El arte y el espacio en Martin Heidegger: una reflexión sobre el ser

Aristóteles dijo que el lugar o el espacio parece algo importante, pero bastante difícil de captar. Las observaciones sobre el espacio y el arte plantean preguntas muy interesantes, especialmente cuando hablamos de las artes figurativas. Las figuras plásticas son cuerpos y la plástica se hace cuerpo, se corporiza y se adueña del espacio. Cuando hay arte, hay también un espacio que es transformado.

En este video estudiamos El arte y el espacio, un breve ensayo de Martin Heidegger publicado en 1969. Si te interesa la filosofía, el arte, la arquitectura o el diseño de interiores, este texto resulta fundamental para comprender la relación entre arte y espacio.

Heidegger plantea una pregunta esencial: ¿qué es el espacio? La esencia del espacio todavía no ha sido verdaderamente planteada ni contestada. Y si existe un concepto que atraviesa toda la filosofía de Heidegger es precisamente el problema del ser.

Para Heidegger, mientras no experimentemos qué es el espacio, y mucho menos el espacio artístico, este permanecerá distante, oscuro e indeterminado. ¿Cómo atraviesa el espacio una obra de arte? ¿Es simplemente un vacío entre los objetos, los volúmenes y los entes?

Heidegger afirma que el arte es poner en obra la verdad. La verdad implica aquí el desocultamiento del ser. Por eso, hablar de espacio también implica hablar de lo libre, del asentamiento y de un lugar para habitar. El espacio aparece como una libre donación de lugares.

Las cosas mismas pueden ser lugares y no simplemente pertenecer a un lugar determinado. Por eso debemos pensar la relación entre las cosas, el arte y el espacio a partir de la experiencia del lugar.

Martir Heidegger: El arte y el espacio

La plástica sería entonces una corporización del lugar. Pero ¿qué ocurre con el vacío? Heidegger señala que el vacío no es simplemente una falta. El vacío también permite dar sentido a los lugares y proyectar aquello que puede acontecer en ellos.

La plástica es, así, un poner en obra que corporiza lugares. Y la verdad, entendida como desocultamiento, no necesariamente tiene que tomar una forma corpórea: puede expandirse y provocar armonías.

En última instancia, pensar el arte y el espacio nos conduce nuevamente a la pregunta fundamental de Heidegger: ¿qué es el ser?

¿Qué es la filosofía para Heidegger?

¿Qué es la filosofía? Después de más de 50 videos en el canal, era necesario abordar esta pregunta desde la óptica de Martin Heidegger. En 1955, Heidegger pronunció un discurso sobre la esencia de la filosofía que posteriormente conoceríamos como “¿Qué es la filosofía?”.

Para Heidegger, preguntarnos qué es la filosofía conduce inevitablemente a otras preguntas: ¿qué es la razón?, ¿cuál es su poder?, ¿dónde termina la razón y comienza lo irracional? La filosofía occidental ha entendido tradicionalmente que su actividad está vinculada con la razón, pero Heidegger quiere cuestionar esta idea y regresar al origen griego de la filosofía.

La palabra “filosofía” nos remite al mundo griego. Filosofar significa preguntarse por la totalidad, por la esencia de las cosas: ¿qué es el amor?, ¿qué es la libertad?, ¿qué es la belleza? No se trata simplemente de estudiar la historia de la filosofía, sino de plantear la pregunta fundamental por el ser.

Heidegger recupera a Heráclito y la relación entre filosofía, eros y logos. El logos puede entenderse como palabra, pero también como reunión. La filosofía busca, entonces, una correspondencia con el logos y con el ser. Por eso la pregunta filosófica intenta comprender qué son realmente las cosas.

Esta búsqueda exige desmontar la tradición filosófica. Heidegger utiliza el concepto de “destrucción”, que no significa aniquilar, sino desmantelar y desmontar las formas tradicionales de pensar para abrir nuevos caminos hacia la pregunta por el ser.

Aquí aparece la autenticidad. El ser humano puede vivir de manera auténtica cuando existe una correspondencia entre su conducta y su ser. Somos seres hacia la muerte, y reconocer nuestra finitud puede llevarnos a reflexionar sobre nuestra existencia.

El asombro también resulta fundamental. Para Heidegger, el asombro es el estado de ánimo que impulsa al filósofo a preguntarse por el ser y por la esencia de las cosas.

Sin embargo, existe un problema: nuestro pensamiento está determinado por el lenguaje. El lenguaje nos precede y estructura nuestra manera de comprender y ordenar el mundo. Por eso Heidegger plantea la necesidad de desmontar la metafísica occidental y volver a escuchar la voz del ser.

En última instancia, para Heidegger, filosofar es corresponder con el ser, mantener abierta la pregunta y atreverse a pensar aquello que nuestra tradición ha dado por supuesto.

La muerte en la filosofía: Heidegger, Sartre, Wittgenstein y Derrida

La muerte es uno de los grandes temas de la filosofía. Puede entenderse como la culminación de la vida, aquello que finalmente le da sentido, pero también como un proceso que nos acompaña diariamente. Cuando cumplimos años, en cierto sentido no celebramos solamente un año más de vida, sino un año más cerca de la muerte.

En Juego de Tronos, Samwell Tarly plantea una idea fundamental: “La muerte es olvidar y ser olvidado”. Si olvidamos dónde hemos estado y qué hemos hecho, dejamos de existir en la memoria de los demás. Esta idea también aparece en Borges, quien en El inmortal afirma que la muerte hace preciosos a los humanos. La condición de despedirnos está relacionada precisamente con nuestra condición mortal.

La muerte ha sido central en la filosofía. Platón reflexionó sobre ella y la reencarnación; Heidegger, en Ser y tiempo, la relacionó con la existencia humana. Para Heidegger, el ser humano es un ser arrojado al mundo, un Dasein. La muerte representa la posibilidad de la imposibilidad absoluta del Dasein: no es simplemente la negación del ser, sino la imposibilidad de seguir siendo ahí, de continuar ocupando un lugar en el mundo.

Sartre, en El ser y la nada, plantea que no podemos experimentar nuestra propia muerte como experiencia. Podemos esperar la muerte de otro, pero nuestra propia muerte nos llega desde afuera. Incluso si alcanzáramos la inmortalidad, seguiríamos siendo seres finitos.

Wittgenstein, por su parte, sostiene en el Tractatus que la muerte no es un acontecimiento de la vida: no vivimos nuestra propia muerte.

Derrida, en Aporías, aborda la muerte como frontera. La muerte puede entenderse como negación, como límite entre un “más acá” y un “más allá”, pero también como el paso que atraviesa esa frontera.

La filosofía ha intentado comprender la muerte, aunque quizá la pregunta más profunda no sea cómo evitarla, sino cómo vivir sabiendo que somos mortales.

Como dijo Sócrates antes de morir: “Ya es hora de que vayamos: yo a morir y ustedes a vivir”.