¿Trabajaremos para las máquinas o trabajaremos con ellas?
En La era del capitalismo de la vigilancia (2020), la socióloga Shoshana Zuboff plantea una pregunta fundamental: ¿terminaremos trabajando para máquinas inteligentes o serán las máquinas herramientas al servicio de personas inteligentes?
La revolución tecnológica ha acelerado los procesos sociales y transformado nuestra relación con el poder. Desde Michel Foucault y Vigilar y castigar hasta Byung-Chul Han y Psicopolítica, hemos visto cómo el control ya no se limita al cuerpo: también alcanza nuestra mente, nuestras emociones y nuestra conducta.
¿Qué es el capitalismo de la vigilancia?
Para Zuboff, el capitalismo de la vigilancia reclama la experiencia humana como materia prima gratuita y la convierte en datos de comportamiento. Las grandes empresas tecnológicas recopilan nuestra información para desarrollar productos predictivos capaces de anticipar lo que haremos en el futuro.
Google fue pionera en este modelo, que después se extendió a Facebook, Microsoft y Amazon. Así, las redes sociales y otras plataformas digitales se convierten en herramientas comerciales que utilizan nuestros datos para personalizar la publicidad y generar beneficios económicos.
El problema es que esta vigilancia no solo predice nuestro comportamiento: también puede influir en él y modificarlo. Los llamados mercados de futuros conductuales convierten nuestras acciones futuras en mercancías.
El poder digital y la pérdida de privacidad
Vivimos en una sociedad hiperconectada, pero eso no significa que estemos mejor informados ni que el conocimiento se haya democratizado. El capitalismo de la vigilancia acumula información sobre nosotros, mientras mantiene opacos sus propios mecanismos de funcionamiento.
A diferencia de los modelos de control estatal, como el chino, el modelo occidental permite que entreguemos voluntariamente nuestros datos, aunque las plataformas también utilizan mecanismos de persuasión para orientar nuestras decisiones.
Por eso, estudiar el capitalismo de la vigilancia exige comprender la filosofía del poder, la economía y la geopolítica. El mundo digital está transformando las relaciones entre libertad individual, propiedad privada, Estado y empresas tecnológicas.
La pregunta es inevitable: ¿quién controla realmente nuestra información y nuestro comportamiento en el siglo XXI?
