Diario de un profesor de filosofía, de Francisco Huertas:

La huella de un maestro y la memoria compartida

Hay libros que no se leen solo con la razón, sino también con la memoria y la gratitud. Diario de un profesor de filosofía (1989–2023), de Francisco Huertas, es uno de esos textos que invitan a una lectura lenta, atenta, casi íntima. No es un manual pedagógico ni un ensayo académico al uso, sino un cuaderno de vida donde la experiencia docente, la reflexión filosófica y una sensibilidad literaria muy cuidada se entrelazan a lo largo de más de tres décadas.

En mi caso, la lectura tiene además un matiz personal: Francisco fue mi primer profesor de filosofía, y en el libro aparecen mencionados algunos antiguos alumnos, entre los que me encuentro. Es un detalle que emociona, pero que, sobre todo, confirma el carácter humano y relacional de la enseñanza, entendida como un intercambio que deja huellas en ambas direcciones.

Un diario que es memoria viva

“Ya sabéis cómo disfruto dando clase. Enseñar es una tarea prometeica, cada vez más. Robar el fuego de la sabiduría, y llevarlo a los estudiantes, más como afán interrogador y curiosidad que como sistema”

El libro se construye a partir de entradas breves, anotaciones, recuerdos y reflexiones que conforman una especie de autobiografía intelectual. No hay una narración lineal cerrada, sino una sucesión de fragmentos que recrean escenas de aula, pensamientos íntimos y preguntas abiertas sobre el sentido de educar y de pensar.

El libro se encuentra dividido en cuatro prólogos (prólogo analógico, ontológico, eistemológico y jubiloso) y en dos partes:

La primera parte tiene un tono más narrativo, centrado en la experiencia vital del docente: los inicios, las expectativas, los encuentros con alumnos, las dificultades cotidianas y la evolución personal. En la segunda parte, el texto adquiere un carácter más reflexivo y filosófico, con meditaciones sobre el tiempo, la cultura, la infancia, la memoria y el conocimiento.

Esta estructura fragmentaria funciona como un reflejo honesto de la propia vida: no todo sigue un orden claro, pero todo va construyendo una identidad y una mirada.

La vocación docente: entre el ideal y la realidad

Uno de los ejes más sólidos del libro es la reflexión sobre la vocación. Para Huertas, enseñar no es solo transmitir contenidos, sino despertar el deseo de comprender el mundo, cultivar la sensibilidad y mantener vivo el pensamiento crítico. La educación aparece como un acto profundamente ético y cultural.

“La traslación del docente supone modificación del proceso mismo de la educación. No se trata de imitar a Sócrates con diálogos en las plazas, sino de reproducir funciones represivas de control social. No es la mente la que dirige, sino el cuerpo. En el aula se disciplinan mentes a través del entrenamientocognitivo, pero en pasillo y patios se ordenan los cuerpos, con sus posiciones, sonidos y ritmos” (p.196)

Al mismo tiempo, no se oculta las tensiones del oficio: el cansancio, la burocracia, la dificultad para conectar con los alumnos en un contexto dominado por la inmediatez y la tecnología, o la sensación de que ciertos valores pierden peso en la escuela contemporánea. Esa contradicción entre ideales y realidad atraviesa el texto y le otorga una notable honestidad.

Lejos de caer en el pesimismo, el libro sostiene una defensa serena de la educación como espacio de resistencia cultural y humana.

Infancia, tiempo y memoria

La infancia ocupa un lugar simbólico importante en el diario. Aparece como territorio de apertura, curiosidad y fragilidad, pero también como una referencia constante para comprender la tarea educativa. Enseñar implica, en cierto modo, preservar esa capacidad de asombro y cuidado.

“¿Qué significa ser pequeño? ¿Por qué el saber nos elva? ¿Puede el alumno ser pequeño y grande a la vez? La educación es el camino por el que marchan los pequeños mientras van creciendo cada día. Este camino nos hace grandes. La atención, la responsabilidad y el hábito, de los que habla el profesor Gil, son el mapa que permite recorrer la senda, el cuidado en no perder los pasos del Maestro, de no salirse de los linderos, no caer por el precipicio” (p.135)

El tiempo es otro gran protagonista. Huertas reflexiona sobre el paso de los años, la memoria, la repetición, el desgaste y la permanencia. Escribir se convierte en una forma de ordenar la experiencia y de no dejar que lo vivido se diluya en el olvido. El diario funciona así como un ejercicio de conciencia y de fidelidad a lo esencial.

Una escritura que invita a la pausa

El estilo del libro es claramente literario y poético. Abundan los aforismos, las imágenes sugerentes vividas en primera persona, las referencias al cine, la música, la literatura y la filosofía, así como una prosa que prioriza la evocación antes que la explicación sistemática. No busca ofrecer respuestas cerradas, sino abrir espacios de reflexión.

