Ludwig Wittgenstein: el lenguaje, el mundo y lo inexpresable

Ludwig Wittgenstein es uno de los filósofos más influyentes del siglo XX. Ingeniero, profesor, jardinero, camillero de guerra y constructor, publicó en vida un solo libro: el Tractatus Logico-Philosophicus, escrito en medio de la Primera Guerra Mundial.

La filosofía de Wittgenstein comienza con una pregunta: ¿cuál es la relación entre el lenguaje y el mundo? En el Tractatus, el lenguaje representa la realidad. Por eso afirma: «Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo». La estructura del lenguaje es también la estructura de la realidad.

El Tractatus se compone de siete partes. La última contiene únicamente una sentencia: «De lo que no se puede hablar, es mejor callar». Más que una crítica a la metafísica, esta frase muestra que la filosofía no puede hablar de todo. Para Wittgenstein, existe algo inexpresable que solo puede mostrarse: lo místico.

Aunque suele hablarse de un primer y un segundo Wittgenstein, entre el Tractatus y las Investigaciones filosóficas existe un desarrollo de su pensamiento. En Observaciones filosóficas profundiza en la gramática y en la pregunta sobre cómo conocemos.

Más adelante, en las Investigaciones filosóficas, Wittgenstein ya no busca establecer cómo debe usarse el lenguaje, sino comprender cómo lo usamos. Surgen así los juegos de lenguaje. Cada lenguaje posee reglas y cada uso expresa una forma de vida. Lo importante ya no es únicamente qué significa una palabra, sino cómo funciona.

Sin embargo, una idea permanece: no todo puede expresarse mediante el lenguaje. «Lo que puede ser mostrado no puede ser dicho». El lenguaje explica cómo son los hechos, pero existen límites que no puede atravesar.

Por eso, para Ludwig Wittgenstein, la filosofía no demuestra nada: solo puede mostrar. Y quizás, ante lo verdaderamente inexpresable, el método filosófico más profundo sea guardar silencio.

Los crímenes de Oxford

De lo que no se puede hablar, mejor hacer silencio”, tal como dice el enunciado de Wittgenstein varias veces repetido en el film por uno de sus protagonistas principales.

Elijah Wood le da vida a Martin, un joven norteamericano, estudiante de lógica y matemáticas que llega a Oxford para terminar sus estudios de doctorado bajo la tutela del profesor Arthur Seldom (John Hurt).

«¿Podemos conocer la verdad?» El calado filosófico de la cuestión que plantea Seldom es innegable. Inspirado en la filosofía de Wittgenstein especialmente a su obra Tractatus logicus philosophicus, comienza un continuo de proposiciones que va desencadenando la idea de la realidad y del mundo a partir de hechos, y la relación entre lenguaje y pensamiento.

Varios son los momentos de la película en la que se producen discusiones entre Martin y Seldom respecto las certezas matemáticas y las certezas empíricas. Así mismo, la posición de Martin puede relacionarse en mayor medida con el realismo platónico y pitagórico sobre la existencia de los números y las ideas abstractas, en contra, la postura de Seldom, que se muestra mucho más escéptico ante esta postura.

La película, no únicamente se centra en problemas lógicos y epistemológicos, sino que emergen cuestiones y dilemas morales.

La historia de Los crímenes de Oxford parece mostrar que sí, que las preguntas filosóficas sobre la verdad y la muerte pueden abordarse desde proposiciones del entendimiento lógico.

De lo que no se puede hablar, mejor hacer silencio”, tal como dice el enunciado de Wittgenstein varias veces repetido en el film por uno de sus protagonistas principales.

 

Fuente: Tras las pistas filosóficas