¿Es posible aprender filosofía sin aburrirse? Esa es la provocadora pregunta que plantea Michel Onfray en su Antimanual de filosofía, publicado en 2001. Desde las primeras páginas, el filósofo francés cuestiona la enseñanza tradicional y propone una filosofía viva, cercana y conectada con los problemas reales de nuestra existencia.
Michel Onfray, nacido en 1959, es uno de los pensadores franceses más reconocidos de la actualidad. De inspiración claramente nietzscheana, fundó la Universidad Popular de Caen con el propósito de acercar la filosofía a cualquier persona, sin convertirla en un conocimiento reservado para especialistas.
Uno de los principales problemas que denuncia Michel Onfray es que muchas veces la filosofía termina siendo víctima de un lenguaje excesivamente técnico. El abuso de conceptos complejos y de una terminología inaccesible provoca que muchas personas abandonen el interés por pensar filosóficamente. El problema no son los temas, sino la forma en que se enseñan.
Para Michel Onfray, enseñar filosofía no consiste únicamente en explicar la historia de los filósofos, sino en enseñar a filosofar. De poco sirve memorizar teorías si no somos capaces de utilizarlas para comprender nuestra realidad y afrontar los problemas contemporáneos.
En este sentido, Sócrates sigue siendo el gran modelo. Su método consistía en preguntar, cuestionar y poner en duda las certezas de sus interlocutores. Quien dialogaba con Sócrates no terminaba con respuestas definitivas, sino con una nueva manera de pensar y de vivir.
La tarea del buen profesor de filosofía no es imponer respuestas, sino despertar la reflexión. Debe ofrecer herramientas para comprender el mundo, relacionar las ideas con su contexto histórico y mostrar cómo dialogan unos filósofos con otros. La filosofía solo cobra sentido cuando transforma nuestra forma de mirar la realidad.
Después de casi tres mil años de historia, la filosofía continúa siendo un espacio de preguntas, contradicciones y descubrimientos. Como sostiene Michel Onfray, el profesor puede ofrecer el mapa y la brújula, pero el camino siempre tendrá que recorrerlo cada estudiante. En ello reside, precisamente, la riqueza de filosofar.