Esto convierte la lectura en una experiencia que requiere tiempo y atención. No es un libro para leer de manera apresurada, sino para dejarse acompañar por las ideas, subrayar, releer y dialogar interiormente con el texto.

Lectura y experiencia personal

Leer este libro desde la experiencia de haber sido alumna de Francisco Huertas añade una capa reveladora a la lectura. No solo permite reconocer la coherencia entre pensamiento y práctica, entre lo que se defiende en la reflexión y lo que se encarna en el aula, sino que también invita a mirarse en ese espejo desde el propio presente. Hoy, ya situada en el lugar de quien enseña -aunque en un territorio distinto, el de la filosofía con los más pequeños y con un poco de experiencia con adolescentes-, muchas de sus intuiciones resuenan de forma inesperada: la paciencia, la escucha, la importancia del asombro, la fragilidad del vínculo educativo, la necesidad de cuidar el deseo de pensar. Con todavía poca experiencia docente, pero con una vocación en construcción, la lectura se transforma en un diálogo silencioso entre generaciones, donde se reconocen afinidades, aprendizajes heredados y una misma confianza en la filosofía como forma de acompañar el crecimiento humano.

Conclusión

Diario de un profesor de filosofía es una obra que trasciende el testimonio profesional para convertirse en una reflexión sobre la educación, el tiempo, la cultura y la condición humana. Donde logra transformar su experiencia personal en una mirada universal, capaz de interpelar tanto a docentes como a lectores interesados en el pensamiento y la vida interior.

Un libro para leer despacio, para dejar que las ideas maduren y para recordar que educar no consiste solo en transmitir conocimientos, sino en acompañar procesos de crecimiento y de búsqueda de sentido.


Venta disponible de manera particular a través del correo electrónico del autor:

Bachilleratocinefilo@gmail.com

Diario de un profesor de Filosofía (1989-2023)

DIARIO DE UN PROFESOR DE FILOSOFÍA (1989-2023). Francisco Huertas Fernández. Edicions Forment.

Conocí a Francisco Huertas Hernández allá por el 2006, cuando entré por primera vez a una clase que se llamaba «Filosofía» de 1º de Bachillerato. Yo tenía 16 años en ese momento, y él ya llevaba unos cuantos años de docencia.

A lo largo de unos días, en las clases, habló sobre «Qué es eso de la Filosofía» con un artículo de Fernando Savater: «¿Para qué sirven los filósofos?». En ese curso conocí el concepto de Filosofía, amor, muerte, estética,… todo lo que concierne a lo humano. Conocí obras como: «El señor de las moscas» de W. Golding o «La conquista de la felicidad» de B. Russell. Fue en este curso donde encontré una motivación: FILOSOFÍA.

Unos cuantos años después – 18 exactamente -, tras recuperar de nuevo el contacto, ya no como alumna, por supuesto, Francisco Huertas hizo la primera reseña de mi primer libro de Filosofía: «Calista: la importancia del yo y de la libertad«. Desde entonces, los recuerdos y los proyectos -en este caso del mundo editorial- nos han mantenido en continuo contacto. Pero tal fue mi sorpresa cuando me comentó que en su libro «Diario de un profesor de Filosofía» me mencionaba. El hecho de ser mencionada en su libro representa un honor y un reconocimiento del impacto mutuo que hemos tenido en nuestras vidas.

Desde entonces, he reflexionado sobre la influencia que un profesor puede tener en la vida de un estudiante. La importancia de un buen mentor que estimule la curiosidad y el pensamiento crítico, y que inspire a seguir los propios intereses y pasiones.

Agradezco a Francisco por su dedicación a la enseñanza y por compartir su sabiduría a lo largo de los años, los cuales quedan plasmados en su último libro: «Diario de un profesor de Filosofía» Edicions Forment.

¿Quieres saber más sobre: Diario de un Profesor de Filosofía de Francisco Huertas?

Síntesis de Javier Merino

Amigos lectores, en este libro encontrarán la historia real de un hombre y su oficio. Publicar un diario no es algo común; se necesita valentía o inconsciencia. Cuando era estudiante, me preguntaba cómo sería la vida de un profesor fuera del aula. Este libro responde a esa pregunta. Tanto alumnos como profesores se sentirán identificados con las anécdotas, recuerdos y reflexiones que contiene. Lo que el autor vivió lo sentiremos como propio.

Conozco a Francisco desde hace años. Es una persona tímida, seria, reflexiva y apasionada. Este libro refleja su melancolía, su crítica implacable, su ironía y ternura al hablar sobre su profesión y sus queridos alumnos. Si lo escuchan atentamente, quizás vuelvan a sus años escolares.

Javier Merino

Podcast: «Diario de un Profesor de Filosofía» Segunda Parte. Capítulo I. La única alegría del mundo es comenzar. Podcast. Música: Jesús Guridi (Diez Melodías Vascas, dirigidas por Ataulfo Argenta) y cohetes de Fiestas de Sant Joan en Alicante.