¿Progresa de algún modo la filosofía?

Resulta difícil encontrar una obra filosófica que no haga referencia a autores de épocas anteriores. El pasado puede ser una fuente constante de inspiración, dado que hay problemas filosóficos que están siempre vigentes.

Los filósofos no se limitan a seleccionar las ideas que mejor se adecuan a su forma de pensar y se desentienden del resto. Al contrario, tomar partido implica tener que justificar por qué las otras opiniones alternativas están equivocadas. En su aspiración por hallar la verdad, la filosofía avanza en una disputa constante. Siendo uno de los compromisos de la filosofía enseñar a pensar con más claridad. Pensar de una manera más clara nos puede llevar a tomar decisiones más concretas y, por tanto, a una vida mejor. De esta manera, podemos preguntarnos, ¿progresa realmente la filosofía?

Cuando hablamos de progreso solemos darle un valor útil, entendiendo útil como aquello que tiene una aplicación práctica para la vida. De esta manera se podría considerar que la filosofía no progresa ni evoluciona, pues las cuestiones que se generan hacen referencia a conceptos abstractos, donde entre los especialistas  no son capaces de dar respuesta definitiva a las grandes preguntas universales.

Por otro lado, podemos hablar de progreso sin hacer referencia a la utilidad práctica. Puesto que lo más característico de la filosofía actual es que ya no existe un concepto unitario de filosofía, entendido como un conjunto de respuestas claras y generalmente aceptadas para las preguntas últimas: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿qué sentido tiene nuestra vida? o ¿adónde se encamina el mundo?.

La filosofía se concibe ahora como una serie de actividades e investigaciones muy diversas  con denominador común: ejercitar la acción de pensar de manera racional, crítica y autónoma sobre toda forma de conocimiento y de acción humana, buscando aclarar sus fundamentos y contribuir, así, a la tarea de humanizar el mundo, la ciencia, la sociedad o la política.

La filosofía progresa, aunque esta disciplina del pensar sigue trabajando en los problemas filosóficos clásicos: ¿qué sentido tiene la vida?, ¿cuál es el mejor modo de organizar la convivencia en sociedad?, etc. También han surgido nuevos problemas en los que la filosofía tiene un compromiso de reflexión muy importante y urgente, como por ejemplo cuestionarse sobre el acelerado avance actual de las ciencias y de la técnica desde una perspectiva de sentido y control democrático al que deben estar sometidas.

La filosofía es una de las disciplinas que cuenta con una mayor tradición e historia. La filosofía no está únicamente circunscrita a los especialistas, ya que se ocupa de cuestiones fundamentales que preocupan a todos. Cualquier persona puede adoptar una actitud filosófica siempre que reflexione sobre conceptos básicos de un determinado ámbito o disciplina.

Las preguntas filosóficas son inevitables en todos los campos de la cultura, y en cualquiera de ellos hay, y seguirá habiendo en el futuro, prejuicios e ideas que es preciso cuestionar marcando así su evolución y progreso.

Como afirma Bertrand Russell:

«En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras»

Consejos de estilo (disertación)

Una disertación no deja de ser un trabajo escrito y es importante cuidar no solo el contenido, sino también la forma. Consejos:

  • Márgenes en las hojas tanto por arriba y por abajo, como por la izquierda y la derecha.
  • Separar los apartados, de modo que la introducción, desarrollo y conclusión se encuentren en párrafos distintos. Cada párrafo debe tener unidad de sentido y una diferencia clara con el contenido de los párrafos contiguos.
  • Jose Ortega y Gasset decía que: «La claridad es la cortesía del filósofo». Esto quiere decir que, resulta útil repasar lo escrito y reescribir aquellas partes que nos parezcan complejas, de modo que finalmente posean una redacción más sencilla y directa.
  • No hay que confundir una redacción sencilla y directa con el uso de un lenguaje coloquial o vulgar. Se trata de un texto formal y requiere esa formalidad en la redacción, así como la utilización del vocabulario específico de la materia (en el caso que se conozca).
  • Imprescindible cuidar la ortografía y la puntuación. Un descuido ortográfico denota poco interés y perjudica notablemente la valoración que hará de nuestro escrito aquel que lo lea. Por otra parte, un texto mal puntuado puede resultar incomprensible.

¿Qué es una disertación?

Una disertación es una exposición ordenada de un tema en la que se defiende una posición personal que se apoya en argumento.

La realización de una disertación exige:

  1. Un esfuerzo de reflexión personal que conduzca a un posicionamiento claro en relación con el tema elegido.
  2. La elaboración de una defensa razonada de esa posición.

Debemos pensar que, al realizar una disertación, nos convertimos en protagonistas de nuestro pensamiento y no en meros testigos o narradores del pensamiento ajeno. Esto implica asumir la responsabilidad de elaborar nuestra posición cuidadosamente.

No es aceptable una disertación en la que su autor se limite a recurrir a lugares comunes y frases hechas para componer un texto con el que salir del paso.  Quienes hacen esto suelen alegar en su defensa que esa es su posición personal y seguidamente invocan el derecho al respeto de todas las opiniones. Sin embargo, no todas las opiniones valen igual. El hecho de que en una disertación haya que exponer nuestro punto de vista personal no significa que no se deba realizar una ardua tarea de investigación para conocer con cierta profundidad otros puntos de vista. Es justamente ese conocimiento el que proporciona solidez a la posición defendida y crédito a quien la defiende.