Antifonte y Protágoras (Sofistas)

El Político Eterno.

Hoy continuamos esta sección con una pareja que debe entenderse en conjunto. Pertenecen a la misma escuela, el sofismo, y, siendo coetáneos, sembraron la semilla del político moderno. Fueron los maestros en la sombra de figuras que vinieron después, como Maquiavelo, o de esos políticos actuales del «el fin justifica los medios» (pongan las comillas donde quieran).

​Al analizar a Antifonte y Protágoras, vemos el perfil del «político eterno». No hay excepción en la historia: detrás de cada personaje que hundió su propia civilización, si rascan un poquito, encontrarán este molde.

1. Antifonte: El Teórico de la Impunidad

​El Personaje: Antifonte de Atenas (480-411 a. C) fue un logógrafo, un arquitecto de discursos legales que operaba desde la sombra de la oligarquía. Participó en golpes de Estado y despreciaba la democracia, viéndola como una cadena para los «fuertes».

​La Disección: Antifonte defendía una idea que puede parecer bella si uno se queda en la superficie: que la ley humana es antinatural y oprime al individuo. Su tesis era que solo debes obedecer las leyes de la ciudad cuando hay testigos delante.

​Sin embargo, fuera de la «cartelería» que cualquiera te puede comprar, lo que realmente enseña es que solo importa el individuo capaz de salirse con la suya. Su objetivo es enseñarte a colocarte en una posición de privilegio donde puedas hacer lo que quieras sin consecuencias. Es la visión más retorcida de la naturaleza humana: en lugar de comprender que la propia naturaleza tiene sus normas y leyes de causa y efecto, Antifonte pretende manipularla.

Olvida que el primer testigo de nuestros actos es nuestra conciencia. y ahí es donde su planteamiento aperece en la cuerda floja. Considernado que si la ley solo existe cuando alguien mira, entonces el ser humano queda reducido a un animal oportunista, pendiente de la ocasión para depredar sin ser visto. Trabajar con la conciencia y no contra ella, es lo único que nos permite elevarnos por encima de ese instinto primario. Sin esa voz interna, sin ese testigo que nunca se ausenta, no somos ciudadanos ni individuos libres: somos simples depredadores esperando a que nadie mire.

​2. Protágoras: El Mercenario de la Palabra

​El Personaje: Protágoras de Abdera (485-411 a.C)fue el primer sofista profesional. Amigo de los poderosos, cobraba fortunas por enseñar a los jóvenes a trepar en política. Su éxito no se basaba en la verdad, sino en la eficacia de su retórica.

​La Disección: Protágoras es el tipo que decidió que su palabra era ley. Ha pasado a la historia «mal interpretado» por su famoso dilema del abogado, donde diseñaba escenarios en los que él siempre ganaba, fuera cual fuera el resultado del juicio. Fue el primero en decir que «el hombre es la medida de todas las cosas».

​Pero no se equivoquen: no hablaba de dignidad humana. Lo hacía desde la búsqueda de un lucro personal. Al situar al hombre (a sí mismo) como medida, lo que hace es tergiversar la realidad para que quepa en sus intereses, es decir, pretende unicamente modelar el mundo a conveniencia; busca la ventaja frente la verdad. De esta manera, sentó las bases del político profesional que busca rédito en todo lo que entiende y puede saquear.

Para él, la palabra no sirve para iluminar la nación, sino para «dibujar» una realidad falsa que le permita ganar siempre. Su discuro no es más que un arma de distorsión: un modo de convertir lo falso en verosímil y lo injusto en rentable. Protágoras inaugura esa traidción del poder que se sostiene en la habilidad de manipular percepciones, más que en principios.

​Conclusión: El Sabotaje de la Civilización

​Estos dos son los arquitectos de la decadencia. Mientras que la línea que defendemos —la de los estoicos y el orden natural— entiende que la libertad es el reconocimiento de la razón y el cumplimiento de los pactos para evitar la muerte y evolucionar, estos sofistas defienden el capricho bárbaro.

​Lo que hemos diseccionado hoy es una muestra de cómo pensadores que a veces ni recordamos siguen proyectando sus ideas en un conflicto eterno. Es la lucha entre la voluntad de poder y la ley natural. Este conflicto no terminará hasta que la ética vuelva a estar a la orden del día, en la plaza pública y en el centro de la discusión nacional, y deje de ser un libro lleno de polvo en una estantería olvidada.

​Solo recuperando el valor de la palabra y la conciencia podremos volver a llamarnos hombres libres.


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