan ciertos factores comunes en la violencia doméstica, siendo el primero y principal, que ésta se ejerce de un hombre hacia una mujer en la gran mayoría de los casos. Sabemos que  estamos ante un tema de privilegios, ante un sistema de creencias acerca de cómo se ha de repartir el poder de pertenencia, de control del destino. Podemos afirmar que la violencia no es consecuencia de un determinado rasgo o gen que sería más común en los hombres, en los esposos, que en las mujeres. Tampoco se relaciona con una psicopatología concreta. Y lo más importante, sabemos que se puede salir de una relación violenta, como sabemos que se puede entrar y que determinados factores pueden precipitar la decisión de continuar con una relación a pesar de los malos tratos.

La película describe con gran acierto todas estas cuestiones y muchas más. Son muchos los aspectos y matices de las relaciones de violencia machista que la directora y guionista ha contemplado a través de sus personajes, de su comportamiento y evolución. Es una película especialmente adecuada para analizar y flexionar desde la complejidad que requiere el fenómeno.

¡¡¡Que la disfrutes!!!

Recomendación:
http://www.redalyc.org/jatsRepo/122/12246766009/html/index.html
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