¿Pueden los niños filosofar? La respuesta es sí. La filosofía para niños busca desarrollar desde edades tempranas el pensamiento crítico, la reflexión, la imaginación y la capacidad de cuestionar el mundo.
El filósofo estadounidense Matthew Lipman desarrolló la propuesta de llevar la filosofía a los niños al detectar dificultades en la argumentación y el pensamiento crítico. Su método incorpora el diálogo, el cuestionamiento y la reflexión desde edades tempranas.
Los niños tienen una capacidad extraordinaria para preguntarse por su entorno. Desde aproximadamente los cinco años aparecen preguntas existenciales relacionadas con la muerte, la vida, el conocimiento y la realidad. Por eso, hacer filosofía con niños no significa convertirlos en pequeños académicos, sino permitirles pensar, preguntar e imaginar.
Una experiencia con una simple caja de zapatos lo demuestra. Los niños más pequeños podían imaginar que aquella caja era cualquier cosa; los adolescentes tendían a identificarla directamente como una caja de zapatos, mientras que los estudiantes mayores podían darle interpretaciones más filosóficas. La imaginación y la capacidad de asombro cambian con la edad, pero la filosofía puede ayudar a mantenerlas vivas.
Mattew Lipman: filosofía para niños
La filosofía para niños también puede desarrollarse mediante cuentos, juegos, preguntas y conversaciones. Una niña de primaria llegó a comparar el conocimiento con un juego: cada vez que conocemos algo, pasamos a otro nivel, pero nunca sabemos dónde termina el juego. Finalmente, relacionó ese límite con la muerte. Una reflexión filosófica profunda surgida desde la infancia.
¿Qué perdemos como adultos? Quizás una de las cosas más importantes sea la admiración por el mundo. La rutina, el trabajo y la sociedad del rendimiento pueden hacernos dejar de preguntar y aceptar las cosas simplemente como son.
Filosofar implica recuperar esa capacidad de asombro, aprender a cuestionar nuestras propias certezas y reconocer que siempre podemos reaprender.
Por eso, la filosofía para niños no debería entenderse únicamente como una asignatura. Es una forma de educación que puede contribuir a formar personas más críticas, creativas y capaces de comprender la complejidad del mundo.
Quizás filosofar consista precisamente en eso: abrir nuevamente los ojos y dejarnos llevar por el viento del logos.
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